Mostrando entradas con la etiqueta Gerardo Carrera. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gerardo Carrera. Mostrar todas las entradas

lunes, 19 de septiembre de 2011

El fuego de San Antonio, de Gerardo Carrera



FIL-Saltillo 2011



El fuego de San Antonio
de Gerardo Carrera

Alejandro Beltrán

Las letras coahuilenses se vistieron de gala para darle la bienvenida a la más reciente publicación del maestro, amigo y poeta Gerardo Carrera. Su poemario lleva por título El fuego de San Antonio. La presentación se realizó en el marco de la Feria Internacional del Libro Saltillo 2011.

Los poemas tocan cuestiones sobre Dios y el demonio, o aún algo más profundo, los demonios interiores con los que luchamos a diario. «¿Quién es aquel hombre solo en el desierto de Tebas? / ¿Por qué lo quiere Dios en su puño para lastimarlo? / O no es Dios es un anverso, su demonio» (p. 7). Carrera utiliza el lenguaje para transmitirnos emociones, sensaciones, olores, a través de la voz poética de su más reciente obra.

El título del libro desde un principio me recorrió el cuerpo. Cuando terminé de leerlo algo se había activado, palabras como fuego, tinieblas, muerte, Dios, demonio, soledad, locura, dolor, ausencia, invaden el libro. El título es una metáfora del fuego que llevamos dentro y que poco a poco nos va consumiendo, la ira, la piedad, el dolor. «Qué he de decir, demonio. / De tu lengua de fuego, / de tu imagen perdida a la orilla de un lago. / Soñé tu cicatriz ardiente en las tinieblas. / He seguido tus huellas espiando tu sombra» (p. 27). La poesía que nos proporciona este libro es oscura; un viaje y un cuestionamiento a nuestro ser. En algunos poemas la voz poética dialoga con el demonio; en otros, cuestiona a Dios. «[...] Cristo te ve en las sombras, / en las sombras Cristo te olvida» (p. 11).

Sin duda que con este libro Gerardo Carrera hace una aportación importante a las letras de Coahuila, a la literatura saltillense, en particular. Me da gusto saber que poetas de la talla de Carrera caminan por esta ciudad y que desde aquí le cantan al universo. Pero estas son palabras que poco pueden decir de la calidad del libro, y de la sencillez del maestro. Lo recomendable es que ustedes, estimados lectores, se acerquen a la obra, se identifiquen y dialoguen con ella.

Tú eres oración,
y yo conjuro.
Los dos atados,
a un mismo mal.
[p. 36.]

. . . . . . . . . . . . . . .

Gerardo Carrera. El fuego de San Antonio. Editorial Dolores Quintanilla. Saltillo, Coahuila, México. 2011. 58 págs.


domingo, 28 de agosto de 2011

Imágenes de la postmodernidad





IMÁGENES DE LA POSTMODERNIDAD

Gerardo Carrera


Iniciaré con una frase del filósofo J.F. Lyotard: “Todo lo real es racional: y sucedió Auschwitzs”, o en palabras del poeta Eduardo Milán “…escribir poesía después de Auschwitzs”. Tomando este acontecimiento como prueba dolorosa de la modernidad, entendemos el desencanto que ronda en el mundo actual.

La modernidad es una etapa de la humanidad, no como corriente estética o escuela, sino como un gran bloque temporal que homogeneizó las esperanzas del pensamiento occidental. Algunos autores la sitúan con la Ilustración y la Revolución Francesa. Inicia el concepto de nación y los primeros ejercicios de democracia, se rinde culto al conocimiento y los conceptos, se erige el estandarte de la razón y los postulados son libertad, fraternidad y derechos humanos, la ciencia y la tecnología se vislumbraban como panacea para solucionar las problemáticas del hombre, tiempo de revoluciones e ideologías y la gran historia construida con fechas y monumentos para registrar el avance de la sociedad hacia un mundo feliz.

Pero algo pasó en el camino, el arte con su poder de revelación comenzó a hablar de vacío y desencanto.

Recordemos a Kafka, Musil, Camus y Joyce quienes plantearon la soledad y el aislamiento como una condición del ser humano, o las vanguardias europeas de principios del siglo XX que intentaron terminar con la razón y propusieron un discurso de lo subjetivo valorando los sueños, el inconsciente y la destrucción del arte y la historia.

Del dadá no es nada a la escritura automática y las posturas existenciales o los textos beat de los años cincuenta, la literatura señaló que el proyecto de modernidad estaba desintegrándose. Pero al igual que la literatura todas las disciplinas humanísticas empezaron a generar un malestar y reacomodo de sus postulados e interpretaciones que desembocó en el anuncio general de la caída de la modernidad.

No hemos alcanzado la democracia en el mundo y ésta se convirtió en un instrumento de control y de poder; la acumulación de conocimiento no solucionó los problemas ni las angustias del mundo si bien nos ayudó a interpretarlos; los conceptos se desplazan.

La razón y su linealidad temporal y discursiva parcelaron la esfera humana. La ciencia y la tecnología solucionaron algunas cosas, como en salud y comunicaciones, pero crearon otros problemas, ahora vivimos bajo la sombra de las armas de destrucción masiva y el deterioro del planeta. No hemos aprendido a ser libres y los derechos humanos se siguen pisoteando. Nos tocó ver el derrumbe de las ideologías y la gran historia.

Si aceptamos que la sociedad vive esta crisis cultural entonces todos somos postmodernos.

La situación de la actualidad produce otras imágenes del mundo y de nosotros mismos, obliga a hacer un alto en el camino para analizar y reinterpretar nuestro ser en el mundo, valorar las urgencias éticas del siglo XXI y equilibrar la balanza del humanismo ante esta sociedad global donde el valor radica en el mercado y el hedonismo.



Al perder la esperanza en un proyecto de transformación global, sólo nos queda refugiarnos en el “yo”. La postmodernidad nos lleva, como individuos, a plantearnos nuevas formas de ser, nuevos objetivos y nuestras formas de comunicarnos entre nosotros. Lipovetsky llama a esta nueva significación “la lógica del vacío”. Algunas imágenes de esta lógica del vacío son:

Individualismo: trazamos metas sin compromiso con la sociedad, ni con la historia; importo yo, mi placer y mi grado de adquisición. Indiferencia.

Personalidad fragmentada: ante el cúmulo de información no procesada y el rechazo a la razón prevalecen las situaciones contradictorias, decisiones tomadas por la emotividad o la angustia.

Visión de mercado: lo que se vende es lo importante.

Pérdida de confianza: en las instituciones, en las grandes doctrinas, en las cosmovisiones, en el otro.

Democratización de la palabra. Tomo a Lipovetsky:
cuanto mayores son los medios de comunicación menos cosas se tienen por decir… nadie en el fondo está interesado por esa profusión de expresión con una excepción importante del emisor o el propio creador; indiferencia por los contenidos.

Esta aproximación a la postmodernidad nos llevaría a replantear la pérdida de fe, la desvalorización del arte ante un mercado de consumo, el rol de los nuevos tipos de familia, el papel de los medios de comunicación, el culto a la imagen, el Internet que al mismo tiempo nos une en la red y nos aisla, las actitudes de indiferencia ante el dolor de la humanidad, la desesperanza ante el mundo actual y su futuro. El papel del docente dentro de este clima de crisis y vacío.

Cuánto tarda un ciclo en cerrarse y cuál es nuestro papel para que se den los cambios que anhelamos. Nos resignaremos cada uno desde nuestras trincheras para pulir el corazón.

“Sólo la poesía nos puede salvar”, afirmó Brodsky, o diremos como Cioran: “Me ha sucedido que me compadezco de un pedazo de metal, de cualquier cosa, porque todo lo que existe me parece abandonado, desdichado, incomprendido. El granito tal vez sufra también. Todo lo que tiene forma sufre, todo lo que está separado del caos para seguir un destino aislado, la materia está sola. Todo lo que es, está solo. ¡Nadie, ningún Dios puede librar a este mundo de tan añeja soledad!”

. . . . . . . . . . . . . . .

Lipovetsky, Gilles. La era del vacío. Ed. Anagrama. Barcelona, 2003.
Lyotard, J.-F. La condición posmoderna. Ed. Planeta–Agostini. Barcelona, 1992
Cioran, E. M. “Cuadernos inéditos”. Revista Vuelta año XXI. Noviembre de 1997, núm. 252, p.20

miércoles, 8 de junio de 2011

Demasiado amor, de Sara Sefchovich




DEMASIADO AMOR

de Sara Sefchovich


Gerardo Carrera


Una de las múltiples respuestas a la pregunta “¿Qué quieren las mujeres?”, formulada por Freud, se da en la literatura y son las propias mujeres quienes, a través de su visión del mundo, nos muestran lo que quieren, piensan y necesitan, lo justo.

La novela Demasiado amor, de Sara Sefchovich, nos lleva por ese camino que día a día construyen en la búsqueda de su esencia femenina, con un personaje que se va descubriendo poco a poco, revelándonos lo que es nuestro país, la vida y el amor.

El texto transgrede la estructura convencional de la novela ya que utiliza el género epistolar y a la vez una especie de diario con los recuerdos del personaje; aparecen los dos géneros en cada capítulo. La intención de la autora con esta estructura es la de permitir al lector un acercamiento más directo, casi íntimo con el personaje.

La historia parte del deseo de dos hermanas de tener una casa de huéspedes en Italia, frente al mar; ahorran largo tiempo su modesto suelto de oficina hasta completar el pasaje de una y algo más para alcanzar su sueño; las cartas y notas de recuerdos pertenecen a la que se queda en México esperando juntar el dinero suficiente para alcanzar a su hermana, y por estos medios conocemos la vida de ambas.

La obra coincide con algunos rasgos feministas planteados por Francine Masiello en su artículo “Texto, ley, transgresión: Especulación sobre la novela feminista de vanguardia” (Revista Hispanoamericana, números 132-133, julio-diciembre, 1985) como son el presentar una mujer como personaje central, carente de nombre y apellidos, la cual proviene de una familia tradicional, aunque en la época de su vida mostrada en la novela presenta independencia de cualquier lazo familiar; es un personaje solitario que cuestiona la genealogía; no existe figura patriarcal como eje de los procesos de significación, esto le permite construir su mundo fuera del logos, establecer diferentes formas de conducta y habitar en sensaciones nuevas; se destaca también la relación entre las hermanas como continuidad de la fase preedípica.

Una noche, atrapada por la nostalgia, baja de su departamento a tomar un café al Vips, lugar que con sus luces blancas acentúa la soledad de los trasnochados y conoce un hombre con el cual termina haciendo el amor; sólo había hecho el amor con su antiguo novio pensando en el matrimonio y se cuestiona sobre la moral al separar el sexo del amor. Una vez, el hombre le da dinero, y ella se da cuenta que ésa es una manera de alcanzar su sueño, así noche tras noche baja al Vips en busca de clientes. En una ocasión conoce a un hombre (también sin nombre) el cual le hace el amor como nunca lo había experimentado, le permite descubrir su sexualidad y las posibilidades de su cuerpo, la recorre, la huele, se apodera de ella.

“…me hiciste enloquecer una y otra vez, gritar, olvidarme del tiempo, del color de la luz y de la temperatura del mundo…” (pág.16); se vuelven cómplices y pasan durante años cada fin de semana juntos recorriendo el país, pueblos, playas, montañas, ciudades, mercados, hoteles, plazas, callejones, ferias, iglesias, haciendo el amor frenéticamente, descubriendo a la vez la sensualidad y a México y de ambos su misterio, su placer, sus sabores, olores, imágenes y magia. Así la protagonista es varias mujeres a la vez, por la mañana la oficinista, por las noches, la que baja al Vips en busca de clientes, la que vive un gran amor los fines de semana y, por las cartas, su hermana.

A diferencia de otras protagonistas de literatura femenina no rehúye el compromiso erótico para proteger su libertad, a través de él la encuentra. Empieza a vivir su propia experiencia y nos enseña lo que significa ser mujer y ser hombre en nuestra sociedad, inicia la búsqueda de su ser, de un espacio “más allá del espejo” (Irigaray).

El hombre no representa para ella el orden simbólico ya que ellos buscan salirse aunque sea momentáneamente de él e ingresar al mundo de la imaginación; a medida que ella va reconstruyendo su vida, va transformando sus conceptos: surge una nueva propuesta moral. El amor muestra que tiene significados ocultos. Paradójicamente su actividad empieza a reducirse al espacio doméstico pero cambia la noción de familia y de casa, se aleja del mundo, de lo público, y su hogar es el lugar sagrado donde por medio de su cuerpo finca otro tipo de relaciones con los hombres, se convierte en el centro de la deconstrucción, su casa es ahora un lugar sin muebles, sin puertas ni vidrios en las ventanas, lleno de mariposas y palomas, donde la gente anda desnuda. “…se despojan de la rutina, la prisa, la culpa y el hastío…” (p.182)

Rechaza las instituciones, muestra una tendencia a la ruptura con lo normal y cotidiano (Elena Araujo. “La narradora y la diferencia”, Plural, núm. 156, sept. 1984). Así pasa de la puta maldita al ángel del hogar, del nuevo hogar, rechaza la familia como muestra de su resistencia a lo establecido, los hombres que la visitan son en su mayoría casados y tristes.

“…me buscan porque lo que yo tengo es lo que necesitan, no una mujer para mirar sino unos ojos que los vean, no una mujer para atender sino una que los acepta… una oreja enorme capaz de escucharlos en sus palabras y en sus silencios, en sus llantos y en sus mentiras, en sus ilusiones y deseos…” (p.177), entonces los hombres buscamos lo que no creamos. Ella responde a la sociedad con la honestidad.

Helene Cixous menciona que existe la necesidad de construir un sujeto femenino (identidad) en un mundo falogocéntrico, pero ¿qué tan real es ese mundo?, ¿no somos sólo un reflejo en el espejo de lo femenino?

La hermana, por su parte, decide vivir de forma convencional: se casa, tiene hijos, un hogar con jardín, su espacio en la cocina y la familia es la base de su vida. La protagonista descubre que la felicidad tiene demasiadas formas, vive un gran amor, sigue al hombre por diversas regiones, amándolo, construyendo su amor kilómetro a kilómetro, pueblo a pueblo y descubre su inmensidad como la del país; la palabra cliente pierde significado, ahora es sinónimo de paz, calidez, satisfacción, con una inocencia (no la de la niña virginal) cercana al salto metafísico, pasa por deseos, placeres, pequeñas perversiones, encontrándose, reconociéndose mujer, ni buena ni mala, con 72 kilos, “…una buena pancita, unos senos enormes que caen por el peso, unas nalgas redondas apoyadas en muslos bien anchos y en piernas cortas, la cara redonda y el pelo oscuro, cortado hasta arriba de las orejas, sin maquillaje…” (p.176).

Así la protagonista destruye el estereotipo de la heroína y destruye la linealidad del discurso, en una aparente inestabilidad, en el cual mezcla diversos niveles de enunciación.

Nada escapa a su mirada que parece querer formar un nuevo mundo, otra significación de las cosas; por sus ojos pasan rostros, valores, pecados, visiones, que la sitúan más allá del bien y del mal; su preocupación por las cosas cotidianas como la renta, la oficina, la mancha de betabel en la blusa dejan de tener sentido y concentra su energía en el amor, pero el amor es demasiado, “…un gran amor es imposible de soportar…” (p.184), al hombre de sus fines de semana “…lo había convertido en Dios y a Dios hay que arrastrarlo por los templos” (p.185); para terminar ese amor lleva al hombre a su casa, el que nunca preguntó nada de su vida se ve vencido al penetrar en su espacio, así la unidad hombre-país-sociedad queda fuera de él, reduciéndolo a la nada; decide “…dejarse llevar por los amores fáciles, gozosos, que son los únicos que no hacen daño, que no lastiman…” (p.185); da por terminada la correspondencia con su hermana y envía sus notas a su sobrina, y en ella a todas las mujeres para “…que sepan que existe el amor y los sueños…” (p.185).

. . . . . . . . . . . . . . . 

Demasiado amor. Sara Sefchovich. Punto de Lectura. México, 2006. 206 págs.

La novela fue publicada por Planeta en 1990 y ganó el Premio Agustín Yáñez; en 2001 fue reeditada por Alfaguara y desde entonces ha tenido varias reediciones. Fue llevada al cine en 2002 con guión de Eva Saraga y dirección de Ernesto Rimoch.

. . . . . . . . . . . . . . .

Sobre la autora:

Sara Sefchovich nació en la ciudad de México en 1949. Es licenciada y maestra en Sociología y doctora en Historia por la Universidad Nacional Autónoma de México. Desde hace más de década y media es articulista semanal en el periódico El Universal. Además es novelista, traductora, profesora y conferencista en México y en el extranjero.

Entre sus libros se encuentran: La señora de los sueños (novela); Vivir la vida (novela); La suerte de la consorte (ensayo); País de mentiras (ensayo); Gabriela Mistral, en fuego y agua dibujada (ensayo); México: país de ideas, país de novelas (ensayo); Ideología y ficción en la obra de Luis Spota (ensayo).