viernes, 23 de octubre de 2026

Abandonarse a la pasión, de Hiromi Kawakami (segunda de dos partes)


 

Abandonarse a la pasión
Ocho relatos de amor y desamor
de Hiromi Kawakami
 
(Segunda de dos partes)

 
Jesús Guerra
 
Continuamos con los comentarios acerca de los cuentos del libro Abandonarse a la pasión, de la japonesa Hiromi Kawakami. Yo recomiendo leer también, antes o después de esta entrada, la primera parte de esta reseña, que se encuentra aquí.

Pobrecita
Ella es la narradora, pero su nombre no se menciona. Él es Nakazawa. Ella vive en una especie de presente permanente pues casi no recuerda nada de su pasado anterior a su relación con Nakazawa, a pesar de que no viven juntos. Se conocieron en la empresa en la que trabajaron juntos. Nakazawa es quien la llama cuando quiere y se quedan de ver. A veces hacen el amor. Luego de un tiempo él empieza a hacerle daño. A Nakazawa le gusta causarle dolor, aunque no sabe el motivo. Ella se lo permite. De hecho, ella ha descubierto que le causa placer. En ciertas ocasiones, Nakazawa le dice a ella “pobrecita”. Un día ella le pregunta por qué se compadece de ella. Él responde que todos son dignos de compasión. La narradora explica que a Nakazawa le gusta dominarla, y que él no es ni guapo ni interesante, de hecho, se queda dormido con facilidad. Con el tiempo, ella también se queda dormida pues se ha dado cuenta de que el dolor la relaja. En este relato el elemento sádico-masoquista es más explícito que en otros de los relatos del volumen. En general, los personajes femeninos tienden a la sumisión (no tengo idea si esto está relacionado con la cultura japonesa). En general, en estos relatos, ellas no tienen una idea clara del motivo por el que se encuentran en las relaciones que mantienen. Parece que están ahí porque no tienen en dónde más estar. Quizás es el miedo a la soledad o al vacío, pero estas relaciones son también vacías.
 
El pavo real
Ella, la narradora, se llama Tokiko. Él es Hashiba. A Tokiko le atrae Hashiba, pero él nunca da el paso a la intimidad. Él, como casi todos los personajes masculinos de estos relatos, habla mucho, y gran parte de lo que dice son tonterías. Un día, él le cuenta a Tokiko que cuando era niño, una noche despertó porque sentía un peso en el pecho y descubrió que tenía un pavo real sentado encima. Ella no sabe si creerle, nunca sabe “distinguir dónde termina la realidad y empieza la ficción”. Él le dice que ella se lo toma todo demasiado en serio. Ella le platicó a Hashiba que tiempo atrás un hombre la había violado, pero no recuerda gran cosa. Ella, que tiene 40 años, se siente culpable porque no sabe a ciencia cierta si fue violada o no, y no está segura si ella lo provocó. En un momento dado, la pareja camina por un barrio que no conocen (¿por qué se encuentran ahí? Este elemento, la pareja perdida en la gran ciudad, se encuentra en otros relatos del libro). Más tarde, luego de otra escena de extrañamiento (en sus dos sentidos), Hashiba la abraza y le dice que está cansado, y la invita a que se vayan juntos a la cama. Pero ella tiene miedo, aunque no sabe a qué. Camina sin saber a dónde va y siente que le tiene miedo a todo. El absurdo presente de nuevo, así como la confusión, el miedo y el sentimiento de encontrarse perdidos.
 
Cien años
Ella es Tokiko, la narradora, y está muerta. Él es Sakaki, y sobrevivió al pacto suicida. No estoy contando de más, la narradora nos lo dice en las primeras líneas. Sakaki está casado y tiene dos hijos. Es un hombre aparentemente tranquilo, pero evidentemente infeliz. Dice estar cansado de todo. Sin embargo, tiene una amante, Tokiko, a la que le propone suicidarse juntos. Ella no quiere morir, pero tampoco ama la vida, así que acepta. Pero algo falla, él sobrevive y ella muere. Ahora es un espectro que no entiende por qué él está vivo. Lo espera. La confusión, la incomprensión de nosotros mismos y de los demás y el miedo permanente son algunos de los elementos de éste y de todos los relatos del libro. Aquí también los personajes son impulsivos, que realizan actos sin motivos aparentes, con amores desesperados y tristes, y, sin embargo, éste me parece uno de los relatos más contundentes del volumen. Por cierto, el relato perfectamente podría titularse “Cien años de soledad”, como la novela de García Márquez que tanto admira su autora. Curiosamente, la narradora de este relato y la del anterior tienen el mismo nombre y la misma edad. ¿Podría ser el mismo personaje, un doble, una variación, una continuación?
 
El insecto dios
Ella, la narradora, como en otros relatos, aparece sin nombre. Él es Uchida. Y hay otro él, llamado Tsubaki, un amigo y examante de la narradora. Uchida le regala un insecto de bronce a su amiga y pronto amante, la narradora. Él le cuenta la historia de la procedencia del insecto, que puede ser real o ficticia. Ella le pregunta por qué se lo regala, y Uchida responde que porque ella parece un insecto. Ella le platica del regalo a Tsubaki, un examante que es también compañero de trabajo. A él le interesan esos objetos y quiere adquirirlo, o por lo menos verlo. Quedan de verse los tres para cenar. Uchida y Tsubaki, que no se conocían, se llevan bien de inmediato. Los tres beben bastante. Tsubaki les cuenta la leyenda del insecto dios, devorador de ogros. Al salir, Tsubaki le hace una propuesta sexual al oído a ella. ¿O la narradora lo imaginó? Este es uno de los relatos más ambiguos e inquietantes de la colección.
 
Avdiya
El nombre de la narradora no se menciona. Él es Tota. Son pareja y lo han sido por quinientos años. La narradora cuenta la teoría que tienen de por qué no pueden morir. Tuvieron hijos y nietos y todos murieron. Tienen una existencia muy tranquila y rutinaria. Tota es taxista desde hace medio siglo. Han tenido accidentes, pero sobreviven. Un día, hacen un picnic, y platican. Todo lo que ven y mucho de lo que hablan les trae recuerdos del pasado. Ella pregunta si morirán un día. Tota responde que con seguridad morirán cuando desaparezca la especie humana. La inmortalidad, ya nos lo han dicho muchas películas de vampiros, es una maldición. Cada lector de este relato lo interpreta a su manera, pero hay que tomar en cuenta el título. Una palabra que no se menciona en el cuento: Avdiya. La tuve que consultar. Resulta que es una palabra del idioma sánscrito que se traduce como “ignorancia” o “percepción errónea de la realidad”, y es de fundamental importancia en religiones como el hinduismo y el budismo. Por supuesto, toda reflexión sobre la inmortalidad es en realidad sobre la mortalidad.
 
Todos estos relatos, que son al mismo tiempo muy distintos y muy parecidos, porque son variaciones a un mismo tema, repiten ciertas características de algunos personajes y situaciones, ciertas relaciones, ciertos comportamientos. La falta de dirección de algunos de los personajes puede darnos la impresión de que son los relatos mismos lo que carecen de dirección, de ahí que yo recomendaría una lectura pausada de este libro, digamos un cuento diario, para terminarlo en una semana. El libro es breve, se puede leer en una tarde, pero podría resultar cansado por la repetición de elementos, que, por lo mismo resultan sintomáticos. Las relaciones sexuales obsesivas, la sumisión femenina, la sensación de estar perdidos, solos y en pareja, el miedo indeterminado pero constante, la necesidad de huir, la confusión entre alucinaciones y realidad... Eso sí, todos estos relatos son dignos no sólo de una lectura sino de una o varias relecturas: son interesantes, extraños, misteriosos, absurdos, ambiguos y profundos. El volumen me ha gustado y ahora tengo mucha curiosidad por leer algunas de las novelas de esta autora.
 
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Abandonarse a la pasión. Hiromi Kawakami. Traducción de Marina Bornas Montaña. Debolsillo (1a. Ed. España, 2017; 1a. Ed. México, 2018; quinta reimpresión, 2023). 128 págs.
 
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jueves, 15 de octubre de 2026

Abandonarse a la pasión, de Hiromi Kawakami (Primera de dos partes)

 




Abandonarse a la pasión
Ocho relatos de amor y desamor
de Hiromi Kawakami
 
(Primera de dos partes)
 
Jesús Guerra
 
Hiromi Kawakami es una de las escritoras japonesas actuales más exitosas, tanto dentro como fuera de su país. Nació en Tokio el 1 de abril de 1958, o sea que es seis años más grande que Banana Yoshimoto y nueve años más joven que Haruki Murakami, por dar una especie de contexto generacional, pero empezó a publicar más tarde que Yoshimoto, Kitchen es de 1988, y el primer libro de cuentos de Kawakami es de 1994, cuando la autora tenía 36 años. Estudió Ciencias Naturales y luego fue profesora de Biología, hasta que empezó a publicar libros de cuentos, novelas y ensayos. Además de diversos autores japoneses a los que señala como sus influencias, también menciona la novela Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, y, en efecto, la crítica dice que su obra tiene elementos de realismo mágico, así como del surrealismo y del absurdo Ha ganado un buen número de premios literarios y su obra se ha traducido a por lo menos 15 lenguas extranjeras. De sus novelas, las que se pueden conseguir en español son:
 
* El cielo es azul, la tierra blanca
* Algo que brilla como el mar
* Los amores de Nishino
* El señor Nakano y las mujeres
* Vidas frágiles, noches oscuras
* De pronto oigo la voz del agua
* Bajo el ojo del gran pájaro
* El tercer amor
 
Yo nunca había leído a esta autora y, como es japonesa, con sus cuentos me ha pasado lo mismo que con los libros de Banana Yoshimoto, Haruki Murakami, Junichiro Tanizaki, Yukio Mishima o Yoko Ogawa, no me apasionan, pero me parecen fascinantes. (Ya en la reciente reseña de la novela N.P, de Banana Yoshimoto, apunté: “Los libros de Banana Yoshimoto son sencillos de leer, aunque la comprensión de estos es algo más complicada, y eso simplemente porque escribe desde Japón y sobre la cultura japonesa, que es tan diferente de la occidental”.)
 
Abandonarse a la pasión, como lo dice el subtítulo del libro, está compuesto por ocho cuentos autónomos pero enlazados por el tema del amor, en algunas de sus etapas y variaciones. Los relatos son: “Lluvia fina”; “Abandonarse a la pasión”; “El canto de la tortuga”, “Pobrecita”, “El pavo real”, “Cien años”, “El insecto dios” y “Avdiya”.
 
Lluvia fina
Los personajes centrales son Mezaki, el hombre, y Sakura, la narradora. Ella nos cuenta de una cena de mariscos y la extraña caminata posterior. Mezaki es un hombre al que conoció en una reunión, y aunque después se encuentran en varios lugares, se tardan en aproximarse. Ella, que ni siquiera es capaz de calcular la edad de Mezaki, recuerda que las primeras veces que lo trató llegó a la conclusión de que le caía mal. Pero un día que se encuentran por casualidad, él la invita a cenar y ella acepta. Ya tarde, ellos son los últimos clientes en salir del restaurante, algo ebrios, y simplemente empiezan a caminar por calles mal iluminadas, hasta que, de pronto, se dan cuenta de que no saben en dónde están, pero suponen que llegarán a algún lugar. Todo esto y lo que sigue es realista pero envuelto por el absurdo. Sin duda, una buena metáfora de las relaciones amorosas. Quizá el amor empieza a surgir para contrarrestar el miedo y la confusión.
 
Abandonarse a la pasión
Ella es Komaki, la narradora. Él es Mori. Son pareja y llevan un tiempo huyendo. Mori dice que huye de la irracionalidad. Ella en realidad no lo sabe, huye porque Mori le pidió que huyera con él. No sabemos de dónde partieron ni qué hacían antes, suponemos que son jóvenes y no sabemos en dónde están, y al parecer ellos tampoco lo tienen claro. Sólo sabemos que viajan por la costa, siempre junto al mar. Cuando no tienen transporte, piden aventón. Cuando escasea el dinero, se quedan un tiempo en alguna ciudad y trabajan en lo que consigan. Tan pronto juntan algunos fondos, huyen de nuevo. Son personajes aparentemente simples y no parece tener demasiado sentido lo que hacen (otra vez el absurdo), pero eso supondría que lo que hace el resto de las personas con su vida sí lo tiene, lo cual es algo que no deberíamos asegurar con demasiada convicción. Una de las certezas de Mori es que al formar Komaki y él una pareja de amantes fugitivos deben abandonarse a la pasión. Son personajes contradictorios y parecen actuar por impulsos. ¿No es éste un reflejo de la humanidad?
 
El canto de la tortuga
Él es Yukio. De ella no sabemos su nombre, pero es la narradora. Es otro relato de confusión amorosa. Ella está deprimida. No sabe exactamente por qué se fue a vivir con Yukio, ni sabe si lo ama. Está empantanada en alguna zona de emociones entumecidas. Yukio le hace el amor con violencia. A ella no le importa demasiado, le parece normal, aunque en el fondo quizás sabe que no lo es. En ciertas circunstancias ella no sabe qué decir ni qué hacer. Su mente se queda en blanco. Con el paso del tiempo su situación empeora. Ella a veces no hace nada. Yukio regresa al departamento después del trabajo y la encuentra acostada en la cama o sentada en un sillón, con las luces apagadas. Antes de que ella se fuera a vivir con Yukio, una amiga de la narradora le regaló una tortuga pequeña y ella se la llevó al departamento de Yukio, pero se le olvida darle de comer. Yukio es quien la alimenta. En algunos momentos, ella escucha que la tortuga chilla, pero no sabe si es real o lo imagina. ¿Quizá la narradora alucina que la tortuga expresa lo que ella no puede? ¿Es la tortuga, entonces, la representación de la narradora o de la relación? Por las mismas características de la narradora, hay una extraña lejanía entre ella y su relato, y esto produce, también, una distancia entre el relato y los lectores; crea el efecto para el lector de que presencia las escenas a través de un vidrio que lo separa de los personajes. Al verlos así, cercanos y lejanos al mismo tiempo, el lector termina por reflexionar sobre sí mismo.
 
Para no hacer tan desmesuradamente larga esta reseña, la termino aquí, y muy pronto publicaré la segunda parte, para finalizar los comentarios de estos interesantísimos relatos de amor y desamor de Hiromi Kawakami.
 
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Abandonarse a la pasión. Hiromi Kawakami. Traducción de Marina Bornas Montaña. Debolsillo (1a. Ed. España, 2017; 1a. Ed. México, 2018; quinta reimpresión, 2023). 128 págs.
 
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* N.P, de Banana Yoshimoto

* Sueño profundo, de Banana Yoshimoto

* Sputnik, mi amor, de Haruki Murakami

* El amante de la China del Norte, de Marguerite Duras
 
 
 
 
 
 

jueves, 8 de octubre de 2026

La hora de las brujas, de Anne Rice (novela y serie de TV)

 




La hora de las brujas
de Anne Rice
 
Jesús Guerra
 
La novela y la serie de TV
Ya publiqué una primera reseña, hace años, de La hora de las brujas (reseña que recomiendo leer, antes o después de este texto, porque comenta la novela y la obra de la autora, y la pueden encontrar aquí). La novela original, en inglés (The Witching Hour), se publicó en 1990. La primera edición en castellano la publicó la editorial española Timún Más, con traducción de Silvia Komet, en 1992. Posteriormente, en 1998, Ediciones B publicó esta obra, y después continuó publicándola en ediciones de bolsillo en las diferentes colecciones que ha tenido, como Zeta Bolsillo, Nova, B de Bolsillo y Negra B, siempre con la traducción de Silvia Komet.

 
Edición en inglés


Yo, durante esos años y pocos después, lo que leí de Anne Rice fueron los primeros tomos de la saga Las Crónicas Vampíricas, Pandora (Pandora; 1998) de las Nuevas Crónicas Vampíricas, y La momia o Ramsés el Maldito (The Mummy, or Ramses the Damned; 1989), que en esos tiempos era una novela autónoma (pues no fue sino hasta los años 2017 y 2022 que se publicaron dos libros más de la ahora trilogía de la momia: Ramsés el Maldito: La pasión de Cleopatra [Ramses the Damned: The Passion of Cleopatra], y Ramsés el Maldito: El reinado de Osiris [Ramses the Damned: The Reign of Osiris], ambos escritos por la autora y su hijo, Christopher Rice, lo que aumenta el delicioso catálogo de novelas por leer de Anne Rice, quien lamentablemente falleció el 11 de diciembre de 2021, a los 80 años). Por eso llegué “tarde” a la lectura de La hora de las brujas (hasta 2014, como pueden ver en la fecha de mi primera reseña, aunque en realidad uno nunca llega tarde a la lectura de un libro), y luego, como siempre sucede, se me cruzaron otros muchos libros en el camino, y no he leído las dos novelas que continúan la trilogía de las Brujas de Mayfair: La voz del Diablo (Lasher; 1993) y Taltos (Taltos; 1994), pero ya las tengo aquí, listas para continuar con ellas.


 
Edición en francés



La hora de las brujas es una novela deliciosa y fascinante, muy compleja en su trama, con diversos puntos de vista, con personajes estupendos y una atmósfera impresionante. Con un argumento tan amplio (la novela tiene más de 1200 páginas) es fácil olvidar muchos de sus elementos con el paso del tiempo; yo, de todas maneras hubiera tenido que releerla para poder continuar con las dos novelas siguientes de la saga de las Brujas de Mayfair, pero lo que me impulsó a releerla ahora fue el hecho de ver las dos primeras temporadas (2023 y 2025, producción de AMC) de la serie de TV que adapta la trilogía (se supone que la tercera temporada se estrenará en 2027), debido a que Netflix la estrenó a mediados de este año.

 
Edición en italiano



Al ver la segunda temporada me quedó claro que adapta la segunda novela (Lasher), pero al ver la primera, que adapta la novela que se supone yo ya conocía, quedé desconcertado, pues no estaba seguro de qué tanto había olvidado y qué tanto eran cambios de la serie. Aún sin releer la novela, ver la serie resultó una experiencia decepcionante, de hecho, más que eso: frustrante. Empecé a ver la serie con miedo pues todavía recuerdo mi desencanto y disgusto ante la horrorosa adaptación cinematográfica de la tercera novela de las Crónicas Vampíricas (que es también una maravilla): Queen of the Damned [La reina de los condenados, 2002, de Michael Rymer], sobre todo en comparación con la estupenda cinta Interview with the Vampire [Entrevista con el vampiro, 1994, de Neil Jordan, con Tom Cruise, Brad Pitt y Antonio Banderas]). Como ya señalé, el miedo ante la serie rápidamente se convirtió en decepción y frustración. Y al leer algunos de los comentarios de los usuarios del sitio IMDb sobre la serie Las brujas de Mayfair me di cuenta de que tanto la desilusión como el enojo han sido reacciones generalizadas de los lectores de las novelas que han visto la serie. Al parecer, quienes no han leído las novelas, le han dado una mejor calificación.


 



Así que releí La hora de las brujas y creo que me gustó más que la primera vez. Y entonces, con el argumento fresco en la cabeza, vi de nuevo la primera temporada de la serie. Y sí, la adaptación es pésima. Eso ya lo tenía claro. Pero los cambios, ¡los cambios! Elimina una buena parte de los personajes, combina a dos de los personajes centrales en uno, que no existe en la novela, cambia los hechos y vuelve irreconocible el argumento de la obra original. Cambia de época la historia (la novela transcurre a fines de los años 80, lo cual es importante porque no había teléfonos celulares) para ubicarla en nuestros días; para colmo, cambia el comportamiento de los protagonistas y simplifica demasiado la trama, lo cual elimina el suspenso y la tensión gótica de la novela, y la vuelve superficial y banal, una especie de telenovela con brujas, del todo genérica y olvidable. Una serie con elementos sobrenaturales del montón. ¡Qué manera de desperdiciar el material de una novela estupenda y convertirla en basura!


 
Edición en inglés



Me atrevo a decir que más del 90 o 95 por ciento de las escenas de la primera temporada simplemente no existen en la obra literaria, todo ha sido ya no digamos condensado sino modificado e inventado, es decir, las creadoras de la serie (Michelle Ashford y Esta Spalding) y su equipo de guionistas simplemente escribieron otra historia que sólo conserva el tema y un par de elementos de la novela original. Y ya ni hablemos del reparto, que es atroz. ¿Qué lograron? Para quienes no leyeron las novelas: una serie intrascendente. Para los lectores de la saga: una serie imperdonable.

 



Independientemente de si ya vieron la serie o no, mi recomendación es muy sencilla: lean La hora de las brujas, de Anne Rice. Si ya son lectores de Anne Rice, ya más o menos saben lo que les espera, si nunca la han leído, esta novela es una estupenda puerta de entrada al fascinante universo de esta novelista.
 
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La hora de las brujas. Anne Rice. Traducción de Silvia Komet. Ediciones B (1a. Ed., 2013, Barcelona). 1264 págs.
Se consigue con facilidad en edición digital.
 
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Te puede interesar:
 
* La hora de las brujas, de Anne Rice (primera reseña)

* Primeras líneas de La hora de las brujas, de Anne Rice, en tres idiomas

* Drácula anotado, de Leslie S. Klinger

* Bienvenidos al Sabbath (04): Pacto satánico

* Distancia de rescate, de Samanta Schweblin

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* Fantasmas, de Peter Straub

* El traje del muerto, de Joe Hill

* Las ruinas, de Scott Smith

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