lunes, 4 de marzo de 2019

Relatos escalofriantes, de Roald Dahl (2a parte)





Relatos escalofriantes
de Roald Dahl

(Segunda de dos partes)

Jesús Guerra


En la entrada anterior comencé a comentarles algunas de las narraciones del libro Relatos escalofriantes (publicado en inglés como Skin and other stories), del escritor inglés Roald Dahl (nacido en 1916 y fallecido en 1990). Este libro fue publicado por la editorial Alfaguara en el año 2003, y aunque aún es posible encontrarlo en algunas librerías de viejo y en librerías de Internet, si no lo consiguen y les interesa la obra de este autor, Roald Dahl, pueden comprar la edición de sus Cuentos completos, también publicada por la editorial Alfaguara, ya sea en un tomo, o en versión de bolsillo en dos tomos. De más está decirles que los relatos de Roald Dahl son interesantísimos y siempre sorpresivos.


En «La máquina del sonido», Klausner —un hombre pequeño y nervioso— trabaja en algo relacionado con aparatos electrónicos, porque le apasiona el sonido. Así que una noche se encuentra trabajando, en una especie de cabaña en la parte trasera de su jardín, en un aparato que está dentro de una caja negra, grande, llena de cables. Hasta ahí llega Scott, su médico, que pasaba por ahí y decidió entrar a preguntarle cómo seguía de la gripe. Klausner dice que bien y cree que el médico se marchará de inmediato, pero a Scott le llama la atención el aparato en el que trabaja Klausner, y le pregunta para qué servirá. Klausner le recuerda al médico que el oído humano sólo es capaz de captar frecuencias que se encuentran en un determinado rango. Las frecuencias superiores e inferiores los humanos no las percibimos. Los perros, en cambio, captan sonidos que son muy agudos. Klausner supone que vivimos rodeados de sonidos que no podemos percibir y a él le gustaría poder captarlos. La máquina en la que trabaja, entonces, será capaz —si es que logra hacerla funcionar— de captar esos sonidos que están fuera del rango percibido por los oídos humanos, y traducirlos, es decir cambiarles la frecuencia, para poder escucharlos. Al médico le llama la atención la idea y antes de marcharse le dice que algún día próximo pasará de nuevo por ahí para ver qué ha logrado Klausner con su máquina. Lo que Scott no sabe es que esa misma noche, Klausner termina de hacer algunos ajustes y hace una primera prueba, para lo cual saca la máquina a su jardín. Y lo que escucha es francamente inquietante... Para mí, éste es uno de los más escalofriantes de este autor, y me parece que podemos considerarlo, también, un cuento de ciencia-ficción.


Otro de los relatos que más me gustan de este libro se llama «Un cuento africano». Es una narración muy interesante tanto por su argumento como por su estructura, puesto que en realidad se trata de dos relatos, uno dentro de otro, y que tiene dos narradores. El primero nos da el contexto del segundo, y ése no se los voy a contar. El relato interno, por su parte, nos cuenta la historia de una venganza. En la sabana de Kenia, un viejo tiene apenas un poco de tierra, una cabaña, una vaca, un perro y algunas gallinas. Tiene también un vecino que trabaja para él. El viejo escucha un día el lamento de un perro —su perro—, que proviene de la cabaña de Judson, el hombre que trabaja para él. Se mueve tan rápido como puede y entra en la cabaña de Judson. Ahí está su perro, con la espalda rota por los golpes que Judson le ha dado, y el hombre, en un estado extraño, de pie, pero con los ojos en blanco y babeando. El viejo, entonces, toma un objeto pesado y mata a su perro, pues ya no tenía remedio. Y le grita a Judson, que aún no termina de salir de su trance, que cómo se ha atrevido a maltratar a un perro, más precisamente a su perro, y a tal extremo. Momentos después Judson responde que el perro hacía un ruido insoportable al lamerse una pata, y lo golpeó para que dejara de hacerlo. El viejo sale de ahí, y con el paso de los días, y con la llegada de ciertas circunstancias especiales, prepara su venganza... «Relato africano» es una narración de verdad sorprendente, interesante, extraña y muy intensa.


«El deseo» es una de las narraciones más breves de este libro. En él, un niño juega sobre una alfombra enorme, la cual tiene porciones rojas, negras y amarillas en un patrón irregular. El niño, imaginativo como todos los niños, decide que va a cruzar a lo largo de la alfombra, desde la escalera en la que está sentado hasta la puerta de entrada, pero decide que no podrá pisar las áreas rojas —porque son carbones encendidos que lo quemarían entero—, ni las zonas negras —porque son pozos con serpientes que lo morderían y moriría de inmediato—. Sólo puede pisar, entonces, las zonas amarillas. Estudia la alfombra desde la escalera. Se trata de una travesía peligrosa. Y comienza su viaje... El relato está contado desde la perspectiva imaginativa del niño, que juega solo, motivo por el cual este juego se convierte en una emocionante y peligrosísima aventura. Es un texto muy efectivo, emocionante y juguetón, que nos muestra muy claramente el estilo Roald Dahl.


«Galloping Foxley» es el título en inglés de uno de estos relatos, y así aparece también en la traducción a nuestro idioma. No sé por qué no le pusieron título en español. Foxley es el apellido de uno de los personajes, a quien, cuando estaba en la preparatoria, lo apodaban Galloping Foxley. Galloping quiere decir ‘galopante’, y en sentido figurado puede traducirse como ‘incontrolable’, y ambos sentidos funcionan para esta historia que, espero, se les antoje leer. Un abogado llamado William Perkins —que además del personaje central es el narrador del relato—, trabaja en el centro de negocios de Londres denominado The City. Todas las mañanas laborables, desde hace 36 años, Perkins ha viajado en tren, por más de media hora, desde la estación cercana a su casa hasta la City, y de ahí ha caminado 11 minutos de la estación a su oficina. Tiene una vida muy rutinaria, como todas las personas decentes y confiables de Inglaterra. Y está a gusto así, le encanta su rutina porque le da seguridad. Perkins describe lo que significa para él hacer todas las mañanas lo mismo, realizar el mismo viajar y toparse siempre con las mismas personas, con las que, por supuesto, no habla, aunque se saludan de una manera muy discreta y propia. Hasta que un día algo rompe su rutina y su sensación de felicidad: aparece un extraño en la estación en donde siempre toma el tren de las 8:12, la estación en la que siempre están las mismas personas.


Además, y sin que Perkins sepa el motivo, el tipo le resulta sumamente desagradable. Para colmo de males, el tipo se sienta frente a Perkins. Esta incomodidad, que se repite en los días subsecuentes, le echa a perder sus viajes matutinos a su trabajo. Y no sólo el hombre le cae mal, sino que Perkins tiene la sensación de que le resulta familiar. Hasta que una mañana cae en la cuenta: ese tipo es Bruce Foxley, o Galloping Foxley, como le decían en el colegio, un hombre al que no había visto en más de 40 años. Y al ubicarlo, los recuerdos regresan a la mente de Perkins. Ese hombre era un estudiante de unos grados superiores al de Perkins, y era un prefecto de la sección en donde estaba Perkins como alumno interno. En esa época, la escuela permitía que los prefectos golpearan a los estudiantes a su cargo, cosa que los prefectos hacían de manera abusiva, y Foxley era de los peores. Era sádico y sanguinario. El relato nos narra algunas de las cosas que sucedieron en esa época, y lo que Perkins piensa hacer ahora que vuelve a encontrarse cara a cara con Foxley... Yo recomiendo ampliamente la lectura de este relato terrible y, sin embargo, sumamente divertido, escrito con un maravilloso humor negro.


«Cuidado con el perro» es, quizá, uno de los cuentos más conocidos de Roald Dahl, y con razón. Nos cuenta la historia de un piloto militar inglés que vuela en su avión durante la Segunda Guerra Mundial, delirante y a punto de perder el conocimiento porque lleva la pierna derecha destrozada. Vuela sobre un mar de nubes. Cree estar a una media hora de su base, pero no está seguro pues abajo no se ve nada. De pronto se da cuenta de que está a punto de desmayarse y que tiene que saltar del avión si quiere salvarse. Realiza todo lo que tiene que hacer para lograrlo y sólo espera no quedarse dormido antes de abrir su paracaídas. Cuando despierta se encuentra en un cuarto de hospital. Una enfermera entra para atenderlo. Él pregunta en dónde se encuentran. La enfermera le dice que en Brighton, Inglaterra. Lo logró. Sin embargo, a partir de un comentario aparentemente sin importancia de la enfermera, y de sus propios recuerdos de esa ciudad, el piloto se da cuenta de que no todo es lo que parece... Tal y como anuncia el título castellano de esta colección, se trata de un relato escalofriante.


Del cuento «Apuestas» no puedo decirles nada para no echarles a perder las sorpresas, lo único que puedo señalar es que es una maravilla, y sin duda uno de mis relatos preferidos de este volumen.

«Mi querida esposa» es también un relato muy divertido. El narrador es Arthur Beauchamp, quien está casado con Pamela, una mujer de una familia adinerada. Esa tarde comienzan a discutir, porque Pamela invitó a pasar el fin de semana a los Snape —Henry y Sally Snape—, y los invitó porque esa pareja sí sabe jugar al Bridge y Pamela está cansada de jugar con inexpertos, pero al mismo tiempo dice que no soporta a los Snape. Luego de hablar mal de ellos por unos minutos, Pamela se pregunta cómo serán cuando están solos. Y se le ocurre que una manera de averiguarlo es que Arthur ponga un micrófono en la recámara de huéspedes en donde se quedarán los invitados. Dice que será divertido. El marido, que primero se niega, termina por aceptar, porque, aunque no lo reconozca frente a su mujer, la idea también le gusta a él. Así que Arthur coloca el micrófono... «Mi querida esposa» es un excelente relato que critica la hipocresía social, incluida la del narrador, así como las rígidas maneras sociales inglesas y la muy endeble moralidad de la gente.

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Relatos escalofriantes. Roald Dahl. Alfaguara. 220 págs. / Cuentos completos de Roald Dahl. Alfaguara. La versión en un solo tomo tiene 920 págs.



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