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El pueblo blanco
La novela del polvo blanco
de Arthur Machen
Jesús Guerra
Ya he escrito algo sobre el
autor británico Arthur Machen (1863-1847), su obra y su influencia en la
literatura de terror posterior, sobre todo en H. P. Lovecraft, así que les
recomiendo la lectura de mis reseñas de su novela El terror y su cuento
largo El gran dios Pan (las ligas están al final del presente
comentario).
Hay que decir, a manera de
nota inicial, que en el “altamente sensible” ambiente del primer cuarto del
siglo XXI, excesivamente propenso a la censura, en todas partes pero sobre todo
en los Estados Unidos —uno de los efectos secundarios negativos de las redes
sociales—, estos dos títulos habrían sido (casi) imposibles de usar si estos
relatos fuesen nuevos: “El pueblo blanco”, en inglés “The White People”, que
obviamente también puede traducirse como “La gente blanca”, sería altamente
problemático por cuestiones raciales y políticas, y “La novela del polvo blanco”,
en inglés “The Novel of the White Powder”, nos recuerda de inmediato dos
problemas relacionados, uno de salud pública y otro de crimen organizado, a
nivel mundial. Pero estos dos relatos, por supuesto, no tiene nada que ver con
lo que en nuestro tiempo pensamos de manera automática al leer sus títulos, son
narraciones de terror sobrenatural, escritos a fines del siglo XIX.
El pueblo blanco
Este cuento largo está
dividido en tres partes. La primera no tiene nombre, la segunda se llama “El
libro verde” y la tercera es el “Epílogo”. La primera es el diálogo entre dos
hombres que se acaban de conocer. Cotgrave es conducido por un amigo a la casa
de Ambrose, porque el primero quiere conocer al segundo. Ambrose le expone a su
interlocutor sus muy particulares y sumamente interesantes ideas acerca del
bien y el mal, la santidad y el pecado o la santidad y la brujería. Ambrose le
habla de un caso que de alguna manera extraña ejemplifica sus ideas, pero en
lugar de hablarle del asunto, le dice que le prestará un cuaderno que contiene
las notas de una jovencita, a la que conoció personalmente, acerca de sus
experiencias. Le pide que tan pronto termine de leerlo, se lo regrese pues es
una posesión especialmente importante para él.
La segunda parte, “El libro
verde”, es el contenido de ese cuaderno manuscrito, escrito en primera persona
por una adolescente cuyo nombre no conocemos. Si la primera parte del cuento
nos da un contexto para comprender el libro verde, el contenido mismo del
cuaderno es la sección central del relato. Su lectura es toda una experiencia.
La jovencita cuenta, con ciertos rodeos y sin la intención de contarlo todo,
pues el cuaderno, dice, está lleno de secretos, algunas de las enseñanzas que
le transmitió, en absoluta secrecía, una niñera durante varios años. Le habló
de cierto tipo de personas, de ciertos idiomas extraños, de poderes ocultos, de
conocimientos antiguos, y le enseñó algunos rituales, de los que, por supuesto,
la chica no debía hablar con sus padres ni, de hecho, con nadie más. La chica,
además, habla de bosques secretos a los que se accede por senderos ocultos, de
algunos parajes extraños y de lo que ahí presenció. El manuscrito de la chica
también relata sus recuerdos de algunos cuentos que le contaba su niñera. Se
trata de un cuaderno personal, no destinado a la lectura de otras personas, así
que no es extraño que se trate de un texto algo caótico, el cual pretende decir
sin decir, conservar la experiencia sin revelar los datos precisos. Es,
obviamente, un texto en clave, alucinatorio y muy atmosférico.
En el epílogo, que es el
diálogo entre Cotgrave y Ambrose que se produce cuando el primero va a la casa
del estudioso para devolverle el cuaderno de la joven, Cotgrave confiesa no
haber entendido del todo algunos fragmentos del cuaderno, ni tampoco la
relación entre el contenido del cuaderno y la conversación anterior entre Ambrose
y él. Y eso es más o menos lo que nos sucede a los lectores del cuento, el cual
es exitoso precisamente porque nos muestra que en el texto de la chica hay un
significado que se nos escapa, a pesar de que entendemos la mayor parte de lo
dicho y lo sugerido. No hay que olvidar que Arthur Machen, aunque era
cristiano, tenía conocimientos esotéricos y formó parte de la Orden Hermética
de la Aurora Dorada (Hermetic Order of the Golden Dawn). Se trata de un cuento
fascinante que nos obliga a releerlo, el cual no sólo ha influido de manera
general en la literatura de terror de los siglos XX y XXI, sino que hay
novelas, cuentos y películas inspirados en él. Muy recomendable.
Leí este cuento en la famosa
y creo que ya clásica Antología de cuentos de terror, seleccionada y
traducida por Rafael Llopis, publicada originalmente por Taurus Ediciones, de
Madrid, en 1963, y que ha venido reimprimiéndose en libros de bolsillo por
Alianza Editorial, tanto en España como en México, primero en una edición en
tres tomos (está en el tercero), y recientemente en dos tomos (está en el
segundo), pero por supuesto se encuentra en otras ediciones y antologías.
La novela del polvo blanco
Otro de los cuentos ambiguos
y misteriosos de Machen. Este cuento lo leí en la antología Felices
pesadillas de la editorial Valdemar, de la colección El Club Diógenes,
aunque ahí mismo se apunta que procede del libro El gran dios Pan y otros
relatos de terror sobrenatural, de Arthur Machen, de la misma editorial. La
traducción es de Juan Antonio Molina Foix.
La narradora es la señorita
Helen Leicester, quien vive con su hermano en la casona que fuera de su padre,
el fallecido Wyn Leicester. Su hermano es Francis, un joven que estudia
Derecho, encerrado en su recámara durante muchas horas por día. Helen le pide
que se tome las cosas con calma o enfermará, pero Francis dice que se siente
bien, hasta que ya no se siente tan bien y tiene que consultar al Dr. Haberden,
el cual le receta un medicamento, y le dice a Helen que Francis sólo está
fatigado.
Recordemos que la historia
transcurre a fines del siglo XIX, las recetas de los médicos eran preparadas
por los farmacéuticos en sus farmacias. Francis manda preparar su medicina con
el farmacéutico Sayce, que ya es un hombre mayor. Le entregan un frasco con un
polvo blanco; Francis debe disolver una cucharada del polvo en un vaso de agua
y tomarlo una vez al día. Y así empieza su tratamiento. A los pocos días,
Francis se encuentra mucho mejor, tanto que le dice a Helen que en unas semanas
más deberían de tomar unas vacaciones juntos en París, pero que antes intentará
conocer todo lo que no ha conocido de Londres. Así, por primera vez, deja de
lado sus estudios y empieza a salir. Helen primero está muy contenta por su
hermano, pero pronto empieza a preocuparse; se da cuenta de que cada vez
Francis llega más tarde a la casa. Luego de unas semanas así, en las que
Francis ya ni menciona el viaje a París, el joven dice, sorpresivamente, que ha
decidido retomar sus estudios, y se encierra en su recámara. Primero, por lo
menos bajaba a comer con su hermana, pero después pide que le lleven la comida
a su recámara y se la dejen en la puerta, pues no quiere que lo molesten.
Y aquí empieza la parte
aterradora del relato, de la que ya no les puedo hablar, pero que nos muestra,
a pesar de la elegancia de la prosa de Machen, por qué fascinó a los escritores
norteamericanos pulp de los años 30, que lo seguían e incluso imitaban
en las revistas que originaron el género de weird tales, o cuentos de lo
extraño. Un relato interesantísimo y misterioso que deja espacio para diversas
interpretaciones. Es uno de los cuentos imprescindibles de Arthur Machen.
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El pueblo blanco. Arthur
Machen. Antología de cuentos de terror, seleccionada y traducida por
Rafael Llopis, Alianza Editorial.
La novela del polvo blanco.
Arthur Machen. Felices pesadillas y El gran dios Pan y otros relatos
de terror sobrenatural. Traducción de Juan Antonio Molina Foix. Editorial
Valdemar, colecciones Gótica y El Club Diógenes.
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