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La hija del tiempo
de Josephine Tey
Jesús Guerra
A veces releo las listas de Las
100 mejores novelas sobre crímenes de todos los tiempos, publicada en 1990
por la Crime Writers' Association (CWA), de Gran Bretaña, y Las 100 mejores
novelas de misterio de todos los tiempos, publicada por la Mystery Writers
of America (MWA), las cuales he mencionado varias veces (en los comentarios de
novelas como El halcón maltés, de Dashiell Hammett; El sueño eterno,
de Raymond Chandler, o Diez negritos, de Agatha Christie, entre otros)
para seleccionar lecturas, y después de leer la novela de Hammett, por pura
curiosidad, sin tener mayor información acerca del libro ni de la autora,
decidí leer La hija del tiempo, de Josephine Tey, por la sencilla razón
de que se encuentra ubicada en la posición número 1 de la lista de los
escritores policiacos británicos (CWA) y en la número 4 de la lista de
escritores norteamericanos.
Primero les comento algunas
cosas de la autora. Resulta que Josephine Tey era en realidad el seudónimo de
Elizabeth Mackintosh (al inicio de su carrera también publicó algunos libros
bajo el nombre Gordon Daviot), escritora nacida el 25 de julio de 1896 en
Inverness, Escocia, y fallecida el 13 de febrero de 1952 en Londres, de cáncer,
a los 55 años.
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Edición reciente en inglés |
Escribió seis novelas con el
inspector Alan Grant como protagonista, o, en una de ellas, como personaje
secundario:
* The Man in the Queue (o
Killer in the Crowd, 1929; inicialmente esta primera novela del
inspector Grant fue publicada con el seudónimo de Gordon Daviot)
* A Shilling for Candles (Un
chelín para velas, 1936, ya como Josephine Tey. Esta novela fue adaptada al
cine por Alfred Hitchcock en 1937, con el título Young and Innocent)
* The Franchise Affair (El caso de Betty Kane, 1948)
* To Love and Be Wise (Amar y ser sabio, 1950)
* The Daughter of Time (La hija del tiempo, 1951)
* The Singing Sands (1952)
Además, escribió otras
novelas y varias obras de teatro.
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Edición digital en francés |
El título de La hija del
tiempo proviene de un “proverbio antiguo” utilizado como epígrafe general: “La
verdad es la hija del tiempo”. Esta novela, que, en efecto, es estupenda, es
también extraña, en el sentido de que no sigue las tradiciones principales de
las novelas policiacas clásicas, subgénero al que pertenece, o por lo menos no
las sigue de una manera evidente, aunque en el fondo sí. Para darme a entender
tengo que comentarles de qué trata la obra: la novela empieza con el inspector
Alan Grant acostado en una cama de hospital, inmovilizado, con una pierna
fracturada, aburrido de mirar el techo del cuarto. Unos días antes,
persiguiendo a un criminal, cayó en un pozo. Sus amistades y algunos compañeros
le han regalado novelas para que se entretenga, pero no le interesa ninguna. A
él, como policía, le interesan los rostros de las personas, y se precia de ser
bueno leyendo el carácter de la gente en su rostro, y su amiga Marta Hallard,
que es actriz teatral, lo sabe, así que un día le lleva una serie de fotografías
de personajes históricos (que incluyen, claro, fotografías de retratos pintados
de personajes antiguos) para que pase el tiempo.
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Edición digital en español |
A Grant le interesa de
manera particular un retrato de fines del siglo XVI del rey Ricardo III. A él
le parece que refleja a un hombre bueno y justo, pero históricamente la fama de
este rey es la de un asesino desalmado. ¿Por qué? Le muestra la foto a su
médico, a las enfermeras que lo atienden, a un compañero de Scotland Yard que
lo va a visitar, y todos tienen opiniones distintas de lo que ese rostro
representa, pero, al mismo tiempo, todos parten de sus prejuicios escolares
sobre el personaje. Uno de los crímenes que se le imputan a Ricardo III es que
mandó matar a dos de sus sobrinos, muy jóvenes, para que luego no le disputaran
el derecho al trono de Inglaterra. ¿Pero eso fue cierto?
Grant le plantea sus dudas a
su amiga, Marta Hallard, y ella, unos días después, le manda a un joven
norteamericano que estudia Historia en Londres, llamado Brent Carradine, para
ver si el joven le puede ayudar a realizar algún tipo de investigación. Grant y
Carradine se caen bien desde el principio, y el estadounidense investiga lo que
Grant le solicita, y le consigue libros, y ambos platican lo que van sacando en
claro. Así, el inspector Alan Grant resuelve un misterio de 400 años de
antigüedad desde su cama de hospital.
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Edición digital en italiano |
De entrada, puede parecer
que es sólo una novela para ingleses y lectores familiarizados con la historia
inglesa (y en efecto, tal vez se disfrute más si uno conoce el tema), pero la
autora se encargó de escribir su novela de tal manera que los lectores vamos
entendiendo en todo momento la situación, el misterio, las motivaciones
probables de los historiadores del pasado, y de todos los personajes
relacionados con el misterio histórico. Y además lo hace con unos diálogos
extraordinariamente buenos y con mucho sentido del humor. Y los personajes del
entorno de Grant, y Grant mismo, son estupendos. Al final, resuelto el caso,
Grant se prepara para irse a su casa, con muletas.
La originalidad de esta
novela es que, en el fondo, es un ensayo histórico, planteado con personajes
que piensan y platican los argumentos que van desarrollando la tesis central.
Puede ser que haya otras novelas con una puesta en escena similar, no lo sé,
pero no son lo tradicional en el marco de la novela policiaca. Disfruté
muchísimo la lectura de La hija del tiempo; no sé si yo la pondría en el
número 1 de las cien mejores novelas sobre crímenes, o en el número 4 de las
cien mejores novelas de misterio, pero sí me parece que pertenece a ese selecto
grupo de obras, y definitivamente se me antoja leer otras novelas de Josephine
Tey. Mi recomendación es que lean esta novela. Se consigue con facilidad en
edición digital.
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La hija del tiempo.
Josephine Tey. Traducción de Efrén del Valle Peñamil (2012; traducción cedida
por acuerdo con RBA Libros). Hoja de Lata Editorial, colección Sensibles a las
Letras, Xixón, Asturies, España. 272 págs. Se consigue en edición digital.
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* El halcón maltés,
de Dashiell Hammett
* El sueño eterno, de
Raymond Chandler
* Playback, de
Raymond Chandler
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