martes, 16 de enero de 2018

La lechuza ciega, de Sadegh Hedayat




La lechuza ciega
de Sadegh Hedayat

Jesús Guerra

La lechuza ciega es un libro extraño, pero (o: y) fascinante. Comienzo con mi historia con el libro: Hace un buen número de años compré, en una librería de viejo de la Ciudad de México, este libro de título raro, La lechuza ciega, de un autor, en ese entonces, completamente desconocido para mí, llamado Sadegh Hedayat. Había sido publicado otros tantos años antes, en octubre de 1966, por la editorial mexicana Joaquín Mortiz, en su famosa Serie del Volador, y el original había sido publicado en iraní, o persa, o farsi —como quieran llamar al idioma de Irán—, pero no en Irán sino en La India, con un tiraje pequeñísimo, en el año de 1936. La traducción al español es de Agustí Bartra, a partir no de alguna edición en farsi sino de la traducción al francés, a cargo de Roger Lescot, que se había publicado en Francia en 1953.




Cuando lo adquirí lo leí, o quizá sólo lo medio leí, y lo guardé. Y el libro, junto con el resto de mis libros de entonces, me acompañó en varias mudanzas y luego se quedó en la sección de libros en «añejamiento», hasta que hace poco lo rescaté y lo leí. Lo leí casi de un tirón, pues se trata de una novela corta, y si bien su redacción es perfectamente comprensible, y tiene pasajes deslumbrantes, su significado y su interpretación no son sencillos. Entre otras cosas por su utilización de una mezcla de simbolismos, de la cultura folclórica de Irán —aunque por fortuna cuenta, por lo menos la edición de Joaquín Mortiz, con un apartado de notas—, y simbolismos oníricos y por tanto psicoanalíticos, especialmente jungianos, y algunos otros que no soy capaz siquiera de percibir, ya no digamos de interpretar.




Ahora, gracias a Internet —instrumento inexistente para el público cuando adquirí el libro—, me entero de que el libro está considerado como la obra maestra de Sadeg Hedayat, y el escritor como uno de los grandes autores de Irán del siglo XX. Sin embargo, así como fue de extraña y, en parte, tremenda, la vida del autor así ha sido también la trayectoria de este libro, el cual, como comenté, se publicó en La India en 1936, con la nota de que estaba prohibida su venta y su publicación en Irán, pues en esos momentos políticamente el libro no hubiera sido bien recibido, por decir lo menos. Cuando finalmente se publicó en Irán, en los años 40, la novela causó revuelo y muy pronto sufrió de intentos de censura, y uno de sus defensores, fuera de Irán, fue André Bretón, pues a los surrealistas franceses les había entusiasmado mucho la obra. Finalmente, el libro fue censurado, así como otras obras de Hedayat (y muchos otros autores), y con la revolución islámica de 1979, la censura de libros no ha hecho más que empeorar en ese país.




Sadegh Hedayat —su nombre también puede aparecer en español como Sadiq Hidayat—, nació en 1903, en Teherán, en el seno de una familia aristocrática; tuvo muy buena educación y fue a estudiar su carrera a París a fines de los años 20. Iba a estudiar odontología, carrera que abandonó para estudiar una ingeniería, carrera que abandonó igualmente para estudiar literatura, gracias a su contacto, ahí, con la literatura occidental. Varios años después regresó a Irán y comenzó a publicar cuentos y ensayos, y a traducir del francés obras de Maupassant, de Sartre, de Chéjov y de Kafka, y se convirtió en una figura importante del panorama intelectual y literario de su país. Al parecer, sin embargo, para fines de los años 40 se dio cuenta que no podía producir las obras que quería y que su público esperaba de él, y también estaba decepcionado de la vida política de Irán. Su única esperanza era regresar a vivir a París, lo cual hizo en 1950, pero ya fuera porque el París de la postguerra no era la ciudad que conoció en su juventud, ya por la frustración que sentía por no poder escribir como deseaba, ya porque estaba demasiado imbuido del pensamiento del absurdo de la época, ya porque fuera un solitario melancólico, o porque —lo diríamos hoy— sufría de depresión, o quizá por todo eso junto, se quitó la vida en su departamento rentado de París en abril de 1951, dos meses después de haber cumplido 48 años de edad.




¿Pero de qué trata el libro?, se preguntarán ustedes. Bueno, eso depende, pues como comenté antes, tiene varias interpretaciones posibles. El narrador escribe para su sombra, para la sombra que proyecta sobre la pared mientras escribe y que parece una lechuza que fuera leyendo al mismo tiempo que él redacta. Según unas interpretaciones el narrador es un demente, según otras es un pintor fumador de opio y el texto es su delirio, según otra es un muerto que describe su confusión... Por supuesto, estas interpretaciones no son excluyentes: podría perfectamente tratarse de un adicto al opio cuyos delirios son idénticos a los de un demente que describe las sensaciones y la confusión de un muerto, o bien de un muerto que describe sus pensamientos y sensaciones creyendo estar en el delirio del opio, o cualquier variación que se les ocurra. En todo caso, hay una obsesión con el delirio onírico y con la muerte, y el personaje-narrador, que en ciertos pasajes está solo y, en otros, acompañado de algunos personajes misteriosos y siniestros, va participando a lo largo de la narración de la identidad de los otros personajes...

En todo caso, el libro es una locura, y, como apunté ya, es una obra fascinante. Curiosamente hay una adaptación cinematográfica de esta novela, de 1987, una adaptación muy libre del realizador chileno de cine de arte Raúl Ruiz, quien hizo toda su carrera en Francia (murió en el año 2011).

Si les interesa leer esta novela, evidentemente no van a conseguir ya, a menos de que sea en una librería de viejo, la edición mexicana de Joaquín Mortiz, pero hay ediciones españolas recientes, una de Ediciones Hiperión (su edición lleva el título El búho ciego) y otra de Ediciones Siruela, con traducción de María Isabel Reverte y María Teresa Gallego Urrutia. Esta edición de Siruela, se consigue con cierta facilidad y consta de 120 páginas.



miércoles, 10 de enero de 2018

Cuando fuimos huérfanos, de Kazuo Ishiguro




Cuando fuimos huérfanos
de Kazuo Ishiguro

Jesús Guerra

En una entrada de hace pocas semanas comenté (aquí) un poco sobre la obra del autor que ganó el Premio Nobel de Literatura correspondiente a 2017: el inglés, nacido en Japón, de padres japoneses, Kazuo Ishiguro. Probablemente muchos de ustedes ya han leído algunas obras de este autor, pues es muy conocido a nivel internacional desde su tercera novela, Los restos del día, publicada en 1989 en inglés, y en español en 1992, la cual fue aún más conocida a partir de que se estrenó su adaptación cinematográfica en 1993 (dirigida por James Ivory, con las actuaciones de Anthony Hopkins y Emma Thompson, cinta que estuvo nominada en los premios de la Academia para varios Óscares, incluido el de mejor película del año).

La primera obra que yo leí de este autor, sin embargo, fue la que se publicó en inglés en el año 2001, y poco después en español, en la editorial Anagrama, su quinta novela llamada Cuando fuimos huérfanos. La leí y me gustó. Ése era mi recuerdo, que me había gustado, y que me había parecido extraña y deslumbrante, pero ahora, tantos años después, sólo recordaba algunas escenas y una parte mínima de la trama. Así que la releí. Y definitivamente se las recomiendo. Me sigue gustando, me sigue pareciendo deslumbrante, y me sigue pareciendo extraña.




La novela está narrada por el personaje central, un inglés llamado Christopher Banks, y está dividida en siete partes, y cada una de ellas tiene como título un lugar y una fecha: «Primera parte: Londres, 24 de julio de 1930», «Segunda parte: Londres, 15 de mayo de 1931», «Tercera parte: Londres, 12 de abril de 1937», «Cuarta parte: Cathay Hotel, Shanghái, 20 de septiembre de 1937», «Quinta parte: Cathay Hotel, Shanghái, 29 de septiembre de 1937», «Sexta parte: Cathay Hotel, Shanghái, 20 de octubre de 1937» y «Séptima parte: Londres, 14 de noviembre de 1958».

Es decir, la novela es contada por el narrador, en parte y a saltos, a lo largo de 28 años, desde 1930 hasta 1958, pero la historia que nos cuenta, la suya propia y la de sus padres, comienza en realidad años atrás, en Shanghái, en donde vivía Christopher Banks cuando era niño, con sus padres, y donde su padre trabajaba para una compañía inglesa.




Al inicio están sus recuerdos infantiles: los juegos que jugaba con su mejor amigo, Akira, un niño japonés que era su vecino en el barrio internacional de Shanghái, y la realidad adulta vista desde su perspectiva de niño. Cuando Christopher tenía 10 años, una mañana, su padre salió a trabajar y no regresó. Se supuso que fue víctima de un secuestro y aunque los mejores detectives de la ciudad trabajaron en el caso, nunca lo resolvieron. Pasaron las semanas, y una mañana desapareció también la madre de Christopher. ¿Qué es lo que sucedió y por qué? Una noche, personas cercanas a los padres de Christopher decidieron enviarlo a Inglaterra, encomendándoselo al capitán de un barco inglés, pues allá vivía una tía del niño, la cual se haría cargo de él. Christopher, confundido y triste, se embarcó con la esperanza de que de un momento a otro encontraran a sus padres y él pudiera regresar a Shanghái y reanudar su vida tal como era hasta unas semanas atrás...

Pasan los años y en Inglaterra el joven Christopher sale de la universidad con la intención de convertirse en detective. Este deseo se manifestaba ya en sus juegos en Shanghái con su amigo Akira, pero está claro que luego de lo sucedido con sus padres, ese deseo se acentuó, con la intención, aunque fuese una fantasía, de algún día resolver él mismo el misterio de la desaparición de sus padres. Christopher se convierte en detective y pronto adquiere notoriedad social. Con el tiempo, sin embargo, su necesidad de saber qué sucedió realmente lo lleva de regreso a Shanghái, en 1937, al inicio de la segunda guerra chino-japonesa.




Si Shanghái era una ciudad muy compleja debido, entre otras cosas, a las muchas nacionalidades de su población, más compleja se volvió en 1937 con el inicio de las hostilidades y de la invasión japonesa, y, simultáneamente, con las luchas entre nacionalistas chinos y comunistas chinos. Y ahí se complican también las cosas para el detective Christopher Banks, que está a la búsqueda de sus padres o por lo menos de la resolución del misterio de su desaparición, y todo se complica también para el lector cuando comprendemos cabalmente que Christopher Banks es lo que se llama en literatura un «narrador no confiable». Pero, nos preguntamos, ¿nunca es confiable, a lo largo de toda la narración, o sólo en algunos momentos críticos?

Como ya apunté, a mí esta novela me parece interesantísima, y me llevé una sorpresa cuando al buscar información sobre la misma, me enteré que la crítica inglesa y estadounidense no considera esta obra como una de las mejores de Kazuo Ishiguro (de hecho, el mismo autor ha declarado que no es de sus mejores novelas, lo que, evidentemente, no implica que sea una mala novela). El crítico inglés Philip Hensher, del periódico The Guardian, por ejemplo, alabó la arquitectura de la novela, pero atacó el lenguaje, la voz con la que está escrita la obra. Sin embargo, las objeciones que le hace al lenguaje de la novela son muy específicas del inglés y esos problemas que el crítico señala no se encuentran, por lo menos no tal como las señala, en la traducción a nuestro idioma, pues esas características problemáticas no existen, por lo menos no así, en español, y además porque las traducciones normalmente neutralizan la voz de los narradores.


Edición francesa de bolsillo


Otros críticos comentaron las inconsistencias con las novelas de detectives, y es cierto, esta obra de Ishiguro sólo es policiaca a ratos y en determinadas perspectivas, aunque también, me parece, es parte de su encanto. Y si, a final de cuentas, llegaran ustedes a la conclusión de que Cuando fuimos huérfanos es, de alguna manera, una novela fallida, vale la pena que comparen, en ese caso, lo que es una novela fallida de un Premio Nobel de Literatura en relación con una novela fallida de un autor menor.

No puedo, claro está, comentar puntos específicos de la novela sin echarles a perder su lectura, porque tendría que contárselas completa, lo que arruinaría el placer del descubrimiento del argumento de esta obra. Repito, eso sí, que a mí, en términos generales, me gusta mucho este libro, así que se los recomiendo. Hagan la prueba, confío en que no se van a arrepentir.

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Cuando fuimos huérfanos. Kazuo Ishiguro. Traducción de Jesús Zulaika. Editorial Anagrama (se encuentra en dos de sus colecciones: Panorama de Narrativas y Compactos). 408 págs.

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Te pueden interesar:

* Artículo sobre Ishiguro y el Nobel:

* Las primeras líneas de Cuando fuimos huérfanos en dos idiomas:


miércoles, 20 de diciembre de 2017

Recomendaciones de la Librería del Fondo Carlos Monsiváis


Recomendaciones
de la Librería del Fondo Carlos Monsiváis




Mi patria era una semilla de manzana
Herta Müller, Angelika Klammer

La premio Nobel Herta Müller relata, en una lúcida conversación con Angelika Klammer, la historia de su vida desde su infancia en Rumanía hasta la actualidad.

«Me siento (una vez más) como si me estuviera viendo desde fuera». Así comenzaba Herta Müller su discurso tras la concesión del Premio Nobel. En una interesante conversación con Angelika Klammer habla de su trayectoria, desde su infancia en un pequeño pueblo rural del Bánato suabo hasta convertirse en la escritora mundialmente famosa que recibió en Estocolmo el premio literario más importante.

En Mi patria era una semilla de manzana la autora reflexiona sobre su adolescencia y juventud en la ciudad rumana de Timisoara y el despertar de la conciencia política, sus primeros contactos con la literatura, los conflictos con el régimen comunista y la construcción de un camino propio a través de la escritura; también detalla por primera vez lo que la llevó a escribir y aquello que ha determinado su obra. Por otra parte, su descripción de la llegada a un nuevo país introduce una mirada distinta sobre la Alemania de los años ochenta y noventa, así como sobre la sociedad en que vivimos hoy.

Siruela
Colección El Ojo del Tiempo
Traducido del alemán por Isabel García Adánez
224 págs.

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La expropiación de la salud
Juan Gérvas y Mercedes Pérez-Fernández

Tenemos derecho a decidir sobre nuestra salud. A los pacientes se nos ha expropiado la salud. Los médicos y el sistema sanitario nos han arrebatado el derecho a decidir por nosotros mismos acerca de si estamos sanos o enfermos. También es el sistema sanitario el que cada día más decide si estamos cuerdos o locos, si nos hemos de tratar el colesterol, la osteoporosis o la tristeza, si debemos medicarnos o ser operados. A través de ejemplos de la clínica cotidiana, los autores de Sano y salvo (6ª edición) se dirigen tanto a los pacientes como a los profesionales sanitarios y nos urgen a todos a cambiar de verdad.

La medicina actual se extralimita, y hay que denunciarla. Nos ha expropiado la salud, nos ha convertido en víctimas de unos «conocimientos» que imponen unos excesos que ninguna ciencia puede justificar.

Juan Gérvas es médico y se define como hombre feliz, optimista nato, crítico duro y positivo en lo cotidiano. Estudió en Valladolid donde se licenció como médico y ha sido profesor universitario en España y los Estados Unidos y médico de cabecera en la atención primaria de la sanidad pública. Tras retirarse como médico, es muy activo en la enseñanza y las redes sociales.

Mercedes Pérez-Fernández se licenció en medicina en Madrid. Casada con Juan Gérvas, han tenido tres hijos. Con tanto hombre en casa se hizo feminista de armas tomar. Ha sido médico en el barrio madrileño de San Blas durante tres decenios. Especialista en Medicina Interna y en ética médica, además baila muy bien, es alegre y animosa. No soporta a los abusones, los estúpidos ni a los chulos.

Los Libros del Lince
248 págs.

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A todo riesgo
Memorias airadas de una Pretender
Chrissie Hynde

Una voz única con una vida no apta para cobardes. Las memorias de una roquera de raza, una de las pocas que ha cambiado la historia del rock.

Son muy pocas las roqueras de raza, las que forman parte del gran circo del rock sin levantar suspicacias o alguna ceja. Chrissie Hynde pertenece a esa rara categoría después de más de 40 años vinculada al rock, primero desde una perspectiva estrictamente vital y luego como líder de los Pretenders, uno de los grupos que marcaron la música de finales del siglo xx. A todo riesgo son las memorias de alguien profundamente sincero —no se guarda nada en el tintero— y valiente que comparte con nosotros el camino recorrido un sinfín de juergas, giras, conciertos y proyectos, tan apasionante como terrible, siempre extraordinario.

Chrissie Hynde (Akron, Estados Unidos, 1952) estudió Bellas Artes en la universidad de Kent, donde fue testigo del asesinato de cuatro estudiantes por parte de la guardia nacional, el suceso que inspiró a Neil Young su canción «Ohio». En 1973 viajó a Europa con la intención de formar un grupo de rock. Cinco años después, en Londres, Chrissie lograría reunir a los primeros Pretenders y llevar adelante un proyecto que está considerado como uno de los más representativos del rock de finales del siglo xx.

Malpaso
Traducido por Ezequiel Martínez
344 págs.

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lunes, 18 de diciembre de 2017

Literatura navideña




Literatura navideña

Jesús Guerra

Si tenemos en cuenta lo extendida que está la tradición de la Navidad, sobre todo en Occidente, y la importancia que tiene en nuestra época, tanto en términos religiosos como comerciales, es evidente que exista también una gran tradición literaria navideña, una tradición literaria que, como la misma tradición religiosa, ha ido cambiando con el tiempo.

Para mucha gente, la Navidad no es más que una temporada de vacaciones en las que hay una cena familiar, acompañada casi inevitablemente de una gran cantidad de alcohol, «cuetes» y luces de Bengala, porque se festeja algo importante, aun si no son capaces de decir exactamente qué es y porqué es importante. Para otros, lo importante son los adornos: es la temporada de poner un pino y llenarlo de objetos y luces, de llenar la casa de coronas, igualmente arregladas, de colocar infinidad de muñecos, pinturas y juguetes que representan a Santa Clos, y, por supuesto, de colocar un nacimiento (un Belén, dicen en España), que puede ir de lo más sencillo hasta lo monstruosamente extravagante. Hay unos que hasta dinosaurios tienen, o jirafas, por supuesto, deliciosamente desproporcionados.
 
Para otros, la Navidad es la temporada de los regalos, sin saber por qué se dan o cuál es el significado de recibirlos. Lo importantes es la compra, o la venta de dichos regalos, dependiendo de qué lado de la barrera comercial se encuentren. Para otros más, con un sentido religioso más profundo, es una época de alegría reflexiva. Y para otros de este grupo, una alegría expansiva: son los que cantan villancicos, piden posada (en lugar de sólo asistir a una serie de fiestas con problemas de identidad), y van a representaciones de pastorelas.

Para otros más, es un tiempo de nostalgias, de tristezas y depresiones, que a veces tienen que ocultar... si es que pueden.


Para la mayoría, es un tiempo en que se mezclan todos esos elementos en mayor o menor medida. Sin embargo, una de las tradiciones que se han perdido dentro de esa gran tradición navideña, es la de leer historias navideñas, pero hubo épocas en la que esta tradición de la lectura de obras relacionadas con la Navidad fue muy importante. Ahora la hemos cambiado por las películas, por lo general cursis comedias relacionadas con esta celebración, y en particular con la figura de Santa Clos. Y si en el cine no se estrena ninguno de estos filmes, los canales de televisión se encargan de reciclar las viejas cintas navideñas, que a veces ve la familia, y a veces sólo están en la pantalla de la televisión enmudecida, mientras la familia cena hasta el hartazgo y se dan regalos unos a otros.

«La Navidad ya no es lo que era», dicen los viejos. Y tienen razón, porque todo cambia, y no necesariamente para mejorar. Y, como les decía, la tradición literaria navideña ha cambiado también. Hace varios siglos, se representaban obras de teatro en las iglesias, obras llamadas autos sacramentales, como «El auto de los Reyes Magos», del siglo XI. O «Las églogas representadas la misma noche de Navidad», de Juan del Encina, del año 1496. O se leían obras líricas como «Villancico a la misma noche», de Cristóbal de Castillejo, de 1573. Por supuesto, esto era en España (para estas últimas fechas en México apenas andábamos creando nuestro particular sincretismo).

Luego llegaron las narraciones de Navidad, como «El cascanueces», de E.T.A. Hoffman, de 1816, o «Nochebuena», de Gogol, de 1832, y pocos años después «Canción de Navidad» o, como la conocemos ahora, «Cuento de Navidad», de Charles Dickens, de 1843, que muy probablemente sea el relato navideño más popular hasta ahora. Pero la tradición ha continuado. Hay cuentos relacionados con la Navidad de autores como: Hans Christian Andersen, Dostoyevski, Pedro Antonio de Alarcón, Gustavo Adolfo Béquer, Alphonse Daudet, Ignacio Manuel Altamirano, Guy de Maupassant, Antón Chejov, Leopoldo Alas Clarín, Rubén Darío, Óscar Wilde, Benito Pérez Galdós, Luigi Pirandello, Emilia Pardo Bazán, Ramón del Valle Inclán, O. Henry, Isaac Asimov, Ramón Gómez de la Serna, C.S. Lewis (el autor de las historias de Narnia), Truman Capote, Azorín, Francis Scott Fitzgerald, Vladimir Nabokov, Paul Auster, Gabriel García Márquez, y Ray Bradbury, por mencionar sólo a algunos de los autores más conocidos.


Si en un principio estas historias, como las obras teatrales y las obras líricas más antiguas, trataban de asuntos de los personajes implicados en la historia que se supone celebramos con la Navidad, con el tiempo los argumentos pasaron a tratar asuntos relacionados con la gente, con personas comunes y corrientes —con las cuales podemos identificarnos los lectores— y lo que les sucede en los días de la Navidad. Muchas de estas historias son tristes, porque pretenden hacer que el lector reflexione, que se aleje de la locura consumista y sea menos egoísta, que recuerde que el espíritu de la Navidad está conformado por la caridad, el amor, el desprendimiento, y la ayuda a los demás. Las historias contemporáneas más bien lo que hacen es retratar a los que, por el motivo que sea, quedan fuera de la celebración. Son también, la mayoría, historias que tratan sobre personas solitarias, enfermas, muy ancianas o muy pobres, es decir: olvidadas. En este sentido, también pretenden hacer reflexionar al lector para que éste mire hacia otros lados, que conozca otras realidades.
 
Hay también, por supuesto, narraciones cómicas, extravagantes, misteriosas, de ciencia-ficción, de suspenso, de crímenes, de terror... Hay incluso cuentos eróticos navideños. La Navidad se puede incluir en cualquier tipo de narración. El único límite es la imaginación de los escritores... y de los editores.

Y así como hay, en nuestros días (pues antes hubiera resultado sacrílego) todo tipo de narraciones navideñas, pues existe todo tipo de escritores, hay también todo tipo de lectores. ¿Usted qué tipo de lector es? Lo invito a que busque las obras literarias navideñas más afines a su gusto, en librerías, en bibliotecas, en revistas, en librerías de libros usados, en libros electrónicos, en páginas de Internet, y, si todavía no lo sabe, descubra qué tipo de lector navideño es. Lo importante, en todo caso, es celebrar la Navidad, también, leyendo.




domingo, 26 de noviembre de 2017

Origen, de Dan Brown




Origen
de Dan Brown

Jesús Guerra
 
Edición de EEUU
A mediados de octubre pasado se publicó, simultáneamente en diversos idiomas, la más reciente novela de Dan Brown, la séptima que escribe y la quinta con su personaje Robert Langdon, el especialista en símbolos, religiones y arte de la Universidad de Harvard. Recordemos la bibliografía de este autor: En su primera novela —La fortaleza digital, de 1998—, y en la tercera —La conspiración, del año 2001— no aparece Robert Langdon, pues personaje fue creado para su segunda novela: Ángeles y demonios, del año 2000. La cuarta novela de este autor y segunda novela de la serie de Robert Langdon fue El código Da Vinci, de 2003, que fue, debido a que se convirtió en la obra más polémica del año (y de muchos otros años también), la que realmente lanzó a la fama tanto al autor como al personaje. La tercera novela de la serie es El símbolo perdido, de 2009, la cuarta, Inferno, de 2013, y la quinta, Origen, de este año.
 
Edición inglesa
Las adaptaciones cinematográficas, por su parte, han seguido una ruta diferente. La primera película que se hizo a partir de una novela de Dan Brown fue El código Da Vinci (de Ron Howard) en 2006, tres años después de la novela, debido a que fue el gran best-seller internacional y a la polémica que desató. La segunda adaptación fílmica fue Ángeles y demonios (también dirigida por Ron Howard), en 2009. Se estrenó tres años después de El código Da Vinci, y nueve años después de aparecida la novela. En cine, entonces, Ángeles y demonios sucede después de El código Da Vinci, pero en los libros es al revés.

Luego, Hollywood, por motivos que desconozco, se saltó la tercera novela de la serie, El símbolo perdido, aunque sí se intentó llevarla a la pantalla finalmente se abandonó (o se pospuso) el proyecto y se adaptó directamente la cuarta obra, Inferno (con muchos cambios y dirigida de nuevo por Ron Howard), que se estrenó en 2016, tres años después de aparecida la novela. Podemos suponer, por tanto, que la versión fílmica de Origen la tendremos en cines en el año 2020.

Edición francesa
Como ya es una costumbre en casos como éste, y en particular en el caso de Dan Brown, los críticos literarios que se toman demasiado en serio se han lanzado contra la novela. Insisten en algo en lo que todo el mundo parece estar de acuerdo, que Dan Brown no sabe escribir, lo que quiere decir que su estilo literario es bastante malo. Pero a estas alturas, la verdad, a nadie se le ocurre leer un thriller de Dan Brown en busca de calidad literaria, lo que uno busca es una historia interesante, con una embarrada cultural a cargo de Langdon, acerca de obras de arte, artistas, iglesias y otras edificaciones de las ciudades en las que corre, se esconde y busca claves relacionadas con un misterio. Es decir: un libro entretenido. Eso sí, Dan Brown sabe construir argumentos interesantes, aún si son en el fondo absurdos y aunque finalmente le queden un tanto esquemáticos debido a que más o menos siempre sigue una especie de machote que él mismo creó en su primera novela de la serie.

Edición alemana
Sin embargo, esto no es tampoco, en sí mismo, un error, ya que estamos hablando de una serie de novelas. Pensemos en una serie de películas, por ejemplo, las de James Bond, el agente 007. Estas cintas siguen más o menos un mismo patrón, pues es lo que las hace pertenecer a una serie, además de la aparición del mismo personaje central. Y lo mismo pasa con las novelas de una serie (pensemos en las de Harry Potter, por ejemplo) y con los capítulos de una serie de televisión. Estas similitudes estructurales son necesarias, porque los seguidores de las series, si bien queremos que cada capítulo sea distinto, también queremos que se desarrolle de manera similar y en los mismos ambientes. Necesitamos lo distinto y lo familiar de manera simultánea.

Una de las características de la serie de Langdon es que siempre transcurre en alguna gran ciudad del mundo (por lo general de Europa, aunque El símbolo perdido se desarrolla en Washington, D.C.), y que algunos de los edificios, puentes, monumentos, museos y artistas de esa ciudad son parte integral de la trama. Roma, en Ángeles y demonios, París y un poco de Londres en El código Da Vinci, Florencia en Inferno y, ahora, en Origen, que transcurre en España, todo se desarrolla en las ciudades de Bilbao, Barcelona, Madrid y Sevilla.
 
Edición italiana
Ahora bien, se preguntarán ustedes, ¿de qué trata Origen? Un millonario cuarentón norteamericano, experto en cuestiones de tecnología computacional (una especie de Steve Jobs, digamos) que vive en Barcelona, invita a personas importantísimas de todo el mundo (artistas, millonarios y científicos) a una presentación que realizará en el museo Guggenheim de Bilbao, una presentación de un descubrimiento que ha hecho, que «lo cambiará todo». Un descubrimiento que responde a las dos preguntas principales que todo ser humano puede hacerse con respecto a la humanidad: «¿de dónde venimos?» y «¿hacia dónde vamos?» Por supuesto, Robert Langdon es uno de los invitados, debido a que fue profesor, en Harvard, de este relativamente joven millonario que ahora parece haber sobrepasado a su maestro: Edmond Kirsch.
 
Edición polaca
Kirsch es un conocido ateo que ataca con frecuencia a las religiones del mundo, y su descubrimiento reciente, se supone, podría acabar con estas religiones, es decir, acabar con la fe religiosa de la gente y por tanto iniciaría el proceso del desmoronamiento paulatino de las religiones, grandes y pequeñas. El anuncio se haría en el museo, en vivo, para los invitados especiales, y por Internet, para varios millones de seguidores de Kirsch. Pero, por supuesto, «algo» sucede mientras Kirsch hace una especie de prólogo al video en el que anuncia su descubrimiento, se desata el caos, y Robert Langdon se da a la tarea de descubrir un password que permitiría relanzar el video por Internet. Todo esto, por supuesto, mientras la policía española lo persigue, a él y a la directora del museo, la chica Langdon de esta historia, quien además es la prometida del Príncipe de España, un príncipe de una familia real que no es la de la España de nuestro universo.

Si usted es de los que piensan que las novelas de Dan Brown son una tontería, la solución es sencilla: no las lea. Si, en cambio, es usted un seguidor de las novelas de este autor, adelante, esta novela le va a gustar. Y si usted está indeciso, o nunca ha leído una novela de Dan Brown, haga la prueba: lo peor que puede pasar es que no le guste, y lo mejor, que la disfrute enormemente y termine por leerlas todas.

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Origen. Dan Brown. Traducción al español de Aleix Montoto Llagostera y Claudia Conde Fisas. Planeta. 660 págs.