Abandonarse a la pasión
Ocho relatos de amor y desamor
de Hiromi Kawakami
Pobrecita
Ella es la narradora, pero su nombre no se menciona. Él es Nakazawa. Ella vive en una especie de presente permanente pues casi no recuerda nada de su pasado anterior a su relación con Nakazawa, a pesar de que no viven juntos. Se conocieron en la empresa en la que trabajaron juntos. Nakazawa es quien la llama cuando quiere y se quedan de ver. A veces hacen el amor. Luego de un tiempo él empieza a hacerle daño. A Nakazawa le gusta causarle dolor, aunque no sabe el motivo. Ella se lo permite. De hecho, ella ha descubierto que le causa placer. En ciertas ocasiones, Nakazawa le dice a ella “pobrecita”. Un día ella le pregunta por qué se compadece de ella. Él responde que todos son dignos de compasión. La narradora explica que a Nakazawa le gusta dominarla, y que él no es ni guapo ni interesante, de hecho, se queda dormido con facilidad. Con el tiempo, ella también se queda dormida pues se ha dado cuenta de que el dolor la relaja. En este relato el elemento sádico-masoquista es más explícito que en otros de los relatos del volumen. En general, los personajes femeninos tienden a la sumisión (no tengo idea si esto está relacionado con la cultura japonesa). En general, en estos relatos, ellas no tienen una idea clara del motivo por el que se encuentran en las relaciones que mantienen. Parece que están ahí porque no tienen en dónde más estar. Quizás es el miedo a la soledad o al vacío, pero estas relaciones son también vacías.
Ella, la narradora, se llama Tokiko. Él es Hashiba. A Tokiko le atrae Hashiba, pero él nunca da el paso a la intimidad. Él, como casi todos los personajes masculinos de estos relatos, habla mucho, y gran parte de lo que dice son tonterías. Un día, él le cuenta a Tokiko que cuando era niño, una noche despertó porque sentía un peso en el pecho y descubrió que tenía un pavo real sentado encima. Ella no sabe si creerle, nunca sabe “distinguir dónde termina la realidad y empieza la ficción”. Él le dice que ella se lo toma todo demasiado en serio. Ella le platicó a Hashiba que tiempo atrás un hombre la había violado, pero no recuerda gran cosa. Ella, que tiene 40 años, se siente culpable porque no sabe a ciencia cierta si fue violada o no, y no está segura si ella lo provocó. En un momento dado, la pareja camina por un barrio que no conocen (¿por qué se encuentran ahí? Este elemento, la pareja perdida en la gran ciudad, se encuentra en otros relatos del libro). Más tarde, luego de otra escena de extrañamiento (en sus dos sentidos), Hashiba la abraza y le dice que está cansado, y la invita a que se vayan juntos a la cama. Pero ella tiene miedo, aunque no sabe a qué. Camina sin saber a dónde va y siente que le tiene miedo a todo. El absurdo presente de nuevo, así como la confusión, el miedo y el sentimiento de encontrarse perdidos.
Ella es Tokiko, la narradora, y está muerta. Él es Sakaki, y sobrevivió al pacto suicida. No estoy contando de más, la narradora nos lo dice en las primeras líneas. Sakaki está casado y tiene dos hijos. Es un hombre aparentemente tranquilo, pero evidentemente infeliz. Dice estar cansado de todo. Sin embargo, tiene una amante, Tokiko, a la que le propone suicidarse juntos. Ella no quiere morir, pero tampoco ama la vida, así que acepta. Pero algo falla, él sobrevive y ella muere. Ahora es un espectro que no entiende por qué él está vivo. Lo espera. La confusión, la incomprensión de nosotros mismos y de los demás y el miedo permanente son algunos de los elementos de éste y de todos los relatos del libro. Aquí también los personajes son impulsivos, que realizan actos sin motivos aparentes, con amores desesperados y tristes, y, sin embargo, éste me parece uno de los relatos más contundentes del volumen. Por cierto, el relato perfectamente podría titularse “Cien años de soledad”, como la novela de García Márquez que tanto admira su autora. Curiosamente, la narradora de este relato y la del anterior tienen el mismo nombre y la misma edad. ¿Podría ser el mismo personaje, un doble, una variación, una continuación?
Ella, la narradora, como en otros relatos, aparece sin nombre. Él es Uchida. Y hay otro él, llamado Tsubaki, un amigo y examante de la narradora. Uchida le regala un insecto de bronce a su amiga y pronto amante, la narradora. Él le cuenta la historia de la procedencia del insecto, que puede ser real o ficticia. Ella le pregunta por qué se lo regala, y Uchida responde que porque ella parece un insecto. Ella le platica del regalo a Tsubaki, un examante que es también compañero de trabajo. A él le interesan esos objetos y quiere adquirirlo, o por lo menos verlo. Quedan de verse los tres para cenar. Uchida y Tsubaki, que no se conocían, se llevan bien de inmediato. Los tres beben bastante. Tsubaki les cuenta la leyenda del insecto dios, devorador de ogros. Al salir, Tsubaki le hace una propuesta sexual al oído a ella. ¿O la narradora lo imaginó? Este es uno de los relatos más ambiguos e inquietantes de la colección.
El nombre de la narradora no se menciona. Él es Tota. Son pareja y lo han sido por quinientos años. La narradora cuenta la teoría que tienen de por qué no pueden morir. Tuvieron hijos y nietos y todos murieron. Tienen una existencia muy tranquila y rutinaria. Tota es taxista desde hace medio siglo. Han tenido accidentes, pero sobreviven. Un día, hacen un picnic, y platican. Todo lo que ven y mucho de lo que hablan les trae recuerdos del pasado. Ella pregunta si morirán un día. Tota responde que con seguridad morirán cuando desaparezca la especie humana. La inmortalidad, ya nos lo han dicho muchas películas de vampiros, es una maldición. Cada lector de este relato lo interpreta a su manera, pero hay que tomar en cuenta el título. Una palabra que no se menciona en el cuento: Avdiya. La tuve que consultar. Resulta que es una palabra del idioma sánscrito que se traduce como “ignorancia” o “percepción errónea de la realidad”, y es de fundamental importancia en religiones como el hinduismo y el budismo. Por supuesto, toda reflexión sobre la inmortalidad es en realidad sobre la mortalidad.
* La habitación de Nona, de Cristina Fernández Cubas
* Pájaros en la boca y otros cuentos, de Samanta Schweblin
* Distancia de rescate, de Samanta Schweblin





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