jueves, 10 de septiembre de 2020

Hotel du Lac, de Anita Brookner

 


Hotel du Lac

de Anita Brookner

 

Jesús Guerra

 

Hotel du Lac (que es el nombre de un hotel suizo y, en francés, significa Hotel del Lago) es la cuarta y la más conocida de las 25 novelas que publicó Anita Brookner, y fue ganadora, en 1984, del premio literario inglés de mayor prestigio, el Booker. En español ni siquiera contamos con traducciones de todos sus libros, y varias de las ediciones que se han hecho son prácticamente inconseguibles, pero Hotel du Lac sí se consigue.

 


Anita Brookner (Londres, 1928-2016) estudió Historia y luego se doctoró en Historia del Arte. Sus primeros libros, que comenzó a publicar a los 37 años, son ensayos sobre la obra pictórica de artistas franceses e ingleses, y sobre crítica de la pintura. Su primera novela, A Start in Life, la publicó en 1981, a los 53 años (en español la publicó Libros del Asteroide en 2018, como Un debut en la vida).

 

Hotel du Lac acontece en unos pocos días en el hotel que le da título al libro, el cual se encuentra a orillas del Lago de Ginebra (aunque en francés más bien lo llaman el lago Léman), en el otoño, unas pocas semanas antes de que el hotel cierre sus puertas por la temporada invernal. Se trata de un establecimiento lujoso, conocido más bien por clientes adinerados, algunos de ellos recurrentes, que buscan la tranquilidad. A ese lugar llega Edith Hope, una inglesa madura, aunque nunca se menciona su edad, que escribe libros románticos y vive de eso, aunque los publica con seudónimo. Y Edith arriba ahí en circunstancias más bien extrañas, casi desterrada de Londres por su círculo de amistades, luego de que ella protagonizara un pequeño escándalo social. Sus amistades, en particular su vecina y amiga Penelope Milne, casi la suben a fuerza al avión, con destino a Ginebra, para que tome conciencia de lo que hizo, ponga los pies en la tierra y regrese discretamente, a su discreta vida, casi a pedir disculpas.

 

Edición en inglés

Se supone que esta historia transcurre al inicio de los años 80, o fines de los años 70, pero al leerla, tanto por las características de Edith, y sobre todo de su círculo de amistades, como por el hotel y sus pocos huéspedes, todos ingleses, uno imagina que sucediera en los años 50. Y es que la clase alta inglesa, quizá aún ahora, es muy contenida, rígida, severa. En ese mundo se mueve Edith, aunque ella, en realidad, no lo sea tanto. Es decir, es una rebelde, a su manera; aspira a vivir de otra manera y no sólo de apariencias, estatus, buen nombre y buenas maneras.

 

El presente está formado por los días que Edith pasa en el Hotel du Lac (el libro empieza el día que ella llega al hotel y termina cuando está a punto de irse), lo que ve, escucha, siente y piensa Edith, las personas a las que conoce ahí, las conversaciones que tiene con ellas —casi todas mujeres salvo Mr. Neville, el gerente, el pianista del bar y algunos meseros—, y las reflexiones sobre su propia situación. Además del relato directo de lo que ahí sucede, Edith le escribe cartas, aunque no las envía, a su amante, David, un hombre casado. Y en esas cartas queda mucho más claro lo que Edith piensa de los otros huéspedes del hotel y de lo que le ha sucedido, y de lo que piensa acerca de su relación con el propio David. Y el pasado, narrado en flashbacks, en el que se relata la vida de Edith como escritora, algunos episodios de su infancia, sus relaciones de amistad, su relación con David y el escándalo social por el que Edith fue a dar al Hotel du Lac.

 

Otra edición en 
inglés

La novela está escrita de manera elegante y clara, y algunos de los mejores momentos son de una sutileza extraordinaria. En el fondo, muy en el fondo (no hay que olvidar que es una novela inglesa sobre ingleses adinerados) hay un permanente tono de comedia tenue, algo áspera y seca. Es una obra breve que a mí me ha gustado mucho, pero supongo que no es para todos los gustos ni es una lectura para todos los estados de ánimo. Evidentemente su público natural son las lectoras, y, por lo tanto, es una estupenda lectura para hombres.

 

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Hotel du Lac. Anita Brookner. Traducción de Manuel Sáenz de Heredia. Tusquets Editores (colecciones Andanzas y Fábula). 188 págs.

 

 

 


viernes, 21 de agosto de 2020

Blanco Nocturno, de Ricardo Piglia

 


Blanco Nocturno

de Ricardo Piglia

 

Jesús Guerra

 

Ricardo Piglia fue un novelista, cuentista, guionista de cine y crítico literario argentino, nacido en Adrogué, en noviembre de 1941, y fallecido en Buenos Aires, en enero de 2017, a los 75 años. También fue profesor de Literatura Latinoamericana en varias universidades estadounidenses, entre ellas Harvard y Princeton. Fue un hombre de una enorme inteligencia y una muy amplia cultura.

 

Escribió y publicó mucho, aunque lamentablemente pocas novelas: Respiración artificial (1980), La ciudad ausente (1992), Plata quemada (1997), Blanco nocturno (2010) y El camino de Ida (2013).

 

Publicó libros de cuentos: Jaulario (1967), La invasión (que es una modificación y ampliación del libro anterior, 1967), Nombre falso (1975), Prisión perpetua (1988), Cuentos morales (1995), El pianista (2003) y Los casos del comisario Croce (2018).

 

Sus libros de ensayo y crítica son los siguientes: Crítica y ficción (1986), Diccionario de la novela de Macedonio Fernández (2000), El último lector (2005), Teoría del complot (2007), La forma inicial (2015), Por un relato futuro. Conversaciones con Juan José Saer (2015), Las tres vanguardias (2016), Escritores norteamericanos (2017), Teoría de la prosa (2019).

 

Publicó también: Antología personal (2015), Los diarios de Emilio Renzi, en tres volúmenes: Los años de formación [1957-1967] (2015), Los años felices [1968-1975] (2016) y Un día en la vida [1976-1982] (2017).

 

Recibió numerosos galardones, y su novela más premiada fue Blanco nocturno, por la que ganó: el Premio de la Crítica de narrativa castellana 2010 (de España), el Premio Rómulo Gallegos 2011 (de Venezuela), el Premio Hammett 2011 (de la Semana Negra de Gijón), y el Premio de Narrativa José María Arguedas 2012 (de Cuba).

 

Y es que Blanco nocturno es una gran novela literaria disfrazada de novela policiaca, o quizá una novela policiaca que desborda sus límites genéricos y estilísticos, o tal vez simplemente sea una gran novela, a secas, en la que, entre muchas otras cosas, hay un crimen, dos investigadores y hasta dos culpables, uno verdadero y uno falso.

 

Tony Durán («un aventurero y un jugador profesional»), era un ciudadano estadounidense nacido en Puerto Rico, mulato de buen porte, que en un casino norteamericano conoció a las gemelas Belladona, argentinas de una familia de dinero de una población de rancheros y gauchos. Luego de que las hermanas regresaron a su país, y a la casa familiar, apareció Tony, con una maleta, se metió en el mejor hotel del pueblo y comenzó a conocer a la gente del lugar. Cuando se reencontró con las gemelas, Ada y Sofía, todos comenzaron a murmurar y a hacer suposiciones.

 

Cuando le preguntaban a Tony que hacía ahí, él decía que había ido a hacer negocios. Luego empezó a conocer el mundo de los criadores locales de caballos y todos creyeron que iba a comprar algunos en nombre de algún millonario norteamericano, hasta que, todos, incluido el propio Tony, comenzaron a olvidarse de los famosos caballos, pero seguía dejándose ver en el Club Social con alguna de las gemelas, y en las madrugadas, paseándose por las calles vacías acompañado de un empleado del hotel llamado Yoshio Dazai, de origen japonés, a quien todos llamaban el Japo. Pero a los tres meses y cuatro días de haber llegado al pueblo, fue encontrado el cuerpo sin vida de Tony Durán en su cuarto de hotel.

 

Entra en escena el comisario Croce, un policía a la antigua, nada científico, pero muy efectivo, basado sólo en su intuición y en el conocimiento de la gente, seguido para todas partes por su ayudante, el inspector Saldías. Y entra en escena, también, el fiscal Cueto, un abogado con muchas conexiones y con prisa de que la investigación llegue a su fin. Con la noticia del crimen, llegaron al pueblo algunos periodistas de Buenos Aires, entre ellos Emilio Renzi (personaje que aparece en otras novelas y relatos de Piglia).

 

El fiscal Cueto hizo algunas maniobras políticas y logró que las autoridades jubilaran a Croce, el cual se fue una temporada al manicomio local. Cuando Renzi lo fue a visitar le preguntó por qué estaba ahí, y el excomisario le respondió: «De vez en cuando hay que estar en un loquero, o hay que estar preso, para entender cómo son las cosas en este país». Así, Renzi se convirtió en el ayudante no oficial de Croce, e investigaba gracias a su credencial de periodista.

 

Y fue Sofía Belladona la que a lo largo de varias largas conversaciones, le contó a Renzi la historia de su familia, y con ello la historia del pueblo, y en particular el caso de su medio hermano Luca Belladona, un ingeniero genial caído en desgracia económica debido a varias traiciones recibidas, que permaneció encerrado, viviendo solo, en lo que fuera su enorme fábrica de automóviles, con varios proyectos demenciales que se encuentran en el límite entre la mística y la ciencia-ficción.

 

La novela es estupenda, maravillosamente escrita, y evidentemente con varias capas de significados. La obra se entiende muy bien, por lo menos hasta un cierto nivel, pero todo parece indicar que para comprenderla a fondo es necesario conocer el resto de la obra narrativa de Piglia, sobre todo las novelas y relatos en los que aparece el periodista Emilio Renzi, quien es en realidad el alter ego del propio Piglia (el nombre completo del autor es Ricardo Emilio Piglia Renzi), y ya de pasada un libro posterior, publicado póstumamente: Los casos del comisario Croce. Así que Blanco nocturno es una novela para leer y releer, es decir, para disfrutar ahora y en el futuro.

 

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Blanco nocturno. Ricardo Piglia. Anagrama, colección Narrativas hispánicas (1a. ed., septiembre 2010), 301 págs.

 

 

 


martes, 28 de julio de 2020

Juventud, de J.M. Coetzee




Juventud

de J.M. Coetzee

 

Jesús Guerra

 

Juventud es la segunda novela autobiográfica de John Maxwell Coetzee (Premio Nobel de Literatura 2003) —vale la pena que lean mi reseña de Infancia, la novela autobiográfica anterior, texto en el que también apunto los títulos de las obras del autor y otros datos—, la cual es ligeramente más breve que Infancia, y está escrita con el mismo estilo y tiene las mismas características de ésta: narrada en tercera persona del singular, en presente, evidentemente con el mismo objetivo: lograr una distancia con su personaje central, ahora de 19 años al inicio del libro, que es y no es el autor.

Edición en inglés

La novela abre con el joven John viviendo solo, en un departamentito, todavía en Ciudad del Cabo, Sudáfrica. Estudia la Licenciatura en Matemáticas en la universidad y tiene varios trabajos que le permiten mantenerse y ahorrar un poco, sobre todo porque visualiza su futuro en la ciudad de Londres.

El joven John es tímido, algo torpe en lo social, emocionalmente distante, aunque interiormente desea un contacto emocional real e intenso con alguna mujer ideal, reflexivo, algo depresivo (aunque como buen adolescente con alma de artista, exagera su condición melancólica y solitaria), espartano en sus costumbres y alimentación. Se siente especial, pero se ve a sí mismo, físicamente, como un tipo del montón, así que sus aspiraciones con respecto a las chicas con las que intenta establecer algún tipo de relación no son muy altas. Corteja a chicas que no son particularmente atractivas pues siente que son con las que tiene probabilidades de tener éxito, y, en efecto, logra iniciar relaciones que, sin embargo, siempre son algo frías, algo tristes y definitivamente decepcionantes.

De una página a otra el joven John se encuentra ya viviendo en Londres. Para poder quedarse en la ciudad, necesita con urgencia conseguir un trabajo. Los prospectos son terribles hasta que encuentra un anuncio de la compañía IBM que solicita empleados para entrenarlos como programadores. Le interesa, debido a su formación como matemático, y consigue el empleo.



Mientras tanto, lee todo lo que puede, sobre todo de poesía. Entra a un taller literario. Sueña con escribir, y escribe algunos poemas que no lo convencen. Reflexiona mucho sobre su presente y su futuro, intenta alejarse de su pasado, de su familia, de su país. En esos primeros tiempos en Londres desea convertirse en un inglés y ser percibido como tal. Ve su vida en esa época como un fracaso, no se da cuenta (del todo) de que está madurando y viviendo. Reflexiona sobre lo que lee, revistas literarias, libros y autores, y sobre lo que quisiera escribir. Sus gustos cambian. Incluso su idea de su propio futuro ideal empieza a transformarse. Sus relaciones de amistad son mínimas y superficiales. Sus relaciones amorosas siguen siendo tristes, extrañas y decepcionantes. Y así pasan, con rapidez para los lectores, varios años.

Edición francesa

Debo decir que Juventud me gusta más que Infancia, aunque ambas obras me parecen fascinantes. Intelectualmente comprendo muy bien los motivos, por lo menos algunos de ellos, por los que J.M. Coetzee es considerado uno de los escritores más importantes de nuestro tiempo, sin embargo, su estilo, distante, no funciona muy bien con mis gustos como lector. Intelectualmente entiendo que leí es una novela autobiográfica, pero la siento como un reporte. Tal vez un reporte estupendo, pero muy lejano de lo que para mí es una novela. No es una cuestión de calidad, por supuesto, sino de estilo.

Es interesante, no obstante, el hecho de que, a pesar de no disfrutar demasiado con la lectura de Infancia y Juventud, no haya podido dejar de leerlas. Tienen algo hipnótico que me ha obligado a terminarlas. Y sé que leeré otros libros de Coetzee porque, dejando de lado su estilo y su tono, los temas que trata son, sin duda alguna, interesantes e importantes.

Como apunté al final de la reseña de Infancia, si no han leído a Coetzee, hagan la prueba, tal vez ustedes terminen por formar parte del bando de sus lectores apasionados, que es enorme.

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Juventud. J.M. Coetzee. Traducción de Cruz Rodríguez Juiz. Literatura Random House. 208 págs.

La novela también se encuentra en Escenas de una vida de provincias. Literatura Random House (que contiene Infancia, Juventud y Verano). 592 págs.

 

 


jueves, 16 de julio de 2020

Infancia, de J.M. Coetzee





Infancia
de J.M. Coetzee

Jesús Guerra

La pronunciación del apellido del escritor sudafricano John Maxwell Coetzee (Premio Nobel de Literatura 2003) es bastante problemática, no sólo para los hablantes del español, pero quizá sí sea algo más problemática para nosotros. No soy lingüista, así que trataré de explicar esta cuestión a mi manera: La «oe» no se pronuncia como dos vocales, sino más o menos como la mezcla entre ambas, es decir, un sonido que está a medio camino entre la «o» y la «e» (algo que para los franceses y los holandeses es pan comido), y la doble «e» final, en afrikáans, lengua de los afrikáner (origen de este apellido), se pronuncia como «i» con una especie de fantasma de una «e» al final, sin embargo, el propio autor, que escribe en inglés y no en afrikáans, pronuncia su apellido sólo con una «i» final (una «i» inglesa, no castellana), olvidándose de la espectral «e».

Dejando atrás ese asunto, puedo continuar con algunos datos biobibliográficos de John Maxwell Coetzee, o J.M. Coetzee, que es como firma sus libros. Nació el 9 de febrero de 1940, en Ciudad del Cabo, Sudáfrica. Aunque nació de padres afrikáners (blancos, descendientes de colonos holandeses), en su casa se hablaba en inglés, sin embargo, con el resto de la familia, hablaba en afrikáans. En varias entrevistas, Coetzee ha dicho que hay algunas características personales que lo separan del resto de los afrikáners, entre ellas el hecho de no ser practicante de ninguna religión, aunque estudió en escuelas protestantes y católicas en su infancia, y, por supuesto, por estar en contra del racismo que su país oficializó en 1948 con el apartheid (que no terminó sino hasta 1994). A principios de los años 60 se fue a estudiar y trabajar a Londres, Inglaterra, luego estudió Literatura en Austin, Texas, y más tarde fue profesor de Literatura en otras universidades de los Estados Unidos. Regresó a Sudáfrica a mediados de los años 80, para trabajar también como profesor universitario, y desde 2002 vive en Adelaide, Australia.

Ha escrito 14 novelas:
* Tierras de poniente (Dusklands, publicada en inglés en 1974 y en español en 2009)
* En medio de ninguna parte (In the Heart of the Country, inglés 1977, español 2003)
* Esperando a los bárbaros (Waiting for the Barbarians, 1980, 1989)
* Vida y época de Michael K. (Life & Times of Michael K, 1983, 1987)
* Foe (Foe, 1986, 1988)
* La edad de hierro (Age of Iron, 1990, 2002)
* El maestro de Petersburgo (The Master of Petersburg, 1994, 1996)
* Desgracia (Disgrace, 1999, 2000)
* Elizabeth Costello (Elizabeth Costello, 2003, 2004)
* Hombre lento (Slow Man, 2005, 2005)
* Diario de un mal año (Diary of a Bad Year, 2007, 2006)
* La infancia de Jesús (The Childhood of Jesus, 2013, 2013)
* Los días de Jesús en la escuela (The Schooldays of Jesus, 2016, 2017)
* La muerte de Jesús (The Death of Jesus, 2019, 2019)  

Tiene además tres novelas autobiográficas:
* Infancia (Boyhood: Scenes from Provincial Life, 1997, 1999)
* Juventud (Youth: Scenes from Provincial Life II, 2002, 2002)
* Verano (Summertime, 2009, 2010)

Estas tres obras posteriormente se publicaron en un solo volumen:
* Escenas de una vida de provincias (Scenes from Provincial Life, 2011, 2013)

Tiene también dos libros de cuentos:
* Tres cuentos (Three Stories, 2014, 2016)
* Siete cuentos morales (Moral tales, 2018)

Además, 10 libros de ensayo, crítica y correspondencia:
* Truth in Autobiography (1984)
* White Writing: On the Culture of Letters in South Africa (1988, algunos de estos ensayos fueron publicados en el libro Paisaje sudafricano, de la editorial Días Contados, de Barcelona, en 2013)
* Doubling the Point: Essays and Interviews (1992)
* Contra la censura. Ensayos sobre la pasión por silenciar (Giving Offense: Essays on Censorship, 1996, 2008)
* Las vidas de los animales (The Lives of Animals, 1999, 2001)
* Costas extrañas. Ensayos, 1986-1999 (Stranger Shores: Literary Essays, 1986-1999, 2001, 2004)
* Mecanismos internos. Ensayos, 2000-2005 (Inner Workings: Literary Essays, 2000-2005, 2007, 2009)
* Él y su hombre, discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura (He and His Man, 2008, 2008)
* Aquí y ahora. Cartas 2008-2011 [correspondencia con Paul Auster] (Here and Now: Letters 2008-2011, 2013, 2013)
* El buen relato [en coautoría con Arabella Kurtz] (The Good Story: Exchanges on Truth, Fiction and Psychotherapy, 2015, 2015)
* Las manos de los maestros (selección de ensayos en castellano, 2016)

Si se fijan en las fechas de publicación, tanto en inglés como en español, de darán cuenta que algunos de los libros, sobre todo de 2005 en adelante, o bien han aparecido en nuestro idioma al mismo tiempo que en inglés, o antes. Eso se debe, lo ha comentado él mismo, a que le molesta que el inglés se asuma como la lengua dominante en el mundo, con todo lo que eso implica, particularmente para algunos ingleses y norteamericanos, que sienten como si su idioma fuera más importante o incluso mejor que otros. Coetzee, que es antirracista y combate por los derechos de los animales, combate también, a su manera y en la medida de sus posibilidades, esta especie de racismo lingüístico, promoviendo que algunos de sus libros se publiquen primero en otras lenguas, como el holandés y el español.




Infancia es una novela autobiográfica, y como todas las obras de este género nos plantea un cuestionamiento: ¿qué tanto de lo que leemos es «verdad» (en el sentido de que haya sucedido realmente) y que tanto es ficción? Los lectores que no conocemos al autor personalmente (es decir casi todos) y que no hemos leído una minuciosa biografía suya (que hasta donde sé aún no se ha escrito), nos tenemos que quedar con la duda. Qué tanto es «real» no lo podremos saber, pero de que lo narrado es «verdadero» no debemos dudarlo (y a quienes no les quede clara esta idea, pueden leer el famoso ensayo de Mario Vargas Llosa «La verdad de las mentiras»).

El libro en realidad no nos relata la niñez del autor, sino esa etapa entre la infancia y la adolescencia, entre los 10 y los 13 años. Está narrado en presente, en tercera persona, para lograr una cierta distancia entre el autor adulto y el niño que fue, así como con su hermano menor (que casi no aparece en el libro) y sus padres. Siempre habla del personaje central como «él», y no es sino hasta el inicio del capítulo 12 (de los 19 que componen el libro) que se menciona el nombre del personaje, John, cuando su padre pregunta por él, y el apellido del padre aparece aún después.

El niño es muy inteligente, tímido, y vive lleno de temores y de vergüenzas, en parte debido a la edad, en parte debido a características personales y familiares, y en parte debido a su contexto nacional y temporal. El relato no está centrado en la Sudáfrica de los años 50, pero siempre está presente, necesariamente. Y el relato nos muestra todo aquello que, si bien para el personaje puede ser «normal», no deja de molestarle o parecerle raro o vergonzoso de su entorno. Ahí está el racismo, la desconfianza mutua entre los protestantes, los católicos y los judíos, las diferentes lenguas habladas en el país, las relaciones entre el personaje central y su padre (a quien no respeta aunque no le queda muy claro por qué), su madre (a quien ama y detesta simultáneamente), su hermano menor (a quien no parece hacerle mucho caso en esa época), las tías y tíos maternos y paternos, los amigos, los profesores (la mayoría eran realmente temidos por sus alumnos pues tenían libertad de azotar con varas a los estudiantes). El autor relata el amor del personaje por el críquet, por los libros, por las películas y por el campo sudafricano.

La novela está narrada como una serie de escenas discontinuas, pasando de unos temas a otros, aunque por supuesto los más importantes (como su familia) regresan constantemente, mostrando la evolución que se da por el paso del tiempo y por la diferencia de comprensión del niño de su entorno. Las circunstancias familiares cambian también (se mudan de ciudad, el personaje pasa de una escuela a otra, el padre de un trabajo a otro, hay cambios en las finanzas, en los estados de ánimo, en la relación de sus padres).

Una de las características del estilo de Coetzee es la precisión de su lenguaje y, por lo tanto, la precisión del relato. Sin embargo, la distancia, objetividad y pulcritud crean una obra más bien fría. El autor no intenta ganarnos por las emociones (aunque sí, quizá, por la empatía, aunque esto depende también de los lectores) sino por la cabeza. La obra de Coetzee es cerebral. Interesantísima, sí, fascinante, incluso, pero hay lectores a quienes Coetzee les parece más bien aburrido, lento y quizás lejano. En mi caso, tengo que estar en el estado de ánimo adecuado para leerlo. Pero también hay lectores —entre ellos el ya mencionado Vargas Llosa— para quienes J.M. Coetzee es uno de los mejores escritores del mundo. El español Félix de Azúa escribió que Infancia y Juventud son dos obras perfectas.

A mí Infancia me gusta y me parece interesantísima, aunque no me encanta. Si no han leído a Coetzee, hagan la prueba. Quizá ustedes pertenezcan al grupo de los apasionados.

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Infancia. J.M. Coetzee. Traducción de Juan Bonilla. Literatura Random House. 192 págs.
La novela también se encuentra en Escenas de una vida de provincias. Literatura Random House (que contiene Infancia, Juventud y Verano). 592 págs.





martes, 7 de julio de 2020

El visitante, de Stephen King





El visitante
de Stephen King

Jesús Guerra

Los libros de Stephen King forman parte del panorama bibliográfico mundial desde mediados de los años 70 (en 1974 se publicó en Estados Unidos su primera novela, Carrie); de entonces para acá, su autor publica entre uno y tres libros por año. Hasta julio de 2020 ha publicado 61 novelas, 11 libros de cuentos o novelas cortas, cinco libros de no ficción y 15 catalogados como «otros» (es decir, algunos guiones de cine originales, audiolibros especiales, cómics, libros antologados por él, un libreto para un musical, ediciones especiales, un libro de ensayos coescritos con otros autores, etc.). Es decir, 92 obras (el promedio exacto es dos por año). Esto sin contar los 19 guiones cinematográficos escritos o coescritos por él, basados en sus propias novelas y cuentos.

Para que se den una idea de hasta qué punto estamos inmersos en el mundo de Stephen King, de 1976 a 2019 se han realizado 49 adaptaciones cinematográficas de sus obras (y están en preparación 11 más); 27 adaptaciones para televisión (entre capítulos de series, películas para TV y series de TV), con ocho más en preparación. Y hay que agregar 19 películas, para cine o TV, inspiradas en sus obras pero que no fueron escritas por King (precuelas o secuelas de las adaptaciones originales). Y todavía habría que agregar los cómics, las obras de teatro —incluidos los musicales—, y las canciones que se han hecho a partir de su obra literaria...

En esta entrada comento su novela El visitante (en inglés The Outsider), publicada tanto en inglés (Scribner) como en español (Plaza & Janés) en 2018. Para tratarse de Stephen King, no es una novela muy «extensa» (592 páginas en la edición en español) —comparada con algunas de sus novelas largas, como La danza de la muerte [The Stand], que en su versión «corta», en inglés, publicada en 1978, tiene 823 páginas, y en su versión larga, de 1990, tiene 1,152 páginas—, la cual, además, se deja leer con gran rapidez, porque tiene un arranque fenomenal.

Stephen King, por ser un escritor tan prolífico, con una imaginación desatada y que escribe a una velocidad sorprendente, es necesariamente un autor irregular en su calidad. Tiene de todo: obras estupendas, buenas, regulares y malas. Y tiene otras, entre las que hay que ubicar a El visitante, que podríamos calificar como mixta, porque tiene una primera parte buenísima y una segunda parte regular. Pero atención, la primera parte es tan interesante, el planteamiento es tan misterioso y la narración tan eficaz, que por ese solo hecho me parece un libro recomendable. En cuanto a los géneros, se trata de una obra policiaca mezclada con elementos de terror sobrenatural, lo que quiere decir que no es propiamente un libro de terror, lo señalo para que lo sepan quienes anden a la caza de un libro aterrador.




En un pueblo de Oklahoma, es descubierto el cadáver de un niño de 11 años, Frankie Peterson, brutalmente asesinado. La policía comienza su investigación y descubren que el descuidado homicida dejó el cadáver y la escena del crimen cubiertos de huellas dactilares y de ADN. Y, además, hay varios testigos que vieron al presunto asesino en el área del asesinato, en la fecha y la hora en que se determina que se cometieron los hechos. Y todo, pruebas y testimonios, conducen a Terry Maitland, el entrenador del equipo de beisbol infantil. Teniendo tantos elementos en la mano, tanto el fiscal estatal, Bill Samuels, como el detective Ralph Anderson, mostrando todo el odio que sienten por el perverso homicida, deciden mandar arrestar al profesor y entrenador Maitland en pleno juego de beisbol, para que todo el pueblo lo vea.

Lo anterior, por supuesto, destroza de manera instantánea la reputación del acusado y de su familia, y de inmediato la prensa comienza a hostigar a la esposa del acusado, Marcy, y a sus dos hijos. Pero lo que nadie esperaba es que el entrenador infantil tuviera una coartada. En la fecha y la hora del asesinato, él no estaba en el pueblo, se encontraba en la conferencia de un escritor en una ciudad cercana, también tiene testigos, pues no viajó solo, y hasta hay un video de la conferencia en el que se ve a Maitland haciéndole una pregunta al conferencista. ¿Qué sucedió? ¿Cómo es posible que Maitland estuviera en dos lugares al mismo tiempo?

En este punto, el amigo y abogado de Maitland, Howie Gold, decide contratar los servicios de una investigadora privada que tiene experiencia en casos «extraños», Holly Gibney (la cual es un personaje muy importante de la Trilogía de Bill Hodges, de Stephen King, compuesta de Mr. Mercedes, Quien pierde paga y Fin de guardia, y de una novela corta posterior a El visitante, publicada recientemente, en 2020, en el libro La sangre manda [If It Bleeds], que contiene cuatro novelas cortas).

Stephen King realizó un buen trabajo al mostrarnos no sólo el misterio sino las consecuencias de la muerte de Frankie en su familia, y del arresto público del acusado, que destroza a su familia. Es evidente, como nos lo muestra el autor en una buena parte de sus libros, que el mal no reside sólo en el monstruo o el villano de las historias...

La adaptación a serie de TV de El visitante (que lamentablemente no he visto) se estrenó a principios de este año en HBO.

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El visitante. Stephen King. Traducción de Carlos Milla Soler. Plaza & Janés (1a. ed., octubre 2018). 592 págs.




jueves, 18 de junio de 2020

El enigma de la habitación 622, de Joël Dicker






El enigma de la habitación 622
de Joël Dicker

Jesús Guerra

Los primeros días de este mes, Alfaguara publicó, en e-book, la más reciente novela de Joël Dicker —el famoso escritor suizo, nacido en 1985, autor del súper célebre thriller La verdad sobre el caso Harry Quebert—, llamada El enigma de la habitación 622, y la publicó casi de manera simultánea con la edición francesa de Éditions de Fallois, que apareció a fines de mayo pasado. La edición impresa de Alfaguara estará en librerías a fines de este mes.

Ningún autor es del todo consistente en su calidad, eso lo sabemos bien, sin embargo, el caso de Joël Dicker es algo extraño en este sentido. La calidad de sus novelas ha ido disminuyendo, aunque esto es discutible pues muchos de sus fans no piensan lo mismo. Su primera novela no la he leído aún (Los primeros días de nuestros padres), pero la obra que lo lanzó a la fama, la ya mencionada La verdad sobre el caso de Harry Quebert, publicada cuando Dicker tenía 28 años, es verdaderamente extraordinaria, tanto en su argumento, como en su estructura, en sus personajes y en la calidad de su escritura. Su novela siguiente, El libro de los Baltimore, no es propiamente un thriller, aunque sí tiene secretos y suspenso, es más bien un drama familiar, de la familia de Marcus Goldman, el personaje-escritor que narra el libro y narró también la novela de Harry Quebert. Decepcionó a algunos lectores por no ser un thriller, pero el libro, me parece, es estupendo, aunque quizá no sea tan bueno como el anterior. Con su siguiente novela, La desaparición de Stephanie Mailer, Dicker volvió al thriller, y otra vez, al igual que sus dos libros anteriores, se desarrolla en los Estados Unidos, con personajes estadounidenses, pero en este caso el escritor-narrador Goldman ya no apareció. La novela está narrada por varios personajes. Es un thriller muy entretenido, muy interesante, y para mi gusto muy bien estructurado, aunque, en efecto, no tiene la calidad de Harry Quebert.

En El enigma de la habitación 622, el autor escribe de nuevo un thriller mezclado con diversos dramas familiares, pero cambia de escenario, ahora se desarrolla en su propio país, Suiza, específicamente en Ginebra y en un pueblo de los Alpes llamado Verbier; y utiliza también un personaje-escritor que narra la historia: él mismo, Joël Dicker o, si prefieren, su versión literaria.

Edición francesa

Joël Dicker trabaja en su departamento de Ginebra en un libro sobre su recién fallecido editor, amigo y mentor Bernard de Fallois, pero por esos días conoce a una vecina del edificio, Sloane, comienzan una relación que no funciona y decide irse a pasar 15 días a un conocido hotel de lujo de los Alpes, a hora y media de Ginebra en carro, el famoso Palace de Verbier. Le dan la suite 623. Y pronto entabla amistad con su vecina de habitación, una inglesa llamada Scarlett, que está alojada en el cuarto 621 bis, que está entre el 623 y el 621. Les llama poderosamente la atención por qué no existe la habitación 622 y van a preguntar a la administración. Les dan una respuesta cualquiera, que no los convence, y deciden investigar el asunto. Así, en un libro comprado por Scarlett en el pueblo cercano al hotel, encuentran que sí existía esa habitación, y luego, revisando los archivos de un periódico local, descubren que hace años hubo un asesinato en la habitación 622. Un asesinato del que nunca logró la policía descubrir al culpable.

Así inicia esta obra. De entrada, no se sabe quién fue el asesino, pero tampoco quién fue la víctima, y para saber esto último se tiene que leer hasta la mitad de la novela y para saber lo primero hasta las últimas páginas. Como ya es una costumbre, o el estilo estructural («la receta», dirán algunos) de Dicker, la historia es contada a través de tres tramas paralelas en tres momentos diferentes, aunque todas, finalmente, son parte de la misma. Uno: Dicker cuenta lo que sucede en el presente (2018), mientras Scarlett y él realizan la investigación y, al mismo tiempo, Dicker va escribiendo la historia (y aquí intercala, en conversaciones con Scarlett, su homenaje a su amigo, el editor Bernard de Fallois, homenaje que, a pesar de estar un tanto metido con calzador, es interesante en sí mismo y muy emotivo). Dos: luego está el tiempo del crimen (desde meses antes hasta meses después) y Tres: lo sucedido en una fecha muy significativa 15 años antes del crimen (también, desde meses antes hasta meses después de esa fecha).

En realidad, se trata del pasado de los personajes 15 años antes del asesinato, en una fecha particular y por motivos especiales, que de alguna manera pone las cosas en marcha para que después suceda lo que sucedió. Luego, en otra fecha especial, la realización de un asesinato y sus consecuencias. Y el presente en el que el escritor investiga lo sucedido y nos lo cuenta.

Como ya se ha dicho de sus obras, se trata de un mecanismo de relojería (obviamente suizo), de una precisión asombrosa, sumamente eficaz, que nos mantiene leyendo para saber qué sigue. Por supuesto, el camino está lleno de giros y vueltas de tuerca inesperados. Lo primero que uno piensa de este argumento es que es inverosímil. Y es cierto. Pero eso, a fin de cuentas, a mí no me molesta demasiado (hay una enorme cantidad de películas y novelas que son inverosímiles y que de todas maneras disfrutamos muchísimo). Pero sí es cierto que si lo contado está en el ámbito de lo increíble, la novela, por realista que sea su ambientación, pasa a otro nivel, por lo menos mental, y se convierte en una especie de juego, pues tampoco es una obra del género fantástico.
 
Edición en catalán

Entonces, para quedar claros, a mí esta historia, con todo y que me parece increíble, me gusta, y me gusta la estructura utilizada para contarla, aunque también es cierto que los saltos de una trama a la otra son tantos que por momentos la novela marea. No tiene el nivel de equilibrio de Harry Quebert, obviamente.

En cambio, lo que no me gustó de esta obra es su escritura. Me parece plana, a veces hueca, tanto que por momentos parece que el autor cuenta, de manera muy simple, lo que será su novela en lugar de narrarnos la novela. Y los diálogos son, en general, muy malos. Al grado de que uno se pregunta en ciertas secciones de la novela si no se tratará en realidad de una comedia, una comedia que no es lo suficientemente graciosa y por eso nos damos cuenta tan tarde. Ahora bien, si a final de cuentas uno decide que esta obra es en realidad un juego, el hecho de que tenga secciones en un aparente tono de comedia tiene sentido, pero los lectores nos sentimos un tanto ofendidos por habernos dejado afuera del conocimiento oportuno de este detalle.

Y el otro gran problema es que todos los personajes hablan igual. Están, en general, bien trazados, aunque no desarrollados a profundidad. Sin embargo, entendemos bien las características de los personajes principales (que son bastantes), pero todos hablan igual, lo cual no es lógico. En un principio pensé que podría ser un problema de la traducción (no necesariamente porque sea una mala traducción sino porque a veces es muy difícil o imposible recrear en otra lengua características específicas del habla de un personaje), pero al revisar en Internet encontré que muchos lectores de lengua francesa se quejan de lo mismo.

Me parece, pues, que El enigma de la habitación 622 es la peor de las novelas de Dicker hasta el momento, o si prefieren, «la menos buena» (aunque estoy convencido de que alguno de los próximos libros del autor nos sorprenderá de nuevo en el futuro por su gran calidad en todos los rubros). Es la que menos he disfrutado en términos de lenguaje, incluso me llegó a molestar en algunos pasajes, sin embargo, en ningún momento pensé en dejar de leerla, porque su argumento me gusta (aunque sí creo que le sobran páginas). Ahora bien, si esta novela es un juego, tal vez sea el último homenaje posible de Joël Dicker a Bernard de Fallois: mostrarnos cómo le hace falta a un novelista, y a Dicker en particular en esta novela, la guía de un editor genial.

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El enigma de la habitación 622. Joël Dicker. Traducción de María Teresa Gallego Urrutia y Amaya García Gallego. Alfaguara, colección Narrativa Internacional [1a. ed., junio 2020]. 624 págs. [Estará en librerías el 25 de junio. La edición digital se publicó a principios de junio 2020.]

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