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lunes, 14 de febrero de 2022

El último Dickens, de Matthew Pearl

 



El último Dickens
de Matthew Pearl
 
Jesús Guerra
 
Hace ya unos años publiqué en este blog mi reseña de la primera novela de Matthew Pearl, El club Dante, la cual se convirtió en un bestseller y con ello su autor se hizo famoso (te puede interesar leer esa reseña, porque ahí apunto algunos datos que no repetiré aquí). El Club Dante se publicó, tanto en inglés como en español, en 2003, y El último Dickens, la novela que les comento a continuación, en 2009. Ninguna de las dos es precisamente una novedad editorial, pero son tan buenas que siguen a la venta, tanto en versión impresa como en digital.
 
Entre estas dos novelas publicó La sombra de Poe, en 2007, y después de su novela de 2009 publicó Los tecnólogos, en 2012 (que hasta donde sé fue su última obra traducida al español), The Last Bookaneer (2015), The Dante Chamber (2018, que es una especie de continuación de El club Dante, pero ahora ubicada en Londres, pues la primera se desarrolla en Boston), y The Taking of Jemima Boone: Colonial Settlers, Tribal Nations, and the Kidnap That Shaped America (2021, que es el primer libro suyo que no es de ficción). Por los puros títulos se puede deducir el género al que pertenecen sus novelas: el misterio literario histórico.
 
Edición original
en inglés


Charles Dickens acababa de enviar a sus editores la sexta entrega, de doce, de su novela El misterio de Edwin Drood (en el siglo XIX las novelas se publicaban «por entregas», en revistas, en periódicos o en cuadernillos) cuando murió sorpresivamente, el 9 de junio de 1870, a los 58 años. Para sus editores ingleses esto significó (además de la pérdida de su autor más famoso y querido) que publicarían una novela inconclusa, pero sabían que se vendería bien por ser lo último que escribió Dickens. Pero para sus editores norteamericanos el asunto era muy distinto. 
 
Resulta que los Estados Unidos en esa época aún no había firmado los convenios internacionales que serían después las leyes de los derechos de autor, así que los editores de Dickens en EE. UU., Fields & Osgood, de Boston, recibían los textos de sus autores, los publicaban (y su ganancia se debía a que eran los primeros en publicarlos en ese país), pero sus competidores tranquilamente podían luego, copiando los textos de los volúmenes de Fields & Osgood, hacer ediciones baratas, que técnicamente eran ediciones piratas, pero que en Estados Unidos no eran ilegales aún.
 
Edición italiana


Los editores de la competencia, de Nueva York, les pagaban buen dinero a los ladrones especializados en manuscritos literarios, llamados por los editores bookaneers (que suena, en inglés, a bucanero, pero escrita en la primera parte con la palabra libro, book), pues de esta manera podían sacar sus ediciones antes que las oficiales y ganar más.
 
Poco después de que los socios de Fields & Osgood se enteraron de la muerte de Dickens, enviaron al puerto al joven que se encargaba de recoger los manuscritos que les llegaban de Inglaterra, Daniel Sand, para recoger la sexta, y ahora última entrega de El misterio de Edwin Drood, pero unas horas después supieron que el muchacho murió en circunstancias misteriosas en el puerto, y que el manuscrito que debió recoger no se encontraba por ninguna parte. De inmediato pidieron a Londres, por telégrafo, una nueva copia de la sexta entrega de la novela, pues sabían que cualquiera de sus competidores que consiguiera esa entrega robada en Boston les haría perder mucho dinero. Para empeorar las cosas, Osgood & Fields se encontraba casi al borde de la quiebra y su única esperanza de salvar la editorial era, precisamente, la venta de la novela de Dickens.
 
Otra edición 
en inglés


Entonces, James R. Osgood (el Osgood de Fields & Osgood) decidió, junto con su socio, que tendría que ir a Inglaterra, a la casa de Dickens, y a donde fuera necesario, para investigar cuanto pudiera acerca de la última novela de Dickens. Cuál era el origen de la idea de la novela, cuál era el final planeado para el libro, cualquier cosa que les ayudara a darle un plus a su edición norteamericana de la novela inacabada del gran maestro. Oswood se llevó, para que lo ayudara en sus investigaciones en Inglaterra, a su asistente, Rebecca Sand —la hermana del joven que murió en el puerto en Boston—, en una época en que había muy pocas mujeres trabajando en oficinas en Boston, y mucho menos acompañando a su jefe en un viaje transatlántico...
 
Las novelas de Matthew Pearl son de ese tipo de libros en los que se aprenden muchas cosas, pues, aunque la parte central es ficción, están basados en una minuciosa investigación, y una buena parte de los personajes de sus novelas son personajes históricos reales. El último Dickens es una combinación de novela de aventuras y de thriller policiaco, muy bien equilibrada y dosificada, en la que se mezclan, de maneras muy extrañas, pero perfectamente realistas e históricas, la literatura, el teatro, las ediciones de libros, la piratería editorial, el tráfico de opio, la mafia de la época, el bajo mundo londinense, las celebridades, la locura y las subastas... entre otras cosas.
 
Edición de bolsillo


Además, una parte de la novela se desarrolla tres años antes, en 1867, en Boston, en lo que fue la última gira de lecturas de Charles Dickens en los Estados Unidos (en el área de Boston y Nueva York), que no sólo brinda claves para la solución del misterio central, sino que también sirve para mostrarnos un fragmento de la vida de Dickens, un autor tan leído y admirado que en nuestra época sólo podríamos compararlo con un actor famoso o una estrella de la música pop.
 
El misterio de Edwin Drood es quizá la novela inconclusa más famosa de la historia de la literatura. Se han publicado —sobre todo, por supuesto, en el ámbito de la lengua inglesa—, adaptaciones cinematográficas, radiales, televisivas y teatrales, algunas de las cuales aportan “su final”, y se han publicado tanto ensayos y teorías, como continuaciones de la novela para darle una conclusión. Pero del final que tenía pensado Charles Dickens para su novela no se sabe nada. La solución de El último Dickens es inteligente e ingeniosa, y la novela es brillante, por momentos fascinante, sumamente interesante, entretenida y emocionante.
 
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El último Dickens. Matthew Pearl. Traducción de Manu Berástegui. Alfaguara (1a. ed. en México: agosto de 2009). 500 págs. 
 
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Te puede interesar:
 
* Reseña de El club Dante, de Matthew Pearl

 
 

sábado, 2 de mayo de 2020

La sociedad literaria Ojos de Liebre, de Pasi Ilmari Jääskeläinen





La sociedad literaria Ojos de Liebre
de Pasi Ilmari Jääskeläinen

Jesús Guerra
 
Edición finlandesa
Pasi Ilmari Jääskeläinen es un autor y maestro de literatura finlandés, nacido en 1966, que ha ganado un buen número de premios de ciencia-ficción y de literatura fantástica en su país con sus narraciones. Jääskeläinen y otros autores de Finlandia han creado lo que denominan reaalifantasia, una mezcla de realidad y fantasía, o, lo que es lo mismo, la versión nórdica del realismo mágico. Su primera novela fue publicada en 2006 (su título original, que a la mayoría de nosotros no nos dice nada es: Lumikko ja yhdeksän muuta), fue traducida al inglés como The Rabbit Back Literature Society, y al español, en 2014, como La sociedad literaria Ojos de Liebre, con una espléndida edición de Duomo Ediciones, de Barcelona, pero impresa en Italia, en su colección Nefelibata, y con una portada preciosa. En la primera solapa vienen impresas algunas líneas extraídas de críticas que ya dejaban ver que la novela prometía: «Maravillosamente bien escrita» (Sci-Fi London), «Una magnífica e ingeniosa historia donde se combina fábula y fantasía» (Sunday Telegraph), «Intrigante y con un inquietante tránsito de lo divertido al más terrorífico suspense» (The Bookbag), y la que quizá sea la mejor descripción: «Asombrosa. Una novela donde Twin Peaks se une a los hermanos Grimm» (The Telegraph).

La historia se desarrolla en un pequeño y helado pueblo de Finlandia, rodeado de bosques. El personaje central es una joven profesora sustituta de literatura, llamada Ella Amanda Milana. Un día se da cuenta de que el ejemplar de la biblioteca de la escuela de una novela de Dostoievski tiene algunos elementos argumentales cambiados. Se pregunta si se tratará de una broma del impresor y va con la directora de la biblioteca —quien además es una escritora conocida—, llamada Ingrid Gato, y le explica la situación, ésta le dice que tampoco sabe a qué se debe, pero que ya ha encontrado otros títulos así, le da las gracias y aparta el libro para dejarlo fuera de circulación.

Edición estadounidense
En ese pueblo vive una escritora de libros para niños, Laura Nieves, autora de cuentos y novelas de una serie famosa en todo el mundo llamada Criaturlandia, la cual está basada en los personajes y monstruos del folklor finlandés. Tres décadas atrás, Laura Nieves, siempre en contacto con los maestros de la escuela del pueblo, invitó a lo largo de un año a nueve niños a formar parte de una especie de club que ella fundó y llamó la Sociedad Literaria Ojos de Liebre. Su idea era enseñar a escribir a esos niños, cuyo talento ya había detectado, para que llegaran a ser escritores profesionales de primer nivel. La idea es que fueran 10 sus alumnos, pero después del noveno ya no invitó a nadie más. Pasaron 30 años y sus nueve alumnos se convirtieron, en efecto, en escritores de éxito. Durante todos esos años, la escuela siguió enviándole a Laura Nieves las redacciones de los alumnos para que ella estuviera al tanto de posibles nuevos talentos. Hasta que llegó la sorpresa. Laura Nieves invitó a Ella Milana a ser el décimo miembro de la sociedad literaria porque le gustó un cuento que la profesora publicó en un periódico local.

Ella Milana se entera por algunos de los miembros de Ojos de Liebre, pues casi todos viven en el pueblo a pesar de ser famosos, que desde niños todos practicaban una actividad llamada simplemente El Juego, cuyas estrictas reglas creó Laura Nieves, actividad de la que tienen prohibido hablar con personas que no pertenezcan a la sociedad literaria. Ella trabaja amistad con algunos de los escritores de Ojos de Liebre y se da cuenta que la sociedad literaria está envuelta en misterios extraños, entre ellos, que ya hubo, hace décadas, un décimo miembro de Ojos de Liebre al que nadie menciona jamás; así, Ella decide jugar El Juego para investigar.
 
Edición italiana
Al terminar de leer esta novela quedé, en efecto, asombrado, y al releer las citas de las críticas en la solapa del libro les di la razón a todas. Es una novela muy bien escrita, con una mezcla espléndida de realismo y fantasía, o de lo natural y lo sobrenatural, es ingeniosa, misteriosa, interesantísima y, francamente, deliciosa. No sólo se trata del misterio, hay también, en el fondo, una reflexión acerca de la creatividad, de la memoria, del olvido y de la culpa.

Esta novela ha ido ganando adeptos en todo el mundo a medida que ha sido traducida a diversas lenguas, pero España e Hispanoamérica son, por supuesto, la excepción, no sólo este libro es, ahora, difícil de conseguir, sino que no hay nada más traducido de este autor. Se puede buscar en Internet, pero quizá para quienes lean en inglés será más sencillo conseguir las ediciones estadounidenses, en papel o en versión digital.

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La Sociedad Literaria Ojos de Liebre. Pasi Ilmari Jääskeläinen. Traducción de Tomás González Ahola y Tuula Ahola Rissanen. Duomo Ediciones, colección Nefelibata (Barcelona, 2014). 360 págs.





miércoles, 15 de abril de 2020

Chicos prodigiosos, de Michael Chabon





Chicos prodigiosos
de Michael Chabon

Jesús Guerra

Este año se cumplen 25 de la aparición, en inglés, de la segunda novela del escritor estadounidense Michael Chabon (nacido en 1963): Chicos prodigiosos (cuyo título original es Wonder Boys). En español se publicó dos años después, en 1997, en Anagrama, con traducción de Mauricio Bach. Le fue bien con la crítica y sólo estuvo nominada a un premio, el International Dublin Literary Award. Su gran éxito de crítica y ganadora del premio Pulitzer para ficción fue su siguiente novela, Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay, publicada en el año 2000, y en español, en Mondadori, en 2002 (espero pronto comentarla aquí, también). Sin embargo, Chicos prodigiosos a mí me gusta mucho, quizá porque sus personajes son escritores, aspirantes a escritores, editores y profesores de literatura, es decir, lectores.
 
Edición en inglés
En el 2000, además, se estrenó la versión cinematográfica de Chicos prodigiosos (que en inglés lleva el mismo título del libro, pero en México tiene el ridículo nombre de Un loco fin de semana), una cinta infravalorada que a pesar de que tuvo buenas críticas no funcionó en la taquilla norteamericana (y supongo que tampoco en la mexicana) debido a una mala campaña de publicidad, y aunque tuvo varias nominaciones para los Óscares en 2001, sólo ganó el de Mejor Canción, para Bob Dylan. El estupendo guion lo escribió de Steve Kloves, la magnífica dirección fue de Curtis Hanson (1945-2016), y las deliciosas interpretaciones estuvieron a cargo de Michael Douglas, Tobey Maguire, Frances McDormand, Robert Downey Jr., Katie Holmes y Rip Torn. A pesar de los inevitables cambios en la adaptación, la cinta es formidable.
 
Edición francesa
El personaje central y narrador de la historia es Grady Tripp, un novelista y profesor de escritura creativa de cuarenta y tantos años, exjoven prodigio, autor de un par de novelas de cierto éxito, que lleva siete años sin poder terminar lo que él considera su gran obra... aunque tiene sus dudas. Simplemente no la puede terminar y ya lleva más de dos mil páginas escritas. La novela que escribe se llama, precisamente, Wonder boys (aquí hay que explicar que en inglés esta expresión significa lo que dice el título en español, Chicos prodigiosos, es decir, jóvenes brillantes, muy prometedores, que destacan desde temprana edad, pero también puede tener el sentido que Tripp, jugando con las palabras, le da en su propia novela, que sería simplemente «Los chicos Wonder», pues trata de unos hermanos que se apellidan así).
 
Edición en inglés
publicada para el
estreno del filme
La novela transcurre en un fin de semana; empieza el viernes en la tarde al final de una clase de Grady, en la cual los compañeros de James Leer le hacen pedazos el cuento que presentó al taller. Esa noche hay una fiesta en la casa del director del departamento de Literatura y de su esposa, Sara, pues al día siguiente empieza el Word Fest, es decir, un festival con conferencias de escritores y otros eventos que pretenden reunir a los escritores locales con editores nacionales, etc., y la historia termina el domingo en la noche. Para el evento está invitado Terry Crabtree, amigo y editor de Grady, y asistirá como estudiante y asistente de los organizadores Hannah Green, una alumna de Grady que vive en su casa pues le renta el sótano. Pero esa noche llega también James Leer, que no estaba invitado, y termina invitándolo Grady a pasar a la reunión. Se trata de un fin de semana explosivo porque todos los personajes centrales están en crisis.

Grady está en crisis porque lleva siete años trabajando en una obra que no puede ni sabe cómo terminar, y porque esa misma mañana su mujer —su tercera esposa— lo abandonó, y esa tarde se entera que su amante, Sara Gaskell, la esposa de su jefe, está embarazada y el hijo es suyo, y porque en realidad no sabe qué hacer con su vida pues siente que está envejeciendo y, por supuesto, se niega a aceptarlo. Crabtree está en crisis porque lleva varios años sin publicar ninguna obra de éxito, está a punto de que lo corran, y siente la presión de conseguir un buen libro pronto, y el libro que Grady lleva años prometiéndole simplemente no está terminado... y quizá porque también se niega a madurar. Sara está en crisis porque no sabe qué hacer con su embarazo ni con su matrimonio ni con su amante. Hanna está en crisis —muy controlada— porque está enamorada de Grady... Y James está en crisis porque es joven... y es brillante, y tampoco tiene idea qué hacer con su vida. Así que todos juntos, en una especie de juerga permanente, producen una historia divertidísima y caótica pero también íntima, inteligente, llena de descubrimientos personales y, por supuesto, de referencias literarias y cinematográficas. Chicos prodigiosos es una novela que se lee con un enorme placer. 

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Chicos prodigiosos. Michael Chabon. Traducción de Mauricio Bach. Anagrama, colección Panorama de Narrativas (1ª. ed., 1997, Barcelona). 335 págs.


viernes, 3 de abril de 2020

Vidas escritas, de Javier Marías





Vidas escritas
de Javier Marías

Jesús Guerra

El libro que hoy comento es ligero, entretenido, fresco, se deja leer rapidísimo y es, realmente, delicioso. Se llama Vidas escritas y su autor es Javier Marías, considerado por muchos como el escritor español vivo más importante. No es precisamente una obra nueva. Se publicó originalmente en 1992, en Siruela, luego se hizo una edición corregida y ampliada en el año 2000, si no me equivoco en la editorial Alfaguara, y en marzo de 2007 se publicó en la editorial Debolsillo, en formato ídem, en España, y en México en septiembre de 2008. Se consigue con facilidad en las más importantes librerías en línea, tanto impreso como en edición digital.


El libro original está compuesto por 20 pequeñas notas biográficas de escritores, de las cuales 17 son de hombres y sólo tres de mujeres. Quizá para equilibrar las cosas, en la edición ampliada el autor agregó una sección, llamada «Mujeres fugitivas», con seis notas biográficas de igual número de mujeres de letras. 

Las notas biográficas de la primera sección, llamada como el libro, «Vidas escritas», corresponden a: William Faulkner, Joseph Conrad, Isak Dinesen, James Joyce, Giuseppe Tomasi di Lampedusa, Henry James, Arthur Conan Doyle, Robert Louis Stevenson, Ivan Turgeniev, Thomas Mann, Vladimir Nabokov, Rainer Maria Rilke, Malcolm Lowry, Madame Du Deffand, Rudyard Kipling, Arthur Rimbaud, Djuna Barnes, Oscar Wilde, Yukio Mishima y Laurence Sterne.

Y las notas de las «Mujeres fugitivas» corresponden a: Lady Hester Stanhope, Vernon Lee, Adah Isaacs Menken, Violet Hunt, Julie de Lespinasse y Emily Brontë. Luego viene una sección llamada «Artistas perfectos», compuesta por 37 fotografías de la colección de fotos de escritores de Javier Marías, seguidas por un texto en el que las analiza de una manera muy aguda, comprensiva y con mucho sentido del humor.

El libro concluye con un epílogo llamado «Divertidos como viejos», en el que nos muestra el lado más humano, por momentos enternecedor, de las relaciones amistosas entre Turgeniev y Flaubert, ya grandes. Una buena parte de esa relación se dio sólo por correspondencia, pues Flaubert se la pasaba encerrado en su casa de Croisset, cerca de Rouen, mientras Turgeniev viajaba de un lado a otro de Europa. En un momento dado Turgeniev le avisa por carta a su amigo que le envió una lata de salmón y otra de caviar. En la respuesta Flaubert pregunta por su regalo: «[...] todavía no he recibido ni el caviar ni el salmón. ¿Por qué vía ha remitido usted las dos latas?» Javier Marías nos dice que finalmente todo llegó bien, y Flaubert escribió: «Ayer por la noche he recibido la lata. El salmón es magnífico, pero con el caviar he gritado de voluptuosidad. ¿Cuándo comeremos juntos estas delicias?... Sepa que el caviar me lo como casi sin pan, como si fuera mermelada.»

El título del epílogo proviene, ligeramente adecuado, de unas líneas de una carta de Turgeniev a Flaubert, en donde le dice: «[...] los dos somos viejos, mi buen amigo; eso es indiscutible [...] procuremos al menos divertirnos como viejos».

Cada una de estas notas biográficas que componen Vidas escritas es una verdadera delicia. Están llenas de las manías, obsesiones, supersticiones y excentricidades que caracterizan a los escritores, y a los artistas en general, y, en realidad, a cualquier persona si uno se dedica a buscarlas. La idea de este libro se le ocurrió al autor debido a algo que notó al componer otro de sus libros: una antología de cuentos «únicos», es decir, relatos que o bien fueron los únicos que publicaron los autores recopilados, o bien son los únicos de un cierto género en particular que se les conocen a los autores. El libro se llama, obviamente, Cuentos únicos.

En la introducción a Vidas escritas, Marías explica que los datos acerca de los autores recopilados eran tan escasos, fragmentarios y a veces extravagantes, que al leer todas las notas biográficas juntas, parecían uno más de los cuentos del libro. Y apunta: «Creo, y creí entonces, que ello se debió no sólo a los dispersos y llamativos datos con que contaba acerca de esos autores malogrados y oscuros, sino a la manera de tratarlos, y pensé que lo mismo podía hacerse con los escritores más vigentes y renombrados [...]. La idea era, en suma, tratar a esos literatos conocidos de todos como a personajes de ficción [...]».

Tanto la idea como su ejecución son estupendas y si quiere comprobarlo no tiene más que conseguir y leer este riquísimo volumen de Javier Marías.

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Vidas escritas. Javier Marías. Prólogo de Eliede Pittarello. DeBolsillo, colección Contemporánea. 336 págs.



lunes, 24 de junio de 2019

La sangre de los libros, de Santiago Posteguillo





La sangre de los libros
de Santiago Posteguillo

Jesús Guerra

Hace ya un buen tiempo comenté aquí un libro del escritor español Santiago Posteguillo titulado La noche en que Frankenstein leyó el Quijote, título que, por cierto, me parece estupendo. Ese libro está formado por diversos artículos relacionados con libros o autores importantes, en los que nos narra anécdotas ciertas, historias falsas que se han contado como ciertas, o detalles poco conocidos de lo que podríamos denominar la historia secreta de los libros. Es un libro muy ameno, fácil de leer, ligero e interesante, y la verdad se los vuelvo a recomendar. En esta ocasión quiero comentarles otro libro del mismo autor, con las mismas características del que les acabo de mencionar, llamado La sangre de los libros. Está compuesto por un pequeño prólogo, y 30 artículos breves, de entre cinco y ocho páginas cada uno, acerca de libros y de autores, pero no son ensayos acerca de las obras, sino historias acerca de cómo se escribieron, o de las circunstancias, a veces extrañas, a veces simpáticas, que rodean ciertas obras conocidas. Algunas incluso tienen ese aire sabroso de chisme literario.

El autor del libro, Santiago Posteguillo, es un escritor español nacido en Valencia en el año de 1967. Es profesor universitario de Lengua y Literatura Inglesas; estudió Escritura Creativa en Estados Unidos y Análisis del Discurso y Traducción en el Reino Unido. Es muy conocido por ser el autor de dos trilogías de novelas históricas que se desarrollan en la antigua Roma: la trilogía sobre Escipión El Africano, y la trilogía sobre Trajano, las cuales han tenido mucho éxito de crítica y público en España y en América Latina.

En el prólogo de la obra, Posteguillo apunta: «La sangre de los libros propone un viaje alternativo y diferente por la historia de la escritura. Detrás de grandes clásicos de la literatura universal, sea la Eneida, La vida es sueño, Jane Eyre o Drácula, por mencionar sólo algunos títulos que el lector va a visitar en este viaje en el tiempo, hay misterios y enigmas y, con frecuencia, sangre: la sangre de los escritores esparcida de forma silenciosa por entre las líneas de sus libros».

En el primer texto, titulado «El gran rescate. Cuando Europa del Sur rescató a Europa del Norte», nos narra primero un hecho ocurrido en Roma en el año 62 antes de cristo. Linio Archia, el antiguo maestro griego de retórica de Cicerón iba a ser juzgado pues algunos de sus enemigos querían desterrarlo de la ciudad aprovechando una nueva ley que permitía denunciar «altas erróneas en la ciudadanía romana». El maestro de Cicerón era, por supuesto, ciudadano romano, pero, según decían sus acusadores, no había en los archivos documentos que demostraran que el trámite se había llevado a cabo. El defensor era el propio Cicerón. Tomó la palabra y destrozó a sus oponentes. El tribunal falló a favor de la defensa. Sin embargo, el discurso de Cicerón, nos dice el autor, «como tantas otras obras maestras clásicas, se desvaneció en el olvido del tiempo tras la caída de Roma».

La segunda parte de esta historia se desarrolla más de un milenio después, en el monasterio de Lieja, en 1333. Llegaron al monasterio, a buscar al abad, un joven de 28 años llamado (ni más ni menos que) Francesco Petrarca y su asistente. Ya era tarde. Les dijeron que el abad los recibiría a la mañana siguiente. Les dieron de cenar y luego, mientras les preparaban la celda en donde pasarían la noche, Petrarca se puso a curiosear en la cocina y encontró un montón de rollos manuscritos en un rincón. Le peguntó al monje que los atendía qué era aquello y el hombre respondió que era leña. Que no se preocuparan, que no eran nada importante. Petrarca se puso a revisarlos, varios no eran, en efecto, nada importante, pero de repente se sorprendió: tenía en sus manos un discurso de Cicerón. Precisamente, el discurso que salvó al maestro de Cicerón de ser desterrado. El autor apunta: «El italiano inició uno de los mayores rescates de la historia del mundo: salvar del fuego, de los basureros y de la aniquilación decenas de textos clásicos que se desdeñaban por paganos. A Petrarca lo siguieron Coluccio Salutati, Niccoló Niccoli y Poggio Bracciolini. Entre ellos recuperaron a Cicerón, Virgilio, Lucrecio, Quintiliano, Tito Livio y tantos otros: discursos, poemas, oratoria; historia y literatura salvadas del fuego».




En un formato similar, el autor narra y comenta muchas otras historias de la literatura. En el texto llamado «De una mosca y un mosquito a una obra maestra de la literatura universal» nos cuenta dos historias relacionadas con la figura de uno de los grandes poetas de la antigüedad: Virgilio. «Las tres condenas a muerte» trata de Séneca y su problemática relación con el poder de Roma. En «La biblioteca de Drácula» —artículo de título engañoso, justificable en parte porque el nombre es muy bueno— nos cuenta de las importantes correcciones finales al libro por parte de Bram Stoker, a partir de una nota de pie de página. Este artículo en particular me parece discutible, pues otros libros que he leído sobre este tema dicen que Stoker tenía un conocimiento mucho mayor del personaje histórico en el que se basó para crear a su vampiro de lo que sugiere el autor. Aun así, por supuesto, este relato que nos brinda Santiago Posteguillo me parece de mucho interés para cualquier lector, y más para los admiradores de la obra de Bram Stoker.

En el artículo llamado «Los versos perdidos», el autor nos cuenta del tiempo en que estuvieron perdidos —en realidad ocultos— los últimos 13 cantos de la Divina Comedia, de Dante. «El proyecto secreto y una tumba perdida» nos cuenta la triste historia de Johaness Gutenberg. Para colmo, ni siquiera sabemos ahora en dónde está la tumba de este hombre que murió pobre y desconocido, luego de haberle dado a la humanidad el invento más importante del segundo milenio. En «Una noche de pendencia» se nos narra un episodio en la vida no muy reposada de Pedro Calderón de la Barca, y algo similar nos cuenta en «El arresto», que trata de la impresionante vida de Félix Lope de Vega y Carpio, quien no sólo escribió muchísimo, sino que tuvo una experiencia vital rica en amores, hijos y problemas. ¿A qué hora escribía Lope de Vega, teniendo una vida como la que tenía?

«Un calambur» es uno de los textos más divertidos del libro. Nos narra una de esas anécdotas que no se puede saber si son ciertas o no, pero que por su osadía es más probable que sea falsa, aunque no por ello menos disfrutable, y su estrella es don Francisco de Quevedo. En «Los poetas del Heavy Metal» Posteguillo cuenta las circunstancias —o probables circunstancias— en que nacieron dos poemas importantes del romanticismo europeo, uno del romanticismo inglés, y otro del español. El primero es «La balada de viejo marinero», de Samuel Coleridge, y el segundo, la «Canción del pirata», de José de Espronceda. Y luego nos narra un momento de un concierto del grupo de rock inglés Iron Maiden interpretando «La balada del viejo marinero», y después la «escena» en que el grupo de rock español Tierra Santa grabó su «Canción del pirata». Luego apunta: «Está claro que las bandas de heavy metal, que buscan con frecuencia temas misteriosos o épicos, cuando no ambos a la vez, han sabido ver que la poesía romántica de todas las tradiciones literarias les ofrece exactamente eso que anhelan, y, con audacia, se han lanzado a poner música a esa gran literatura sin atender a limitaciones ni a complejos. El resultado es sorprendente.»

En el artículo titulado «Del poder de Ramsés II al ingenio de Woody Allen» el autor hace una reflexión sobre el paso del tiempo y su efecto en el ser humano, sin importar lo importante y poderoso que alguien pueda ser en un momento dado. Esto se encuentra relacionado con el faraón Ramsés II, con un poema de Percy Shelley, y con un diálogo de una película de Woody Allen. Y señala: «Historia, cine y literatura caminan de la mano mucho más de lo que a veces imaginamos».

Posteguillo nos cuenta también historias sobre Víctor Hugo, sobre las extrañas circunstancias de la muerte de Edgar Allan Poe, sobre Charlotte Brontë y su secreto, sobre los duelos de Pushkin, sobre las extrañas coincidencias relacionadas con la muerte de Gustavo Adolfo Bécquer, sobre las coincidencias entre realidad y ficción en la vida de Robert Louis Stevenson, sobre la agorafobia de Emily Dickinson, y sobre las terribles circunstancias en las que D.H. Lawrence escribió su libro Hijos y amantes, y la conmoción que causó, entre muchas otras historias de la literatura.

Ojalá que les interese este libro, que me parece sumamente ameno, tanto que se deja leer con facilidad y rapidez. Además, esta obra trata de uno de los temas preferidos de los amantes de los libros, la literatura y la lectura.

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La sangre de los libros. Santiago Posteguillo. Planeta (2014). 222 págs. 

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La noche en que Frankenstein leyó el Quijote




jueves, 9 de febrero de 2017

La noche en que Frankenstein leyó El Quijote, de Santiago Posteguillo




La noche en que Frankenstein leyó El Quijote
La vida secreta de los libros
de Santiago Posteguillo

Jesús Guerra

Santiago Posteguillo es un escritor español nacido en el año de 1967 en la ciudad de Valencia. Es profesor universitario de la Universidad de Valencia, en donde imparte Lengua y Literatura Inglesas, y es muy conocido por ser el autor de dos trilogías de novelas históricas que se desarrollan en la antigua Roma. La trilogía sobre Escipión El Africano (Africanus: el hijo del cónsul [Ediciones B, 2006], Las legiones malditas [Ediciones B, 2008] y La traición de Roma [Ediciones B, 2009]), y la trilogía sobre Trajano (Los asesinos del emperador [Planeta, 2011], Circo Máximo [Planeta, 2013] y La legión perdida [Planeta, 2016]). Tiene también dos libros publicados considerados en alguna parte como de «ensayos» sobre temas literarios: La noche en que Frankenstein leyó El Quijote (Planeta, 2012; la edición mexicana es de 2014), y La sangre de los libros (Planeta, 2014). No creo que los textos de estos dos libros, o por lo menos los del libro que ahora comentamos, sean ensayos sino más bien artículos, textos ligeros, pero eso sí, con mucha información sobre libros y autores.

Mary Shelley
Reconozco que no he leído las novelas históricas de este autor, pero sé que han vendido muchos ejemplares y han sido muy leídos, así que si les interesa la novela histórica, y si les interesa la Roma de la antigüedad, pues aquí tiene el nombre de este escritor para que puedan iniciar una nueva aventura lectora. El que leí y que ahora recomiendo, La noche en que Frankenstein leyó El Quijote —cuyo título, ya de entrada, me parece estupendo—, está lleno de curiosidades de la historia de la literatura y me ha parecido muy interesante y ameno. El volumen, que se deja leer con gran rapidez, está compuesto por un prólogo y 24 artículos. El texto que le da título al libro, por ejemplo, trata de un episodio muy conocido de la literatura del siglo XIX, pero lo toca desde un ángulo diferente. Se trata del período que pasaron el poeta inglés Percy Shelley y su esposa Mary en una mansión suiza frente a un lago, en compañía del poeta Lord Byron y otros amigos. Es conocido el hecho de que durante una temporada de tormentas, en que los veraneantes no podían salir a disfrutar de paseos por las montañas y tuvieron que quedarse encerrados en la mansión, Lord Byron propuso, como entretenimiento, un concurso: que cada uno de los presentes escribiera un relato de terror y ganaría el mejor y más terrorífico. Aparentemente la inspiración no llegó a ninguno de los dos grandes poetas, pero se sabe que ese concurso produjo dos textos de terror muy conocidos, que han sido muy influyentes: el cuento «El vampiro», escrito por Polidori (John William Polidori), el médico y amigo de Lord Byron, y la novela Frankenstein o el moderno Prometeo, de Mary Shelley. Incluso hay por lo menos dos películas que tratan este momento.

Cervantes
El artículo de Santiago Posteguillo ni siquiera menciona a Polidori, pero menciona que se sabe, a partir de los diarios de Mary Shelley, que en esas noches, su marido, Percy Shelley, leía en voz alta, para entretenimiento de todos después de la cena, mientras bebían algún licor sentados frente a la chimenea, fragmentos de obras clásicas de la literatura, y por lo que se ve, el poeta era un espléndido lector. Así, durante varias noches lo que Percy Shelley leyó para todos fue la traducción al inglés de El Quijote. Luego menciona el autor varios puntos que muestran la influencia que la novela de Cervantes tuvo en la novela de Mary Shelley.


En el artículo «¿Escribió Shakespeare las obras de Shakespeare?», Santiago Posteguillo nos cuenta una de las teorías (porque hay varias) acerca de quién pudo ser realmente el autor de las importantísimas obras teatrales que el mundo conoce como escritas por William Shakespeare. Una de las teorías más «factibles» o, por lo menos, más interesantes, es que las obras de Shakespeare en realidad fueron escritas por Christopher Marlowe, otro gran autor teatral. La historia dice que una noche Marlowe fue asesinado en una pelea de bar (esto lo recordarán quienes hayan visto la película Shakespeare apasionado, que en inglés se llama Shakespeare in love, de 1998, la cual se ganó varios Óscares, incluido el de Mejor Película). Pero esta teoría que nos narra Posteguillo dice que en realidad sólo se aparentó la muerte de Marlowe, quien en realidad estaría al servicio de la reina en calidad de espía en Europa y que, por lo tanto, las obras teatrales que escribía y enviaba a su editor se le tuvieron que atribuir a otro autor, para lo cual se contrató a Shakespeare, para que él asumiera la autoría de dichas obras. Hay mucho material sobre este tema, pero poco en nuestro idioma. Para quien no conocía esta teoría, este artículo funciona como una breve pero sugestiva introducción.

Marlowe
El primer artículo lleva por título «¿Quién inventó el orden alfabético?» Ese orden alfabético que nos sirve para infinidad de cosas en nuestra vida diaria (así están ordenados los contactos en nuestras agendas, y así están dispuestos los libros en las librerías, y los nombres de las personas en el directorio, y de los artículos y servicios en las páginas amarillas, y las palabras en los diccionarios y los conceptos en las enciclopedias y un larguísimo etcétera). Quizá nunca nos lo habíamos preguntado, o quizá sí, pero pensábamos que era uno de esos datos que son imposibles de saber. Pues este dato sí se sabe. No les voy a decir aquí quién fue, pero sí les puedo adelantar que está relacionado con la famosa biblioteca de Alejandría.

Joyce
En «Los vikingos y la literatura», nos comenta la fundación de la que hoy es la ciudad de Dublín, y la consolidación de la ciudad. El autor se pregunta si se deberá al clima o a la mezcla de etnias (vikingos, celtas y normandos, entre otros), lo que ha hecho que, aunque mucha gente no lo sepa, esta ciudad sea una de las que más escritores importantes le ha dado a la historia de la literatura. Y es cierto, de Dublín fueron Jonathan Swift, Oscar Wilde, George Bernard Shaw, Samuel Beckett, James Joyce, Bram Stoker y William Butler Yeats, entre otros. Esta lista es impresionante, y más si tenemos en cuenta que entre ellos hay tres premios Nobel. El artículo contiene una cita espléndida de una escritora de Dublín, que dice: «En otras ciudades, la gente inteligente sale y hace dinero. En Dublín, la gente inteligente se queda en casa y escribe libros».

En otro de los artículos, el autor nos comenta la creación del tristemente célebre Índice de Libros Prohibidos del Vaticano, oficializado en el año de 1559, y nos dice quién se supone que fue el autor del libro El Lazarillo de Tormes, que apareció y sigue apareciendo como anónimo.

Sir Walter Scott
En otro de los textos, Posteguillo nos comenta las terribles circunstancias en las que Cervantes, estando en prisión, comenzó a escribir Don Quijote de la Mancha. Otro de los artículos trata sobre las novelas históricas de Sir Walter Scott, género que de alguna manera él creó, y que comenzó publicando con seudónimo pues ya era famoso y respetado como poeta, y las novelas, en esa época, eran mal vistas. Sin embargo, se volvieron tan populares que tuvo que reconocer su autoría. En este artículo hay diversas curiosidades literarias, algunas verdaderamente sorprendentes.

Jane Austen
Otro de los textos trata de Alejandro Dumas y de sus colaboradores, es decir, escritores que lo ayudaban con la creación de algunos de los argumentos de sus novelas, que luego Dumas reescribía, mejorándolos, pero que eran sus editores quienes no querían que aparecieran en los libros los nombres de los colaboradores. Apunta, eso sí, que Dumas era honesto y reconocía que tenía ayudantes, mismos que, por otra parte, cuando intentaron hacer carrera por su lado, no lo lograron pues, aunque eran buenos para crear argumentos, no lo eran para escribir. El texto continúa el tema hasta llegar a los actuales escritores fantasma, muy utilizados en los Estados Unidos. Tiene dos textos independientes sobre novelas rechazadas por los editores (de hecho, por varios editores diferentes), sobre los motivos —que ahora nos parecen ridículos— de los editores para rechazar esas obras, y de cómo alguien, finalmente, publicó esos libros que terminaron convirtiéndose en obras de enorme éxito: los dos son casos de mujeres escritoras. Uno es el de Jane Austen (autora de Orgullo y Prejuicio, entre muchas otras), y el otro es el de J. K. Rowling, autora de las novelas de Harry Potter.

Dickens
Otro de los textos trata sobre la adicción al juego de Dostoievski, y de cómo tuvo que escribir algunas de sus obras con enorme rapidez para poder pagar sus deudas. Y no sólo eso, de las circunstancias y motivos por los que tuvo que escribir dos novelas al mismo tiempo. En otro nos cuenta sobre las lecturas en voz alta que realizaba Charles Dickens, quien al parecer era un lector formidable y sus presentaciones eran muy exitosas, y para demostrarlo transcribe algunas de las frases que aparecían en las críticas periodísticas de la época. Uno de los periodistas apuntó: «Escuche a Dickens y muera: nunca oirá nada mejor en su vida». Esta actividad, que comenzó cuando le pidieron hacer unas lecturas para recabar fondos, terminó convirtiéndose en un negocio de Dickens. Otro de estos textos nos cuenta cómo y por qué Arthur Conan Doyle, el creador del detective más famoso de la literatura, un día decidió matar a su personaje, y cómo, por la presión de los lectores, y por tanto de sus editores, se vio en la necesidad de revivirlo.

Kafka
En otros, nos cuenta del «interés» que tenía la Gestapo en la obra de Kafka; la historia de la edición de El Principito y el terrible destino de su autor; de los problemas de derechos de autor que tuvo J.R.R. Tolkien, el autor de El hobbit y de El señor de los anillos en los Estados Unidos, por culpa, en parte, del presidente de ese país en ese entonces; de los vaivenes de la política soviética y cómo afectaron al escritor Aleksandr Solzhenityzyn; de una de las novelas perdidas, y recuperadas, de Julio Verne, y hasta de escritores asesinos.

Como podrán apreciar, los temas son muy variados, aunque todos están relacionados con la literatura, y la verdad es que todos son de enorme interés. El libro, como ya apunté, se deja leer muy rápido y es de verdad muy placentero.

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La noche en que Frankenstein leyó El Quijote. Santiago Posteguillo. Editorial Planeta. 230 págs.