sábado, 8 de agosto de 2015

Así en la paz como en la guerra, de Guillermo Cabrera Infante





Así en la paz como en la guerra
de Guillermo Cabrera Infante

Jesús Guerra

Catorce cuentos y quince viñetas intercaladas componen este libro, así, cada cuento está precedido por una viñeta, más una viñeta final que cierra el volumen. Las viñetas son relatos muy breves que muestran situaciones terribles relacionadas con la lucha revolucionaria cubana, con la represión, y, como apunta el autor en el prefacio, «las viñetas anteceden y contradicen los cuentos, en la medida que la Revolución calibraba y barría la realidad que aparece en los cuentos». Es interesante leer el libro en el orden propuesto por el autor, pero es igualmente interesante leer los cuentos en el orden en que se nos antoje, y leer luego todas las viñetas juntas que formarían así una suerte de álbum de recortes que nos muestran la otra realidad cubana durante la década de los 50.

En el prefacio de la primera edición del libro, de 1960 (que reproduce la edición mexicana de la Editorial Diana, de 1988), Cabrera Infante nos informa que con excepción del cuento «Las puertas se abren a las tres», que es de 1949, todos los demás fueron escritos entre 1950 y 1958. Y la mayor parte de las viñetas las escribió en 1958, a partir de noticias reales y asesinatos, entre otros, de personas que él conocía. Y apunta, «Nadie quiso imprimir las viñetas cuando fueron escritas. Se publicaron un año más tarde en Carteles, ya en la Liberación. Después fueron reproducidas en Lunes de Revolución, ocasión en que añadí tres viñetas más —una de ellas narraba la muerte violenta de otro amigo, Enrique Hart—. Hay otras dos viñetas que fueron escritas para este libro». 

El prefacio termina así: «De los cuentos, prefiero a todos a "El gran ecbó". Después me gustan "Josefina, atiende a los señores" y "Abril es el mes más cruel". Las viñetas me gustan todas por igual. Con la misma fuerza detesto a "La mosca en el vaso de leche"».




Ahora bien, hay que recordar que Cabrera Infante se fue muy pronto de la Cuba revolucionaria. A principios de los años 60 vivió en España y poco después estableció su residencia definitiva en Londres, y nunca regresó a Cuba, de la que estuvo nostálgico el resto de su vida. En 1994, la editorial Alfaguara publicó una nueva edición del libro, y ésta tiene un nuevo texto introductorio de Cabrera Infante. Una parte del texto es muy similar a la del prefacio original, pero contiene también otros datos. Este prólogo del 94 inicia así: «Este libro había sido vetado por mí antes. Me molestaba que una parte, las viñetas, enjuiciara a todo el libro cuando se publicó por primera vez en Cuba en 1960. Era un libro sartreano. Es decir, realista socialista. Pero un día descubrí que era la posición no la oposición de las viñetas la que resultaba onerosa. Si se las omitía en la lectura quedaba el libro limpio: quedan sólo los cuentos solos con su torcida o recta manera de ver la vida entonces. Casi diría que trataba únicamente de modos no de modelos de vida en La Habana de ayer, hoy desaparecida. Son ecos entre las ruinas».

Y de las viñetas dice lo siguiente: «Las viñetas, por supuesto, no me interesan más. Pero hay que decir en su favor que dieron lugar a Vista del amanecer en el trópico». Y más adelante: «Mi asombro último viene de que las viñetas, aquí y allá todas trágicas, hayan sido leídas por algunos lectores como bocetos cómicos. Obviamente, la comedia es infinita». Y termina: «La veda de este libro queda levantada ahora».

De los 14 cuentos, sólo cuatro fueron incluidos en la enorme antología de su obra Infantería (compilación, selección de textos e introducción de Nivia Montenegro y Enrico Mario Santí; FCE, 1999). Los cuentos son: «Josefina, atiende a los señores», «Un nido de gorriones en un toldo», «En el gran ecbó» y «Ostras interrogadas», además de tres viñetas, la primera, la séptima y la décima. Y sólo uno («Josefina...») se encuentra en la antología de cuentos personal de GCI, Todo está hecho con espejos. Cuentos casi completos (Alfaguara, 1999).




A pesar de que 10 de los 14 cuentos (o 13 de los 14, dependiendo de la selección que utilicemos como referencia) no se encuentran entre sus mejores cuentos, Así en la paz como en la guerra es un libro importante y, sobre todo, interesante y disfrutable. Además, el libro tiene una importancia histórico-literaria, por llamarla de alguna manera, en primer lugar porque se trata de su primer libro de cuentos, y estas obras las escribió entre los 20 y los 29 años de edad. En segundo, porque estos cuentos los escribió en Cuba y la primera edición del libro se publicó en Cuba, y de alguna manera este libro fue, en su país, algo así como un best-seller en su momento.

1. Un rato de tenmeallá (1950)
El cuento narra unas horas de un día particularmente malo de una familia que vive en la miseria, les avisan que si no pagan la renta al día siguiente los van a desalojar de la habitación en la que viven. En pocas páginas tenemos un panorama de las relaciones entre el padre, la madre y sus dos hijas, una adolescente y una niña. Lo que sucede es terrible, pero lo que hace que el cuento sea más interesante aún, como ocurre siempre con la literatura de Cabrera Infante, es el lenguaje. El texto, de unas 11 páginas (dependiendo de la edición que se tenga) está contado o platicado, si se quiere, por la niña pequeña, en una suerte de fenesí, como hablan los niños, todo de corrido; y para lograr este efecto, el texto está escrito sin puntuación alguna y sin acentos: así, una niña cuenta, con toda inocencia, cosas que los lectores sabemos son terribles.

El autor escribe en el prólogo de este libro que este cuento «surgió del ambiente de miseria, promiscuidad y olvido en que vivía el autor con su familia de cinco [...]. Si el personaje es una niña de seis años, es sólo para poder llegar a la espantable realidad por la distancia más larga: el balbuceo, la confusa visión, la comprensión borrosa».

2. Las puertas abren a las tres (1949)
Dice GCI: «El título está tomado de un aviso colgado en la taquilla de un cine, [...] y el cuento no es otra cosa que un poema escrito por un adolescente enamorado de nadie, solo». La verdad es que es un cuento muy bello en el que un adolescente nos cuenta sus intentos de acercamiento a una chica que le gusta, y cómo ella lo evade. Pero me parece que el cuento tiene varias lecturas posibles, desde la realidad alucinatoria o fantasiosa, si se prefiere, de un joven enamorado, hasta una interpretación fantástica.




3. Balada de plomo y yerro (1951)
Escribe Cabrera Infante de este cuento: «describe el mundo del gansterismo criollo como las películas del oeste describen la vida de la frontera y la planicie: por medio de la peripecia brutal. El cuento ganó al autor un premio especial: fue detenido, encarcelado y multado por la policía y los tribunales de Batista, cuando se publicó en octubre de 1952. Razón [...] atentaba contra las buenas costumbres, aunque el juez que me condenó era un inmoral notorio y los policías que me detuvieron hablaban un lenguaje capaz de hacer enrojecer al carretonero habitual».

Ya desde el título, que incluye un juego de palabras, el cuento mezcla la preocupación por el habla cubana y una situación criminal. El cuento incluye algunas de las llamadas «malas palabras», y ahora nos resulta increíble que a Cabrera Infante lo hayan detenido por haber escrito el texto así.

4. Resaca (1951)
Cuenta la huida en espantosa circunstancias de dos trabajadores azucareros, García y Cheo, quienes, cumpliendo las órdenes del secretario de la Federación Nacional de Trabajadores Azucareros, quien quería incendiar todos los campos de caña de azúcar como represalia por no recibir el aumento demandado, prendieron fuego a los campos en que laboraban y recibieron varios disparos pues el ejército ya estaba enterado de los planes. Hay varios diálogos de los personajes sobre lo que esperan que suceda luego de que triunfe la revolución, que son enternecedores, porque esperan en realidad el paraíso ya que su visión no es política del todo, sino mesiánica. Dice GCI en el prólogo acerca de este relato: «El cuento no ha sido corregido nunca. Es por eso que sus toques de presciencia —la revolución hecha por los guajiros, un héroe de la Sierra Maestra, la quema de cañaverales y esa línea, "Cuando llegue la revolución, tú y yo... seremos los que gobiernen"— son el orgullo del autor». Y es que el inicio oficial de la revolución cubana se marca en 1953 y el cuento fue escrito en 1951.

5. Josefina, atiende a los señores (1952)
El autor dice en el prólogo que este cuento «se ocupa de la degradación moral y física de los prostíbulos», y es que el texto es el monólogo de la dueña de un prostíbulo en el que le habla a uno de los clientes y, tratando de quedar bien, se hace pasar como una muy buena persona, quizá porque ella misma lo cree, pero con cada cosa que dice nos va dando un retrato terrible de la situación así como de su propio egoísmo y ceguera ante la realidad. Debido precisamente a que este texto está contado por un personaje, podemos ver una de las preocupaciones centrales de Cabrera Infante, el lenguaje de los cubanos y en particular de los Habaneros en los años 50. Es un cuento breve, espléndido. En el prólogo de la edición de 1994 GCI añade que «la correosa anfitriona de un burdel impone su distancia con errores de gramática parda. Pero lo que me divirtió al escribirlo es que había entonces un anuncio en vallas y carteles que proponía a toda La Habana la Ortopedia Díaz como ideal para miembros tullidos —y añadía: 'Josefina atiende a las señoras'».

6. Un nido de gorriones en un toldo (1955)
El autor apunta en el prólogo que este cuento «parece autobiografía, pero no lo es». Y que «es literalmente, un ejercicio en imaginación realista» y por tanto no se explica «por qué el cuento resulta tan irreal». El personaje central se llama Silvestre (un nombre que Cabrera Infante utiliza varias veces en el libro en cuentos diferentes, y esos personajes así llamados podrían ser el mismo personaje o no), y él y su mujer se dan cuenta que unos gorriones están construyendo su nido en el toldo del balcón de la casa vecina, en la que vive una pareja de norteamericanos de edad avanzada. Y ese toldo casi no lo abren. Silvestre y su mujer deciden entonces que es necesario avisarles a los vecinos acerca del nido de gorriones, para que no vayan a abrir el toldo un día de ésos y destruyan el nido. Después de la oficina, Silvestre llega a la casa de los americanos y no los encuentra, pero está una chica a la que nunca había visto, que dice ser la nieta de los duelos de la casa. Una chica guapa con una personalidad realmente extraña. La escena que se da entre ella y Silvestre es en efecto casi surrealista.




7. Mar, mar, enemigo (1954)
De este texto, el autor nos dice al inicio del libro, que «es un experimento fallido. Si está en la colección es porque hay dos o tres imágenes, dos o tres diálogos que me gustan a pesar del tiempo. Otro personaje-eje lejano es pariente próximo de los pistoleros de "Balada". ¿Añadiría algo decir que es una parodia encontrada de El viejo y el mar?» El cuento es un vistazo a una historia de amor entre personajes aparentemente opuestos, que se queda en suspenso, y luego la larga espera por una reunión improbable. Esta "parodia encontrada" de la célebre novela de Hemingway trata de lo mismo, desde una perspectiva completamente diferente: una terca tarea inútil. La espera de la mujer a que aparezca en el mar alguna señal del regreso de su amado.

8. La mosca en el vaso de leche (1953)
Este cuento muestra la pobreza y la soledad de una mujer que vive casi esclavizada por sus hermanos, así como por una sociedad indiferente, y sobre todo el momento de crisis de esta mujer que está literalmente a punto de explotar. Es un muy buen texto acerca de unas circunstancias y momento espantosos. El autor apunta que el cuento «está basado en un recuerdo: una muchacha de la calle Amargura, que envejecía [...] pegada a la máquina de coser. El autor creyó descubrir en ella una frustración sexual [...]». Al final del prólogo, Cabrera Infante escribió: «Las viñetas me gustan todas por igual. Con la misma fuerza detesto a "La mosca en el vaso de leche"». Aunque por supuesto, no queda del todo claro si lo que detesta es el texto mismo o lo que significa.

9. En el gran ecbó (1958)
Cabrera Infante señala que éste «es el cuento de mayores ambiciones literarias del libro y a mi juicio casi todas están logradas. Hay varios temas —la pérdida de la virginidad, el adulterio, la discriminación racial— que pertenecen a todas las clases sociales cubanas». Pero en el prólogo de la edición de 1994 contradice esta idea. Dice: «"En el gran ecbó" es el cuento de mayores ambiciones literarias de la colección. No deben de estar todas logradas pues he escrito este cuento por lo menos tres veces con distintos resultados». Es un texto complejo y muy bien escrito. Una pareja está comiendo en un restaurante de La Habana y llueve. Ellos esperan que deje de llover para poder ir a una ceremonia religiosa popular en un pueblo cercano. Mientras esperan y luego durante el trayecto, la pareja conversa y nos dejan ver sus problemas. La culminación se da en la ceremonia santera, cuando una desconocida se acerca a la mujer y, como una vidente, le da un consejo. De alguna manera el autor se las arregló para que el cuento parezca una escena, aunque caribeña, de una película de la Nueva Ola francesa, que estaba de moda en esa época.




10. Cuando se estudia gramática (1958)
El autor confiesa en el prólogo que este cuento es una broma privada. Y en efecto, el texto parece una travesura. Silvestre, otra vez, es uno de los personajes. Mariella es la otra. Ella tiene 15 años. Ambos estudian gramática en la casa de la chica. Esa tarde en particular, no están en la casa ni la sirvienta ni la madre de Mariella. Los chicos están solos. Y sin embargo, la escena que se produce entre ambos, además de estudiar y merendar, es casi tan irreal como la del cuento «Un nido de gorriones en un toldo».

11. Jazz (1958)
Este cuento es también «una broma dada a un amigo», dice el autor. Es un texto breve en el que dos hombres jóvenes, quizá de alrededor de 18 años (uno de ellos es el narrador, y para variar se llama Silvestre), tratan de impresionarse el uno al otro con lo que saben, sobre todo de jazz, la música del momento. Y con otros elementos, como la mariguana. Es una escena de un momento muy específico del crecimiento de la gente con aspiraciones de conocimiento cultural, que retrata muy bien no sólo a sus personajes sino a su tiempo.

12. Abril es el mes más cruel (1958)
Este cuento, dice Cabrera Infante, «descubre algunas ideas del autor sobre el suicidio». Pero dice también algo de particular interés, que tanto este cuento como «Jazz» y «Cuando se estudia gramática» fueron «escritos en la madrugada del 5 de julio de 1958. Nadie podrá explicar por qué son cuentos tan disímiles». El cuento relata un momento, uno particularmente importante, en el viaje de bodas de una pareja en la costa. Tiene también, o a mí me lo parece, una cercanía con el cine europeo de esa época.




13. Ostras interrogadas (1957)
GCI escribió que «es un cuento casi folklórico: el personaje central existe, la muchacha ha sido vista alguna vez por el autor en "El Carmelo" de Calzada, el final pertenece a las regocijadas leyendas de la alta burguesía nacional. Mucha gente ha encontrado a "Ostras" divertido, el autor lo encuentra repugnante», y aquí sí está claro que lo que no le gustaba a Cabrera Infante era lo que retrata el texto y no el cuento en sí. Y lo que retrata, de manera fugaz pero precisa, es una relación entre un hombre de más de 60 años y una jovencita, algunas pocas de las repercusiones de la misma, y por supuesto la justificación que da el hombre a dicha situación.

14. El día que terminó mi niñez (1956)
Este cuento, nos dice el prólogo «fue hecho de encargo: en Carteles [que era la revista en la que Cabrera Infante escribía sus famosas reseñas de cine y de la que llegó a ser jefe de redacción] hacía falta un cuento de Día de Reyes. Aquí aparecen muchos elementos que el autor pensaba utilizar en un viejo proyecto, "Allá en el patio": una serie de cuentos que ilustraran los recuerdos de los días de infancia en la tierra natal». Es otro de los cuentos sobre las etapas del crecimiento de este libro, en este caso del paso de la infancia a la adolescencia, y también de la caída de ciertas fantasías, de la pérdida de ciertas inocencias, del traspaso de ciertas fronteras.

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Así en la paz como en la guerra. Guillermo Cabrera Infante. (Edición original, 1960.) Editorial Diana, México, 1988. 184 págs. Alfaguara, 1994. 208 págs.

Edición francesa


2 comentarios:

  1. La primera edición del libro impreso en Cuba, a principios de los 60's, era uno de mis libros mas preciado y leído múltiples veces, por desgracia en una mudada lo perdí y aunque después lo busque en muchas de las librerías de segunda mano de La Habana nunca pude obtener otra copia.

    Aunque después GCI adquirió fama internacional por sus magnificas novelas, creo que en este breve libro de cuentos esta el germen de lo mejor de su estilo.

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    1. Gracias por comentar. Completamente de acuerdo. Un saludo.

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