viernes, 24 de abril de 2026

La hija del tiempo, de Josephine Tey


 



La hija del tiempo
de Josephine Tey
 
Jesús Guerra
 
A veces releo las listas de Las 100 mejores novelas sobre crímenes de todos los tiempos, publicada en 1990 por la Crime Writers' Association (CWA), de Gran Bretaña, y Las 100 mejores novelas de misterio de todos los tiempos, publicada por la Mystery Writers of America (MWA), las cuales he mencionado varias veces (en los comentarios de novelas como El halcón maltés, de Dashiell Hammett; El sueño eterno, de Raymond Chandler, o Diez negritos, de Agatha Christie, entre otros) para seleccionar lecturas, y después de leer la novela de Hammett, por pura curiosidad, sin tener mayor información acerca del libro ni de la autora, decidí leer La hija del tiempo, de Josephine Tey, por la sencilla razón de que se encuentra ubicada en la posición número 1 de la lista de los escritores policiacos británicos (CWA) y en la número 4 de la lista de escritores norteamericanos.
 
Primero les comento algunas cosas de la autora. Resulta que Josephine Tey era en realidad el seudónimo de Elizabeth Mackintosh (al inicio de su carrera también publicó algunos libros bajo el nombre Gordon Daviot), escritora nacida el 25 de julio de 1896 en Inverness, Escocia, y fallecida el 13 de febrero de 1952 en Londres, de cáncer, a los 55 años.


 
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Escribió seis novelas con el inspector Alan Grant como protagonista, o, en una de ellas, como personaje secundario:
 
* The Man in the Queue (o Killer in the Crowd, 1929; inicialmente esta primera novela del inspector Grant fue publicada con el seudónimo de Gordon Daviot)
* A Shilling for Candles (Un chelín para velas, 1936, ya como Josephine Tey. Esta novela fue adaptada al cine por Alfred Hitchcock en 1937, con el título Young and Innocent)
* The Franchise Affair (El caso de Betty Kane, 1948)
* To Love and Be Wise (Amar y ser sabio, 1950)
* The Daughter of Time (La hija del tiempo, 1951)
* The Singing Sands (1952)
 
Además, escribió otras novelas y varias obras de teatro.


 
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El título de La hija del tiempo proviene de un “proverbio antiguo” utilizado como epígrafe general: “La verdad es la hija del tiempo”. Esta novela, que, en efecto, es estupenda, es también extraña, en el sentido de que no sigue las tradiciones principales de las novelas policiacas clásicas, subgénero al que pertenece, o por lo menos no las sigue de una manera evidente, aunque en el fondo sí. Para darme a entender tengo que comentarles de qué trata la obra: la novela empieza con el inspector Alan Grant acostado en una cama de hospital, inmovilizado, con una pierna fracturada, aburrido de mirar el techo del cuarto. Unos días antes, persiguiendo a un criminal, cayó en un pozo. Sus amistades y algunos compañeros le han regalado novelas para que se entretenga, pero no le interesa ninguna. A él, como policía, le interesan los rostros de las personas, y se precia de ser bueno leyendo el carácter de la gente en su rostro, y su amiga Marta Hallard, que es actriz teatral, lo sabe, así que un día le lleva una serie de fotografías de personajes históricos (que incluyen, claro, fotografías de retratos pintados de personajes antiguos) para que pase el tiempo.


 
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A Grant le interesa de manera particular un retrato de fines del siglo XVI del rey Ricardo III. A él le parece que refleja a un hombre bueno y justo, pero históricamente la fama de este rey es la de un asesino desalmado. ¿Por qué? Le muestra la foto a su médico, a las enfermeras que lo atienden, a un compañero de Scotland Yard que lo va a visitar, y todos tienen opiniones distintas de lo que ese rostro representa, pero, al mismo tiempo, todos parten de sus prejuicios escolares sobre el personaje. Uno de los crímenes que se le imputan a Ricardo III es que mandó matar a dos de sus sobrinos, muy jóvenes, para que luego no le disputaran el derecho al trono de Inglaterra. ¿Pero eso fue cierto?
 
Grant le plantea sus dudas a su amiga, Marta Hallard, y ella, unos días después, le manda a un joven norteamericano que estudia Historia en Londres, llamado Brent Carradine, para ver si el joven le puede ayudar a realizar algún tipo de investigación. Grant y Carradine se caen bien desde el principio, y el estadounidense investiga lo que Grant le solicita, y le consigue libros, y ambos platican lo que van sacando en claro. Así, el inspector Alan Grant resuelve un misterio de 400 años de antigüedad desde su cama de hospital.


 
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De entrada, puede parecer que es sólo una novela para ingleses y lectores familiarizados con la historia inglesa (y en efecto, tal vez se disfrute más si uno conoce el tema), pero la autora se encargó de escribir su novela de tal manera que los lectores vamos entendiendo en todo momento la situación, el misterio, las motivaciones probables de los historiadores del pasado, y de todos los personajes relacionados con el misterio histórico. Y además lo hace con unos diálogos extraordinariamente buenos y con mucho sentido del humor. Y los personajes del entorno de Grant, y Grant mismo, son estupendos. Al final, resuelto el caso, Grant se prepara para irse a su casa, con muletas.
 
La originalidad de esta novela es que, en el fondo, es un ensayo histórico, planteado con personajes que piensan y platican los argumentos que van desarrollando la tesis central. Puede ser que haya otras novelas con una puesta en escena similar, no lo sé, pero no son lo tradicional en el marco de la novela policiaca. Disfruté muchísimo la lectura de La hija del tiempo; no sé si yo la pondría en el número 1 de las cien mejores novelas sobre crímenes, o en el número 4 de las cien mejores novelas de misterio, pero sí me parece que pertenece a ese selecto grupo de obras, y definitivamente se me antoja leer otras novelas de Josephine Tey. Mi recomendación es que lean esta novela. Se consigue con facilidad en edición digital.
 
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La hija del tiempo. Josephine Tey. Traducción de Efrén del Valle Peñamil (2012; traducción cedida por acuerdo con RBA Libros). Hoja de Lata Editorial, colección Sensibles a las Letras, Xixón, Asturies, España. 272 págs. Se consigue en edición digital.
 
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