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jueves, 26 de noviembre de 2009

Shangai baby




Shangai baby

Montserrat Prieto



La novela debut de Wei Hui, Shangai Baby, es la historia —en parte autobiográfica— de Cocó, una joven periodista que abandona su trabajo para dedicarse a escribir una novela. Detrás de la imagen materialista y frívola de Cocó, habita una chica tempestuosa que explora hábil y profundamente la íntima relación entre las oposiciones aparentes de las culturas oriental y occidental, el amor y el deseo, lo natural y lo artificial, lo sagrado y lo profano, el hedonismo y la espiritualidad; esto la lleva a estar en un constante y profundo contacto con sus emociones y en una búsqueda permanente de sí misma.

Cocó, gran amante de la vida nocturna, nos toma de la mano y nos lleva a recorrer las calles shangainesas. Las impresionantes imágenes, logradas a través de las descripciones, ahondan en el oscuro pero resplandeciente corazón de esta cosmopolita y misteriosa metrópoli, logrando que tanto el libro como sus personajes cobren vida. También nos presenta a algunos de sus amigos más cercanos: Madonna, quien hizo una fortuna primero como madame y después como la viuda de un viejo millonario; Tiantian, un joven sensible, talentoso, encantador, casi femenino aunque drogadicto e impotente de quien Cocó vive perdidamente enamorada, en quien ella ha encontrado su alma gemela; Tiantian es mantenido por su madre, una expatriada en España que, de acuerdo a la abuela de éste, es responsable de la muerte del padre de Tiantian. Vive abrumado por la ausencia de su madre, y toda su vulnerabilidad ante la vida lo hace la presa perfecta para caer en el mundo de las drogas. A pesar de esto, es Tiantian mismo quien siempre alenta a Cocó a escribir su novela. Y Mark, un ejecutivo alemán que trabaja en Shangai, que proporciona a Cocó toda la pasión que su amado Tiantian no puede ofrecerle. Atrapada en este triángulo desesperado, desgarrada entre dos amores y atormentada por su traición, lo único que puede salvarla es su propia novela.

Cocó hace un intento por imitar el estilo de vida y de escribir de los beats, pero es demasiado burguesa, demasiado "occidentalizada" como para lograrlo.

Desde el pop hasta el post-punk, con epígrafes desde The Beatles hasta Sylvia Plath, pasando por William Burroughs y Tori Amos, Shangai Baby es una novela de emociones si no maduras, sí auténticas, sinceras e intensas: la pasión, la muerte, el amor, el dolor y la propia Shangai, con sus bellas descripciones, se entremezclan en el relato para hacernos sentir a sus lectores como si realmente estuviéramos ahí.

Shangai baby se ha convertido en un auténtico fenómeno literario y en la referencia de toda una generación de jóvenes chinos, refleja lo que está pasando con las nuevas generaciones chinas: los valores y las actitudes son diferentes a los de hace 30 años, los jóvenes ya no creen en el comunismo, ahora están más influenciados por la cultura, la música y el cine occidentales, y son hedonistas y frívolos. Muchos jóvenes se sintieron identificados y se percataron de que Cocó era, en cierta forma, una vocera de todos ellos al decir cosas que nadie se animaba y al mostrar la realidad actual.
Todo eso ocasionó que Shangai baby fuera prohibida por las autoridades chinas por su naturaleza sensual y su estilo irreverente en 1999, año de su publicación. La novela fue calificada de decadente, viciosa y esclava de la cultura occidental, y se quemaron públicamente 40,000 ejemplares. Obvio que no hay mejor publicidad para un libro que la censura, así que esto no hizo más que disparar la venta en el mercado negro, con más de dos millones y medio de ejemplares vendidos hasta hoy.

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Shangai baby. Wei Hui. Traducción de Romer Cornejo y Liljana Arsovska. Emecé Editores, S. A., Col. Grandes Novelistas. Argentina; 2002. 270 págs.

Existe también una edición de Editorial Planeta.

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La autora

Wei Hui (se pronuncia como en inglés, más o menos: "Way Way") nació en una pequeña isla de la costa este de China. Hija de un estricto oficial del ejército chino, pasó tres años de su infancia en un templo ocupado por el ejército, del que los monjes habían sido expulsados durante la Revolución Cultural. Estudió Literatura en la prestigiosa Universidad Fudán y escribió varios libros de relatos.
Desde que censuraron su novela Shangai baby en China, Wei Hui ha pasado la mayor parte del tiempo en Nueva York estudiando meditación, budismo, confucianismo y taoísmo. Al igual que muchos otros escritores, ha reconocido que el exilio le da una perspectiva muchísimo más clara sobre su país y su cultura. En una entrevista, declaró: "Vivir en Nueva York ha sido algo crucial para mí. Vivir ahí me hace sentir, de cierta manera, más cerca de China, la distancia geográfica me ha llevado a un momento en que me siento emocional y psicológicamente más cerca de mi país. A veces, tienes que alejarte algo para poder obtener una visión más clara de las cosas. Nunca hubiera podido leer libros sobre taoísmo o budismo en China porque allá hay una explosión económica capitalista muy fuerte, un sentir real del materialismo que no siento en Nueva York".
Su segunda novela, Casada con Buda, publicada en español por Emecé Editores en noviembre de 2005, continua con las aventuras de Cocó. Ahora fue ella misma quien se autocensuró al escribir su nuevo libro, después de que el Gobierno Chino le permitiera regresar a su país natal.

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Ver también (en inglés):
Ficha de la película, de 2007: http://www.imdb.com/title/tt0840375/combined


[Lecturas 6. Enero-abril de 2006]

miércoles, 25 de noviembre de 2009

El turno del escriba



El turno del escriba

María Eugenia Galindo






Esta obra es un interesante y fascinante ejercicio de narración compartida cuyo resultado es la recreación de la Génova del siglo XIII: “Y en el año de Nuestro Señor de 1298, estando él, Marco Polo en prisión en Génova, messer Rustichello, ciudadano de pisa, que estaba con él en la misma prisión pensando en los beneficios de hacer públicas las grandes maravillas que Marco Polo había visto, escribió este libro verídico y sin engaño, y lo dividió en tres partes”.


La historia de Rustichello se va entretejiendo con los relatos que Marco Polo le cuenta —es su compañero de celda—, a él, un escriba que seguía ejerciendo su oficio en la cárcel ("A la hora de enumerar sus merecimientos, Rustichello comenzaba por su posición de bibliotecario, lector y calígrafo excepcional en la corte del rey Manfredo en Palermo, y seguía por la de traductor, adaptador, novelista, y hasta consejero real si lo apuraban"), y lo que éste describe desde su visión en la cárcel, desde Génova (considerada en ese momento como la Ciudad-Estado mas fuerte del mediterráneo), desde sus conocimientos y, por supuesto, los conocimientos de su época, y también desde sus propias interpretaciones y fantasías (es decir, como todo escritor), ya que "El pisano tiene la imaginación fácil y algún entrenamiento en urdir ficciones". Tiene también, vale la pena apuntarlo, una preferencia por la sonoridad francesa de su propio nombre: "[...] messer Rustichello, o Rusticien, como le gusta decir a él, ya que prefiere que su nombre vaya montado en los cornetes de la nariz y no en la punta de la lengua [...]".


Las autoras, Graciela Montes y Ema Wolf, ambas argentinas, han escrito una obra que trama finamente una historia que puede semejarse a un juego de espejos, Rustichello inicia su escrito ayudado por las narraciones que Marco le cuenta, en primer lugar para mitigar su estancia aburrida en prisión, pero sobre todo para sostener la esperanza de que al escribir ese maravilloso libro, alguien pueda pagar su rescate y liberarlo de esa horrenda cárcel. Con Marco Polo contando sus historias se alude a las que Sherezada contaba al rey en Las mil y una noches, con la diferencia de que en este relato Rustichello debe mantener en su memoria todo lo que el viajero le cuenta para luego transcribirlo en el pergamino. "El pico mas angustioso se produce al despertar porque la noche anterior se ha dormido seguro de que será imposible olvidar lo que Polo le ha relatado [...] pero al día siguiente al salir del sueño todo aparece roto [...]"


El turno del escriba no es una novela histórica, pero hace uso de la historia, y reta a la oralidad convirtiendo al escriba en escritor. Esta obra se ganó el Premio Alfaguara de novela 2005.

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El turno del escriba. Graciela Montes y Ema Wolf. Alfaguara, México, 2005. 262 págs.

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Las Autoras:

Graciela Montes (Buenos Aires, 1947) es escritora, editora y traductora. Ha publicado libros niños y jóvenes que circulan por todos los países de habla hispana, además han sido traducidos a diversos idiomas y han obtenido importantes premios. Montes es autora, también, de las novelas El umbral (1998) y Elísabet (1999) y de los ensayos La frontera indómita (1999) y El corral de la infancia (2001).

Ema Wolf (Buenos Aires, 1948) es escritora y periodista. Sus libros para niños (Perafán de Palos, La sonada aventura de Ben Malasangüe, Pollos de campo, Historias a Fernández, Libro de los prodigios, Los imposibles, entre otros) han sido traducidos a varias lenguas y han sido merecedores de diversos premios que los hacen figurar en las listas internacionales de libros recomendados.


[Lecturas 6. Enero-abril de 2006]

lunes, 26 de octubre de 2009

Memoria de papel




Memoria de papel
de Antonio Malacara Martínez

Carlos Manuel Valdés






Antes de hablar del libro que reseño quiero declarar que soy lector de Malacara desde hace muchos años pues leo sus columnas periodísticas con regularidad. Ahora, tras la lectura de Memoria de papel, confirmo mi asiduidad.


El autor tiene un estilo muy original y nos entrega en sus breves artículos una reflexión y una síntesis de sus muchas lecturas que nos brindan a la vez datos sobre libros y autores fundamentales para comprender el mundo actual así como tópicos tan disímiles como el café, el cigarro, la mujer, la amistad o las instituciones que nos gobiernan.


Me agrada decir lo anterior porque los escritos de don Antonio son en sí tema de conversación, lugar de encuentro, guía de lectura, referencia obligada y momento de reconciliación con nosotros mismos. Los condimentos de su escritura son, para bien de todos, la broma sencilla, la exageración de un dato, la ironía respecto a cuestiones de nuestra sociedad y, sin duda, el buen humor.


Al asomarnos a Memoria de papel encontramos derroteros para conocer o ligar entre sí a autores a los que quizá no tenemos en la mente y a los que no habíamos considerado interesantes. Ahí se nos convoca para presentarnos uno a uno a los grandes escritores al mismo tiempo que se nos acerca a sus obras; todo sin solemnidad. Y, en el caso de que Malacara haya citado críticamente a un autor, jamás le hace de manera grosera sino sosegadamente.


Una vez que el lector se introduce en la información que aporta cada pequeño ensayo, advierte, así mismo, que puede haber siempre una manera amable de asomarse al tema tratado, al mundo de las letras, al pasado o a la ciencia. La seriedad del enfoque no deja de lado el recurso a la ironía, ni la glosa marginal. Cito como ejemplo: “hay una situación muy peculiar que comparten todos los clásicos, pues al igual que ha ocurrido con la Biblia, con Marx o el Quijote, todo mundo habla de ellos, pero pocos, en verdad, los han leído detenidamente”.


Antonio Malacara tampoco olvida confesar que hay obras que él mismo quisiera leer pero que todavía no ha podido abordarlas. Señala que acaba de adquirir una excelente biografía “de casi mil páginas, por lo que creo que necesitaré una beca para poder leerla. Su precio amerita casi de un plan de financiamiento bancario, pero vale la pena”. Lo mismo hace al conducirnos hacia algunos autores, como Lawrence Durrell a quien, después de elogiarlo, confiesa al lector, en un afán de honradez intelectual: “me hubiera gustado leer Primavera pánica y Limones amargos, pero nunca los conseguí”.


Algo que hace que el libro no tenga desperdicio es el repaso por los temas y autores que fincan nuestra cultura culta. Los escritores americanos son básicos para Malacara. No deja en penumbra sus filias como tampoco oculta sus fobias, aunque pocas, a través de sus ensayos y reseñas.


Quiero reconocer que he aprendido muchas cosas nuevas en el libro que presento. Diré que, sencillamente, de Julio Torri y Artemio de Valle Arizpe recibí información novedosa que me llevará a releerlos con otros ojos. De don Artemio, por ejemplo, ahora conozco las lecturas que lo influenciaron, con lo cual me he aclarado sus obsesiones y su estilo.


Memoria de papel es un libro que brota, en parte, de columnas periodísticas, aunque adquiere una independencia total con respecto a aquéllas. Aquí encontramos ensayos que pueden ser leídos de manera completamente autónoma, lo que no hace que uno deba seguir una secuencia de orden. Y, es curioso, pero creo poder afirmar que bajo el formato de compendio leo al autor de forma diferente que cuando lo hago en el rotativo. Es evidente que la diferencia no está en lo escrito sino en la forma de leer y en la desigual actitud que tomamos frente a un periódico y la que asumimos al tener un libro en las manos. A Malacara lo leo en su entrega periódica, normalmente mientras desayuno, lo que en muchas mañanas realizo de manera apresurada por las prisas del trabajo, pero así y todo recibo una bien organizada exposición temática que me traslada a versiones críticas y analíticas de tramas y autores del mayor interés. Ahora que lo he leído bajo el soporte o formato de libro, encuentro no sólo un orden diferente, sino la posibilidad de relectura, la peripecia de la referencia, la virtual comparación de una temática con otra del mismo texto y el cotejo de Malacara con Malacara.


El libro se ordena bajo tres grandes secciones: Autores, Lecturas y Otros temas. No me quedó la menor duda de que para el editor, Jesús Guerra, debe haber sido difícil dividir los artículos y ensayos puesto que en (casi) todos aparecen autores, datos biográficos, citas, referencias y vínculos temáticos. He aquí que un excelente lector de muchos autores, un incisivo escritor que está por cumplir 50 años de escribir sin descanso, un crítico que critica al mismo tiempo que simpatiza con sus criticados, un hombre cuya escritura llana es garantía de búsqueda de lectores, un veterano de las letras que continúa cautivando jóvenes... nos lanza esta Memoria de papel para que descubramos en un volumen la dicha a la vez que el compromiso de leer para comprender el mundo, así como para ingresar en el universo de la cultura por la única puerta; la vía que Marx definió como ad astra per aspera ("a las estrellas se va por caminos escabrosos").


No renunciaré al deber de agradecer la edición de este libro. Es fácil advertir que se cuidó con gusto y oficio. Un escritor escribe y un editor edita; si ambos lo hacen bien el lector sale ganando; tales tareas son importantes y difíciles. En este caso la SEPC hizo bien al incluir entre sus publicaciones Memoria de papel.


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Memoria de papel. Antonio Malacara Martínez. Coordinación General de Bibliotecas, Publicaciones y Librerías de la Secretaría de Educación Pública de Coahuila. Primera edición, noviembre de 2005. Saltillo, Coahuila. 342 págs.


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Este texto de Carlos Valdés es la presentación de Memoria de papel, leída por su autor la noche del 23 de noviembre de 2005 en el Centro Cultural Vito Alessio Robles.


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El autor:



Antonio Malacara Martínez nació en Saltillo, Coahuila. Se inició en el periodismo en 1957 en el diario El Sol del Norte, y desde entonces ha escrito para diversas publicaciones, como los periódicos Vanguardia y Palabra, y las revistas Prisma y Ser Universitario, de la Universidad Autónoma de Coahuila, Desierto Modo, del Instituto Coahuilense de Cultura y Lecturas, de la Coordinación de Bibliotecas, Publicaciones y Librerías de Coahuila. Es autor de las siguientes obras: Dos momentos de una historia, 1990; Los días y los temas, 1990; Antología de la poesía de Felipe Sánchez de la Fuente, 1991 (los tres publicados por la Universidad Autónoma de Coahuila); De todos los días, 1997 (Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Coahuila), y Señales de humo, 2001 (Coordinación de Bibliotecas, Publicaciones y Librerías de la SEPC). Obtuvo el Premio Estatal de Periodismo en 1990, y la Presea Saltillo 2000, otorgada por el Republicano Ayuntamiento de Saltillo.


[Lecturas 6. Enero-abril de 2006]

martes, 6 de octubre de 2009

Primeras líneas... Lolita


Primeras líneas...


Lolita
en dos idiomas



Lolita, light of my life, fire of my loins. My sin, my soul. Lo-lee-ta: the tip of the tongue taking a trip of three steps down the palate to tap, at three, on the teeth. Lo. Lee. Ta.
She was Lo, plain Lo, in the morning, standing four feet ten in one sock. She was Lola in slacks. She was Dolly at school. She was Dolores on the dotted line. But in my arms she was always Lolita.



Versión original en inglés de Vladimir Nabokov.
(G. Putnam's Sons, Nueva York, 1955)

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Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo. Li. Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.



Traducción al español de Enrique Tejedor.
(Ediciones Grijalbo, Barcelona, 1975)



[Lecturas 6. Enero-abril de 2006]