martes, 21 de febrero de 2017

Aquello estaba deseando ocurrir, de Leonardo Padura




Aquello estaba deseando ocurrir
de Leonardo Padura

Jesús Guerra

Recientemente recomendé aquí la novela Oona y Salinger, del francés Frédéric Beigbeder, quien evidentemente es un gran admirador de J.D. Salinger, como muchos otros escritores, entre ellos el cubano Leonardo Padura, pero Padura admira tanto a Salinger que incluso su personaje Mario Conde, el detective habanero, gran lector y eterno aspirante a escritor, es también gran admirador del narrador estadounidense, y comenta sus libros y presta ejemplares de sus libros a otros personajes. El libro de cuentos de Padura que hoy les recomiendo, que tiene el estupendo título Aquello estaba deseando ocurrir, tiene también una conexión con el escritor estadounidense, pues el título proviene del epígrafe del primer relato del libro, firmado por Marco Aurelio, pero una nota al epígrafe nos informa que esta frase está escrita detrás de la puerta de Seymour y Buddy Glass, en el libro Franny y Zooey, de J.D. Salinger.

Aquello estaba deseando ocurrir está compuesto de 13 cuentos, de diferentes épocas. El más antiguo es de 1985, y el más reciente es de 2009, es decir que se trata de relatos compuestos a lo largo de casi un cuarto de siglo; el volumen funciona muy bien tanto para quienes no han leído nunca a este autor como para sus seguidores ya que nos permite apreciar los diferentes registros de su escritura. Los cuentos no están ordenados de manera cronológica, lo que implica una propuesta de lectura específica por parte del autor o del editor, propuesta que como lectores tenemos el derecho de subvertir, si así lo queremos, leyéndolos en el orden que se nos antoje. Los títulos de los cuentos y su año de escritura son los siguientes: «La puerta de Alcalá» (1991), «Nueve noches con Violeta del Río» (2001), «Adelaida y el poeta» (1988), «Sonatina para Rafaela» (1988), «Según pasan los años» (1985), «Los límites del amor» (1987), «La muerte feliz de Alborada Almanza» (2009), «El destino: Milano-Venezia (vía Verona)» (1996), «La pared» (1989), «Mirando al sol» (1995), «La muerte pendular de Raymundo Manzanero» (1993), «Nochebuena con nieve» (1999) y «El cazador» (1990).

El personaje principal y narrador de «La puerta de Alcalá», Mauricio, es un periodista cubano que ha sido castigado y enviado a la guerra de Angola, en donde ya ha cumplido casi dos años. En la capital, Luanda, en una librería de libros usados en idiomas diversos, Mauricio compró hace tiempo, sin saber muy bien por qué, un libro sobre el pintor español Velázquez. El libro perteneció a una mujer, pues lo firmó: María Fernanda. Y la antigua dueña subrayó diversos párrafos a lo largo del volumen que se vuelven significativos para Mauricio. El libro contiene también reproducciones de los cuadros del pintor. Hay dos, en particular que le gustan a Mauricio, dos que no son de los más conocidos, llamados La tarde y El mediodía. Un día, en un periódico, leyó una pequeña nota que decía que del 30 de enero próximo al 30 de marzo estaría en exhibición, en el Museo del Prado de Madrid, una exposición que reuniría toda la obra de Diego Velázquez, y como en enero cumpliría sus dos años de servicio y tendría que regresar, le pidió a su jefe en Angola, Alcides, que le consiguiera regresar a su país pasando por Madrid, para poder ver la exposición. Alcides le dice que lo va a intentar, pero que no se quede en España porque eso les daría la razón a los funcionarios que lo castigaron, y de paso porque lo metería en problemas a él. En Madrid, como pasa con frecuencia, no sucede lo que Mauricio esperaba, pero suceden otras cosas, como su reencuentro, por pura casualidad, con uno de sus grandes amigos de la juventud, quien un día se fue, en secreto, a los Estados Unidos. Un cruce de caminos, una capital europea, una tarde, una plaza, un reencuentro breve de dos amigos que han estado fuera de su país... La historia es relativamente sencilla, pero tiene un impacto emocional muy fuerte. Como diría el Conde: es un relato escuálido y conmovedor.

«Nueve noches con Violeta del Río» es la historia de un muchacho de provincia que llega a estudiar a La Habana a mediados de los años 60, una Habana en la que aún quedan algunos elementos prerrevolucionarios, como los centros nocturnos de la avenida que los habaneros llaman La Rampa, avenida que tiene fascinado al joven. En el cabaret La Gruta canta todas las noches Violeta del Río. El joven ve primero la fotografía de la cantante, afuera del cabaret, y le encanta. Al cumplir los 18 años pide a su familia que le regalen dinero, y al regresar a La Habana va a La Gruta a escuchar, y a ver por primera vez en persona, a Violeta del Río. Describe a la perfección las sensaciones de la fascinación que le produce la cantante. El joven va al centro nocturno con tanta frecuencia como su tiempo y su bolsillo se lo permiten, hasta que decide que, teniendo en cuenta su timidez y suponiendo que jamás será capaz de acercarse a la cantante de sus sueños, es mejor alejarse de ahí, lo cual logra cumplir durante algunas semanas, hasta que una noche son sus amigos los que proponen ir a escuchar a la cantante. Esa noche cree ver un reconocimiento de la cantante hacia él, y luego que sus amigos se van, se atreve a acercarse a la barra en donde Violeta se toma su ron, su único ron de la noche. En efecto, ella lo reconoce, y lo invita a acompañarla... Este encuentro tendrá repercusiones en este joven para toda la vida, joven que se convertirá en un nostálgico hombre maduro. El cuento es estupendo y terrible, y uno de mis preferidos de esta colección. Vale la pena apuntar que Violeta del Río —lo ha dicho el autor en alguna entrevista— es un personaje inventado por Padura a partir de varias cantantes de boleros de los años 50, el cual aparece, con el mismo nombre y con características fascinantes similares, en este relato y en la espléndida novela La neblina del ayer, aunque el destino de la mujer es completamente diferente en la novela y en el cuento.


Edición francesa


En «El destino: Milano-Venezia (vía Verona)», Miguel Fonseca, un periodista cubano que está de viaje en Italia está a punto de cumplir uno de sus deseos, conocer Venecia, pero en el camino se le atraviesa una guapa italiana que podría, tal vez, cambiar el destino de Miguel. Encuentros afortunados, impulsos, esperanzas, desilusiones. El relato nos muestra, entre otras cosas, que un mismo evento puede significar cosas completamente diferentes para dos personas, en este caso una europea y un cubano, no sólo por circunstancias personales sino también nacionales.

En los relatos en los que el personaje central es cercano al autor, los personajes son periodistas que pueden, por diversos motivos, viajar por el mundo, pero también hay relatos con personajes completamente diferentes, por ejemplo, en «Mirando al sol», son adolescentes cubanos que viven en el límite de la barbarie (como muchos adolescentes de muchas otras partes del mundo), que viven la vida como llega, con mucho alcohol, pastillas, y relaciones efímeras. Algunos se quieren ir del país, por lo que han oído que hay afuera, o porque sus familias se quieren ir, otros se quieren quedar porque han escuchado que la competencia es muy fuerte y hay que trabajar duro, aunque haya de todo en el extranjero. Son ignorantes y salvajes. Y una noche, por hacer una estupidez, su vida cambia de manera radical, en más de un sentido.

Hay relatos kafkiano-caribeños, como «La muerte pendular de Raymundo Manzanero», escrito como una crónica periodística; y uno que no sé si es un relato erótico en tono de comedia triste, o una comedia dramática con elementos eróticos, aunque también podríamos decir que es una fantasía masculina convertida en relato, llamado «Nochebuena con nieve», de 1999, aunque los hechos narrados suceden la nochebuena de 1993. En el fondo está muy emparentado a «Nueve noches con Violeta del Río» y también con ciertos pasajes de las novelas policiacas del autor, en particular con ciertos elementos eróticos y nostálgicos de la biografía de Mario Conde. Triste y divertido y espléndido.

En «La pared», oficinista cubano está aburrido de su trabajo y por la ventana ve a un niño jugar a la pelota, lanzándola contra una pared y cachándola con un guante. Le recuerda su propia infancia, cuando él quería ser beisbolista. Baja y platica con el niño, que de grande quiere ser pelotero e ingeniero, para salir del país y ganar mucho dinero. Le da algunos consejos al niño y sube a su oficina de nuevo, pensando en todo lo que las políticas del país le hicieron, obligándolo a abandonar sus sueños y ser lo que ahora es. El libro tiene relatos, también, sobre una señora de provincia que participa en un taller literario porque está sola luego de la muerte de su hija; sobre una anciana moribunda que en sueños recupera los pequeños placeres perdidos con la llegada de la revolución; sobre una pianista que aparentemente es una artista y que sueña con serlo de verdad, pero que en realidad es una especie de obrera de la cultura en una sociedad cerrada en la que todo está determinado, hasta el número de piezas que debe interpretar a la hora del almuerzo, por la «norma para músicos de centros gastronómicos de categoría uno».

Algunas de las constantes de estos cuentos son la revisión de las circunstancias que hicieron que los personajes se encuentren en ese momento en el lugar y en la situación en las que se encuentran, todo lo que tuvo que suceder para que se diera ese momento; o, al revés, los instantes que hicieron que todo cambiara y el destino deseado no pudiera producirse. O los instantes en que el destino pudo haber cambiado, pero no lo hizo. Las circunstancias que rompieron los sueños de un personaje. Las relaciones de pareja, las rupturas, los equívocos, las nostalgias. Todo esto, que es universal, visto desde la perspectiva y las circunstancias particulares de los cubanos. Quizá el cruce de caminos sea la nostalgia. Aquello estaba deseando ocurrir es un muy buen libro, que contiene algunos relatos espléndidos. Sumamente recomendable.

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Aquello estaba deseando ocurrir. Leonado Padura. Tusquets Editores, Colección Andanzas. 1a ed. España, febrero de 2015; 1a ed. México, mayo de 2015. 260 págs.



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