miércoles, 22 de marzo de 2017

Pérdida, de Gudbergur Bergsson




Pérdida
de Gudbergur Bergsson

Jesús Guerra

Pérdida es la quinta novela publicada en español del escritor irlandés Gudbergur Bergsson; en español se publicó en 2012, en Islandia en 2010, cuando el autor, nacido en 1932, tenía 77 años de edad. Este dato lo apunto porque Pérdida es una novela sobre la vejez, y a esa edad, aunque por las fotografías que se pueden encontrar en Internet se ve que es un hombre fuerte, algo comenzaba a saber de ese tema. La novela nos narra los últimos días de un anciano, viudo, que vive solo, a quien sus hijos, ocupados en sus propias vidas, casi no visitan. El hombre nos cuenta, en primera persona (aunque el libro tiene párrafos en tercera persona; ¿se trata de dos narradores o el anciano, por momentos, se ve desde fuera de sí mismo?), su ritual matinal diario: levantarse a poner a hervir el agua para el café o el té. La deja hirviendo mientras regresa a la cama a descansar un poco, a veces a dormitar. Y mientras tanto el hombre, que se pone tapones en los oídos para evitar ser molestado por el escaso ruido externo, escucha o cree escuchar el ruido de la tetera que comienza a calentar el agua. Porque ya se levantó a poner a calentar el agua, ¿o no?

El hombre, en ese estado de embotamiento («Nunca duermo. Tampoco estoy despierto.»), recuerda su vida, su infancia, sus padres, el pueblo, los días en que trabajaba en un almacén, su relación con su mujer, sobre todo la etapa final, en la que la decadencia física y mental de su mujer era una pesada carga para él, y sus hijos no se aparecían por la casa, los días en que él se veía reflejado en ella y preveía su propio final. Sus relaciones con algunas amantes, sus lejanas relaciones con los vecinos y con sus compañeros de trabajo. Sus noches. Sus mañanas. «Ya no siente hambre. Sólo está vacío por culpa del malestar de nada en particular. Todo se confunde en la debilidad, la somnolencia y el silencio. Pese a la falta de fuerzas no desea morir. Lo domina un indefinible deseo de vivir que es más costumbre que auténticas ganas de vivir».


Edición en islándés


Se trata de una novela muy europea, con una trama sencilla, medio indefinible, escrita en general con frases cortas y claras, a veces un tanto extrañas en español porque el original está en islandés (lo mismo pasa, muchas veces, con novelas traducidas del alemán, y no se trata sólo, si acaso, de un asunto de falta de pericia de los traductores, es la naturaleza misma del idioma, que al pasarlo al nuestro queda como acartonado), y sin embargo hay una distanciada melancolía, una tristeza controlada pero muy presente, completamente alejada de la cursilería. El estilo de Pérdida nos recuerda, por una parte, como ya apunté, la novelística alemana, pero por otra a novelistas franceses como Marguerite Duras y Patrick Modiano, hay una circularidad en el discurso, una repetición de ciertos detalles, incluso un andarse por las ramas, aunque el lenguaje es directo, para irse acercando al centro de la historia, poco a poco, hasta llegar a un desenlace duro e impactante. El discurso —algo denso, por momentos, pero la obra es tan breve que la terminamos antes de que pueda cansarnos— discurre entre la realidad y el deseo, entre la objetividad y el delirio, entre la confusión y la decepción.

El libro, a pesar de su brevedad, está lleno de frases contundentes, duras, verdaderas. Contengan sus impulsos de subrayar, porque terminarán subrayándolo casi todo. «Los habitantes más antiguos del barrio habían llegado ya a la edad en que nadie se acordaba realmente de su existencia». «Con la edad se comprenden muchas cosas de la vida que hasta entonces eran incomprensibles, si la memoria anda bien, aunque lo más frecuente es que ande tan mal que uno se va a la tumba tan ignorante como al nacer». «Cada vez lo entiendo mejor cuando me cuentan que un matrimonio de ancianos se han matado mutuamente en la residencia de la tercera edad». «La vejez es extraña, se dice a sí mismo. Ojalá no envejeciera nunca». «La vejez es la peor y más poderosa mierda de la vida». Pérdida es un libro terrible y necesario que nos obliga a reflexionar.


Edición en francés


Gudbergur Bergsson (en realidad su nombre, en islandés, se escribe Guðbergur Bergsson, con esa letra extraña, ð, llamada eth, que suena parecido a la d del español, y más parecido aún a la th suave inglesa, en palabras como them) es un escritor islandés nacido en octubre de 1932 (así que ahora mismo tiene 84 años de edad). Estudió para profesor y en 1956 fue a Barcelona a estudiar Lengua Española, Literatura e Historia del Arte. En 1961 publicó su primer libro. Ha escrito más de 20 novelas, y también cuentos para niños y poesía. Así mismo, es un conocido traductor del español al islandés. Es el traductor nada menos que del Quijote, y ha traducido también a García Márquez, a Jorge Luis Borges y a García Lorca, entre otros autores. Ha recibido en dos ocasiones el Premio de Literatura de Islandia, y recibió también el Premio Nórdico de la Academia Sueca. En español, Tusquets Editores ha publicado, además de Pérdida (2012), El cisne (1997), Amor duro (1999), La magia de la niñez (2004), y Las maestras paralíticas (2008).

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Pérdida. Gudbergur Bergsson. Traducción de Enrique Bernárdez Sanchís. Tusquets Editores, Barcelona, 2012. 144 págs.


sábado, 25 de febrero de 2017

Recomendaciones de la Librería del Fondo Carlos Monsiváis


Recomendaciones de la Librería
del Fondo Carlos Monsiváis




Intentos de sacarle algo a la vida
El diario de Henrik Groen, de 83 años y cuarto

Hendrik Groen puede ser viejo, pero no está muerto aún, y sabe que no debe perder el tiempo este año. Ciertamente, sus paseos diarios son cada vez más cortos, sus piernas empiezan a protestar. Últimamente frecuenta mucho a su médico de cabecera. Sí, Hendrik está hecho una piltrafa. Es un anciano, técnicamente hablando. Pero ¿quién dice que sólo puede vivir su vida escondido en una casa de retiro, tomando café y esperando a que llegue la muerte?

Bienvenido al fenómeno Hendrik Groen. Un bestseller internacional en más de veinte países. Una novela conmovedora, una montaña rusa de esperanzas y decepciones en la que Hendrik Groen relata sus pequeños experimentos de felicidad en una residencia de la tercera edad.

¿Por qué amarás el diario de Hendrik Groen? Porque leer cura los achaques. Porque el humor geriátrico existe. Porque la lucidez no está reñida con la vejez. Porque el médico no siempre tiene la razón. Porque en este diario nada es mentira, pero no todo es verdad. Porque es toda una lección de entereza. Porque cuando seamos mayores dominaremos el mundo.

La crítica ha dicho...

«Hay muchas risas en este libro, pero es mucho más que una comedia. Es una historia sobre cómo la amistad, el altruismo y la dignidad residen en el corazón de la experiencia humana. Cuando sea un anciano, quiero ser Hendrik Groen.»
-John Boyne, autor de El niño con el pijama de rayas

«Una poderosa combinación entre El abuelo que saltó por la ventana y se largó y Alguien voló sobre el nido del cuco. ¡Maravilloso!»
-Librería Bruna

«Enternecedora y divertida. Versa sobre todos los aspectos de la vida. Todo el mundo debería leerla.»
-Librería Stevens

«Con mucha ironía y sarcasmo Groen relata cómo es la vida en un asilo. Un diario lleno de encanto y humor.» -Leeuwarder Courant

«Lloré, lloré de tanto reír. Y luego estuve durante tres días sonriendo.»
-Ouderenjournaal

«Divertido, trágico y a veces desgarrador.»
-Het Parool

«Hendrik Groen es un héroe entrañable.»
-Trouw

«Una historia con mucho corazón que me atrapó con su humor autocrítico, sus personajes bien trazados y sus grandes temas. Hará reflexionar mucho a los que quieran envejecer con dignidad.»
-Graeme Simsion, autor de El proyecto esposa

«Soprende por su naturalidad y entereza, por el optimismo y el sentido del humor con el que habla de su realidad cotidiana.»
-El Correo

Roca Editorial
Traducción de Marta Arguilé Bernal
352 págs.

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Cómo leer literatura
Terry Eagleton

Leemos sin prestar atención, pendientes de mil cosas. A menudo nos quedamos tan solo con el argumento y dejamos de lado la forma, el modo como se explica ese argumento, que es lo que —sostiene Eagleton— confiere a un texto su carácter literario, su naturaleza de creación retórica. Víctimas de esa lectura superficial, ¿cómo aprender a distinguir el grano de la paja, cómo saber si un texto es bueno, malo o solo intrascendente?

He aquí un manual de interpretación literaria en el que Eagleton enseña que la clave está en conocer las herramientas básicas de la crítica literaria, en fijarse en el tono, el ritmo, la textura, la sintaxis, las alusiones, la ambigüedad y otros aspectos formales que analiza en diversas obras clásicas. A partir de un amplio espectro de autores —desde Shakespeare hasta Jane Austen y desde Beckett hasta J.K. Rowling—, examina la narratividad, la imaginación creativa, el significado de la ficcionalidad y la tensión entre lo que la obra dice y lo que muestra. En suma, ilustra, con frecuencia de manera hilarante, sobre las líneas básicas del oficio de crítico literario y contradice letra a letra el mito de que el análisis es enemigo del placer de la lectura.

Terry Eagleton (Salford, Reino Unido, 22 de febrero de 1943) es profesor de Literatura inglesa en la Lancaster University, de Teoría cultural en la National University of Ireland y profesor visitante en la University of Notre Dame. Se doctoró en el Trinity College de Cambridge, fue profesor en el Jesus College, en la Manchester University y en diferentes centros académicos de Oxford. Discípulo de Raymond Williams, Eagleton ha unido los estudios culturales con la teoría literaria, el marxismo y el psicoanálisis. Ha publicado alrededor de cuarenta libros, entre los que destacan Ideología (1997), La idea de cultura (2001), El portero (2004); La estética como ideología (2006), Terror santo (2008), El sentido de la vida (2008), Sobre el mal (2010), Razón, fe y revolución (2012), y El acontecimiento de la literatura (2013).

Ariel
248 págs.

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Filosofía del olfato
Chantal Jaquet

El ser humano sueña con un sexto sentido, pero a juzgar por el olvido en que se tiene la capacidad olfativa diríamos que no posee más que cuatro. De esta anosmia cultural, se hace eco la filosofía. La nariz es tierra ignota para la filosofía; quizá por la inmediatez y evanescencia que caracteriza al olfato carece de la espesura ontológica de una cosa y de la consistencia epistemológica de una idea. Remite al mundo fugitivo de las apariencias sobre el cual no se puede construir un pensamiento duradero.

Chantal Jaquet propone que el mundo del olor puede ser un objeto filosófico por sí mismo. Esto supone rescatarlo del mundo de la superficialidad, de la cosmetología, y superar los obstáculos epistemológicos que se han planteado siempre en torno a la nariz.

El autor es profesora de Filosofía en la Sorbona, donde dirige un seminario de investigación sobre Spinoza. Responsable de Philosorbonne, la revista de la Escuela Doctoral de Filosofía en la misma universidad, dirige también una colección de la prestigiosa editorial Garnier. Autora de 16 libros, que en su mayoría tienen como objeto de estudio o fuente de inspiración la filosofía de Spinoza, filósofo del cual Jaquet es una de las especialistas más reconocidas en el mundo académico.

Paidós
480 págs.

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martes, 21 de febrero de 2017

Aquello estaba deseando ocurrir, de Leonardo Padura




Aquello estaba deseando ocurrir
de Leonardo Padura

Jesús Guerra

Recientemente recomendé aquí la novela Oona y Salinger, del francés Frédéric Beigbeder, quien evidentemente es un gran admirador de J.D. Salinger, como muchos otros escritores, entre ellos el cubano Leonardo Padura, pero Padura admira tanto a Salinger que incluso su personaje Mario Conde, el detective habanero, gran lector y eterno aspirante a escritor, es también gran admirador del narrador estadounidense, y comenta sus libros y presta ejemplares de sus libros a otros personajes. El libro de cuentos de Padura que hoy les recomiendo, que tiene el estupendo título Aquello estaba deseando ocurrir, tiene también una conexión con el escritor estadounidense, pues el título proviene del epígrafe del primer relato del libro, firmado por Marco Aurelio, pero una nota al epígrafe nos informa que esta frase está escrita detrás de la puerta de Seymour y Buddy Glass, en el libro Franny y Zooey, de J.D. Salinger.

Aquello estaba deseando ocurrir está compuesto de 13 cuentos, de diferentes épocas. El más antiguo es de 1985, y el más reciente es de 2009, es decir que se trata de relatos compuestos a lo largo de casi un cuarto de siglo; el volumen funciona muy bien tanto para quienes no han leído nunca a este autor como para sus seguidores ya que nos permite apreciar los diferentes registros de su escritura. Los cuentos no están ordenados de manera cronológica, lo que implica una propuesta de lectura específica por parte del autor o del editor, propuesta que como lectores tenemos el derecho de subvertir, si así lo queremos, leyéndolos en el orden que se nos antoje. Los títulos de los cuentos y su año de escritura son los siguientes: «La puerta de Alcalá» (1991), «Nueve noches con Violeta del Río» (2001), «Adelaida y el poeta» (1988), «Sonatina para Rafaela» (1988), «Según pasan los años» (1985), «Los límites del amor» (1987), «La muerte feliz de Alborada Almanza» (2009), «El destino: Milano-Venezia (vía Verona)» (1996), «La pared» (1989), «Mirando al sol» (1995), «La muerte pendular de Raymundo Manzanero» (1993), «Nochebuena con nieve» (1999) y «El cazador» (1990).

El personaje principal y narrador de «La puerta de Alcalá», Mauricio, es un periodista cubano que ha sido castigado y enviado a la guerra de Angola, en donde ya ha cumplido casi dos años. En la capital, Luanda, en una librería de libros usados en idiomas diversos, Mauricio compró hace tiempo, sin saber muy bien por qué, un libro sobre el pintor español Velázquez. El libro perteneció a una mujer, pues lo firmó: María Fernanda. Y la antigua dueña subrayó diversos párrafos a lo largo del volumen que se vuelven significativos para Mauricio. El libro contiene también reproducciones de los cuadros del pintor. Hay dos, en particular que le gustan a Mauricio, dos que no son de los más conocidos, llamados La tarde y El mediodía. Un día, en un periódico, leyó una pequeña nota que decía que del 30 de enero próximo al 30 de marzo estaría en exhibición, en el Museo del Prado de Madrid, una exposición que reuniría toda la obra de Diego Velázquez, y como en enero cumpliría sus dos años de servicio y tendría que regresar, le pidió a su jefe en Angola, Alcides, que le consiguiera regresar a su país pasando por Madrid, para poder ver la exposición. Alcides le dice que lo va a intentar, pero que no se quede en España porque eso les daría la razón a los funcionarios que lo castigaron, y de paso porque lo metería en problemas a él. En Madrid, como pasa con frecuencia, no sucede lo que Mauricio esperaba, pero suceden otras cosas, como su reencuentro, por pura casualidad, con uno de sus grandes amigos de la juventud, quien un día se fue, en secreto, a los Estados Unidos. Un cruce de caminos, una capital europea, una tarde, una plaza, un reencuentro breve de dos amigos que han estado fuera de su país... La historia es relativamente sencilla, pero tiene un impacto emocional muy fuerte. Como diría el Conde: es un relato escuálido y conmovedor.

«Nueve noches con Violeta del Río» es la historia de un muchacho de provincia que llega a estudiar a La Habana a mediados de los años 60, una Habana en la que aún quedan algunos elementos prerrevolucionarios, como los centros nocturnos de la avenida que los habaneros llaman La Rampa, avenida que tiene fascinado al joven. En el cabaret La Gruta canta todas las noches Violeta del Río. El joven ve primero la fotografía de la cantante, afuera del cabaret, y le encanta. Al cumplir los 18 años pide a su familia que le regalen dinero, y al regresar a La Habana va a La Gruta a escuchar, y a ver por primera vez en persona, a Violeta del Río. Describe a la perfección las sensaciones de la fascinación que le produce la cantante. El joven va al centro nocturno con tanta frecuencia como su tiempo y su bolsillo se lo permiten, hasta que decide que, teniendo en cuenta su timidez y suponiendo que jamás será capaz de acercarse a la cantante de sus sueños, es mejor alejarse de ahí, lo cual logra cumplir durante algunas semanas, hasta que una noche son sus amigos los que proponen ir a escuchar a la cantante. Esa noche cree ver un reconocimiento de la cantante hacia él, y luego que sus amigos se van, se atreve a acercarse a la barra en donde Violeta se toma su ron, su único ron de la noche. En efecto, ella lo reconoce, y lo invita a acompañarla... Este encuentro tendrá repercusiones en este joven para toda la vida, joven que se convertirá en un nostálgico hombre maduro. El cuento es estupendo y terrible, y uno de mis preferidos de esta colección. Vale la pena apuntar que Violeta del Río —lo ha dicho el autor en alguna entrevista— es un personaje inventado por Padura a partir de varias cantantes de boleros de los años 50, el cual aparece, con el mismo nombre y con características fascinantes similares, en este relato y en la espléndida novela La neblina del ayer, aunque el destino de la mujer es completamente diferente en la novela y en el cuento.


Edición francesa


En «El destino: Milano-Venezia (vía Verona)», Miguel Fonseca, un periodista cubano que está de viaje en Italia está a punto de cumplir uno de sus deseos, conocer Venecia, pero en el camino se le atraviesa una guapa italiana que podría, tal vez, cambiar el destino de Miguel. Encuentros afortunados, impulsos, esperanzas, desilusiones. El relato nos muestra, entre otras cosas, que un mismo evento puede significar cosas completamente diferentes para dos personas, en este caso una europea y un cubano, no sólo por circunstancias personales sino también nacionales.

En los relatos en los que el personaje central es cercano al autor, los personajes son periodistas que pueden, por diversos motivos, viajar por el mundo, pero también hay relatos con personajes completamente diferentes, por ejemplo, en «Mirando al sol», son adolescentes cubanos que viven en el límite de la barbarie (como muchos adolescentes de muchas otras partes del mundo), que viven la vida como llega, con mucho alcohol, pastillas, y relaciones efímeras. Algunos se quieren ir del país, por lo que han oído que hay afuera, o porque sus familias se quieren ir, otros se quieren quedar porque han escuchado que la competencia es muy fuerte y hay que trabajar duro, aunque haya de todo en el extranjero. Son ignorantes y salvajes. Y una noche, por hacer una estupidez, su vida cambia de manera radical, en más de un sentido.

Hay relatos kafkiano-caribeños, como «La muerte pendular de Raymundo Manzanero», escrito como una crónica periodística; y uno que no sé si es un relato erótico en tono de comedia triste, o una comedia dramática con elementos eróticos, aunque también podríamos decir que es una fantasía masculina convertida en relato, llamado «Nochebuena con nieve», de 1999, aunque los hechos narrados suceden la nochebuena de 1993. En el fondo está muy emparentado a «Nueve noches con Violeta del Río» y también con ciertos pasajes de las novelas policiacas del autor, en particular con ciertos elementos eróticos y nostálgicos de la biografía de Mario Conde. Triste y divertido y espléndido.

En «La pared», oficinista cubano está aburrido de su trabajo y por la ventana ve a un niño jugar a la pelota, lanzándola contra una pared y cachándola con un guante. Le recuerda su propia infancia, cuando él quería ser beisbolista. Baja y platica con el niño, que de grande quiere ser pelotero e ingeniero, para salir del país y ganar mucho dinero. Le da algunos consejos al niño y sube a su oficina de nuevo, pensando en todo lo que las políticas del país le hicieron, obligándolo a abandonar sus sueños y ser lo que ahora es. El libro tiene relatos, también, sobre una señora de provincia que participa en un taller literario porque está sola luego de la muerte de su hija; sobre una anciana moribunda que en sueños recupera los pequeños placeres perdidos con la llegada de la revolución; sobre una pianista que aparentemente es una artista y que sueña con serlo de verdad, pero que en realidad es una especie de obrera de la cultura en una sociedad cerrada en la que todo está determinado, hasta el número de piezas que debe interpretar a la hora del almuerzo, por la «norma para músicos de centros gastronómicos de categoría uno».

Algunas de las constantes de estos cuentos son la revisión de las circunstancias que hicieron que los personajes se encuentren en ese momento en el lugar y en la situación en las que se encuentran, todo lo que tuvo que suceder para que se diera ese momento; o, al revés, los instantes que hicieron que todo cambiara y el destino deseado no pudiera producirse. O los instantes en que el destino pudo haber cambiado, pero no lo hizo. Las circunstancias que rompieron los sueños de un personaje. Las relaciones de pareja, las rupturas, los equívocos, las nostalgias. Todo esto, que es universal, visto desde la perspectiva y las circunstancias particulares de los cubanos. Quizá el cruce de caminos sea la nostalgia. Aquello estaba deseando ocurrir es un muy buen libro, que contiene algunos relatos espléndidos. Sumamente recomendable.

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Aquello estaba deseando ocurrir. Leonado Padura. Tusquets Editores, Colección Andanzas. 1a ed. España, febrero de 2015; 1a ed. México, mayo de 2015. 260 págs.



jueves, 9 de febrero de 2017

La noche en que Frankenstein leyó El Quijote, de Santiago Posteguillo




La noche en que Frankenstein leyó El Quijote
La vida secreta de los libros
de Santiago Posteguillo

Jesús Guerra

Santiago Posteguillo es un escritor español nacido en el año de 1967 en la ciudad de Valencia. Es profesor universitario de la Universidad de Valencia, en donde imparte Lengua y Literatura Inglesas, y es muy conocido por ser el autor de dos trilogías de novelas históricas que se desarrollan en la antigua Roma. La trilogía sobre Escipión El Africano (Africanus: el hijo del cónsul [Ediciones B, 2006], Las legiones malditas [Ediciones B, 2008] y La traición de Roma [Ediciones B, 2009]), y la trilogía sobre Trajano (Los asesinos del emperador [Planeta, 2011], Circo Máximo [Planeta, 2013] y La legión perdida [Planeta, 2016]). Tiene también dos libros publicados considerados en alguna parte como de «ensayos» sobre temas literarios: La noche en que Frankenstein leyó El Quijote (Planeta, 2012; la edición mexicana es de 2014), y La sangre de los libros (Planeta, 2014). No creo que los textos de estos dos libros, o por lo menos los del libro que ahora comentamos, sean ensayos sino más bien artículos, textos ligeros, pero eso sí, con mucha información sobre libros y autores.

Mary Shelley
Reconozco que no he leído las novelas históricas de este autor, pero sé que han vendido muchos ejemplares y han sido muy leídos, así que si les interesa la novela histórica, y si les interesa la Roma de la antigüedad, pues aquí tiene el nombre de este escritor para que puedan iniciar una nueva aventura lectora. El que leí y que ahora recomiendo, La noche en que Frankenstein leyó El Quijote —cuyo título, ya de entrada, me parece estupendo—, está lleno de curiosidades de la historia de la literatura y me ha parecido muy interesante y ameno. El volumen, que se deja leer con gran rapidez, está compuesto por un prólogo y 24 artículos. El texto que le da título al libro, por ejemplo, trata de un episodio muy conocido de la literatura del siglo XIX, pero lo toca desde un ángulo diferente. Se trata del período que pasaron el poeta inglés Percy Shelley y su esposa Mary en una mansión suiza frente a un lago, en compañía del poeta Lord Byron y otros amigos. Es conocido el hecho de que durante una temporada de tormentas, en que los veraneantes no podían salir a disfrutar de paseos por las montañas y tuvieron que quedarse encerrados en la mansión, Lord Byron propuso, como entretenimiento, un concurso: que cada uno de los presentes escribiera un relato de terror y ganaría el mejor y más terrorífico. Aparentemente la inspiración no llegó a ninguno de los dos grandes poetas, pero se sabe que ese concurso produjo dos textos de terror muy conocidos, que han sido muy influyentes: el cuento «El vampiro», escrito por Polidori (John William Polidori), el médico y amigo de Lord Byron, y la novela Frankenstein o el moderno Prometeo, de Mary Shelley. Incluso hay por lo menos dos películas que tratan este momento.

Cervantes
El artículo de Santiago Posteguillo ni siquiera menciona a Polidori, pero menciona que se sabe, a partir de los diarios de Mary Shelley, que en esas noches, su marido, Percy Shelley, leía en voz alta, para entretenimiento de todos después de la cena, mientras bebían algún licor sentados frente a la chimenea, fragmentos de obras clásicas de la literatura, y por lo que se ve, el poeta era un espléndido lector. Así, durante varias noches lo que Percy Shelley leyó para todos fue la traducción al inglés de El Quijote. Luego menciona el autor varios puntos que muestran la influencia que la novela de Cervantes tuvo en la novela de Mary Shelley.


En el artículo «¿Escribió Shakespeare las obras de Shakespeare?», Santiago Posteguillo nos cuenta una de las teorías (porque hay varias) acerca de quién pudo ser realmente el autor de las importantísimas obras teatrales que el mundo conoce como escritas por William Shakespeare. Una de las teorías más «factibles» o, por lo menos, más interesantes, es que las obras de Shakespeare en realidad fueron escritas por Christopher Marlowe, otro gran autor teatral. La historia dice que una noche Marlowe fue asesinado en una pelea de bar (esto lo recordarán quienes hayan visto la película Shakespeare apasionado, que en inglés se llama Shakespeare in love, de 1998, la cual se ganó varios Óscares, incluido el de Mejor Película). Pero esta teoría que nos narra Posteguillo dice que en realidad sólo se aparentó la muerte de Marlowe, quien en realidad estaría al servicio de la reina en calidad de espía en Europa y que, por lo tanto, las obras teatrales que escribía y enviaba a su editor se le tuvieron que atribuir a otro autor, para lo cual se contrató a Shakespeare, para que él asumiera la autoría de dichas obras. Hay mucho material sobre este tema, pero poco en nuestro idioma. Para quien no conocía esta teoría, este artículo funciona como una breve pero sugestiva introducción.

Marlowe
El primer artículo lleva por título «¿Quién inventó el orden alfabético?» Ese orden alfabético que nos sirve para infinidad de cosas en nuestra vida diaria (así están ordenados los contactos en nuestras agendas, y así están dispuestos los libros en las librerías, y los nombres de las personas en el directorio, y de los artículos y servicios en las páginas amarillas, y las palabras en los diccionarios y los conceptos en las enciclopedias y un larguísimo etcétera). Quizá nunca nos lo habíamos preguntado, o quizá sí, pero pensábamos que era uno de esos datos que son imposibles de saber. Pues este dato sí se sabe. No les voy a decir aquí quién fue, pero sí les puedo adelantar que está relacionado con la famosa biblioteca de Alejandría.

Joyce
En «Los vikingos y la literatura», nos comenta la fundación de la que hoy es la ciudad de Dublín, y la consolidación de la ciudad. El autor se pregunta si se deberá al clima o a la mezcla de etnias (vikingos, celtas y normandos, entre otros), lo que ha hecho que, aunque mucha gente no lo sepa, esta ciudad sea una de las que más escritores importantes le ha dado a la historia de la literatura. Y es cierto, de Dublín fueron Jonathan Swift, Oscar Wilde, George Bernard Shaw, Samuel Beckett, James Joyce, Bram Stoker y William Butler Yeats, entre otros. Esta lista es impresionante, y más si tenemos en cuenta que entre ellos hay tres premios Nobel. El artículo contiene una cita espléndida de una escritora de Dublín, que dice: «En otras ciudades, la gente inteligente sale y hace dinero. En Dublín, la gente inteligente se queda en casa y escribe libros».

En otro de los artículos, el autor nos comenta la creación del tristemente célebre Índice de Libros Prohibidos del Vaticano, oficializado en el año de 1559, y nos dice quién se supone que fue el autor del libro El Lazarillo de Tormes, que apareció y sigue apareciendo como anónimo.

Sir Walter Scott
En otro de los textos, Posteguillo nos comenta las terribles circunstancias en las que Cervantes, estando en prisión, comenzó a escribir Don Quijote de la Mancha. Otro de los artículos trata sobre las novelas históricas de Sir Walter Scott, género que de alguna manera él creó, y que comenzó publicando con seudónimo pues ya era famoso y respetado como poeta, y las novelas, en esa época, eran mal vistas. Sin embargo, se volvieron tan populares que tuvo que reconocer su autoría. En este artículo hay diversas curiosidades literarias, algunas verdaderamente sorprendentes.

Jane Austen
Otro de los textos trata de Alejandro Dumas y de sus colaboradores, es decir, escritores que lo ayudaban con la creación de algunos de los argumentos de sus novelas, que luego Dumas reescribía, mejorándolos, pero que eran sus editores quienes no querían que aparecieran en los libros los nombres de los colaboradores. Apunta, eso sí, que Dumas era honesto y reconocía que tenía ayudantes, mismos que, por otra parte, cuando intentaron hacer carrera por su lado, no lo lograron pues, aunque eran buenos para crear argumentos, no lo eran para escribir. El texto continúa el tema hasta llegar a los actuales escritores fantasma, muy utilizados en los Estados Unidos. Tiene dos textos independientes sobre novelas rechazadas por los editores (de hecho, por varios editores diferentes), sobre los motivos —que ahora nos parecen ridículos— de los editores para rechazar esas obras, y de cómo alguien, finalmente, publicó esos libros que terminaron convirtiéndose en obras de enorme éxito: los dos son casos de mujeres escritoras. Uno es el de Jane Austen (autora de Orgullo y Prejuicio, entre muchas otras), y el otro es el de J. K. Rowling, autora de las novelas de Harry Potter.

Dickens
Otro de los textos trata sobre la adicción al juego de Dostoievski, y de cómo tuvo que escribir algunas de sus obras con enorme rapidez para poder pagar sus deudas. Y no sólo eso, de las circunstancias y motivos por los que tuvo que escribir dos novelas al mismo tiempo. En otro nos cuenta sobre las lecturas en voz alta que realizaba Charles Dickens, quien al parecer era un lector formidable y sus presentaciones eran muy exitosas, y para demostrarlo transcribe algunas de las frases que aparecían en las críticas periodísticas de la época. Uno de los periodistas apuntó: «Escuche a Dickens y muera: nunca oirá nada mejor en su vida». Esta actividad, que comenzó cuando le pidieron hacer unas lecturas para recabar fondos, terminó convirtiéndose en un negocio de Dickens. Otro de estos textos nos cuenta cómo y por qué Arthur Conan Doyle, el creador del detective más famoso de la literatura, un día decidió matar a su personaje, y cómo, por la presión de los lectores, y por tanto de sus editores, se vio en la necesidad de revivirlo.

Kafka
En otros, nos cuenta del «interés» que tenía la Gestapo en la obra de Kafka; la historia de la edición de El Principito y el terrible destino de su autor; de los problemas de derechos de autor que tuvo J.R.R. Tolkien, el autor de El hobbit y de El señor de los anillos en los Estados Unidos, por culpa, en parte, del presidente de ese país en ese entonces; de los vaivenes de la política soviética y cómo afectaron al escritor Aleksandr Solzhenityzyn; de una de las novelas perdidas, y recuperadas, de Julio Verne, y hasta de escritores asesinos.

Como podrán apreciar, los temas son muy variados, aunque todos están relacionados con la literatura, y la verdad es que todos son de enorme interés. El libro, como ya apunté, se deja leer muy rápido y es de verdad muy placentero.

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La noche en que Frankenstein leyó El Quijote. Santiago Posteguillo. Editorial Planeta. 230 págs.



lunes, 30 de enero de 2017

Primeras líneas: Oona y Salinger en tres idiomas


Primeras líneas...

Oona y Salinger

de Frédéric Beigbeder

en tres idiomas


Au début des années 2010, je me suis aperçu que je ne voyais plus personne de mon âge. J'étais entouré de gens qui avaient tous vingt ou trente années de moins que moi. Ma petite amie était née l'année de mon premier mariage. Où étaient passés ceux de ma génération ? Leur disparition avait été progressive : la plupart étaient occupés par leur travail et leurs enfents ; un jour, ils avaient cessé de sortir de leur bureaux ou de leur maisons.

[Oona & Salinger. Versión original en francés de Frédéric Beigbeder. Éditions Grasset & Fasquelle, Paris, 2014.]

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Al'inici de la dècada del 2010, em vaig adonar que ja no quedava amb gent de la meva edat. Estava envoltat de persones que tenien vint o trenta anys menys que jo. La meva xicota havia nascut l'any del meu primer casament. Què se n'havia fet, dels de la meva generació? La seva desaparició havia estat progressiva: la major part estaven ocupats den la seva feina i els seus nens; un dia, havien deixat de sortir dels seus despatxos o de les seves cases.

[Oona i Salinger. Traducción al catalán de Maria Llopis. Ara Llibres, Barcelona, 2016.]

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A principios de la década de 2010 caí en la cuenta de que ya no veía a nadie de mi edad. Estaba rodeado de personas veinte o treinta años más jóvenes que yo. Mi novia había nacido el año de mi primera boda. ¿Dónde se había metido la gente de mi generación? Su desaparición había sido progresiva: la mayoría andaban ocupados con el trabajo y los niños; un día habían dejado de salir de la oficina o de casa.

[Oona y Salinger. Traducción al español de Francesc Rovira. Editorial Anagrama, Barcelona, 2016.]





jueves, 26 de enero de 2017

Oona y Salinger, de Frédéric Beigbeder




Oona y Salinger
de Frédéric Beigbeder

Jesús Guerra

Los personajes
Los cuatro personajes principales, y algunos secundarios, fueron (uno aún lo es) celebridades, a su manera y en distintas proporciones: Oona O'Neill, J.D. Salinger, Charles Chaplin y Frédéric Beigbeder. Para quienes saben quiénes son, la idea de que se encuentren juntos en una novela suena interesante de entrada. A quienes no los identifican, permítanme presentárselos:
 
Edición francesa
Oona O'Neill nació en 1925 en las Bahamas, porque ahí estuvieron sus padres por un tiempo. Su madre fue la escritora Agnes Boulton, y su padre el célebre dramaturgo estadounidense Eugene O'Neill, quien ganó el Premio Nobel de Literatura en 1936. Sin embargo, el escritor abandonó a su familia por otra mujer, la actriz Carlotta Monterey, cuando Oona tenía apenas dos años de edad. Ella, por supuesto, siempre se sintió abandonada por su padre, a quien apenas vio unas cuantas veces en su vida. Oona era una joven inteligente y era guapísima. Y se codeaba con celebridades de la Nueva York de los años 40. Tuvo una relación amorosa breve con el joven escritor Jerome David Salinger, que se acabó cuando él entró al ejército para ir a pelear en la Segunda Guerra Mundial. Todo parece indicar que Salinger nunca la olvidó, aunque se casó y luego tuvo relaciones con diversas mujeres. Cuando el joven Salinger estaba en la guerra y Oona se había mudado a Los Ángeles con su madre, Oona conoció a Charles Chaplin, quien le llevaba 36 años de edad, y se casó con el cineasta: él tenía 54 años y ella 18.
Edición catalana

Oona fue la cuarta y última esposa de Chaplin, y tuvieron un matrimonio muy estable y feliz, por 34 años, hasta la muerte del cineasta en 1977. Oona murió 14 años después, a los 66 años. La vida de Oona se ha contado y analizado en varios libros.

En cuanto a Chaplin... ¿quién no conoce, algo por lo menos, de Charlie Chaplin, uno de los directores, guionistas, productores y actores más famosos de la historia del cine? Lo que quizá no todo mundo sepa de la vida de Chaplin es que en 1952, o sea cuando llevaba nueve años de casado con Oona, tuvieron prácticamente que huir de los Estados Unidos porque en esa época se vivía la locura anticomunista en ese país debido a la Guerra Fría, y debido al sentido social de las películas de Chaplin y porque él se negó a colaborar con el Comité de Actividades Anticomunistas —que dejó sin trabajo a muchos actores, directores y guionistas en Hollywood—, se le acusó a él de comunista, así que se fue a vivir a Suiza con su esposa y sus hijos. Y no volvió a pisar suelo estadounidense hasta que, poco antes de morir, Hollywood le entregó un Oscar honorífico por su carrera cinematográfica.

Edición polaca
El escritor Jerome David Salinger —quien firmaba sólo como J.D. Salinger—, nació en Nueva York el primero de enero de 1919. Tenía 21 años cuando conoció a Oona, que tenía en esa época 15 años. Al parecer él le escribió algunas cartas desde el frente, cartas que se han convertido en un gran misterio literario pues la familia Chaplin nunca ha querido publicarlas, ni siquiera ha permitido que los historiadores o investigadores literarios las lean. Salinger publicó, incluso durante la guerra, cuentos en varias revistas importantes de los Estados Unidos. Conoció a Hemingway en Europa durante la liberación de París. Luego de la guerra, en 1951, publicó la que sería su única novela, la obra que lo consagró y está considerada una de las obras literarias estadounidenses más importantes del siglo XX. En inglés se llama The Catcher in the Rye, que en español ha llevado dos títulos (pues la primera traducción es argentina y la segunda, española), El cazador oculto, se llamó primero, y en la edición que circula ahora El guardián entre el centeno.
 
Edición rumana
Si el carácter de Salinger ya era taciturno de joven, al regresar de la guerra, obviamente afectado por ella, se volvió extraño. Rehuía las fotografías y las entrevistas, y se mudó a vivir a una casa en medio de un bosque. Publicó algunos libros de cuentos y después, durante años, aunque se dice que siguió escribiendo, no volvió a publicar nada. Murió en el año 2010, a los 91 años de edad.

Finalmente, Frédéric Beigbeder, el novelista francés que escribió Oona y Salinger. No sólo escribió sobre estos personajes sino sobre sí mismo (aunque en realidad esto lo hace en casi todos sus libros) pues aparece en la obra, como narrador y como personaje. Beigbeder nació en 1965 y ha sido publicista, crítico literario para revistas impresas y programas de televisión, ensayista, novelista, guionista de cine, actor y director de cine. No es lo que llamaríamos un autor discreto. En 1990, a los 25 años, publicó Memorias de un joven loco, después Vacaciones en coma (1994), El amor dura tres años (1997), Historias en éxtasis (1999), 99 francos (en el 2000, pero como un año después fue introducido el euro, la reedición de la novela pasó a llamarse 13.99 euros, la cual tuvo mucho éxito y como es una crítica al mundo de la publicidad y él trabajaba en ese mundo, el libro provocó su despido fulminante), Windows on the World (en 2003, con el título así, en inglés, tanto en francés como en la traducción al español), El romántico egoísta (2005), Socorro, perdón (2007, continuación de 13.99 euros), Una novela francesa (2009) y en 2014 la novela que comentamos ahora, cuya traducción apareció en la Editorial Anagrama en 2016. De hecho, una buena parte de los libros mencionados de Frédéric Beigbeder pueden conseguirse en español en dicha casa editorial.

Edición rusa
Oona y Salinger, la novela
El autor ha subrayado que la mayor parte de los hechos narrados son hechos históricos, reales y comprobables. Lo que él ha inventado es lo que va en los huecos que la historia no puede tener documentados, o que, por diversos motivos, aunque existan documentos —como las famosas cartas que Salinger le escribió a Oona desde el frente de la Segunda Guerra Mundial—, los dueños de estos documentos —la familia Chaplin— no quieren publicar ni permiten a nadie leerlos. A este tipo de obras se les llama novelas sin ficción, a partir del nombre en inglés que le dio Truman Capote cuando publicó A sangre fría, que es Non-Fiction Novel. La traducción de esta etiqueta al francés le horroriza a Beigbeder, así que él prefiere otro término, en inglés, inventado por alguien más, el cual es Faction, que es la mezcla de las palabras fact ('hecho') y fiction ('ficción').
Edición italiana

Los dos personajes centrales, como ya vimos, son reales, pero con el tiempo se han vuelto míticos. Oona, por ser hija de un premio Nobel de Literatura, por su belleza, porque quizá pudo haber sido una estrella. Y Salinger, por su enorme talento, por ser un escritor estupendo que pudo haber escrito o publicado mucho más de lo que publicó, por ser una víctima de la guerra, por ser un excéntrico, que se ha convertido en uno de los escritores preferidos por escritores, tanto de la lengua inglesa como de otros idiomas, como el propio Beigbeder, de Francia, o como el cubano Leonardo Padura.

Oona y Salinger nos cuenta la historia de amor frustrada entre estos dos personajes desde que se conocen en 1940. Luego de sus encuentros iniciales pasan algunos meses y es entonces cuando entablan una relación amorosa, entre torpe, platónica y reprimida, que se interrumpe porque los Estados Unidos entran a la Segunda Guerra Mundial y el joven Salinger entra al ejército. Su relación, si la hubo oficialmente, ya había terminado, pero, como ya se mencionó, el joven escritor y soldado Salinger le escribió algunas cartas a Oona, primero desde las bases dentro de los Estados Unidos a las que fue asignado, y después desde el frente europeo. Estas cartas son un hecho, pero como nadie las puede leer, el contenido de esas cartas (por lo menos de algunas pocas) lo crea Frédéric Beigbeder para esta novela, y yo diría que con bastante éxito. No podemos saber si corresponden con la realidad, pero para esta obra funcionan de maravilla. La novela nos cuenta también algunos de los episodios de la Segunda Guerra Mundial en los que participó Salinger y que evidentemente lo afectaron también (le tocó participar en el famoso desembarco en Normandía, y en la Liberación de París, y justamente ahí, en París, cuando entraron las tropas aliadas, fue cuando Salinger conoció a Ernest Hemingway, con quien tiene unos espléndidos diálogos). Beigbeder nos narra también algunas cosas de la relación de Oona con Chaplin, y llega a contarnos un encuentro imaginario, muchos años después, entre Oona y Salinger, en Nueva York, cuando ya Oona era la viuda de Chaplin.
Edición de bolsillo,
francesa

Beigbeder, fiel a su estilo, se detiene en otros temas también, como algunos secretos del vergonzoso comportamiento de las tropas estadounidenses en Francia al final de la Segunda Guerra Mundial que son bastante chocantes. Como ya mencioné, el autor se mete en la novela, y esto se debe a que ésta es una de esas obras que nos cuenta tanto la historia central como el proceso de la escritura de la propia novela; Beigbeder escribe de la fascinación que siente por la obra de Salinger y de la importancia que tiene para muchos otros escritores del mundo; nos plantea teorías sociológicas sobre por qué en nuestro tiempo la gente se niega a envejecer y de la influencia, tanto de la novela de Salinger como de las películas de Chaplin, en esta característica de nuestro tiempo (yo hubiera hablado de la «posible» influencia de la novela de Salinger en este asunto pero el autor no lo duda, aunque quizá sea un efecto de sus años como publicista, pues escribe: «Su teoría era seguramente pueril, sin duda falsa y quizá peligrosa, pero Salinger inventó la ideología de la que yo era víctima consentidora». Y más adelanta remata así: «Salinger es el escritor que ha hecho que a los humanos les repugne envejecer»); y nos habla también —quizá sea algo más que una justificación—, de las relaciones de gente famosa en las que hay una marcada diferencia de edad entre los maridos y sus esposas, pues es un rasgo compartido en las relaciones de Chaplin, en general, pero en particular con Oona; de Salinger, quien tuvo varias relaciones con mujeres mucho más jóvenes que él, y del propio autor de esta novela, pues Frédéric Beigbeder se casó con una mujer 20 o 25 años más joven, en los meses en que escribía este libro.

¿Qué tan buena es esta novela? Yo creo que eso depende de cada lector. Si están interesados en la obra y en la vida de J.D. Salinger, o en la vida de Chaplin, o si son admiradores de Oona O'Neill, o incluso si están interesados en ciertos aspectos de la Segunda Guerra Mundial, este libro les resultará particularmente interesante, simplemente por la información que brinda. También les va a gustar si les han gustado algunas de las novelas anteriores de Beigbeder. A mí el libro me gustó mucho. Me parece que está bien investigado, que está bien escrito, que los personajes están tratados con respeto, y el hecho de que Beigbeder aparezca constantemente no me molesta en absoluto. Además, creo que la novela está bastante bien lograda.

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Oona y Salinger. Frédéric Beigbeder. Editorial Anagrama, colección Panorama de Narrativas. 1a. ed., febrero 2016. 296 págs.