Mostrando entradas con la etiqueta Sobre la lectura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sobre la lectura. Mostrar todas las entradas

miércoles, 16 de enero de 2019

Leer es bueno para la salud



Leer es bueno para la salud

Jesús Guerra

En la entrada anterior comenté que sería bueno para todos incluir en nuestros propósitos de Año Nuevo el de leer más. Hoy quiero complementar esta idea con la información de un artículo buenísimo que leí llamado «Los libros son buenos para tu cerebro». El artículo es de Dan Seitz y se publicó en Internet el primero de enero de este año en el sitio de Popular Science (es decir Ciencia Popular). El artículo está en inglés. Quien quiera leerlo puede hacer clic aquí, pues yo no voy a traducirlo (salvo algunas líneas específicas) sino a extraer algunas de sus informaciones y comentarlas.

Este artículo menciona que la lectura de libros es buena para ejercitar nuestro cerebro y para aumentar nuestra inteligencia emocional. Y dice que incluso sabiendo esto, una cuarta parte de los norteamericanos no leyó ni un libro el año pasado. Y yo agrego que puedo suponer que en el caso de México este porcentaje de habitantes que no leyeron ni un libro en 2018 debe de ser aún mayor.

El artículo dice a continuación que estudios científicos hechos con niños gemelos han demostrado que leer es esencial para tener un cerebro sano, y que otros estudios han demostrado que la lectura hace que el cerebro de los adultos siga desarrollándose y en adultos mayores, ayuda a hacer más lento o incluso a detener del todo la atrofia cognitiva.

Con respecto a la inteligencia emocional, un estudio de 2016 mostró que los lectores de narrativa de ficción tienden a «tener bien desarrollada su habilidad para atribuir estados mentales a uno mismo y a otros, es decir, a entender que las otras personas pueden tener diferentes deseos, pensamientos y emociones, lo que significa que los lectores de ficción tienden a tener más empatía». Lo que a su vez significa, en términos generales, que la lectura (en este caso de ficción) nos ayuda a ser mejores personas.

Luego, el artículo de Dan Seitz da algunos consejos sobre cómo comenzar a leer, poco a poco, para las personas que no tienen el hábito diario de leer o que creen no tener tiempo para leer. Dice que es necesario establecer metas concretas y realistas, y luego irlas incrementando. Por ejemplo: establecer la meta de leer cinco páginas diarias de un libro. Pero es necesario que el libro sea de un autor o un tema que nos interese mucho.

Luego de un tiempo en que se alcance la meta de leer cinco páginas diarias, se puede subir la meta a leer 10. Y como el libro es interesante, la meta será un paso lógico. Luego se puede subir a 15 o a 20 páginas diarias. También aconseja que no se debe ser demasiado duro con uno mismo. Habrá días que realmente tengamos otra cosa qué hacer o estemos muy cansados y no podamos cumplir con la meta establecida. Lo importante es haber leído algo. Ya al día siguiente podremos alcanzar la meta de nuevo.

Un consejo importante para ayudar a alcanzar la meta de páginas por leer es la de no cerrarse ante ninguna de las alternativas de lectura. Se pueden leer libros impresos y también libros digitales o se pueden escuchar audiolibros. «Para efectos de lectura, los audiolibros también cuentan», por supuesto.

En tiempos en que casi todos traemos teléfonos inteligentes, podemos traer nuestro libro digital en el teléfono o en una tableta. El teléfono es bueno porque lo llevamos a todas partes. Entonces se puede aprovechar de leer en cualquier tiempo muerto. Al hacer fila en el banco, por ejemplo, en lugar de sacar el teléfono para jugar o para revisar las redes sociales, podemos leer unas páginas de esa historia que, además, nos interesa, nos emociona, y si el libro en realidad es bueno, nos tendrá ansiosos por saber qué sigue.

Y también en el teléfono podemos traer algunos audiolibros, lo cual nos permite escucharlos (es decir, leerlos) mientras caminamos y mientras hacemos ejercicio. El autor del artículo menciona que, según otro estudio, en este caso de la Universidad de Pennsylvania, a personas a las que sólo se les permitió escuchar audiolibros emocionantes (libros de misterio, por ejemplo) mientras iban a hacer ejercicio al gimnasio, terminaron por ir con más frecuencia al gimnasio, lo que significa que la lectura auditiva de libros interesantes nos ayuda a mantenernos sanos y en forma.

Y para los fanáticos de la productividad y el trabajo: está demostrado que leer libros ayuda a aumentar la productividad. «Dejar de hacer una tarea para centrarse en otra, que requiere otras habilidades, ayuda a regresar a la primera tarea con una visión renovada y con mayor atención». Así que el autor recomienda leer en los coffee breaks o en la hora para comer, para ser más productivo al regresar al trabajo un rato después.

En cuanto a la discusión sobre cómo es mejor leer, si en libros impresos, en libros digitales o en audiolibros, la discusión en realidad terminó hace tiempo. Dan Seitz menciona un estudio hecho con niños a los que se les dio a leer el mismo libro, a unos se les dio libros impresos, a otros libros digitales en un iPad. No hubo diferencias en cuanto a comprensión o retención de lo leído, que es lo importante. Para los niños, además, todos los medios estaban ahí cuando nacieron.

En realidad —agrego yo— todo esto es una cuestión de gustos y costumbres. Para los lectores de mayor edad, que siempre leyeron libros impresos, los libros digitales pueden ser extraños, o no ser de su gusto. Pero las generaciones posteriores nos hemos acostumbrado a todo: lo importante es leer.

Claro que cada medio tiene sus ventajas y sus desventajas. Los libros impresos se pueden no sólo tocar, sino acariciar. Nos gusta la textura del papel y hasta el olor de la tinta. Y se pueden subrayar y apuntar anotaciones al margen. Además, no requieren electricidad para funcionar, y se pueden hojear con facilidad. Como desventaja, si es un libro grueso, por ejemplo, tiene el peso. Y en la oscuridad se requiere de una luz para leerlos.

Los libros electrónicos requieren de un aparato para leerlos, pero se pueden leer en la oscuridad porque tienen su propia luz. Pero claro, requieren que la batería esté cargada. También se pueden subrayar y hacer notas al margen. Además, se pueden traer muchos libros en el mismo aparato, que puede ser incluso nuestro teléfono inteligente. Los puede uno leer en cualquier parte, en cualquier momento.

Los audiolibros no se pueden subrayar ni se les pueden hacer notas. Y se requiere un aparato para escucharlos. Pero se pueden leer, es decir escuchar, mientras hacemos otras actividades, como caminar, hacer fila en el banco o mientras hacemos ejercicio en el gimnasio. Por si fuera poco, recrean esa magia antigua de que alguien nos cuente una historia, con su voz, y su sabiduría para contarla.

En lugar de discutir qué es mejor, mi opinión es que debemos utilizar los tres medios para leer libros. Hay que encontrar el medio adecuado para el momento adecuado. Eso es todo. Lo importante es leer.

. . . . . . . . . . . . . . .

Te puede interesar: 







viernes, 11 de enero de 2019

Sobre los propósitos (de lectura) de año nuevo



Sobre los propósitos (de lectura) de año nuevo

Jesús Guerra

Creo que todavía estamos a tiempo para tratar de los muy populares propósitos de Año Nuevo. Crear una lista, de preferencia pequeña, de estos propósitos es algo bueno pues por lo menos indican la intención de mejorar, la intención de cambiar algo en su vida, por parte de quien realiza estos propósitos. Revisando en Internet algunos artículos sobre el tema, encontré que los propósitos más comunes de las personas, agrupándolas por rubros, son más o menos los siguientes:

1. Bajar de peso, comer de manera más nutritiva, hacer ejercicio
2. Ahorrar dinero, pagar deudas, conseguir un empleo extra o un trabajo nuevo
3. Evitar el estrés o aprender a bajar el nivel de estrés
4. Comprar casa, o remodelar la casa
5. Comprar un carro o arreglar el que se tiene
6. Dejar de fumar, o dejar de beber
7. Ser mejor persona, o pasar más tiempo con la familia
8. Viajar, o viajar más, o realizar ese viaje a alguna ciudad o país con el que se ha soñado por mucho tiempo
9. Encontrar pareja, o casarse, o tener hijos.

Por supuesto, para lograrlos y no abandonarlos a las pocas semanas, es necesario tener fuerza de voluntad, disciplinarse. No siempre se puede, pero intentarlo ya es algo. Mientras más corta la lista, y más cercana a la realidad, más sencillo será lograrla.

Lo que los expertos en el tema (porque también hay expertos en esto de los propósitos de Año Nuevo) aconsejan es: escribir estos propósitos en un cuaderno (en un diario personal, por ejemplo), para que el compromiso con nosotros mismos sea mayor, y para que podamos tener esa lista presente cada vez que abramos el cuaderno. También se aconseja decirles estos propósitos a otras personas de confianza, familiares o amigos, para que el compromiso sea mayor. Por último, se aconseja juntarse con otras personas que tengan el mismo propósito (por ejemplo, ir al gimnasio) para que sea más sencillo realizarlo.

Por otra parte, es evidente que no es necesario esperar a que comience un año para comenzar a hacer los cambios que queremos en nuestra vida. Podemos empezar cuando en realidad lo queramos (de preferencia, ya).

Todo esto viene a cuento porque quiero comentarles un propósito que no está entre los más comunes pero que es muy importante para nuestra vida, para mejorar, que es lo que realmente deseamos: el propósito de leer más libros. Y subrayo la palabra libros. También podemos proponernos leer más, en general, y así leer más revistas, más periódicos, más textos en Internet, y todo esto también está bien, por supuesto, pero las obras importantes están publicadas en libros, y éstos pueden ser de ciencia, de psicología, de filosofía, ensayos diversos, de cualquier tema que nos guste, y, por supuesto, libros literarios.

Y el propósito de leer más es sencillo, pues sólo competimos con nosotros mismos. Si el año pasado leímos, por ejemplo, cinco libros, este año podemos intentar leer ocho. No es muy difícil, es realista, podemos lograrlo; es divertido, interesante y útil. Leer ocho libros en un año equivale a leer sólo dos terceras partes de un libro por mes.

Pero si su propósito es algo más serio pueden proponerse leer un libro por mes. Tal vez se tarden más de un mes en leer un libro de 600 páginas, pero la siguiente lectura puede tener sólo 250 páginas. Luego de los dos meses habrán conseguido leer, de todas maneras, dos libros en dos meses. Leer un libro al mes equivale a 12 libros al año. Es una buena meta. No es muchísimo, pero es mucho más del promedio nacional.

Y quienes leen 12, pueden proponerse leer 18, o 24. Al año, 24 libros es un libro cada quincena, aproximadamente. O ya, de plano, pueden proponerse leer un libro por semana, para alcanzar la cifra de 52 libros al año.

Hay una conocida encuesta mundial (de la agencia de investigación de mercado NOP World) que se centró en el número de horas a la semana que los habitantes de diversos países dedican a la lectura. Con esto no sabemos cuántos libros leen, pero por lo menos sabemos cuánto tiempo leen a la semana.

En primer lugar, La India, con 10.7 horas a la semana.
En segundo, Tailandia, con 9.4 horas a la semana.
En tercer lugar, China, con 8 horas.
En cuarto Filipinas, con 7.6 horas.
En quinto Egipto, con 7.5 horas.
En sexto la República Checa, con 7.4 horas a la semana.
En séptimo Rusia, con 7.1 horas.
En octavo, empatados Suecia y Francia, con 6.9 horas.
Y en noveno lugar Hungría, con 6.8 horas a la semana.

Esto quiere decir que La India, que está en primer lugar, dedica un poco más de hora y media diaria a la lectura. E incluso los países que menos leen, de esos 10 primeros lugares, leen casi una hora al día.

El promedio mundial es de 6.5 horas diarias dedicadas a la lectura. En América Latina, Venezuela es el país con el mayor promedio y está sólo un poco por debajo del promedio mundial: 6.4 horas por semana. El país que menos lee de América Latina es México, con 5 horas y media a la semana (lo cual, de México, es creíble, pero para la lectura en general, no de libros). Sin embargo, según una nota de la revista Proceso (del 31 de agosto de 2015), México ocupó el penúltimo lugar de lectura entre 108 países.

Todo esto quiere decir que, si ustedes ponen en sus propósitos de Año Nuevo leer una hora diaria, es decir 7 horas a la semana, estarían dedicándole a la lectura media hora más por semana que el promedio mundial. Y por supuesto, mucho más que el promedio mexicano.

La relación entre tiempo dedicado a la lectura y libros leídos es personal, depende de la velocidad de lectura de cada uno. Hay quienes leen rapidísimo y quienes leemos un poco más lento. Hay quienes han tomado cursos de lectura rápida, pero hay que aclarar que las técnicas de la lectura rápida si bien son muy útiles para leer periódicos, revistas y reportes de oficina, no sirven para leer literatura. La literatura hay que disfrutarla.

Pero esta relación personal pueden establecerla muy bien si se proponen leer una hora diaria. ¿Cuántos libros a la semana, o a la quincena, o al mes pueden terminar leyendo tan solo una hora por día? Se van a dar cuenta de que pueden leer mucho más de lo que imaginan.

En cuanto a las encuestas, sólo sirven de vaga referencia, pues son contradictorias. En la encuesta de horas de lectura por semana el Reino Unido, Brasil, Taiwán, Japón y Corea leen menos horas a la semana que México. Pero en la encuesta de CERLAC, Corea lee 10 libros por año mientras que China lee 7 (y Finlandia 17, y Canadá 20)... pero en la de horas por semana se dice que China lee 8 horas a la semana mientras que Corea lee sólo 3:06 horas. ¿Será que los coreanos leen rapidísimo?

Según un artículo de Ana Karen García, publicado en el periódico El Economista, el 26 de octubre pasado, en México se leen, en promedio, 3.8 libros al año por persona, pero ¡sólo 2 de cada 10 comprende totalmente el contenido que leyó! Como pueden ver el estado de la lectura en México es desastroso, pero podemos contribuir a nuestros promedios, aunque nadie nos venga a encuestar. Es una tarea personal, así como es un asunto de mejora personal: propongámonos leer por lo menos una hora diaria, y luego pueden platicarnos de los logros alcanzados.

. . . . . . . . . . . . . . .

Ligas:




jueves, 28 de julio de 2016

Código best seller, de Sergio Vila-Sanjuán (1)




Código best seller
de Sergio Vila-Sanjuán
(1)

Jesús Guerra

A los verdaderos amantes de los libros nos interesan no sólo ciertos libros o ciertos temas o ciertos autores, sino en general el mundo de los libros y sus diversos fenómenos y procesos. Nos interesa tanto la historia del libro como la historia de la literatura, la historia de la lectura, la historia de la edición de libros, la historia del libro de bolsillo, etcétera. Entre estos temas espléndidos se encuentra el de los libros más vendidos y, suponemos, más leídos. Este es, precisamente, el tema de un libro fascinante, Código best seller, del español Sergio Vila-Sanjuán, publicado originalmente en Ediciones Planeta, Madrid, en 2011, y posteriormente en edición de bolsillo por Alianza Editorial, en 2014.

El concepto (los conceptos)
Lo primero que hay que aclarar es el significado del concepto best seller. Obviamente proviene del inglés y literalmente significa mejor vendedor, pero en español diríamos más bien el mejor vendido o el más vendido. Ese es el significado, pero ahora debemos preguntarnos a qué se refiere. Y aquí nos encontramos, de entrada, con una suerte de malentendido. En principio, best seller se refiere a los libros que se venden bien, o muy bien. Pero también a los que además de venderse bien se venden rápido. Para el mundo editorial, el best-seller demuestra su potencial en los primeros meses de su aparición en librerías. Sin embargo, hay casos en que aparecen libros a los que se denomina best sellers durmientes, y son aquellos que durante los primeros meses se venden poco y al cabo de un tiempo, por algún motivo, «despiertan», es decir, comienzan a venderse mucho más y con mayor rapidez.

Hay libros a los que denomina fast-sellers, que son los que no sólo se venden bien, sino que lo hacen particularmente rápido. Se utiliza también el término mega-sellers para los libros que se venden en tal cantidad y a tal velocidad que, por cuestiones de logística, su producción a semejante escala hubiera sido imposible hace apenas 15 o 20 años. Este es el caso de las series de Harry Potter y la de Crepúsculo, por ejemplo. Hay otra categoría para las editoriales y las librerías, el llamado long-seller, y se refiere a los libros que venden bien y de manera constante a lo largo de mucho tiempo. En este caso se encuentran obras religiosas, como la Biblia y el Corán, que se venden todo el tiempo, o el de clásicos como La Odisea o Don Quijote, que por convertirse en libros cuya lectura es obligatoria en escuelas y universidades, se venden constantemente. Hay que apuntar que Don Quijote, por ejemplo, fue un best-seller en su tiempo. Hay otros libros, como el Ulises, de James Joyce, que en su momento vendieron muy pocos ejemplares, y con el paso de los años se convierten en libros de culto o en clásicos y es entonces, años después de su aparición, que comienzan a venderse bien y siguen haciéndolo.

Todas estas categorías o subcategorías del best seller parten del número de ejemplares y de la velocidad con que venden. Pero, y aquí es donde se encuentra el malentendido que mencioné al principio, hay también subcategorías del best seller relacionadas con el contenido. La principal, el gran malentendido, es la de suponer y nombrar best seller a aquellas novelas que son entretenidas, como las novelas policiacas, las históricas, las de aventuras, los thrillers, porque se parecen en contenido a otras obras que quizá sí vendieron muchos ejemplares. Pero este malentendido es tan generalizado, nos dice Vila-Sanjuán, que si una persona llegara a una librería solicitando «un best seller para leer durante las vacaciones», el vendedor de libros entendería perfectamente lo que el cliente quiere, y le recomendaría ese tipo de libros mencionados, independientemente de que, en términos de venta, sean realmente bets sellers o no.

En relación con el contenido, hay otra subcategoría del best-seller, los llamados best-loved books, es decir, los libros más queridos, que son los que realmente se volvieron populares, incluso en sectores de la población que generalmente no leen, o que leen muy poco. Y hay otra categoría, que en su mayor parte coincide con la anterior, a la que el mundo editorial denomina libros que crean lectores, y son eso, los libros que llaman tanto la atención, que incluso los leen aquellas personas que normalmente no leen libros. Este sería también el caso de la serie de Harry Potter, que inició en la lectura a muchos niños y jóvenes que antes de esa serie no leían. Sería el caso, también, pero para lectores de mayor edad, de un libro como El código Da Vinci.

Hay que señalar que hay una tendencia a creer o afirmar que los best sellers lo son gracias exclusivamente a la mercadotecnia. Y si bien es posible que en algunos casos sea así, la verdad es que, en la inmensa mayoría de los libros más vendidos, sobre todo de los grandes, la mercadotecnia no podría lograr las ventas que han logrado algunos de estos libros si no fuera porque éstos tienen ya algo que verdaderamente llama la atención de los lectores, de un país, de una lengua o de todo el mundo. Hay libros, sobre todo novelas, que realmente tocan fibras sensibles de una buena parte de las personas de una sociedad. Son libros que se escribieron y vendieron en el momento justo.

Sergio Vila-Sanjuán cita en su libro al francés Pierre Nora, quien dice que «lo que define la esencia del fenómeno best seller es su imprevisibilidad. Esa obra de las que se tiran tres mil ejemplares iniciales y acaba vendiendo 230 mil o 300 mil ejemplares, es el libro que ha transgredido el marco del público al que se ha destinado. No responde a las leyes del mercado, ni a las de la industria editorial, sino a la historia de las mentalidades. Ya que el éxito inesperado significa que alguna sensibilidad insospechada de una sociedad ha sido tocada».

Los más vendidos en cifras
Ahora entramos al gran problema de las cifras. Vila-Sanjuán apunta que la primera pregunta que se tiene que hacer al investigar la cuestión de los best sellers es si sabemos cuáles son los libros más vendidos de todos los tiempos. Y su respuesta es: «lo sabemos... relativamente». Pone como ejemplo el listado de best sellers que aparece en Wikipedia (que de todas maneras es interesantísimo). A continuación apunto sólo los primeros títulos y sus cantidades:

Libros a los que se les atribuyen ventas superiores a los mil millones de ejemplares:
Son sólo dos:
* La Biblia, que se calcula que se han vendido entre dos mil 500 y seis mil millones de ejemplares. [Fíjense en la distancia entre esos números, es decir que quedan volando tres mil quinientos millones de ejemplares en la indefinición.]
* El Libro Rojo, de Mao Tse-Tung, que se supone vendió entre 800 y seis mil quinientos millones de ejemplares. [Aquí la variación es aún mayor.]

Libros que han vendido entre cien y mil millones de ejemplares:
* El Corán (800 millones)
* Diccionario Xinhua (chino, de 1957, 400 millones)
* Poemas de Mao Tse-Tung (de 1966, 400 millones)
* Artículos selectos, de Mao Tse-Tung (252.5 millones)
* Historia de dos ciudades, de Charles Dickens (de 1859, 200 millones)
* Manual del Boy-Scout, de Robert Baden Powell (de 1908, 150 millones)
* El señor de los anillos, de J.R.R. Tolkien (de 1954-1955, 150 millones)

Hasta aquí lo que queda claro es que los libros más vendidos tienen detrás una religión, o una ideología, de tal suerte que la posesión (y en teoría también la lectura) de esos libros se convierte en una especie de obligación. Y comienzan a entrar los libros prácticos y de consulta, como diccionarios y manuales, y también los libros que identificamos en nuestro tiempo con el término best seller, es decir las novelas entretenidas y absorbentes (pero el autor, Sergio Vila-Sanjuán, aclara de manera muy pertinente, que eso no implica necesariamente que sean obras superficiales).

Libros que han vendido entre 50 y cien millones:
* Ella, de H. Rider Haggard (de 1887)
* El principito, de Antoine de Saint-Exupéry (de 1943)
* El código Da Vinci, de Dan Brown (de 2003)
* El guardían entre el centeno, de J.D. Salinger (de 1951)
* El alquimista, de Paulo Coelho (de 1988)
* Diccionario Merriam-Webster (de 1898)

En esta lista anterior hay libros prácticos, pero la mayoría son ya novelas, sobre todo novelas de aventuras, en su sentido más amplio, y también libros juveniles.

Libros que han vendido entre 30 y 50 millones:
* El nombre de la rosa, de Umberto Eco (de 1980)
* El informe Hite, de Shere Hite (de 1976)
* La telaraña de Charlotte, de E.B. White" (de 1952)
* Juan Salvador Gaviota, de Richard Bach (de 1970)
* El Thesaurus de Roget (un diccionario de sinónimos en inglés, de 1852)
* Usted puede sanar su vida, de Louis L. Hay (de 1984)
* Lo que el viento se llevó, de Margaret Mitchell (de 1936)
* Cien años de soledad, de García Márquez (de 1967)

Etcétera... hay muchos otros libros más en esta lista. Aquí también encontramos libros prácticos, libros religiosos, libros de autoayuda, libros para niños, pero sobre todo novelas interesantes que han capturado la atención y el favor de los lectores de su tiempo y de tiempos posteriores. Hay motivos diversos para que esas obras estén ahí...

Es interesante revisar por qué dice el autor del libro Código best seller que estas listas son sólo medianamente confiables. El problema es que estas listas (en particular éstas que provienen de Wikipedia) están elaboradas a partir sobre todo de fuentes periodísticas norteamericanas, lo cual inclina la balanza al mundo editorial anglosajón. Quedan fuera, con algunas muy contadas excepciones, otras literaturas que quizá no se venden mucho en Estados Unidos pero que eso no significa que no se vendan mucho en otros países. Por ejemplo, en esta lista no aparece Don Quijote, sin embargo, Sergio Vila-Sanjuán dice que según otras fuentes la gran novela de Cervantes ha vendido más de 500 millones de ejemplares en todo el mundo.

El otro problema son las fuentes mismas. Los editores en muchos casos no quieren o no pueden revelar sus cifras de venta porque se tardan en consolidarlas. En el mundo anglosajón son más abiertos, en parte porque dependen mucho de la venta en grandes cadenas de librerías y en grandes cadenas de supermercados que pueden registrar con rapidez las ventas, por lo menos de ciertos títulos. En Hispanoamérica y en España se depende más de la venta en librerías pequeñas e independientes y los datos de venta se tardan, a veces muchos meses, en consolidarse. Pero además en estas regiones mencionadas los editores y los libreros son gremios más cerrados. Sabemos, por poner un par de ejemplos, que El código Da Vinci ha vendido alrededor de 70 millones de ejemplares en todo el mundo. Y de esa cantidad, ¿cuántos ejemplares se han vendido en España e Hispanoamérica?, es decir, ¿cuántos ejemplares se han vendido en nuestra lengua de ese libro? No lo sabemos. ¿Cuántos libros se han vendido en español de la serie de Harry Potter? No lo sabemos...

Continuaré con los comentarios sobre Código best seller en una entrada próxima, por lo pronto apunto que me parece un libro sumamente atractivo para todos los interesados en el mundo de los libros. Es una obra clara, amena, llena de información, datos, opiniones y anécdotas sobre esos objetos mágicos que tanto queremos los lectores, cuya lectura recomiendo muchísimo.

. . . . . . . . . . . . . . .


Código best seller. Sergio Vila-Sanjuán. Alianza Editorial, colección El Libro de Bolsillo, serie Humanidades. Madrid, 2014. 436 págs.

sábado, 3 de marzo de 2012

Primeras líneas... Una historia de la lectura, en tres idiomas




Primeras líneas…

Una historia de la lectura
en tres idiomas
(y dos versiones distintas en español)

One hand limp by his side, the other to his brow, the young Aristotle languidly reads a scroll unfurled on his lap, sitting on a cushioned chair with his feet comfortably crossed. Holding a pair of clip glasses over his bony nose, a turbaned and bearded Virgil turns the pages of a rubricated volume in a portrait painted fifteen centuries after the poet’s death.

[A History of Reading. Versión original en inglés de Alberto Manguel. Penguin Books. 1996]


. . . . . . . . . . . . . . .



Une main pendante, abandonnée, et l’autre soutenant son front, le jeune Aristote, assis sur un siège rembourré et les pieds confortablement croisés, lit, alangui, un papyrus déroulé sus ses genoux. Tout en maintenant un lorgnon sur son nez osseux, un Virgil enturbanné et barbu tourne les pages d’un volume orné de lettrines rouges, dans un portrait peint quinze siècles après la mort du poète.

[Une histoire de la lecture. Traducción al francés de Christine Le Bœuf. Babel]



. . . . . . . . . . . . . . .

Edición de Norma


Alianza Editorial
Con un brazo caído sobre el costado, y la otra mano apoyada en la frente, el joven Aristóteles, en una cómoda silla y con los pies cruzados, lee lánguidamente un manuscrito desplegado sobre el regazo. En un retrato pintado quince siglos después de la muerte del poeta, un Virgilio con turbante y barba frondosa, que sostiene unos quevedos sobre su huesuda nariz, pasa las páginas de un docto volumen.

[Una historia de la lectura. Traducción al español de José Luis López Muñoz (traducción cedida por Alianza Editorial). Grupo Editorial Norma (Colombia)]

. . . . . . . . . . . . . . .

Edición de Joaquín Mortiz


Lumen
Con un brazo caído a un costado, y la otra mano apoyada en la frente, el joven Aristóteles, sentado en una cómoda silla y con los pies cruzados, lee lánguidamente un manuscrito abierto sobre el regazo. Un Virgilio con turbante y barba frondosa, sosteniendo unos quevedos sobre su huesuda nariz, pasa las páginas de un distinguido tomo en un retrato realizado quince siglos después de la muerte del poeta.

[Una historia de la lectura. Traducción (2005) al español de Eduardo Hojman. Joaquín Mortiz (México)]