martes, 28 de julio de 2020

Juventud, de J.M. Coetzee




Juventud

de J.M. Coetzee

 

Jesús Guerra

 

Juventud es la segunda novela autobiográfica de John Maxwell Coetzee (Premio Nobel de Literatura 2003) —vale la pena que lean mi reseña de Infancia, la novela autobiográfica anterior, texto en el que también apunto los títulos de las obras del autor y otros datos—, la cual es ligeramente más breve que Infancia, y está escrita con el mismo estilo y tiene las mismas características de ésta: narrada en tercera persona del singular, en presente, evidentemente con el mismo objetivo: lograr una distancia con su personaje central, ahora de 19 años al inicio del libro, que es y no es el autor.

Edición en inglés

La novela abre con el joven John viviendo solo, en un departamentito, todavía en Ciudad del Cabo, Sudáfrica. Estudia la Licenciatura en Matemáticas en la universidad y tiene varios trabajos que le permiten mantenerse y ahorrar un poco, sobre todo porque visualiza su futuro en la ciudad de Londres.

El joven John es tímido, algo torpe en lo social, emocionalmente distante, aunque interiormente desea un contacto emocional real e intenso con alguna mujer ideal, reflexivo, algo depresivo (aunque como buen adolescente con alma de artista, exagera su condición melancólica y solitaria), espartano en sus costumbres y alimentación. Se siente especial, pero se ve a sí mismo, físicamente, como un tipo del montón, así que sus aspiraciones con respecto a las chicas con las que intenta establecer algún tipo de relación no son muy altas. Corteja a chicas que no son particularmente atractivas pues siente que son con las que tiene probabilidades de tener éxito, y, en efecto, logra iniciar relaciones que, sin embargo, siempre son algo frías, algo tristes y definitivamente decepcionantes.

De una página a otra el joven John se encuentra ya viviendo en Londres. Para poder quedarse en la ciudad, necesita con urgencia conseguir un trabajo. Los prospectos son terribles hasta que encuentra un anuncio de la compañía IBM que solicita empleados para entrenarlos como programadores. Le interesa, debido a su formación como matemático, y consigue el empleo.



Mientras tanto, lee todo lo que puede, sobre todo de poesía. Entra a un taller literario. Sueña con escribir, y escribe algunos poemas que no lo convencen. Reflexiona mucho sobre su presente y su futuro, intenta alejarse de su pasado, de su familia, de su país. En esos primeros tiempos en Londres desea convertirse en un inglés y ser percibido como tal. Ve su vida en esa época como un fracaso, no se da cuenta (del todo) de que está madurando y viviendo. Reflexiona sobre lo que lee, revistas literarias, libros y autores, y sobre lo que quisiera escribir. Sus gustos cambian. Incluso su idea de su propio futuro ideal empieza a transformarse. Sus relaciones de amistad son mínimas y superficiales. Sus relaciones amorosas siguen siendo tristes, extrañas y decepcionantes. Y así pasan, con rapidez para los lectores, varios años.

Edición francesa

Debo decir que Juventud me gusta más que Infancia, aunque ambas obras me parecen fascinantes. Intelectualmente comprendo muy bien los motivos, por lo menos algunos de ellos, por los que J.M. Coetzee es considerado uno de los escritores más importantes de nuestro tiempo, sin embargo, su estilo, distante, no funciona muy bien con mis gustos como lector. Intelectualmente entiendo que leí es una novela autobiográfica, pero la siento como un reporte. Tal vez un reporte estupendo, pero muy lejano de lo que para mí es una novela. No es una cuestión de calidad, por supuesto, sino de estilo.

Es interesante, no obstante, el hecho de que, a pesar de no disfrutar demasiado con la lectura de Infancia y Juventud, no haya podido dejar de leerlas. Tienen algo hipnótico que me ha obligado a terminarlas. Y sé que leeré otros libros de Coetzee porque, dejando de lado su estilo y su tono, los temas que trata son, sin duda alguna, interesantes e importantes.

Como apunté al final de la reseña de Infancia, si no han leído a Coetzee, hagan la prueba, tal vez ustedes terminen por formar parte del bando de sus lectores apasionados, que es enorme.

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Juventud. J.M. Coetzee. Traducción de Cruz Rodríguez Juiz. Literatura Random House. 208 págs.

La novela también se encuentra en Escenas de una vida de provincias. Literatura Random House (que contiene Infancia, Juventud y Verano). 592 págs.

 

 


jueves, 16 de julio de 2020

Infancia, de J.M. Coetzee





Infancia
de J.M. Coetzee

Jesús Guerra

La pronunciación del apellido del escritor sudafricano John Maxwell Coetzee (Premio Nobel de Literatura 2003) es bastante problemática, no sólo para los hablantes del español, pero quizá sí sea algo más problemática para nosotros. No soy lingüista, así que trataré de explicar esta cuestión a mi manera: La «oe» no se pronuncia como dos vocales, sino más o menos como la mezcla entre ambas, es decir, un sonido que está a medio camino entre la «o» y la «e» (algo que para los franceses y los holandeses es pan comido), y la doble «e» final, en afrikáans, lengua de los afrikáner (origen de este apellido), se pronuncia como «i» con una especie de fantasma de una «e» al final, sin embargo, el propio autor, que escribe en inglés y no en afrikáans, pronuncia su apellido sólo con una «i» final (una «i» inglesa, no castellana), olvidándose de la espectral «e».

Dejando atrás ese asunto, puedo continuar con algunos datos biobibliográficos de John Maxwell Coetzee, o J.M. Coetzee, que es como firma sus libros. Nació el 9 de febrero de 1940, en Ciudad del Cabo, Sudáfrica. Aunque nació de padres afrikáners (blancos, descendientes de colonos holandeses), en su casa se hablaba en inglés, sin embargo, con el resto de la familia, hablaba en afrikáans. En varias entrevistas, Coetzee ha dicho que hay algunas características personales que lo separan del resto de los afrikáners, entre ellas el hecho de no ser practicante de ninguna religión, aunque estudió en escuelas protestantes y católicas en su infancia, y, por supuesto, por estar en contra del racismo que su país oficializó en 1948 con el apartheid (que no terminó sino hasta 1994). A principios de los años 60 se fue a estudiar y trabajar a Londres, Inglaterra, luego estudió Literatura en Austin, Texas, y más tarde fue profesor de Literatura en otras universidades de los Estados Unidos. Regresó a Sudáfrica a mediados de los años 80, para trabajar también como profesor universitario, y desde 2002 vive en Adelaide, Australia.

Ha escrito 14 novelas:
* Tierras de poniente (Dusklands, publicada en inglés en 1974 y en español en 2009)
* En medio de ninguna parte (In the Heart of the Country, inglés 1977, español 2003)
* Esperando a los bárbaros (Waiting for the Barbarians, 1980, 1989)
* Vida y época de Michael K. (Life & Times of Michael K, 1983, 1987)
* Foe (Foe, 1986, 1988)
* La edad de hierro (Age of Iron, 1990, 2002)
* El maestro de Petersburgo (The Master of Petersburg, 1994, 1996)
* Desgracia (Disgrace, 1999, 2000)
* Elizabeth Costello (Elizabeth Costello, 2003, 2004)
* Hombre lento (Slow Man, 2005, 2005)
* Diario de un mal año (Diary of a Bad Year, 2007, 2006)
* La infancia de Jesús (The Childhood of Jesus, 2013, 2013)
* Los días de Jesús en la escuela (The Schooldays of Jesus, 2016, 2017)
* La muerte de Jesús (The Death of Jesus, 2019, 2019)  

Tiene además tres novelas autobiográficas:
* Infancia (Boyhood: Scenes from Provincial Life, 1997, 1999)
* Juventud (Youth: Scenes from Provincial Life II, 2002, 2002)
* Verano (Summertime, 2009, 2010)

Estas tres obras posteriormente se publicaron en un solo volumen:
* Escenas de una vida de provincias (Scenes from Provincial Life, 2011, 2013)

Tiene también dos libros de cuentos:
* Tres cuentos (Three Stories, 2014, 2016)
* Siete cuentos morales (Moral tales, 2018)

Además, 10 libros de ensayo, crítica y correspondencia:
* Truth in Autobiography (1984)
* White Writing: On the Culture of Letters in South Africa (1988, algunos de estos ensayos fueron publicados en el libro Paisaje sudafricano, de la editorial Días Contados, de Barcelona, en 2013)
* Doubling the Point: Essays and Interviews (1992)
* Contra la censura. Ensayos sobre la pasión por silenciar (Giving Offense: Essays on Censorship, 1996, 2008)
* Las vidas de los animales (The Lives of Animals, 1999, 2001)
* Costas extrañas. Ensayos, 1986-1999 (Stranger Shores: Literary Essays, 1986-1999, 2001, 2004)
* Mecanismos internos. Ensayos, 2000-2005 (Inner Workings: Literary Essays, 2000-2005, 2007, 2009)
* Él y su hombre, discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura (He and His Man, 2008, 2008)
* Aquí y ahora. Cartas 2008-2011 [correspondencia con Paul Auster] (Here and Now: Letters 2008-2011, 2013, 2013)
* El buen relato [en coautoría con Arabella Kurtz] (The Good Story: Exchanges on Truth, Fiction and Psychotherapy, 2015, 2015)
* Las manos de los maestros (selección de ensayos en castellano, 2016)

Si se fijan en las fechas de publicación, tanto en inglés como en español, de darán cuenta que algunos de los libros, sobre todo de 2005 en adelante, o bien han aparecido en nuestro idioma al mismo tiempo que en inglés, o antes. Eso se debe, lo ha comentado él mismo, a que le molesta que el inglés se asuma como la lengua dominante en el mundo, con todo lo que eso implica, particularmente para algunos ingleses y norteamericanos, que sienten como si su idioma fuera más importante o incluso mejor que otros. Coetzee, que es antirracista y combate por los derechos de los animales, combate también, a su manera y en la medida de sus posibilidades, esta especie de racismo lingüístico, promoviendo que algunos de sus libros se publiquen primero en otras lenguas, como el holandés y el español.




Infancia es una novela autobiográfica, y como todas las obras de este género nos plantea un cuestionamiento: ¿qué tanto de lo que leemos es «verdad» (en el sentido de que haya sucedido realmente) y que tanto es ficción? Los lectores que no conocemos al autor personalmente (es decir casi todos) y que no hemos leído una minuciosa biografía suya (que hasta donde sé aún no se ha escrito), nos tenemos que quedar con la duda. Qué tanto es «real» no lo podremos saber, pero de que lo narrado es «verdadero» no debemos dudarlo (y a quienes no les quede clara esta idea, pueden leer el famoso ensayo de Mario Vargas Llosa «La verdad de las mentiras»).

El libro en realidad no nos relata la niñez del autor, sino esa etapa entre la infancia y la adolescencia, entre los 10 y los 13 años. Está narrado en presente, en tercera persona, para lograr una cierta distancia entre el autor adulto y el niño que fue, así como con su hermano menor (que casi no aparece en el libro) y sus padres. Siempre habla del personaje central como «él», y no es sino hasta el inicio del capítulo 12 (de los 19 que componen el libro) que se menciona el nombre del personaje, John, cuando su padre pregunta por él, y el apellido del padre aparece aún después.

El niño es muy inteligente, tímido, y vive lleno de temores y de vergüenzas, en parte debido a la edad, en parte debido a características personales y familiares, y en parte debido a su contexto nacional y temporal. El relato no está centrado en la Sudáfrica de los años 50, pero siempre está presente, necesariamente. Y el relato nos muestra todo aquello que, si bien para el personaje puede ser «normal», no deja de molestarle o parecerle raro o vergonzoso de su entorno. Ahí está el racismo, la desconfianza mutua entre los protestantes, los católicos y los judíos, las diferentes lenguas habladas en el país, las relaciones entre el personaje central y su padre (a quien no respeta aunque no le queda muy claro por qué), su madre (a quien ama y detesta simultáneamente), su hermano menor (a quien no parece hacerle mucho caso en esa época), las tías y tíos maternos y paternos, los amigos, los profesores (la mayoría eran realmente temidos por sus alumnos pues tenían libertad de azotar con varas a los estudiantes). El autor relata el amor del personaje por el críquet, por los libros, por las películas y por el campo sudafricano.

La novela está narrada como una serie de escenas discontinuas, pasando de unos temas a otros, aunque por supuesto los más importantes (como su familia) regresan constantemente, mostrando la evolución que se da por el paso del tiempo y por la diferencia de comprensión del niño de su entorno. Las circunstancias familiares cambian también (se mudan de ciudad, el personaje pasa de una escuela a otra, el padre de un trabajo a otro, hay cambios en las finanzas, en los estados de ánimo, en la relación de sus padres).

Una de las características del estilo de Coetzee es la precisión de su lenguaje y, por lo tanto, la precisión del relato. Sin embargo, la distancia, objetividad y pulcritud crean una obra más bien fría. El autor no intenta ganarnos por las emociones (aunque sí, quizá, por la empatía, aunque esto depende también de los lectores) sino por la cabeza. La obra de Coetzee es cerebral. Interesantísima, sí, fascinante, incluso, pero hay lectores a quienes Coetzee les parece más bien aburrido, lento y quizás lejano. En mi caso, tengo que estar en el estado de ánimo adecuado para leerlo. Pero también hay lectores —entre ellos el ya mencionado Vargas Llosa— para quienes J.M. Coetzee es uno de los mejores escritores del mundo. El español Félix de Azúa escribió que Infancia y Juventud son dos obras perfectas.

A mí Infancia me gusta y me parece interesantísima, aunque no me encanta. Si no han leído a Coetzee, hagan la prueba. Quizá ustedes pertenezcan al grupo de los apasionados.

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Infancia. J.M. Coetzee. Traducción de Juan Bonilla. Literatura Random House. 192 págs.
La novela también se encuentra en Escenas de una vida de provincias. Literatura Random House (que contiene Infancia, Juventud y Verano). 592 págs.





martes, 7 de julio de 2020

El visitante, de Stephen King





El visitante
de Stephen King

Jesús Guerra

Los libros de Stephen King forman parte del panorama bibliográfico mundial desde mediados de los años 70 (en 1974 se publicó en Estados Unidos su primera novela, Carrie); de entonces para acá, su autor publica entre uno y tres libros por año. Hasta julio de 2020 ha publicado 61 novelas, 11 libros de cuentos o novelas cortas, cinco libros de no ficción y 15 catalogados como «otros» (es decir, algunos guiones de cine originales, audiolibros especiales, cómics, libros antologados por él, un libreto para un musical, ediciones especiales, un libro de ensayos coescritos con otros autores, etc.). Es decir, 92 obras (el promedio exacto es dos por año). Esto sin contar los 19 guiones cinematográficos escritos o coescritos por él, basados en sus propias novelas y cuentos.

Para que se den una idea de hasta qué punto estamos inmersos en el mundo de Stephen King, de 1976 a 2019 se han realizado 49 adaptaciones cinematográficas de sus obras (y están en preparación 11 más); 27 adaptaciones para televisión (entre capítulos de series, películas para TV y series de TV), con ocho más en preparación. Y hay que agregar 19 películas, para cine o TV, inspiradas en sus obras pero que no fueron escritas por King (precuelas o secuelas de las adaptaciones originales). Y todavía habría que agregar los cómics, las obras de teatro —incluidos los musicales—, y las canciones que se han hecho a partir de su obra literaria...

En esta entrada comento su novela El visitante (en inglés The Outsider), publicada tanto en inglés (Scribner) como en español (Plaza & Janés) en 2018. Para tratarse de Stephen King, no es una novela muy «extensa» (592 páginas en la edición en español) —comparada con algunas de sus novelas largas, como La danza de la muerte [The Stand], que en su versión «corta», en inglés, publicada en 1978, tiene 823 páginas, y en su versión larga, de 1990, tiene 1,152 páginas—, la cual, además, se deja leer con gran rapidez, porque tiene un arranque fenomenal.

Stephen King, por ser un escritor tan prolífico, con una imaginación desatada y que escribe a una velocidad sorprendente, es necesariamente un autor irregular en su calidad. Tiene de todo: obras estupendas, buenas, regulares y malas. Y tiene otras, entre las que hay que ubicar a El visitante, que podríamos calificar como mixta, porque tiene una primera parte buenísima y una segunda parte regular. Pero atención, la primera parte es tan interesante, el planteamiento es tan misterioso y la narración tan eficaz, que por ese solo hecho me parece un libro recomendable. En cuanto a los géneros, se trata de una obra policiaca mezclada con elementos de terror sobrenatural, lo que quiere decir que no es propiamente un libro de terror, lo señalo para que lo sepan quienes anden a la caza de un libro aterrador.




En un pueblo de Oklahoma, es descubierto el cadáver de un niño de 11 años, Frankie Peterson, brutalmente asesinado. La policía comienza su investigación y descubren que el descuidado homicida dejó el cadáver y la escena del crimen cubiertos de huellas dactilares y de ADN. Y, además, hay varios testigos que vieron al presunto asesino en el área del asesinato, en la fecha y la hora en que se determina que se cometieron los hechos. Y todo, pruebas y testimonios, conducen a Terry Maitland, el entrenador del equipo de beisbol infantil. Teniendo tantos elementos en la mano, tanto el fiscal estatal, Bill Samuels, como el detective Ralph Anderson, mostrando todo el odio que sienten por el perverso homicida, deciden mandar arrestar al profesor y entrenador Maitland en pleno juego de beisbol, para que todo el pueblo lo vea.

Lo anterior, por supuesto, destroza de manera instantánea la reputación del acusado y de su familia, y de inmediato la prensa comienza a hostigar a la esposa del acusado, Marcy, y a sus dos hijos. Pero lo que nadie esperaba es que el entrenador infantil tuviera una coartada. En la fecha y la hora del asesinato, él no estaba en el pueblo, se encontraba en la conferencia de un escritor en una ciudad cercana, también tiene testigos, pues no viajó solo, y hasta hay un video de la conferencia en el que se ve a Maitland haciéndole una pregunta al conferencista. ¿Qué sucedió? ¿Cómo es posible que Maitland estuviera en dos lugares al mismo tiempo?

En este punto, el amigo y abogado de Maitland, Howie Gold, decide contratar los servicios de una investigadora privada que tiene experiencia en casos «extraños», Holly Gibney (la cual es un personaje muy importante de la Trilogía de Bill Hodges, de Stephen King, compuesta de Mr. Mercedes, Quien pierde paga y Fin de guardia, y de una novela corta posterior a El visitante, publicada recientemente, en 2020, en el libro La sangre manda [If It Bleeds], que contiene cuatro novelas cortas).

Stephen King realizó un buen trabajo al mostrarnos no sólo el misterio sino las consecuencias de la muerte de Frankie en su familia, y del arresto público del acusado, que destroza a su familia. Es evidente, como nos lo muestra el autor en una buena parte de sus libros, que el mal no reside sólo en el monstruo o el villano de las historias...

La adaptación a serie de TV de El visitante (que lamentablemente no he visto) se estrenó a principios de este año en HBO.

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El visitante. Stephen King. Traducción de Carlos Milla Soler. Plaza & Janés (1a. ed., octubre 2018). 592 págs.




jueves, 18 de junio de 2020

El enigma de la habitación 622, de Joël Dicker






El enigma de la habitación 622
de Joël Dicker

Jesús Guerra

Los primeros días de este mes, Alfaguara publicó, en e-book, la más reciente novela de Joël Dicker —el famoso escritor suizo, nacido en 1985, autor del súper célebre thriller La verdad sobre el caso Harry Quebert—, llamada El enigma de la habitación 622, y la publicó casi de manera simultánea con la edición francesa de Éditions de Fallois, que apareció a fines de mayo pasado. La edición impresa de Alfaguara estará en librerías a fines de este mes.

Ningún autor es del todo consistente en su calidad, eso lo sabemos bien, sin embargo, el caso de Joël Dicker es algo extraño en este sentido. La calidad de sus novelas ha ido disminuyendo, aunque esto es discutible pues muchos de sus fans no piensan lo mismo. Su primera novela no la he leído aún (Los primeros días de nuestros padres), pero la obra que lo lanzó a la fama, la ya mencionada La verdad sobre el caso de Harry Quebert, publicada cuando Dicker tenía 28 años, es verdaderamente extraordinaria, tanto en su argumento, como en su estructura, en sus personajes y en la calidad de su escritura. Su novela siguiente, El libro de los Baltimore, no es propiamente un thriller, aunque sí tiene secretos y suspenso, es más bien un drama familiar, de la familia de Marcus Goldman, el personaje-escritor que narra el libro y narró también la novela de Harry Quebert. Decepcionó a algunos lectores por no ser un thriller, pero el libro, me parece, es estupendo, aunque quizá no sea tan bueno como el anterior. Con su siguiente novela, La desaparición de Stephanie Mailer, Dicker volvió al thriller, y otra vez, al igual que sus dos libros anteriores, se desarrolla en los Estados Unidos, con personajes estadounidenses, pero en este caso el escritor-narrador Goldman ya no apareció. La novela está narrada por varios personajes. Es un thriller muy entretenido, muy interesante, y para mi gusto muy bien estructurado, aunque, en efecto, no tiene la calidad de Harry Quebert.

En El enigma de la habitación 622, el autor escribe de nuevo un thriller mezclado con diversos dramas familiares, pero cambia de escenario, ahora se desarrolla en su propio país, Suiza, específicamente en Ginebra y en un pueblo de los Alpes llamado Verbier; y utiliza también un personaje-escritor que narra la historia: él mismo, Joël Dicker o, si prefieren, su versión literaria.

Edición francesa

Joël Dicker trabaja en su departamento de Ginebra en un libro sobre su recién fallecido editor, amigo y mentor Bernard de Fallois, pero por esos días conoce a una vecina del edificio, Sloane, comienzan una relación que no funciona y decide irse a pasar 15 días a un conocido hotel de lujo de los Alpes, a hora y media de Ginebra en carro, el famoso Palace de Verbier. Le dan la suite 623. Y pronto entabla amistad con su vecina de habitación, una inglesa llamada Scarlett, que está alojada en el cuarto 621 bis, que está entre el 623 y el 621. Les llama poderosamente la atención por qué no existe la habitación 622 y van a preguntar a la administración. Les dan una respuesta cualquiera, que no los convence, y deciden investigar el asunto. Así, en un libro comprado por Scarlett en el pueblo cercano al hotel, encuentran que sí existía esa habitación, y luego, revisando los archivos de un periódico local, descubren que hace años hubo un asesinato en la habitación 622. Un asesinato del que nunca logró la policía descubrir al culpable.

Así inicia esta obra. De entrada, no se sabe quién fue el asesino, pero tampoco quién fue la víctima, y para saber esto último se tiene que leer hasta la mitad de la novela y para saber lo primero hasta las últimas páginas. Como ya es una costumbre, o el estilo estructural («la receta», dirán algunos) de Dicker, la historia es contada a través de tres tramas paralelas en tres momentos diferentes, aunque todas, finalmente, son parte de la misma. Uno: Dicker cuenta lo que sucede en el presente (2018), mientras Scarlett y él realizan la investigación y, al mismo tiempo, Dicker va escribiendo la historia (y aquí intercala, en conversaciones con Scarlett, su homenaje a su amigo, el editor Bernard de Fallois, homenaje que, a pesar de estar un tanto metido con calzador, es interesante en sí mismo y muy emotivo). Dos: luego está el tiempo del crimen (desde meses antes hasta meses después) y Tres: lo sucedido en una fecha muy significativa 15 años antes del crimen (también, desde meses antes hasta meses después de esa fecha).

En realidad, se trata del pasado de los personajes 15 años antes del asesinato, en una fecha particular y por motivos especiales, que de alguna manera pone las cosas en marcha para que después suceda lo que sucedió. Luego, en otra fecha especial, la realización de un asesinato y sus consecuencias. Y el presente en el que el escritor investiga lo sucedido y nos lo cuenta.

Como ya se ha dicho de sus obras, se trata de un mecanismo de relojería (obviamente suizo), de una precisión asombrosa, sumamente eficaz, que nos mantiene leyendo para saber qué sigue. Por supuesto, el camino está lleno de giros y vueltas de tuerca inesperados. Lo primero que uno piensa de este argumento es que es inverosímil. Y es cierto. Pero eso, a fin de cuentas, a mí no me molesta demasiado (hay una enorme cantidad de películas y novelas que son inverosímiles y que de todas maneras disfrutamos muchísimo). Pero sí es cierto que si lo contado está en el ámbito de lo increíble, la novela, por realista que sea su ambientación, pasa a otro nivel, por lo menos mental, y se convierte en una especie de juego, pues tampoco es una obra del género fantástico.
 
Edición en catalán

Entonces, para quedar claros, a mí esta historia, con todo y que me parece increíble, me gusta, y me gusta la estructura utilizada para contarla, aunque también es cierto que los saltos de una trama a la otra son tantos que por momentos la novela marea. No tiene el nivel de equilibrio de Harry Quebert, obviamente.

En cambio, lo que no me gustó de esta obra es su escritura. Me parece plana, a veces hueca, tanto que por momentos parece que el autor cuenta, de manera muy simple, lo que será su novela en lugar de narrarnos la novela. Y los diálogos son, en general, muy malos. Al grado de que uno se pregunta en ciertas secciones de la novela si no se tratará en realidad de una comedia, una comedia que no es lo suficientemente graciosa y por eso nos damos cuenta tan tarde. Ahora bien, si a final de cuentas uno decide que esta obra es en realidad un juego, el hecho de que tenga secciones en un aparente tono de comedia tiene sentido, pero los lectores nos sentimos un tanto ofendidos por habernos dejado afuera del conocimiento oportuno de este detalle.

Y el otro gran problema es que todos los personajes hablan igual. Están, en general, bien trazados, aunque no desarrollados a profundidad. Sin embargo, entendemos bien las características de los personajes principales (que son bastantes), pero todos hablan igual, lo cual no es lógico. En un principio pensé que podría ser un problema de la traducción (no necesariamente porque sea una mala traducción sino porque a veces es muy difícil o imposible recrear en otra lengua características específicas del habla de un personaje), pero al revisar en Internet encontré que muchos lectores de lengua francesa se quejan de lo mismo.

Me parece, pues, que El enigma de la habitación 622 es la peor de las novelas de Dicker hasta el momento, o si prefieren, «la menos buena» (aunque estoy convencido de que alguno de los próximos libros del autor nos sorprenderá de nuevo en el futuro por su gran calidad en todos los rubros). Es la que menos he disfrutado en términos de lenguaje, incluso me llegó a molestar en algunos pasajes, sin embargo, en ningún momento pensé en dejar de leerla, porque su argumento me gusta (aunque sí creo que le sobran páginas). Ahora bien, si esta novela es un juego, tal vez sea el último homenaje posible de Joël Dicker a Bernard de Fallois: mostrarnos cómo le hace falta a un novelista, y a Dicker en particular en esta novela, la guía de un editor genial.

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El enigma de la habitación 622. Joël Dicker. Traducción de María Teresa Gallego Urrutia y Amaya García Gallego. Alfaguara, colección Narrativa Internacional [1a. ed., junio 2020]. 624 págs. [Estará en librerías el 25 de junio. La edición digital se publicó a principios de junio 2020.]

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domingo, 7 de junio de 2020

Agua por todas partes, de Leonardo Padura






Agua por todas partes
Leonardo Padura

Jesús Guerra

Agua por todas partes es un libro de ensayos del escritor cubano Leonardo Padura, autor de las conocidas y, algunas de ellas, premiadas novelas policiacas de Mario Conde. El libro está dividido en tres partes: la primera se llama «La maldita circunstancia del agua por todas partes», tomado de un verso del poeta y dramaturgo Virgilio Piñeira; la segunda lleva por título «¿Para qué se escribe una novela?», y la tercera: «Vocación y posibilidad». El volumen está precedido por un texto introductorio titulado: «Desproporción, singularidad y escritura», y cada una de las tres partes contiene su propio texto introductorio, sin título.

La primera parte contiene siete ensayos: «La ciudad y el escritor», «El reguetón de La Habana», «La maldita circunstancia del agua por todas partes», «La generación que soñó con el futuro», «Soñar en cubano: crónica en nueve innings», «Fotos de Cuba» y «Yo quisiera ser Paul Auster».

La segunda parte está formada por cinco ensayos: «El soplo divino: crear un personaje», «La novela que no se escribió. Apostillas a El hombre que amaba a los perros», «La libertad como herejía», «La novela de su vida. José María Heredia o la elección de la patria» y «¿Para qué se escribe una novela?»

Y la tercera parte tiene cuatro ensayos: «Cuba y la literatura: vocación y posibilidad», «Revolución, utopía y libertad en El siglo de las luces», «Virgilio Piñeira: historia de una salación» y, finalmente, «La Habana nuestra de cada día».

Los ensayos incluidos fueron escritos, según las fechas que aparecen al final de cada texto, entre 2001 y 2018 —algunos de ellos fueron escritos en 2013 y reescritos o retocados en 2018— pero no aparecen en el libro en orden cronológico sino temático; así, la primera parte trata sobre Cuba y el significado de la cubanía, el sentido de pertenencia y la insularidad. La segunda trata sobre la literatura del autor, y la tercera sobre la literatura de otros autores cubanos.

En la primera parte, «La maldita circunstancia del agua por todas partes», el autor se «queja», digámoslo así, aunque evidentemente entiende el motivo, de que cada vez que lo entrevistan periodistas extranjeros le preguntan por qué decidió quedarse a vivir en Cuba (teniendo en cuenta que tiene, también, la ciudadanía española y que es un autor conocido, que publica en diversos países, y está traducido a múltiples lenguas). Su respuesta final se encuentra en estos ensayos y básicamente es la misma que la que da su personaje de la cinta Regreso a Ítaca (Laurent Cantet, 2014, con guion de Padura), quiere vivir en Cuba porque es su país, claro que la respuesta de Padura es más compleja pues, como escritor, escribe en cubano, escribe sobre Cuba y sus personajes son cubanos y necesita nutrirse, vivir esa realidad. Vive en Cuba porque es cubano. Y, para esto, nos explica lo que para él es el sentido de pertenencia, y cómo, otros escritores que salieron de su país en realidad nunca lo hicieron, como, entre muchos otros, Guillermo Cabrera Infante y Reynaldo Arenas, pues toda la narrativa que escribieron en el exilio se desarrolla en Cuba.

Pero en esta sección también escribe sobre lo que significa para él, lo que ha significado para otros escritores cubanos y lo que, hasta donde entiende, significa para cualquier cubano el hecho de vivir en una isla, es decir, rodeado de agua por todas partes. Nos habla de la música cubana, del dominio actual del reguetón, de beisbol —hasta hace relativamente poco «el deporte nacional»— y su paulatina desaparición ante el futbol, nos habla del peso de la Historia (con mayúscula) en la vida cotidiana de los habitantes de la isla y de cómo su generación, la de los nacidos a mediados de los años 50, ha sido, quizá, la gran perdedora en las seis décadas de la implantación del socialismo en Cuba. Padura escribe, por supuesto, de La Habana, de su Habana, de los años 60 para acá, y en particular de su barrio, Mantilla, en donde nació y ha vivido toda su vida, y de lo que para él significa escribir sobre esa ciudad y sus habitantes. Y escribe sobre el verbo fundamental para el día a día de los habitantes de Cuba: resolver (equivalente, más o menos a «inventar cómo sobrevivir hoy», o esta semana, o este mes), aunque, al mismo tiempo y sin que nadie pueda explicarlo del todo, nadie se muere de hambre en Cuba.

En la segunda parte, «¿Para qué se escribe una novela?», el autor explica cómo creó a su personaje más conocido: Mario Conde, que interviene en nueve de sus libros (15 de ellos son los más fáciles de conseguir pues se encuentran publicados por Tusquets Editores). Escribe sobre las circunstancias que lo llevaron a escribir «El hombre que amaba a los perros», la novela sobre el asesino de Trotsky, un ensayo de casi 50 páginas que es casi la novela que está detrás de la novela, y lo mismo hace con respecto a su novela «Herejes»; en el cuarto ensayo de esta sección escribe sobre el poeta José María Heredia, personaje central de su libro «La novela de mi vida», y el quinto ensayo, importantísimo, trata sobre una pregunta fundamental para un escritor, y para muchos lectores: «Para qué se escribe una novela».

En la tercera sección, Padura escribe sobre lo que significa ser un escritor en Cuba, con los vaivenes de las políticas culturales y cómo les fue a figuras esenciales de la literatura cubana en los períodos más duros; sigue un ensayo sobre la novela de Carpentier «El siglo de las luces»; luego nos cuenta la vida trágica del poeta, dramaturgo y narrador Virgilio Piñeira, y termina el libro con una panorámica de la novelística cubana a través de su historia, más bien centrada en las últimas décadas.

El libro, interesantísimo, está escrito con mucha claridad, y es muy orgánico, pues de alguna manera todos o casi todos los temas tratados tienen que ver con los demás, de ahí que algunos elementos que son tratados con rapidez en unos ensayos, en otros son desarrollados más extensamente. Al terminar de leerlo dan ganas de guardarlo cerca, a la vista, para poder releer pronto por lo menos algunos de los ensayos. La selección y la edición de los textos están acreditadas a su esposa, Lucía López Coll. Sin duda alguna es un libro muy recomendable para cualquier lector interesado en estos temas, fundamental para narradores, e imprescindible para los lectores de las novelas del autor.

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Agua por todas partes. Leonardo Padura. Selección y edición de Lucía López Coll. Tusquets Editores, colección Andanzas (1a. ed. en España, febrero de 2019; 1a. ed. en México, agosto de 2019). 361 págs.

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