jueves, 2 de mayo de 2013

Tombuctú, de Paul Auster





Tombuctú
de Paul Auster

Jesús Guerra

Tombuctú suena a lugar exótico, y de hecho, para nosotros, lo es. Se trata de una región, y de su capital del mismo nombre, de Malí, en África, y tiene una importancia histórica y mítica que les dejaré investigar por ustedes mismos. La región fue colonia francesa durante parte del siglo XIX y parte del XX, así que en francés es Tombouctou, y de ahí sale la versión castellana, con la misma pronunciación, y en inglés es Timbuktu. Pero en el idioma que lo digamos, e independientemente de cómo sea en la realidad actual, suena a región exótica y maravillosa. Tanto, que para Willy G. Christmas (en realidad William Gurevitch), un vagabundo que por lo menos bajo los estándares psicológicos aceptados no es del todo un hombre mentalmente sano, Tombuctú es el lugar, placentero y asombroso, al que se llega después de morir.

Willy es un poeta. Tiene más de cien cuadernos llenos de sus escritos, aunque escribe a saltos, cuando su azarosa vida le permite tener algo de tranquilidad, como cuando visita a su madre, una inmigrante polaca, en Nueva York. Pero a Willy le gusta vagar y le gusta beber, así que visita muchas ciudades de los Estados Unidos, y siempre lo hace, en los últimos años, con su fiel perro, a quien llama Míster Bones.




Míster Bones es un perro sumamente inteligente. La novela no lo explica, porque no es una obra de tintes científicos, es una obra de Paul Auster, en donde las cosas son como son, el caso es que Míster Bones entiende perfectamente a su amo, porque Willy se la pasa hablando con él, todo el tiempo, desde que Míster Bones era un cachorro, y como entiende a Willy, entiende a todas las personas a las que frecuenta Willy y, por lo tanto, digámoslo así, piensa en lenguaje humano, en este caso en inglés. Míster Bones, por supuesto, no habla, pero piensa, y el narrador nos cuenta lo que el perro piensa, lo que siente, lo que supone, las confusiones que tiene, y lo que sueña, y en sueños, algunas veces, Míster Bones habla, aunque él mismo sabe que sólo habla porque está soñando.

Una buena parte de lo que les sucede a Wlly y a Míster Bones se nos narra en flashbacks, porque para el momento en que conocemos a Willy, él ya está en las últimas, aunque es apenas un hombre de cuarenta y tantos años. Y los conocemos cuando llegan a Baltimore porque Willy quiere encontrar a la señora Bea Swanson quien fue maestra suya en la preparatoria y lo animó a escribir. Eso es muy importante para Willy: ella lo animó a escribir, y era una buena persona. Así que Willy sabe que debe encontrarla antes de morir para dejarle la llave del maletero de la estación de autobuses en donde guardó todos sus cuadernos; es decir, quiere dejarle su obra, y quiere dejarle también a Míster Bones.




Se trata de una de las novelas más cortas de Paul Auster, tiene en la edición en español apenas 171 páginas, y está dividida en cinco capítulos, pero a grandes rasgos la historia está divida en dos partes, la primera trata sobre Willy y su perro, y la segunda, la historia subsecuente de Míster Bones sin Willy. Es una obra enigmática, como toda la obra de Paul Auster, en sus alcances finales, por decirlo de alguna manera, pero la prosa del autor es muy clara y la narración es sencilla. Las complejidades estructurales están ocultas y no le estorban al lector común. Pero están ahí, si uno las busca, las encuentra, y esto es parte del placer de la lectura, por lo menos para algunos tipos de lectores.

Aparentemente se trata de una novela que se sale un poco del estilo argumental de las obras de Paul Auster, pero en realidad no es así, en el fondo es una obra que trata de los temas preferidos de este autor, como la identidad y el sentido de la existencia personal. Y como en las otras obras de Auster el lenguaje es el elemento principal, y aquí, con un gran sentido del humor, Auster nos presenta las confusiones de Míster Bones a partir de ciertas palabras que no termina de entender porque las ha escuchado en contextos diversos pronunciadas por personas muy diferentes.




Quizá para quienes nunca hayan leído a Paul Auster, ésta sea la novela adecuada para entrar en su obra, por las características de Tombuctú —su brevedad, su claridad, su personaje central—, y para quienes ya han leído algunas de sus novelas pero no ésta, Tombuctú es sumamente recomendable. Además, hay que reconocer que Willy es un personaje simpático, y Míster Bones es un perro genial… es más, es un ser vivo genial.

Paul Auster es uno de los escritores norteamericanos más importantes de la actualidad, y lo ha sido desde los años 90. Nació el 3 de febrero de 1947, lo que quiere decir que tiene ahora 66 años. Él mismo ha declarado que descubrió la literatura gracias a la biblioteca de un tío suyo que era traductor, y que comenzó a escribir desde los 12 años de edad. Estudió literatura inglesa, francesa e italiana en la universidad. Luego viajó a Francia, y tiempo después regresó a vivir a París durante tres años, en donde trabajó como traductor y redactor, en los años 70.




Al regresar a los Estados Unidos se puso a escribir en serio. A fines de los años 70 escribió su primera novela, que en español se llama Jugada de presión. En su país se publicó a principios de los años 80 y en español no apareció sino hasta el 2006. Se trata de una novela negra tradicional, que no tuvo éxito en su momento, ni crítico ni comercial, y que si ahora es importante se debe a la relevancia que adquirió su autor con el tiempo. Yo, la verdad, no la he leído, así que no puedo decir nada acerca de su calidad. Ya la comentaremos aquí algún día.

A mediados de los años 80, publicó tres novelas breves que lo hicieron famoso: en 1985 Ciudad de cristal, y en 1986 Fantasmas y La habitación cerrada. Al año siguiente se publicaron juntas bajo el título global de La trilogía de Nueva York, que es una obra muy importante en su carrera y en la literatura norteamericana del siglo 20. Dos años después, en 1988, aparecieron en español bajo el sello de la Editorial Júcar, de España, pero en realidad la resonancia del nombre de Paul Auster se hizo esperar algunos años más en nuestra lengua, y las ediciones que ahora circulan son de la Editorial Anagrama, que volvió a publicar estos títulos a mediados de los años 90, con diferentes traducciones.




Luego vinieron El país de las últimas cosas, del 87, pero en español se publicó en el 94 en Anagrama; El palacio de la luna, del 89, y en español en el 91; La música del azar, del 90, y en España en el 97; Leviatán, del 92, y en español en el 97, y Mr. Vértigo, del 94, y en español en el 95.

Para esos momentos, en algunos países de Europa, como Francia y España, Paul Auster era ya considerado la gran estrella literaria del momento. Las revistas francesas dedicadas a la literatura y al mundo editorial, como Lire y Le Magazine Littéraire le dedicaban extensos artículos, publicaban largas entrevistas con él y, en general, comentaban sus libros con mucho entusiasmo. 

Paul Auster, por supuesto, siguió escribiendo y publicando, y ganando lectores en todo el mundo. Publicó Tombuctú en el 99, y en español en el 2000; El libro de las ilusiones en 2002, y en español en 2003; La noche del oráculo en el 2004, y en español el mismo año; Brooklyn Follies en 2005, y en nuestra lengua en 2006; Viajes por el Scriptorium en 2006, y en español en 2007; Un hombre en la oscuridad en 2008, y en español el mismo año; Invisible, en ambos idiomas en 2009; Sunset Park en 2010, en los dos idiomas, y Diario de invierno en 2012, en inglés y también en español.




Hasta aquí, hemos apuntado sus novelas, pero además de las novelas, Paul Auster ha escrito muchas otras cosas, como ensayos (A salto de mata, del 97, y 98 en español), novelas autobiográficas (La invención de la soledad, en el 82 y en español en el 94), relatos (El cuento de Navidad de Auggie Wren, en el 90, y en español en el 2003), textos autobiográficos (El cuaderno rojo, en el 93, y en español en el 94, por cierto con traducción de un novelista español muy bueno, Justo Navarro), libros de poemas (Desapariciones: poemas [1970-1979], que apareció en inglés en el 88 y en español en el 96), una selección de poemas y ensayos de los años 70, publicado en inglés en el 91 y en español en el 98 (Pista de despegue), y guiones de cine: Smoke, y Blue in the face, ambos del 95 (fueron publicados en español en el 99, con esos mismos títulos), los cuales se filmaron, y aunque él no tiene crédito como tal, fue también codirector, junto con el chino Wayne Wang. En 98 se estrenó la película Lulu on the bridge, que sería «Lulu en el puente», pero la verdad no recuerdo cómo se llama en México. Esta película además de ser escrita por él, fue dirigida por él, ahora sí exclusivamente.

Hay otras películas cuya historia original es de Paul Auster, o en las que ha sido coguionista, como: The center of the world, del 2001; Fluxus, del 2004, y El cuaderno rojo, también del 2004. En 2007 volvió con todo al cine, cuando escribió, produjo y dirigió La vida interior de Martin Frost (el guión fue publicado por Anagrama en español ese mismo año). Además, Paul Auster ha escrito algo de teatro, ha publicado traducciones del francés, y tiene en inglés algunos libros que aún no han sido traducidos al español.

Sus obras tienen una característica muy interesante: el lector común puede leer sus novelas y puede gustar de ellas, sin complicarse mucho la existencia, porque sus historias son muy interesantes y emocionantes, y están escritas con un estilo engañosamente sencillo. Y sin embargo, los críticos literarios le encuentran mucha profundidad a sus textos, y analizan la escondida complejidad de las estructuras de sus novelas. Con autores como Paul Auster hay material para todo tipo de lectores. Sólo tienen que hacer la prueba.

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Tombuctú. Paul Auster. Traducción de Benito Gómez Ibáñez. Editorial Anagrama, en sus colecciones Panorama de Narrativas y Compactos. 171 páginas.

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