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lunes, 16 de mayo de 2022

La transparencia del tiempo [MC 9], de Leonardo Padura

 


La transparencia del tiempo
(serie Mario Conde 9)
 
Jesús Guerra
 
Hasta el momento, Leonardo Padura ha publicado nueve libros de la serie de su investigador Mario Conde (espero que publique algunos más). Al final de esta entrada se encuentran las ligas a mis reseñas de los ocho anteriores y de algunos otros libros del autor. Si no han leído ninguna de las novelas del investigador habanero, recomiendo leer mi reseña del primer libro de la serie, Pasado perfecto, porque ahí cuento algo de la historia de esta serie, y también mi reseña de Herejes, porque ahí menciono algunos otros libros de Padura que no forman parte de la serie policiaca.
 
La novena novela de Mario Conde, La transparencia del tiempo (publicada por Tusquets en 2018), es una obra más compleja y extensa que las otras de la serie, con excepción de Herejes. En este caso, la investigación está relacionada con el robo de una escultura de la Virgen de Regla que pertenece a un excompañero de preparatoria del Conde, Roberto Roque Rosell, Bobby, quien ahora se dedica a la venta de obras de arte y, por lo mismo, pertenece a una clase de cubanos que vive muy por encima del promedio de la población.
 
El Conde, que sigue dedicándose a la compraventa de libros viejos, en sociedad con su amigo Jorge Casamayor, mejor conocido como Yoyi el Palomo, acepta realizar la investigación porque Bobby promete pagarle bastante bien, porque sigue siendo un investigador apasionado y tal vez, también, para sacudirse la depresión que va en aumento debido a que en pocos meses cumplirá 60 años. Conde supone que será una investigación relativamente sencilla porque el mundillo cubano de la compraventa de arte es pequeño, pero, por supuesto (para nuestra fortuna), se equivoca. Y es que, como lo sabemos bien los lectores de Leonardo Padura, en Cuba, en La Habana, nada es sencillo. Cuando comienzan a aparecer los primeros cadáveres relacionados con el robo de esa pieza de la Virgen de Regla, que tal vez no sea una Virgen de Regla, el asunto se complica y Conde tiene que pedirle ayuda a Manolo (quien fuera el sargento Manuel Palacios, ayudante del Conde cuando éste trabajaba para la policía, y ahora, un cuarto de siglo después es el mayor Palacios y ocupa el puesto que antes ocupara el Viejo, el que fuera el jefe del Conde en la policía habanera).
 
Edición francesa


La investigación conduce al Conde a transitar por lugares de La Habana que el investigador desconocía, los asentamientos marginales y prohibidos de la periferia de la ciudad, habitados por inmigrantes ilegales cubanos, provenientes del oriente de la isla, en donde la pobreza alcanza niveles inimaginables para la generación de Mario Conde, la generación que se creyó los cuentos de la Revolución y es ahora la más decepcionada.
 
Como en todas las novelas de esta serie, los ires y venires del Conde por la ciudad le permiten observar (y por lo tanto nosotros también), la ruina en que se ha ido convirtiendo La Habana a lo largo de las seis décadas de gobierno revolucionario. Para su asombro (y el nuestro), el Conde también es testigo del surgimiento de una nueva clase de cubanos adinerados debido a los nuevos negocios, turbios algunos, otros simplemente pasmosos para el investigador, lo que le permite comprender (o quizá comprender de nuevo), con dolor, que no sólo la Revolución nunca logró realizar la promesa de la igualdad socioeconómica, sino que a últimas fechas la división entre ricos y pobres se ha vuelto bastante más ancha. Así, el Conde asiste a cenas (invitado por su socio) en restaurantes de lujo que jamás pensó que vería en La Habana, mucho menos que cenaría y bebería en ellos, en los que las cuentas rebasan por mucho el salario de varios meses del cubano promedio.
 
La novela tiene 20 capítulos y un epílogo, de los cuales seis (los capítulos 2, 5, 9, 12, 15 y 19) contienen una segunda trama que narra la historia de la Virgen Negra. Esta narración, que es bastante interesante, tiene un ritmo y un tono propios, y tiene también una ventaja y una desventaja: la primera es que nos brinda el contexto necesario para comprender el valor de la Virgen Negra como obra de arte, como objeto histórico y como símbolo religioso; la desventaja es que rompe el flujo de la narración principal, por lo menos al inicio, mientras los lectores nos acostumbramos a su ritmo y nos interesamos en ella. Sin embargo, al final, nos encontramos con una sorpresa con respecto a esta segunda trama que nos permite revalorarla.
 
Edición italiana


La trama principal, la que cuenta la investigación y la vida cotidiana del Conde, transcurre entre el 4 de septiembre y el 9 de octubre de 2014, y el epílogo acontece el 17 de diciembre del mismo año.
 
Las novelas del Conde —sus lectores lo sabemos bien— están llenas de vida y tienen personajes y diálogos estupendos, son sumamente entretenidas, pero no sólo son entretenidas, están llenas de humanidad y de inteligencia, de humor y de melancolía, de deseos y frustraciones, de café y ron. Mario Conde es un gran investigador, pero sus obras no son sólo sobre crímenes, misterios e investigaciones, el Conde tiene una vida personal, tiene una pareja, lee literatura, observa su ciudad y sus habitantes, reflexiona sobre su vida y sobre la vida, sobre el significado de ser cubano en esta época, sobre su generación; por supuesto, le molesta envejecer, tiene deseos y frustraciones, tiene problemas, se deprime, pero también tiene vida, amor y amigos. Y no ha perdido su capacidad de asombro. Sus lectores tampoco.
 
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La transparencia del tiempo [serie Mario Conde 9]. Leonardo Padura. Tusquets Editores, colección Andanzas (no sé si ya se consigue en la colección Maxi, pero sí existe edición digital). 440 págs.
 
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Te puede interesar:
 
Ligas a mis reseñas de los libros de Leonardo Padura
 
* Pasado Perfecto [Mario Conde 1]

* Primeras líneas de Pasado Perfecto en dos idiomas

* Vientos de Cuaresma [MC 2]

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* Máscaras [MC 3]

* Primeras líneas de Máscaras en dos idiomas

* Paisaje de otoño [MC 4]

* Primeras líneas de Paisaje de otoño en dos idiomas

* Adiós, Hemingway [MC 5]

* Primeras líneas de Adiós, Hemingway en dos idiomas

* La neblina del ayer [MC 6]

* Primeras líneas de La neblina del ayer en dos idiomas

* La cola de la serpiente [MC 7]

* Herejes [MC 8]

* Primeras líneas de Herejes en tres idiomas

* Cuatro estaciones en La Habana (miniserie de TV)

 
Las siguientes obras no pertenecen a la serie Mario Conde:
 
* Aquello estaba deseando ocurrir (cuentos)

* Regreso a Ítaca (guion cinematográfico)

* Regreso a Ítaca (la película)

* Agua por todas partes (ensayos)

* Como polvo en el viento (novela)

 
 
 

viernes, 3 de octubre de 2014

Primeras líneas de Paisaje de otoño en dos idiomas



Primeras líneas...

Paisaje de otoño
de Leonardo Paduro

en dos idiomas


—¡Acaba de venir...! —gritó al fin hacia un cielo que encontró lánguido y apacible, todavía pintado con aquella engañosa paleta azul del mes de octubre: gritó con los brazos en cruz, el pecho desnudo, expulsando su reclamo desesperado con todas las fuerzas de sus pulmones, para que su voz viajara y también para comprobar que su voz existía, después de tres días sin pronunciar una sola palabra.

[Paisaje de otoño. Versión original en español cubano de Leonardo Padura. Tusquets.]

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«And get here quick...!» he screamed at a sky that seemed languid and becalmed, as if still painted from October's deceptive palette of blue; he screamed, arms crossed, chest bare, bellowing a desperate plea with every ounce of strength his lungs could muster, so his voice would carry and also to check that his voice still existed after three days without uttering a single word.


[Havana Black. Traducción al inglés británico por Peter Bush. Bitter Lemon Press. Londres.]


jueves, 2 de octubre de 2014

Paisaje de otoño (serie Mario Conde 4), de Leonardo Padura





Paisaje de otoño
(serie Mario Conde 4)
de Leonardo Padura

Jesús Guerra

Paisaje de otoño es la cuarta novela de la serie del investigador habanero Mario Conde, de Leonardo Padura, la cual cerró la tetralogía Las cuatro estaciones, lo cual no impidió que la serie creciera por encima de los límites originalmente planeados, y hasta la fecha Padura ha escrito y publicado cuatro novelas posteriores. Esta obra fue escrita, según la firma al final, en Mantilla (en La Habana), entre noviembre de 1996 y marzo de 1998, y fue publicada por Tusquets en septiembre de ese año, e inmediatamente ganó el Premio Hammett (de la Asociación Internacional de Escritores Policiacos, a la mejor novela policiaca escrita en español, el cual se entrega durante la Semana Negra de Gijón).


En la primera novela, Pasado perfecto (que se desarrolla en enero de 1989, es decir en invierno), Mario Conde investiga la desaparición de un funcionario gubernamental. En Vientos de Cuaresma (primavera de 1989), el Conde investiga el asesinato de una profesora de una preparatoria. En Máscaras (verano de 1989), el Conde lleva el complejo caso del asesinato de un travesti. Paisaje de otoño nos dice en el mismo título la estación en la que se desarrolla, del mismo año que las tres anteriores, y en este caso Mario Conde investiga el asesinato de un ex funcionario de gobierno, muy importante en su momento, quien años atrás desertó en Madrid durante el regreso de un viaje a la Unión Soviética, luego se estableció en Miami, y durante el otoño del 89 regresó a La Habana, oficialmente para ver a su padre enfermo, y apareció una mañana asesinado en una playa. El nombre del muerto: Miguel Forcade Mier, quien «fue en los años sesenta el segundo jefe de la dirección provincial de Bienes Expropiados, y era el subdirector nacional de Planificación y Economía cuando se quedó en Madrid en 1978...»

Edición en inglés
En las novelas anteriores leímos que paralelamente a los casos tratados por la policía, la central policiaca era a su vez investigada para acabar con los policías corruptos. Debido a esto, varios investigadores que el Conde consideraba intachables fueron sancionados y despedidos, y aunque el jefe de la central, el mayor Rangel, no fue encontrado culpable de corrupción, lo fue de negligencia, así que Rangel, a quien el Conde llama de cariño el Viejo, también fue eliminado, en este caso, jubilado antes de tiempo. Por todo esto, y por su siempre ambivalente percepción de sí mismo como policía, Mario Conde decide renunciar a su cargo. Y así están las cosas al inicio de Paisaje de otoño, mientras Cuba y el Conde, en particular, esperan la llegada del ciclón Félix («Cada año los cubanos esperaban al ciclón como a los catarros de invierno o a las infecciones estomacales del verano: era algo seguro, inevitable y cíclico, con lo que se debía pasar unos días, por puro e inalterable fatalismo geográfico»). El nuevo jefe de la policía, el coronel Alberto Molina, siempre ha sido un hombre de oficina, y está consiente de no estar a la altura de Rangel («¿Usted sabe de dónde yo vengo? Pues de la Dirección de Análisis de la Inteligencia Militar, que no tiene nada que ver con lo de ustedes.»), y como el caso del asesinato de Miguel Forcade, debido a su residencia estadounidense puede tener repercusiones internacionales, le pide al Conde que le resuelva ese asunto lo más pronto posible, y tan pronto lo termine, él, el coronel Molina, le firma la baja. Mario Conde no tiene alternativa. Además, por supuesto, el caso le interesa. Está a unos días de cumplir 36 años y le gusta la idea de llegar a esa fecha como ex policía.

En cada caso del Conde siempre hay una mujer que le gusta, le interesa y le intriga, y en la investigación por el asesinato de Miguel Forcade es la viuda, Miriam, obviamente guapísima, quien según sus cálculos debía de ser unos 20 años más joven que su marido muerto.

Edición francesa
En esta novela aparecen también todos los personajes que son importantes en la vida del Conde, y si no aparecen en persona se encuentran presentes en el recuerdo. Su mejor amigo, el Flaco Carlos, la mamá del Flaco, Jose, que quiere y alimenta al Conde como a un hijo, el Conejo, y el resto de los amigos. Aquí, Andrés, el médico, de quien todos piensan que tiene una vida exitosa, les dice que ya comenzó con el papeleo para irse de Cuba, y les explica sus motivos. Si bien la vida del Conde es un reflejo de lo mismo, Andrés es quien se encarga de ordenar en un discurso claro la quiebra de su generación, su desencanto, su completa decepción.

La investigación del asesinato de Forcade lleva al Conde y a su inseparable Manolo al mundo del arte, así como Máscaras lo obligó a penetrar en el universo del teatro. El Conde, quien sobre todo sigue sus instintos, sus corazonadas, cree que el hecho de que el asesinado fuera funcionario de alto nivel en la dirección provincial de Bienes Expropiados debe de haberle conseguido muchos enemigos, y pronto formula la teoría, muy lógica, que tal vez Forcade dejó algo de mucho valor en la isla y que ahora regresó para llevárselo y resolver con eso sus penurias económicas en Miami. De ser así las cosas, aún debe encontrar qué objeto de valor es ése, quién mató a Forcade y por qué.

Edición italiana
Una de las pistas lo lleva hasta un cuadro de Matisse, el cual según su dueño, un ex compañero de trabajo de Forcade, es original, y lo tiene él debido a la corrupción de la antigua dirección de Bienes Expropiados. El nombre del cuadro es el título de la novela. Sin embargo, encontrar ese cuadro, una pieza absurda en La Habana, aún no le ha solucionado el caso al Conde...

El hecho de que esta novela ganara el Premio Hammett en España es particularmente interesante debido a que, en efecto, el fantasma de Hammett se encuentra entre las páginas de esta novela. En primer lugar, en la dedicatoria, junto a los otros nombres que ahí se encuentran, está esta frase: «Para Dashiell Hammett, por El halcón maltés». Y esta dedicatoria está ahí no sólo por la admiración que Padura siente por el autor estadounidense y por esta obra en particular, sino porque hay una sección de la novela que está construida como un homenaje a la novela citada, y ése es uno de los muchos placeres que esta novela nos reserva a sus lectores.

Al finalizar esta novela —que cierra de manera muy brillante la tetralogía de Las cuatro estaciones, y por tanto el año de 1989 para el Conde, por lo menos en cuanto a investigaciones se refiere—, Mario Conde cumple 36 años de edad, comienza con cierta seriedad a escribir, y ya no es policía. Pero, por fortuna para nosotros, sus investigaciones y sus aventuras existenciales continúan.

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Paisaje de otoño. Leonardo Padura. Tusquets editores. Colecciones Andanzas y Maxi. Serie Mario Conde. 260 págs.

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Te puede interesar leer:
(Haz clic en los títulos)

Pasado perfecto [Mario Conde 1],




Máscaras [MC 3]










miércoles, 3 de septiembre de 2014

Máscaras, de Leonardo Padura





Máscaras
(serie Mario Conde 3)
de Leonardo Padura

Jesús Guerra

Máscaras es la tercera novela del detective habanero Mario Conde, la tercera de la tetralogía Las Cuatro Estaciones, de Leonardo Padura, a las que el autor ha agregado otras cuatro novelas posteriores. (La información de estas novelas y de la tetralogía la pueden encontrar en las reseñas que he escrito hasta el momento, aquí —la ligas se encuentran al final del comentario—: Pasado perfecto [Mario Conde 1], Vientos de Cuaresma [MC 2], Adiós, Hemingway [MC 5] y La cola de la serpiente [MC 7].) Las novelas de la tetralogía original se desarrollan en el año 1989, la primera en enero de ese año, por tanto en invierno, la segunda en la primavera, y Máscaras en verano. «Tenía que ser el verano más caliente que había vivido, concluyó mientras se desvestía para darse una ducha».


Las tres obras son espléndidas, están muy bien escritas, los personajes, sobre todo los habituales, están muy bien desarrollados, y son deliciosamente atmosféricas; los casos policiacos, además, han ido aumentando su intensidad y se han vuelto más complejos. En Pasado perfecto Mario Conde se ocupa de la desaparición de un funcionario del gobierno, en Vientos de Cuaresma del asesinato de una profesora de Química de una preparatoria de la capital cubana, y en Máscaras investiga otro asesinato, uno mucho más complejo, con muchos elementos simbólicos: el de un travesti en el Bosque de La Habana. Si en las dos primeras novelas muchos hilos partían de un sitio conocido para el Conde, un sitio añorado de una época mitificada, la preparatoria en donde estudió y en donde conoció a sus mejores amigos, en la tercera aventura el investigador debe de entrar a un mundo desconocido para él, el ambiente gay y de travestis.

En el lugar del crimen, un forense le dice al investigador: «—¿Qué te parece, Conde? Sí, es un hombre. Vestido y maquillado de mujer. Ya tenemos hasta travestis asesinados, casi somos un país desarrollado. A este ritmo ahorita fabricamos cohetes y vamos a la luna...» La víctima se llamaba Alexis Arayán; murió el 6 de agosto, día de la Transfiguración de Cristo (esto lo encuentra el Conde, ateo con pasado católico). La víctima fue asfixiada con una banda de seda roja, y todo indica que el victimario lo asfixió de frente y que, al parecer, la víctima no opuso resistencia. Para complicar las cosas, se entera después el Conde, Alexis era homosexual pero no era travesti. Y para complicarlas más aún, en el plano político, era hijo de un diplomático importante, Faustino Arayán, «último representante cubano en la Unicef, diplomático de largas misiones, personaje de altas esferas».
 
Edición inglesa
El Conde ni siquiera tendría que estar al frente de esta investigación, junto con su asistente, el sargento Manuel Palacios —Manolo—, pues estaba suspendido, condenado a realizar tareas administrativas menores por su pleito con otro policía (que leímos en Vientos de Cuaresma), pero el mayor Rangel, su jefe, quien realmente aprecia al Conde pero casi nunca se lo demuestra, le levanta temporalmente el castigo por andar corto de personal, y porque el Conde es su mejor investigador (y más si el caso puede tener consecuencias políticas). Así que el Conde está feliz de salir del submundo de los papeleos burocráticos y el caso le parece estimulante, sin embargo Mario es —supongo que como reflejo del mundo en el que se mueve y por la cultura que lo rodea—, homofóbico. Sin embargo, el Conde es también sensible y culto, amante de los libros, buen lector y aspirante perpetuo a escritor, así que es previsible su metamorfosis en este sentido para el final del libro, y esto gracias a un personaje maravilloso, que intriga y termina por fascinar al Conde: Alberto Marqués, otro personaje con apellido de resonancia aristocrática.

Edición francesa, con un
cintillo humorístico que dice:
"Este policiaco no es sueco.
Ron, puros, corrupción:
investigación en Cuba".
Alberto Marqués vive en el «número 7, de la calle Milagros, entre Delicias y Buenaventura. ¿Sería un invento de Alberto Marqués aquel número y aquellos tres nombres de calles para ubicar su casa en un rincón del Paraíso Terrenal, dentro de una gloria perfecta y edénica?» El primer encuentro entre el Conde y el Marqués se produce porque en casa de este último vivía Alexis. Pero entonces el Conde se topa no sólo con el Marqués, sino con su historia y su personaje (pues todo en el mundo del Marqués y en el de los travestis es teatral): un dramaturgo y director de teatro importante que fue obligado por el régimen a abandonar sus tareas artísticas años atrás, y obligado a trabajar como bibliotecario en una pequeña biblioteca pública, debido a su homosexualidad y a que sus obras no tenían los «parámetros» ideológicos requeridos. Esto resuena en el investigador, quien ya había sufrido una represión mínima, a nivel escolar, cuando escribió su primer cuento para una revista de la preparatoria (historia que leímos en Pasado perfecto), y el Conde comienza a sentir una especie de simpatía y hasta admiración por Marqués, quien además es cultísimo y sumamente inteligente. Y es Alberto Marqués quien guía al investigador al mundo habanero homosexual y travesti, y quien le cuenta historias y le da claves para entender, finalmente, lo sucedido.
 
Edición en alemán
El propio Marqués guía también al Conde, aunque de manera involuntaria, hacia Poly, Poly polifónica como la llama el Conde, su Dulcinea provisional, una chica que provoca una de las escenas más candentes de las ya de por sí exaltadamente eróticas escenas amatorias del Conde, muy inusuales en la literatura policiaca. Cuando el Conde va a una reunión gay para ver a algunos travestis (fiesta en la que conoce a Poly), la descripción que se hace a sí mismo de los asistentes y el diálogo posterior con Poly son muy divertidos y terriblemente ciertos. Concluye luego que «En el aire se respiraba una libertad de gueto, pequeña pero bien aprovechada».
 
Edición griega
Miki, el amigo escritor (malo y vendido al poder) del Conde le explica quién es Marqués, y le dice que si se pusiera de pie en la puerta del café de la Unión de Escritores y gritara ¿quién es Alberto Marqués?, «enseguida van a salir doscientos tipos, se van a arrodillar en el piso, van a hacer reverencias y te van a decir: Es Dios, es Dios, y si los dejas un rato más le organizan un homenaje...», pero, le dice Miki, si hubiera gritado la pregunta 15 años antes, los mismos doscientos tipos le hubieran respondido «Es el Diablo, el enemigo de clase, el apóstata [...] Porque esto aquí es así, Conde: antes era mejor ni hablar de él, y ahora es el monumento vivo a la resistencia ética y estética...»
 
Edición italiana
Mientras el Conde investiga un asesinato, el Conde descubre una Habana completamente diferente a la suya, y encuentra a personajes que sufrieron una cruel represión debido a sus ideas estéticas, políticas y a sus preferencias sexuales, hechos que agravan el estado de ánimo del investigador y oscurecen su visión del mundo. «Llévame para mi casa, creo que me hace falta dormir. Tal vez soñar —citó, encendió un cigarro y escupió hacia la calle—. Qué mierda, ¿no?»

Máscaras está firmada en Mantilla, 1994-1995. En el 95 ganó el Premio Café Gijón de Novela, convocado por el Ayuntamiento de Gijón y patrocinado por la Caja de Asturias. La primera edición en la colección Andanzas de Tusquets Editores es de febrero de 1997. La primera edición en Maxi, en Tusquets Editores México, es de enero de 2012.

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Máscaras. Leonardo Padura. Tusquets Editores (se encuentra en las colecciones Andanzas y Maxi). 233 págs.

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Te puede interesar leer también:
(haz clic en los títulos)

Pasado perfecto [Mario Conde 1],

Primeras líneas de Pasado perfecto, en dos idiomas


Primeras líneas de Vientos de Cuaresma, en dos idiomas


Primeras líneas de Adiós, Hemingway, en dos idiomas






viernes, 22 de agosto de 2014

Vientos de Cuaresma (serie Mario Conde 2), de Leonardo Padura




Vientos de Cuaresma
(serie Mario Conde 2)
de Leonardo Padura

Jesús Guerra

Hace unos días comenté la primera novela de la serie del Conde llamada Pasado perfecto (novela número 1 de la serie Mario Conde), la cual transcurre en invierno, en los primeros días de 1989. Hoy comento la segunda novela de la serie, llamada Vientos de Cuaresma, que transcurre a fines de marzo de ese mismo año, es decir en primavera. Señalo los meses y las estaciones pues estas dos novelas forman parte de la tetralogía original llamada Cuatro estaciones. Las otras dos novelas son Máscaras (número 3) y Paisaje de otoño (4) —cuyos comentarios vienen en camino— pero dicho cuarteto se multiplicó y ya van ocho novelas, de las cuales ya comenté dos en este mismo blog, Adiós, Hemingway (número 5 de la serie) y La cola de la serpiente (7), y están pendientes La neblina del ayer (6) y Herejes (8), pero no por mucho tiempo... Con respecto a la tetralogía original es importante tener en cuenta la importancia mundial de ese año y sus repercusiones posteriores en Cuba, recordemos que en noviembre de 1989 cayó el célebre Muro de Berlín, y con él la Unión Soviética, y por lo tanto estas novelas suceden antes de la crisis económica cubana de los años 90.

Si Pasado perfecto trata de un asunto de corrupción de un político importante de la Cuba de Castro, Vientos de Cuaresma trata de un tema mucho más común en la novela policiaca: un asesinato. El asesinato de una joven profesora de Química de una preparatoria de La Habana, un Pre, como le llaman en Cuba, y específicamente del Pre de La Víbora, la misma escuela a la que asistió en su añorada adolescencia el ahora teniente investigador Mario Conde. Aquí aparece una buena parte de los personajes del entorno laboral y casi podemos decir familiar del Conde, introducidos en la novela anterior, volvemos a encontrar al sargento Manuel Palacios, el compañero de trabajo del Conde, a quien llaman Manolo; al mayor Antonio Rangel, el jefe de ambos, llamado con frecuencia el Viejo, eterno fumador y profundo conocedor de puros, cubanos y extranjeros; al Flaco Carlos, el mejor amigo del Conde, y otros de los amigos del Conde, como el Conejo y Andrés, y otro más, excompañero del Pre y ahora frecuentemente utilizado por el Conde como informante, quien tiene un nombre sensacional: Candito el Rojo.

Edición inglesa
Nunca faltan en estas novelas las discusiones entre el Conde y el Flaco sobre beis-bol, sobre qué música poner en la grabadora (y casi siempre se deciden por los Creedence); no faltan tampoco las descripciones de las comidas deliciosas que prepara Josefina, a quien llaman Jose, la madre del Flaco; nunca falta una hermosa mujer —y si no hermosa por lo menos guapa pero sensual— de la que se enamora el Conde —en este caso Karina, una mujer con una habilidad particularmente erótica para el Conde: toca el saxofón, y además tiene un secreto—, ni faltan los recuerdos nostálgicos del Conde acerca de su infancia con su abuelo, que era gallero, y sobre la preparatoria, en donde conoció a todos sus amigos, ni sus constantes reflexiones acerca de mil cosas, como la suerte, el destino, las mujeres, Dios, la muerte, la música y sobre los posibles motivos por los que le ha ido tan mal en la vida, y también sobre la ciudad de La Habana, sus habitantes y sus criminales.

Edición francesa
Toda buena, verdaderamente buena, novela policiaca, sin dejar de serlo desborda el género, y las novelas policiacas de Leonardo Padura con su investigador Mario Conde son verdaderamente buenas. Nos proponen un crimen y un enigma de entrada, y a lo largo de las páginas del libro el enigma se descubre y el crimen se resuelve, pero hay mucho más. Hay retratos estupendos de personajes interesantísimos, diálogos por lo general muy divertidos, hay sueños, deseos, pesadillas, y realidades qué afrontar. Hay amor y sexo y melancolía, hay violencia y deseo de justicia. Hay un retrato social, y por lo tanto crítica social, y muchas referencias musicales y literarias. Hay vida cotidiana de todo tipo, hay, pues, una atmósfera perfectamente lograda que es lo que realmente distingue a esta serie de cualquier otra novela policiaca del mundo. Si en la primera novela siempre estaba presente una especie de frío (el invierno habanero de 15 grados centígrados) en la segunda siempre hay un viento primaveral que lo arrastra todo, y el Conde, casi siempre con una actitud fatalista que sin embargo no lo domina, con una especie de optimista pesimismo, se deja arrastrar.
 
Edición italiana
El Conde, mientras fuma cientos de cigarrillos y toma decenas de tazas de café, mientras se enamora y se emborracha con ron, mientras lee o se desespera porque no puede leer, mientras sueña con la idea de convertirse en escritor, mientras espera a que llegue a la ciudad o a que lo llame a su casa literalmente la mujer de sus sueños, mientras escucha música y platica de mil cosas, mientras se desespera por su soledad y siente nostalgia por un pasado más sencillo y aparentemente más feliz, mientras recuerda, mientras piensa que «nadie conoce las noches de un policía», mientras hace todo esto, también hace su trabajo como investigador, y no sólo encuentra al asesino de la maestra de Química, sino que desenreda una madeja que deja entrever las ramificaciones criminales y de corrupción presentes en Cuba al igual que en cualquier otro país de la Tierra.

La serie de novelas de Mario Conde es sumamente recomendable. Lean cualquiera de las ocho novelas aparecidas hasta el momento y van a ver que se vuelven adictos a la literatura de su autor, Leonardo Padura. En la contraportada del libro hay una cita sacada de una reseña de la revista francesa Madame Figaro que quiero transcribir por su abstracta precisión: «Si las otras novelas de la serie son soberbias, Vientos de Cuaresma, la segunda entrega, es sencillamente mágica».

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Vientos de Cuaresma. Leonardo Padura. Tusquets Editores (se encuentra tanto en la colección Andanzas como en la colección Maxi). 225 págs.



sábado, 16 de agosto de 2014

Pasado perfecto (serie Mario Conde 1), de Leonardo Padura





Pasado perfecto
(serie Mario Conde 1)
de Leonardo Padura

Jesús Guerra

Ya he comentado aquí dos libros de Leonardo Padura, dos novelas de su investigador Mario Conde: Adiós, Hemingway (número 5 de la serie de Mario Conde) y La cola de la serpiente (número 7 de la serie; reseñas que puedes leer aquí), dos libros estupendos que tienen lugar de honor en la literatura policiaca latinoamericana y más allá, en la literatura policiaca mundial, puesto que sus obras se traducen a varias lenguas y son muy apreciadas en diversos países, como Francia e Inglaterra.

Ya en esas reseñas mencioné que el autor sólo tenía proyectadas cuatro novelas con su personaje Mario Conde, en una tetralogía denominada Cuatro Estaciones, pues en efecto cada una de estas novelas transcurre en una estación del año, y que los títulos de las obras que componen esta tetralogía son: Pasado perfecto (de 1991), cuya trama sucede los primeros días de enero de 1989, y por tanto en invierno, aunque en un invierno tropical en el que los personajes sienten frío a 15 grados centígrados; Vientos de cuaresma (de 1993), que sucede en primavera, en los últimos días de marzo del mismo 1989; Máscaras (de 1997), cuya historia se desarrolla en verano, en el mes de agosto, y Paisaje de otoño (de 1998), cuyo título dice claramente la estación en la que transcurre el argumento.


Sin embargo, con el tiempo la tetralogía se desbordó y el autor ha ido sumando novelas con Mario Conde como protagonista. Agregó primero Adiós, Hemingway (que se publicó en 2001 en Cuba pero en España se publicó hasta 2006), luego La neblina del ayer (que es del 2003 pero en España se publicó hasta 2005), "posteriormente" La cola de la serpiente (que se publicó en Cuba en 1998, en una versión más corta, junto con Adiós, Hemingway, y en España, en una versión corregida y aumentada, hasta 2011), y el año pasado Herejes (la cual no sé cuándo se publicó en Cuba pero la editorial española Tusquets la publicó en 2013).

Vale la pena señalar de una vez que todas estas novelas se consiguen con cierta facilidad porque están publicadas por Tusquets, tanto en la colección Andanzas, que es la grande, como en la colección Maxi, que es la de bolsillo, e incluso tienen el sello de su propia serie, llamada por supuesto serie Mario Conde.

Luego de leer y reseñar esas dos novelas que señalé al inicio de este comentario, decidí conseguir la serie completa y leerla en el orden de aparición, orden en que las iré comentando en este espacio.


Pasado perfecto es importante como novela en general, y como novela policiaca, pero en el contexto mencionado de la serie, su importancia aumenta para los lectores justamente por ser la primera, porque es en donde se nos presenta al personaje central, Mario Conde, conocido por sus amigos como 'el Conde', y aquí se nos brinda la historia de personajes como Tamara, una mujer de la que el Conde estuvo enamorado desde que estudiaban juntos en la preparatoria, cuyas sombras —la de Tamara y la del Pre de La Víbora— seguirán mencionándose en las demás novelas de la serie. Aquí nos presenta el autor también al mejor amigo del Conde, el Flaco Carlos, quien ya no es flaco pues fue enviado por el gobierno a pelear a Angola, fue herido en la espalda, y desde entonces se encuentra en una silla de ruedas y sus placeres se limitan a escuchar música, ver partidos de beis-bol por televisión, comer mucho, beber más (siempre acompañado por el Conde) y platicar. Aquí aparece también su amiga Patricia, una mulata hija de negra y chino, que es también investigadora y, por supuesto, tiene un cuerpo fenomenal. Y aquí aparecen ya muchas de las constantes del Conde, entre ellas su odio a las tardes de domingo y su amor por la canción Strawberry Fields, de los Beatles.
 
Edición francesa
En Pasado perfecto (título de muchas resonancias en esta historia, tanto personales como políticas), el Conde trabaja para la policía cubana, es teniente, y el caso que tiene que resolver es la desaparición de un hombre llamado Rafael Morín, que es jefe de la Empresa de Importaciones y Exportaciones del Ministerio de Industrias, es decir el encargado de negociar con empresas capitalistas del extranjero para la compra-venta de productos, y por lo tanto un hombre acostumbrado a viajar, a salir del país, y a manejar grandes cantidades en dólares. El hombre ha sido reportado como desaparecido luego de un día de haber salido de su casa, el primero de enero de 1989. Pero da la casualidad de que el desaparecido fue excompañero de preparatoria del Conde (y la imagen de este hombre "le revolvía recuerdos que creía perdidos en los rincones más obsoletos de su memoria") y ya desde que eran compañeros, el Conde tuvo "la certeza de que ese muchacho había nacido para ser dirigente" (y ya con eso, por lo menos los lectores latinoamericanos, tenemos una idea bastante clara de cómo era ese joven), y para colmo era el hombre que se quedó con Tamara, la mujer de la que estaban enamorados en esa época tanto el Conde como el Flaco Carlos, así que el investigador conoce al desaparecido y tiene una idea muy personal del sujeto aunque, en apariencia, el tal Rafael Morín era un hombre ejemplar del sistema, un ciudadano, un militante y un funcionario intachable.

La investigación, por supuesto, tiene que intentar localizar al hombre, vivo o muerto, por una parte, y por la otra, investigar los motivos posibles por los que este hombre pudo haber desaparecido, de manera voluntaria o por culpa de alguien más. ¿Fue asesinado o secuestrado? ¿Realizó una salida ilegal del país? ¿Está escondido? Y en cualquiera de estos casos: ¿por qué?
 
Edición en inglés
Mario Conde es un personaje estupendo y entrañable, y está perfectamente definido desde esta primera entrega: un amante de la literatura y permanente aspirante a escritor, enamoradizo, melancólico y nostálgico ("un recordador", como lo define su amigo el Flaco que ya no es Flaco), fumador empedernido, bebedor de café y de ron (aunque no al mismo tiempo), delgado pero amante de las comidas abundantes, inteligente, excelente investigador pero desencantado de la vida y del trabajo policiaco, y siempre a la caza de la mujer perfecta que lo libere de su soledad, aunque sabe que quizá no exista, o por lo menos que quizá no exista para él. Y si hay algo de lo que todos lo acusan en uno u otro momento es de "pensar demasiado", porque además de reflexionar acerca de los casos por resolver, el Conde piensa, entre otras muchas cosas, sobre la vida y en particular sobre la suya: "¿Qué has hecho con tu vida, Mario Conde?, se preguntó como cada día, y como cada día quiso darle marcha atrás a la máquina del tiempo y uno a uno desfacer sus propios entuertos, sus engaños y excesos, sus iras y sus odios, desnudarse de su existencia equivocada y encontrar el punto preciso donde pudiera empezar de nuevo. ¿Pero tiene sentido?, también se preguntó, ahora que hasta me estoy quedando calvo (...)"

Pasado perfecto, como toda buena novela policiaca, no sólo nos entrega un acertijo por resolver, sino un panorama de la sociedad en la que se desarrolla la investigación. Y como toda buena novela, a secas, está muy bien escrita y tiene, como las otras novelas de esta serie que he leído, diálogos excelentes. Pasado perfecto es, por tanto, una buenísima novela que se lee con mucho placer y mucha rapidez, y es sumamente recomendable para todo tipo de lector, además de los entusiastas de la novela policiaca, de los amantes de la literatura cubana, y de los fans de Padura y del Conde.

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Pasado perfecto. Leonardo Padura. Tusquets Editores (colección Andanzas y Maxi; serie Mario Conde). 240 págs.