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Bienvenidos al Sabbath
(antología de relatos de
satanismo y brujería)
Selección de Juan Luis
González Caballero
y Óscar Sacristán
Jesús Guerra
Bienvenidos al Sabbath (04):
Pacto satánico
Ya están publicadas tres
entradas relacionadas con esta antología de la editorial Valdemar, “Bienvenidos
al Sabbath (01): Panorama” (que pueden encontrar aquí), que es una
visión general del libro, y que yo recomiendo leer primero, “Bienvenidos al
Sabbath (02): Brujas”, en donde comenté los cinco cuentos que conforman la
primera sección del libro (la pueden encontrar aquí) y “Bienvenidos al
Sabbath (03): Sabbath”, donde se comentan los relatos de dicha sección (que pueden leer aquí). Hoy
comento, entonces, las narraciones que forman la tercera sección del volumen,
llamada “Pacto satánico”, que son los siguientes:
* La garra (The Claw), de Richard Garnett
* El diablillo de la botella (The Bottle Imp), de Robert Louis
Stevenson
* El diablo y Daniel Webster (The Devil and Daniel Webster), de
Stephen Vincent Benét
* No me cavéis una tumba (Dig
Me No Grave), de Robert E. Howard
* Tren infernal (The Hell-Bound Train), de Robert Bloch
La garra
Richard Garnett nació el 27
de febrero de 1835 en Lichfield, Staffordshire, Gran Bretaña, y murió el 13 de
abril de 1906. Fue filólogo, bibliotecario, poeta, narrador, biógrafo,
traductor y, sorprendentemente, astrólogo. Hizo traducciones literarias del griego,
italiano, alemán, español y portugués. Entre las biografías que escribió están
las de Thomas Carlyle, John Milton y William Blake. Escribió también una
historia de la literatura italiana. En 1888 publicó su libro de relatos The
Twilight of the Gods, con 16 cuentos, y en la edición de 1902 agregó otros
12. De ese libro procede “La garra”, publicado en español por la editorial
Valdemar en su colección El Club Diógenes con el título El crepúsculo de los
dioses y otras fantasías históricas, con traducción de Juan Antonio Santos.
Es un cuento corto, escrito
con elegancia. Garnett es, antes que todo, un autor del siglo XIX. La historia
se desarrolla en Venecia, pero el autor lo dice así: “El bálsamo y el silencio
de una noche de verano envolvían una piazza espaciosa en la ciudad de
Shylock y Desdémona”. Era una noche de fiestas y los palacetes aristocráticos
estaban iluminados y se escuchaba música. Una alta figura femenina, con máscara
y embozada, caminaba por la plaza. Algo en ella invitaba a que la abordaran. Y,
en efecto, varios jóvenes que salían de las fiestas alcoholizados lo intentaron.
Pero cuando estaban junto a ella, la figura se quitaba la máscara y se abría la
capa dejando a sus esperanzados interlocutores helados por un momento, y luego
huían a sus góndolas, pues la figura mostraba una calavera por rostro y el
pecho de un esqueleto. Hasta que un joven, quizá por ser más valiente o por
estar más borracho, o tal vez más paralizado de terror, aceptó el abrazo de la
figura y encontró de pronto que no lo tenía en sus brazos un ser abominable
sino un anciano, el cual lo apremió para que lo siguiera, diciéndole que le
esperaba la recompensa a su intrepidez.
Se trata de un cuento satírico
en el que se mezclan el terror y el humor negro para realizar una crítica a la
corrupción social, vista a través de un pacto satánico. Es un relato breve,
inteligente, interesantísimo y muy sabroso.
El diablillo de la botella
Sobre Robert Louis Stevenson
ya he escrito varias veces (les dejo las ligas al final de este comentario), la
más reciente y breve en una entrada anterior acerca de esta antología: “Bienvenidos
al Sabbath (02): Brujas” (que puedes leer aquí).
El cuento fue publicado
primero en dos revistas, serializado, en New York Herald, de los
Estados Unidos (en los números de febrero y marzo de 1891), y en Black and
White de Londres (en los números de marzo y abril del mismo año). En 1893
apareció en el libro de cuentos Island Nights' Entertainments, también
conocido como South Sea Tales que contiene sólo tres relatos: “The
Bottle Imp”, “The Beach of Falesá” y “The Isle of Voices”. En español es
conocido como Noches en la isla o Cuentos de los Mares del Sur.
Los tres relatos, en español, son: “El diablo de la botella”, “La playa de
Falesá” y “La isla de las voces”. En el caso de la edición de la editorial
Valdemar, el cuento proviene de La hechicera y otros cuentos mágicos de los
Mares del Sur, de Robert Louis Stevenson, colección Avatares, con
traducción de Juan Antonio Molina Foix.
El cuento tiene una nota a
pie de página que explica la palabra imp, pues el título original es The
Bottle Imp. “Antiguamente la palabra imp significaba esqueje o
vástago. Un ympe tree era un árbol injertado o que había crecido de un
esqueje [...]. Por extensión, en los antiguos cuentos de hadas un imp
equivalía a un diablillo, un vástago de Satanás”.
Y sobre este cuento también
escribí ya, y tal vez comenté de más, en la entrada “Olalla y El diablo de la
botella, de Robert Louis Stevenson” en el blog Tan-Tan (que puedes encontrar aquí),
que es sobre libros infantiles y juveniles, con la evidente intención de
interesar a los jóvenes para que se acerquen a la obra de este autor.
Transcribo y reviso una
parte de ese texto: El personaje central de este cuento es un hombre a quien el
narrador llama Keawe, aunque aclara que ese no es su verdadero nombre. Keawe
vive en Hawái y un día decide salir a conocer el mundo, así que se embarca para
San Francisco. Ahí, paseando, llega a un sector de casas muy bellas y sumamente
caras, y al admirar una de ellas se da cuenta de que en el interior se
encuentra un hombre que se ve muy triste y preocupado, lo cual le parece
extraño pues piensa que, si él tuviera una casa así, sería un hombre feliz.
El hombre también ve a Keawe
y lo invita a pasar. Le muestra la casa y platican. Finalmente, el hombre le
cuenta cómo llegó a tener esa casa y todo su dinero. Se debe a una botella en
la que se encuentra un diablo (o un diablillo, según la traducción). Ese diablo
le cumple los deseos a quien posea la botella, pero tiene un peligro enorme: si
el dueño de la botella muere, queda automáticamente condenado al infierno. Y
además de ese peligro, para deshacerse de la botella hay varias reglas
imposibles de romper. La primera es que es necesario que alguien la compre y lo
haga con dinero acuñado, es decir con monedas reales. Si el dueño simplemente
deja la botella en alguna parte, la botella mágicamente vuelve a la persona.
Segundo, siempre se debe de vender la botella a un precio inferior al que fue
adquirida. Además, la botella no puede ser destruida.
La botella es blanca, de
vidrio, y sólo se aprecia una especie de niebla de colores en el interior, en
perpetuo movimiento. A Keawe no le parece mala la idea de comprarla pues de ser
cierto lo que el hombre le dice, él también podría tener una casa grande y
bella en su país. El hombre le dice que la botella antes se vendía por millones
de dólares, pero que el precio, por esa regla de la venta a un precio inferior,
ha ido bajando. Le pregunta a Keawe cuánto dinero trae, y él dice que sólo 50
dólares. Así, Keawe adquiere la botella por esa suma. Keawe hace pruebas y
comprueba que los poderes son reales.
Piensa entonces en la casa
que le gustaría tener en su pueblo, y se embarca de inmediato de regreso. Al
llegar se entera que un tío y un primo suyos murieron hace poco tiempo en un
accidente, y que su tío le dejó a él un gran terreno y mucho dinero. No le
gusta la manera en que ese dinero llegó a sus manos, pero no puede hacer nada
para remediarlo. Así que manda construir la casa de sus sueños. Un amigo suyo a
quien le cuenta todo le dice que él le comprará la botella porque quiere un
barco, pero que de inmediato la venderá. De esta manera, la botella sale de la
vida de Keawe. Y él está contento. Hasta que se enamora de una joven guapa y
dulce y decide casarse con ella. Pero por esos días se da cuenta de que se ha
enfermado y como no quiere perder a su amada, decide rastrear de nuevo la
botella. La busca con desesperación, y cuando por fin la encuentra se topa con
un problema muy serio: al pasar de dueño en dueño, el valor de la botella ha
disminuido tanto que, aunque aún podría comprarla le sería casi imposible
venderla de nuevo... pero Keawe está enamorado. Y aquí me detengo.
El relato está contado como
los antiguos cuentos de Las mil y una noches, por ejemplo, y de hecho
nos recuerda al genio de la lámpara maravillosa; y es que la idea procede de
obras anteriores que Stevenson reconoció. Esta narración es más bien una
alegoría, donde se exploran temas como la ambición, el deseo, el riesgo, el ingenio,
el arrepentimiento, el sacrificio y el amor. No es propiamente un cuento de
terror, aunque ciertamente está relacionado con uno de sus temas fundamentales:
el pacto satánico. “El diablo de la botella” es famosísimo y ha sido adaptado a
la radio, a la televisión, al cine (en varios países) y a la ópera.
El diablo y Daniel Webster
Stephen Vincent Benét nació
en Bethlehem, Pensilvania, el 22 de julio de 1898 y falleció en Nueva York el
13 de marzo de 1943, es decir que murió bastante joven, a los 44 años; fue
poeta, novelista y guionista de cine. El origen familiar era español. Escribió
mucho. No sé si se trate de una característica general de su obra, o sólo de
algunas, pero su poema y su cuento más conocidos son, por decirlo de alguna
manera, patrióticos. Por ejemplo, su poema “John Brown's Body”, de 1928, que
trata de la guerra civil de los Estados Unidos, ganó el Premio Pulitzer de
Poesía al año siguiente. Y su cuento “El diablo y Daniel Webster”, que ganó el
premio O'Henry, es tan conocido que ha sido adaptado a la radio, al cine, a una
ópera, y se hace referencia a él en muchas obras posteriores, incluidos Los
Simpson. El guion de la adaptación cinematográfica (1941) es de Dan
Totheroh y el propio autor. El cuento se publicó originalmente en la revista The
Saturday Evening Post el 24 de octubre de 1936. La versión en español
proviene de la antología Trece para el Diablo de la editorial Valdemar
en su colección Gótica. La traducción es de José Luis Moreno Ruiz.
Lo primero que hay que saber
para entender este cuento, cuyo título original es “The Devil and Daniel
Webster”, es que el personaje del título fue una persona real (1782-1852) y muy
importante de la historia de los Estados Unidos. Fue un prominente abogado,
funcionario público, diputado y luego dos veces secretario de Estado. Como
abogado fue tan famoso que Stephen Vincent Benét lo utilizó como personaje para
la realización de un juicio contra el diablo. El cuento no está considerado
como terror sino como fantasía oscura. Con todos estos antecedentes ya más o
menos pueden imaginar de qué trata el relato.
Un granjero pobre llamado
Jabez Stone tenía una suerte pésima, y una noche, por decir cosas sin pensar,
se le apareció un elegante caballero, todo de negro, que lo convenció de hacer
un trato con él. Durante siete años, Stone cambió su vida por completo, pero al
final del tiempo pactado, Stone fue a buscar al famoso Daniel Webster para que
lo defendiera, y Webster aceptó. Es una narración sumamente entretenida,
inteligente y cómica. Por varios factores, es bastante más interesante de lo
que puede parecer a primera vista.
No
me cavéis una tumba
Robert
E. (Ervin) Howard nació el 22 de enero de 1906, en Peaster, Texas, y murió por
su propia mano, a los 30 años, el 11 de junio de 1936 en Cross Plains, Texas.
Escribió una extraordinaria cantidad de cuentos y novelas, sobre todo para la
edad a la que murió. Escribió narraciones de terror, pero sobre todo de
fantasía. Todo lo que publicó apareció en revistas pulp como Weird
Tales y otras, y fue el creador de personajes muy conocidos, como Conan, el
bárbaro y Solomon Kane. También escribió historias de detectives, de vaqueros y
de aventureros. Es un autor gloriosamente pulp. Su cuento “No me cavéis
una tumba” (“Dig Me No Grave”) proviene del libro Los gusanos de la
tierra y otros relatos de horror sobrenatural de Robert E. Howard, de la
editorial Valdemar en su colección Gótica. La traducción es de Santiago García.
El narrador de esta historia
es un hombre llamado Kirowan. Una noche, tarde, llaman a su puerta, y es su
amigo John Conrad, quien llega a esa hora, le explica, porque John Grimlan
acaba de fallecer. Grimlan era sólo amigo de Conrad, pues el primero era
considerado por muchos como un hombre malvado, pero a Conrad su amistad le
interesaba porque Grimlan era un estudioso de la magia negra, y algunos de sus
estudios eran del interés de Conrad. La visita es para pedirle un favor a
Kirowan, que lo acompañe, a esa hora, a la casa del fallecido, pues éste le
había pedido a Conrad que realizara un ritual a su muerte y, por supuesto,
Conrad no quiere ir solo a la tétrica mansión. Y aquí me detengo.
Se podría decir que el
cuento es cercano a H.P. Lovecraft, aunque no en el estilo. Incluso, dentro del
relato se mencionan algunos de los dioses creados por Lovecraft en las
narraciones que posteriormente serían bautizadas como los Mitos de Cthulhu. “No
me cavéis una tumba” es, como ya apunté, un relato muy pulp, con una
estupenda atmósfera, y, por lo tanto, sumamente disfrutable.
Tren
infernal
Robert
Bloch nació en Chicago, Illinois, el 5 de abril de 1917, y murió en Los
Ángeles, California, el 23 de septiembre de 1994, a los 77 años. Al igual que
Robert E. Howard fue un escritor precoz, pero a diferencia de él, la carrera
literaria de Bloch duró seis décadas. Fue novelista, cuentista y guionista
cinematográfico y de televisión; sus obras se encuentran en varios géneros,
como la fantasía oscura, el terror, la ciencia ficción y la novela criminal.
Empezó su carrera publicando en revistas como la ya clásica Weird Tales,
y mantuvo correspondencia con H.P. Lovecraft quien fue su mentor, pero éste
murió cuando Bloch tenía 20 años. Sin embargo, un buen número de sus cuentos de
terror se desarrollan en el universo de los Mitos de Cthulhu, de Lovecraft y su
círculo. Se volvió muy famoso cuando Hitchcock estrenó Psycho en 1960,
basada en la novela del mismo título que Bloch publicó un año antes. Ganó un
buen número de premio, como el Hugo, el Mundial de Fantasía y el Bram Stoker.
Fue también presidente de la asociación Mystery Writers of America. Su relato “Tren
infernal” (“That Hell-Bound Train”) fue publicado por primera vez en la
revista The Magazine of Fantasy and Science Fiction, en septiembre de
1958. Al año siguiente ganó el Premio Hugo al mejor cuento. La versión en
español proviene del libro Dulces sueños, de la editorial Valdemar en
su colección Gótica. La traducción es de José Luis Moreno Ruiz.
El protagonista de “Tren
infernal” es Martin, quien ahora es un vagabundo que va de aquí para allá en
trenes de carga. Recuerda que su padre siempre cantaba la canción That
Hell-Bound Train y Martin la canta también cuando camina solo por las vías
del ferrocarril esperando que pase un tren. Hasta que un día no sólo pasa uno,
sino que se detiene junto a Martin y baja el conductor llamando a Martin por su
nombre. Este hombre intenta que Martin se suba a su tren, pero Martin entiende
que es el tren de los pecadores y declina la invitación. Entonces, el conductor
convence a Martin de hacer un trato, que ni siquiera necesitan firmar, es un
trato entre caballeros. Martin accede, con una condición muy especial... Y esto
es suficiente.
Es, por supuesto, un cuento
más moderno y literario que los pulps tradicionales, más significativo,
pues no se agota en sí mismo. Está escrito más como una alegoría, y de alguna
manera me parece cercano, no por su tema central ni por su estilo, sino por su
sentido final, a la novela El desierto de los tártaros, de Dino Buzzati,
que recomendé hace poco. Y también, cercano, a su manera, a la novela La
muerte feliz, de Albert Camus, igualmente comentada hace muy poco. Y es que
las tres narraciones tratan sobre la vida, la muerte y la felicidad. Es una
narración inteligente y sumamente disfrutable.
Con este comentario termino
la tercera sección de la antología. Pronto publicaré los comentarios de la
cuarta sección: “El diablo”.
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Bienvenidos al Sabbath
(antología de relatos de satanismo y brujería).
Selección de Juan Luis González Caballero y Óscar Sacristán. Editorial
Valdemar, colección El Club Diógenes. 1a. Ed., diciembre de 2017. 3a.
impresión, septiembre de 2022. España. 768 págs.
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