domingo, 13 de diciembre de 2009

Primeras líneas... En busca del tiempo perdido


Primeras líneas…

En busca del tiempo perdido
en tres idiomas



À la recherche du temps perdu


Du coté de chez Swann


Première partie

Combray


1.

Longtemps, je me suis couché de bonne heure. Parfois, à peine ma bougie éteinte, mes yeux se fermaient si vite que je n’avais pas le temps de me dire: «Je m’endors.» Et, une demi-heure après, la pensée qu’il était temps de chercher le sommeil m’éveillait; je voulais poser le volume que je croyais avoir encore dans les mains et souffler ma lumière; je n’avais pas cessé en dormant de faire des réflexions sur ce que je venais de lire, mais ces réflexions avaient pris un tour un peu particulier; il me semblait que j’étais moi-même ce dont parlait
l’ouvrage: une église, un quatuor, la rivalité de François Ier et de Charles Quint.

[Versión original en francés de Marcel Proust]
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Remembrance of things past


Vol. 1


Swann's way

Overture


For a long time I used to go to bed early. Sometimes, when I had put out my candle, my eyes would close so quickly that I had not even time to say "I'm going to sleep." And half an hour later the thought that it was time to go to sleep would awaken me; I would try to put away the book which, I imagined, was still in my hands, and to blow out the light; I had been thinking all the time, while I was asleep, of what I had just been reading, but my thoughts had run into a channel of their own, until I myself seemed actually to have become the subject of my book: a church, a quartet, the rivalry between François I and Charles V.

[Translated from the French by C. K. Scott Moncrieff]

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En busca del tiempo perdido
Vol. 1

Por el camino de Swann

Primera parte: Combray

Mucho tiempo he estado acostándome temprano. A veces, apenas había apagado la bujía, cerrábanse mis ojos tan presto, que ni tiempo tenía para decirme: “Ya me duermo”. Y media hora después despertábame la idea de que ya era hora de ir a buscar el sueño; quería dejar el libro, que se me figuraba tener aún entre las manos y apagar de un soplo la luz; durante mi sueño no había cesado de reflexionar sobre lo recién leído, pero era muy particular el tono que tomaban esas reflexiones, porque me parecía que yo pasaba a convertirme en el tema de la obra, en una iglesia, en un cuarteto, en la rivalidad de Francisco I y Carlos V.

(Alianza Editorial. Traducción de Pedro Salinas)



[Lecturas 5. Octubre de 2004-marzo de 2005]

sábado, 12 de diciembre de 2009

El Símbolo Perdido







El Símbolo Perdido



de Dan Brown




Jesús Guerra

El 15 de septiembre pasado terminó la espera de seis años para quienes disfrutamos la lectura del best-seller internacional El código Da Vinci (el libro vendió 81 millones de ejemplares en todo el mundo), y para quienes descubrimos después que existía una aventura anterior del simbologista (una materia que no existe en ninguna universidad, Harvard incluida) Robert Langdon, llamada Ángeles y demonios. La tercera aventura de Langdon se llama The Lost Symbol (la traducción al español se llama El símbolo perdido y se publicó en tiempo récord, mucho más rápido que las traducciones de Harry Potter), y esta vez transcurre en el propio país del personaje, Langdon, y del autor, Dan Brown: los Estados Unidos, específicamente en la ciudad capital, Washington, D.C.

Ahora no se trata de una conspiración contra la Iglesia católica por parte de un sociedad secreta que se creía desaparecida, como en Ángeles..., ni de una conspiración de la Iglesia católica para eliminar un secreto guardado por dos mil años por otra sociedad secreta, como en El código..., sino de un plan por parte de un individuo enloquecido pero muy bien informado para conseguir un objeto celosamente guardado y mantenido en secreto por parte de una sociedad que alguna vez fue secreta, ahora conocida, pero que sigue manteniendo secretos: los masones. ¿Y eso para qué? Porque dicho objeto contiene la información, debidamente codificada (obvio) que conduce ni más ni menos que a los secretos y la infinita sabiduría de los Antiguos Misterios que tienen el poder suficiente de hacer del hombre un dios.

El propio Langdon no cree en la existencia de esta suerte de tesoro, supone que se trata de una metáfora acerca de la sabiduría que debe conducir al ser humano a las alturas, pero como de costumbre con él, Langdon no busca las aventuras (como sería el caso de Indiana Jones) sino que las aventuras lo buscan a él y lo arrastran (como sucedía más o menos con Sherlock Holmes), siempre en carreras contra el tiempo, con la urgente necesidad de descifrar códigos y símbolos para salvar la vida de alguien (en este caso su queridísimo amigo, político y masón, Peter Solomon), más o menos durante 24 horas, hasta que el asunto llega a su término.

Si en Ángeles... le hablan a Langdon a su casa en Estados Unidos para que vaya a Suiza, al CERN (al Centro Europeo de Investigación Nuclear, por sus siglas en francés), porque tienen un cadáver de un científico con unos símbolos grabados en su cuerpo, y de ahí una crisis lo lleva a Roma y al Vaticano; y en El Código... de casualidad, cuando Langdon va a París a dar una conferencia para presentar un libro suyo, asesinan al curador del Louvre con el que se iba a ver (y Langdon se convierte en sospechoso por esto), ahora le vuelven a llamar su casa, el secretario personal de su amigo Peter Solomon, para que vaya de urgencia a dar una conferencia sobre los Masones a Washington, y al llegar se encuentra con que es una trampa, quien le llamó no fue el secretario de Solomon, no hay conferencia programada, y en realidad Solomon ha sido secuestrado, precisamente para obligar a Langdon a encontrar el objeto misterioso y descifrar los símbolos que se encuentren en él.

Siempre la aventura es compartida por Langdon con una mujer guapa, de pelo castaño, muy inteligente, muy culta y relacionada con la víctima o una de las víctimas del caso. Vittoria Vetra es hija del asesinado (Ángeles...); Sophie Neveu es nieta el asesinado (El Código...), y ahora la doctora Katherine Solomon es hermana del secuestrado. Las tres heroínas corren con él de un lado a otro, le dan claves, lo ayudan a descifrar símbolos. Con las tres llega Langdon a tener una relación amistosa que puede llegar a algo más... con Vittoria sucede algo más, definitivamente, con las otras dos se apagan las luces o se cierran las cortinas antes; o Langdon es demasiado serio, o Dan Brown piensa que ese aspecto de la historia es mejor dejárselo a James Bond.

Independientemente de las polémicas desatadas a partir de las declaraciones iniciales del novelista acerca de la veracidad de los datos, organizaciones, instituciones, etcétera, que aparecen en sus obras, leer las novelas de Dan Brown sí nos enseña muchas cosas. Sólo con la información arquitectónica, podemos ver de una manera diferente ciudades como París, Roma, Londres, y ahora Washington, D.C. Y la información histórica, aún sabiendo que quizá no todo lo que el autor nos dice sea o haya sido en realidad como él lo dice, nos invita a investigar dichos temas. Lo importante, creo yo, es el hecho de que estas novelas despiertan la curiosidad del lector no especializado en una serie de temas como la historia de la Iglesia católica, la historia de los Estados Unidos, la masonería, las sociedades secretas, la arquitectura, y un larguísimo etcétera. Quienes se conforman con ver las películas derivadas de las novelas de Brown se pierden lo mejor: el contexto cultural de los misterios que nos plantea en sus obras.

Los críticos literarios, sobre todo los estadounidenses y los ingleses, han atacado a Brown por no ser un escritor refinado. Está bien subrayar este hecho, por supuesto, pero es evidente que Dan Brown no intenta hacer gran literatura sino novelas de entretenimiento, y esto sí lo logra muy bien: sus novelas son muy entretenidas. Lo que Dan Brown sí sabe hacer es armar una novela interesante mezclando misterios del arte y de la historia, teorías sobre complots, creando claves o utilizando las que existen según diversas teorías. Desde esta perspectiva, sus obras funcionan muy bien. Y habría que reconocer que lo que hace no es sencillo.

¿El símbolo perdido es mejor que las dos novelas anteriores en las que aparece Robert Langdon? No para mi gusto. Creo que esas dos novelas son superiores. De hecho, creo que Ángeles... es la mejor de las tres, aunque El código... es más impactante en sus repercusiones debido al tema. El símbolo... es muy interesante pero creo que tiene dos fallas fundamentales, que no aparecen sino hasta el final: las motivaciones del criminal, y el impacto de uno de los misterios paralelos de esta historia. Ya que se ha acumulado la tensión por ver qué es lo que hay en ese video que el criminal ha declarado que publicará, al descubrir de lo que se trata, si bien en efecto suponemos que crearía un escándalo (finalmente explicable), resulta un tanto decepcionante para el lector.

Si bien es cierto que Dan Brown hace en El símbolo... por Washington lo que hizo antes por otras ciudades: descubrírnosla desde otra perspectiva al darnos información histórica poco conocida, por lo menos para el lector medio, el hecho de que el tema no sea tan sensible para tanta gente como sucedió con El Código... ha hecho que el libro no cause el escándalo que convirtió a esa novela en un bestseller internacional. Sin embargo, para los amantes del género y para los seguidores de Dan Brown El símbolo perdido es una lectura obligada y, para la mayoría, satisfactoria en términos generales. Queda una pregunta: ¿cuántos años tendremos que esperar para la próxima aventura de Robert Langdon?


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El símbolo perdido. Dan Brown. Editorial Planeta. 2009. 619 págs.
The Lost Symbol. Dan Brown. Doubleday. 2009. 509 págs.


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[Las imágenes, arriba: la edición español, la edición inglesa y la edición norteamericana]


[Sólo en Blog]

jueves, 26 de noviembre de 2009

Shangai baby




Shangai baby

Montserrat Prieto



La novela debut de Wei Hui, Shangai Baby, es la historia —en parte autobiográfica— de Cocó, una joven periodista que abandona su trabajo para dedicarse a escribir una novela. Detrás de la imagen materialista y frívola de Cocó, habita una chica tempestuosa que explora hábil y profundamente la íntima relación entre las oposiciones aparentes de las culturas oriental y occidental, el amor y el deseo, lo natural y lo artificial, lo sagrado y lo profano, el hedonismo y la espiritualidad; esto la lleva a estar en un constante y profundo contacto con sus emociones y en una búsqueda permanente de sí misma.

Cocó, gran amante de la vida nocturna, nos toma de la mano y nos lleva a recorrer las calles shangainesas. Las impresionantes imágenes, logradas a través de las descripciones, ahondan en el oscuro pero resplandeciente corazón de esta cosmopolita y misteriosa metrópoli, logrando que tanto el libro como sus personajes cobren vida. También nos presenta a algunos de sus amigos más cercanos: Madonna, quien hizo una fortuna primero como madame y después como la viuda de un viejo millonario; Tiantian, un joven sensible, talentoso, encantador, casi femenino aunque drogadicto e impotente de quien Cocó vive perdidamente enamorada, en quien ella ha encontrado su alma gemela; Tiantian es mantenido por su madre, una expatriada en España que, de acuerdo a la abuela de éste, es responsable de la muerte del padre de Tiantian. Vive abrumado por la ausencia de su madre, y toda su vulnerabilidad ante la vida lo hace la presa perfecta para caer en el mundo de las drogas. A pesar de esto, es Tiantian mismo quien siempre alenta a Cocó a escribir su novela. Y Mark, un ejecutivo alemán que trabaja en Shangai, que proporciona a Cocó toda la pasión que su amado Tiantian no puede ofrecerle. Atrapada en este triángulo desesperado, desgarrada entre dos amores y atormentada por su traición, lo único que puede salvarla es su propia novela.

Cocó hace un intento por imitar el estilo de vida y de escribir de los beats, pero es demasiado burguesa, demasiado "occidentalizada" como para lograrlo.

Desde el pop hasta el post-punk, con epígrafes desde The Beatles hasta Sylvia Plath, pasando por William Burroughs y Tori Amos, Shangai Baby es una novela de emociones si no maduras, sí auténticas, sinceras e intensas: la pasión, la muerte, el amor, el dolor y la propia Shangai, con sus bellas descripciones, se entremezclan en el relato para hacernos sentir a sus lectores como si realmente estuviéramos ahí.

Shangai baby se ha convertido en un auténtico fenómeno literario y en la referencia de toda una generación de jóvenes chinos, refleja lo que está pasando con las nuevas generaciones chinas: los valores y las actitudes son diferentes a los de hace 30 años, los jóvenes ya no creen en el comunismo, ahora están más influenciados por la cultura, la música y el cine occidentales, y son hedonistas y frívolos. Muchos jóvenes se sintieron identificados y se percataron de que Cocó era, en cierta forma, una vocera de todos ellos al decir cosas que nadie se animaba y al mostrar la realidad actual.
Todo eso ocasionó que Shangai baby fuera prohibida por las autoridades chinas por su naturaleza sensual y su estilo irreverente en 1999, año de su publicación. La novela fue calificada de decadente, viciosa y esclava de la cultura occidental, y se quemaron públicamente 40,000 ejemplares. Obvio que no hay mejor publicidad para un libro que la censura, así que esto no hizo más que disparar la venta en el mercado negro, con más de dos millones y medio de ejemplares vendidos hasta hoy.

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Shangai baby. Wei Hui. Traducción de Romer Cornejo y Liljana Arsovska. Emecé Editores, S. A., Col. Grandes Novelistas. Argentina; 2002. 270 págs.

Existe también una edición de Editorial Planeta.

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La autora

Wei Hui (se pronuncia como en inglés, más o menos: "Way Way") nació en una pequeña isla de la costa este de China. Hija de un estricto oficial del ejército chino, pasó tres años de su infancia en un templo ocupado por el ejército, del que los monjes habían sido expulsados durante la Revolución Cultural. Estudió Literatura en la prestigiosa Universidad Fudán y escribió varios libros de relatos.
Desde que censuraron su novela Shangai baby en China, Wei Hui ha pasado la mayor parte del tiempo en Nueva York estudiando meditación, budismo, confucianismo y taoísmo. Al igual que muchos otros escritores, ha reconocido que el exilio le da una perspectiva muchísimo más clara sobre su país y su cultura. En una entrevista, declaró: "Vivir en Nueva York ha sido algo crucial para mí. Vivir ahí me hace sentir, de cierta manera, más cerca de China, la distancia geográfica me ha llevado a un momento en que me siento emocional y psicológicamente más cerca de mi país. A veces, tienes que alejarte algo para poder obtener una visión más clara de las cosas. Nunca hubiera podido leer libros sobre taoísmo o budismo en China porque allá hay una explosión económica capitalista muy fuerte, un sentir real del materialismo que no siento en Nueva York".
Su segunda novela, Casada con Buda, publicada en español por Emecé Editores en noviembre de 2005, continua con las aventuras de Cocó. Ahora fue ella misma quien se autocensuró al escribir su nuevo libro, después de que el Gobierno Chino le permitiera regresar a su país natal.

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Ver también (en inglés):
Ficha de la película, de 2007: http://www.imdb.com/title/tt0840375/combined


[Lecturas 6. Enero-abril de 2006]

Las confidentes




Las confidentes


Alicia Rico



De un tiempo a esta parte, la narrativa escrita por autores, y especialmente por autoras judías latinoamericanas está cobrando mucha importancia entre los estudiosos de literatura, debido a que en estas obras se da voz a una minoría que hasta hace poco había sido doblemente silenciada, por su condición de mujeres y de mujeres pertenecientes a un grupo minoritario foráneo: los judíos.
México cuenta con un amplio reparto de autoras judías entre las que podríamos mencionar, como ejemplo, a Sabina Berman, Sara Levi-Calderón (quien también publica bajo el nombre de Silvia Feldman), Esther Seligson, Sara Sefchovich y Rosa Nissán. A principios de los noventa, el éxito obtenido por la primera novela de Nissán, Novia que te vea, y su posterior puesta en escena por Guita Shyfter, igualmente judía, sirven para demostrar el interés que este grupo silenciado durante tanto tiempo está despertando.





En el caso de Angelina Muñiz-Huberman (Hyères, Francia, 1936), confluye otra referencia cultural que parece estar cobrando también un lugar prominente, muchos años después del suceso histórico: el exilio español. Hace apenas un año que en Madrid se inauguró una exposición fotográfica y de documentos, mientras que Televisión Española rodó un documental, “Exiliados”, recogiendo parte de las experiencias de los exiliados españoles. Si bien en España es ahora cuando se empieza a rendir homenaje a todos ellos reconociendo su existencia, su presencia en México durante todas estas décadas ha dejado huella en la cultura mexicana por la colaboración que se dio entre los exiliados españoles y los mexicanos que los acogieron. Pues bien, Angelina Muñiz-Huberman lleva desde finales de la década de los sesenta recogiendo estos dos temas en sus obras, no sólo de narrativa sino también en sus ensayos y estudios. Entre sus novelas están Morada interior (1972), ganadora del Premio Magda Donato, Tierra adentro (1977), La guerra del unicornio (1983), Dulcinea encantada (1992); también ha escrito relatos: Huerto cerrado, huerto sellado (1985), El libro de Míriam y Primicias (1990), Serpientes y escaleras (1991), Narrativa relativa (1992); en el campo de la poesía cuenta con El ojo de la creación (1992) y entre sus estudios se encuentran La lengua florida: antología sefardí (1989) y Las raíces y las ramas: fuentes y derivaciones de la Cábala hispanohebrea (1993).



En un relato autobiográfico con el título de “Death, Exile, Inheritance”[1] en que la autora reflexiona sobre sus experiencias y su escritura, afirma no haberse dejado influir por modas o tendencias a la hora de concebir sus obras; para cada una de ellas escogió la forma que mejor serviría al propósito de la historia que quería contar (52-55). En Las confidentes asistimos a un diálogo entre dos mujeres que consiste en ir contando historias de forma alternativa. Dichas narraciones, un total de quince, están enmarcadas por un primer diálogo entre ambas, en el cual proveen al lector con una idea de la estructura que va a seguir la obra, y el colofón de la misma, que es un breve texto de un narrador en tercera persona, informando al lector de la despedida de las confidentes que parten en direcciones diferentes en busca de nuevas historias para recrear otras vidas en el futuro. A su vez, cada uno de los relatos va precedido de una breve introducción que varía en extensión, forma y voces narrativas, ya que además de las dos mujeres también participa el mencionado narrador omnisciente. Algunos de los relatos están plenamente encuadrados por esta técnica narrativa puesto que al final de los mismos intervienen de nuevo las confidentes o el narrador omnisciente o todos; sin embargo, en algunos casos no se da este broche final, realzando así el impacto del término de la historia relatada. Así, las voces de las confidentes y del narrador en tercera persona son el hilo conductor que da unidad a la colección de relatos y se convierte en una obra que no es una novela, propiamente hablando, pero tampoco una colección de historias convencional, aunque cada una de ellas tiene su propio título, adjudicado por las confidentes. Esta estructura se asemeja a la de Agua quemada que publicó Carlos Fuentes en 1981.



En el diálogo que abre la obra, las confidentes se caracterizan una a otra como “la escucha milenaria” y “la cuentista milenaria”, personificando así la tradición oral que mantiene viva la memoria colectiva y que está íntimamente unida a la historia de la cultura judía a la que pertenece la autora, y que hace su aparición, aunque sea sólo en una referencia, en varios relatos. De cualquier modo, hay que señalar la existencia de una historia, “La niña de Auschwitz”, dedicada a una de las supervivientes de este campo de concentración como el propio título indica. Muñiz-Huberman basa sus narraciones en sus diversas fuentes culturales; de ahí que junto al judaísmo, el exilio español y las experiencias de los exiliados españoles a su llegada a México también pueblen las páginas de esta obra, como de tantas otras de la misma autora. Algunos detalles de las vidas de los protagonistas pertenecen a la biografía de la autora que los va insertando en las vidas ficticias creadas. La casi totalidad de los personajes comparten una búsqueda que en muchos casos ni siquiera saben que están llevando a cabo, o cuyo objeto desconocen. La mayoría de ellos está enzarzado en una búsqueda de su propia identidad o de algo que dé sentido a su vida. Esta necesidad de reencontrarse a sí mismos proviene de la sensación de pérdida experimentada al verse obligados a abandonar su lugar de origen por las situaciones trágicas de la Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial. Aunque los protagonistas se han incorporado a la cultura del país que los acoge, México en la mayoría de los casos, se sienten desarraigados, añorando un lugar que tuvieron que dejar atrás contra su voluntad. Junto al tema del exilio y la sensación de pérdida que esto conlleva, se plantea también el tema de la relación entre madres exiliadas y sus descendientes, hijas principalmente, y la incomunicación entre ellos. La falta de comprensión de los hijos hacia esos sentimientos de pérdida e incluso el rechazo de algunos de ellos a oír las historias de ese pasado familiar, que forma parte de su propia historia, no hace más que acentuar el sentimiento de desarraigo de las madres en estas historias. En definitiva, la desesperanza y la falta de sentido de la vida es un rasgo compartido por muchos de los protagonistas de estos relatos.



El tono de las narraciones va de lo jocoso a lo dramático, rayando alguna de ellas en la crueldad, por lo que pueden llegar a crear una sensación de incomodidad en el lector. Pese a esto, no cabe duda de que todas son portadoras de una voz muy personal que configura un mundo propio, no sólo en cuanto a su contenido, sino también en cuanto a su estilo y a su personalísima forma de narrar, violando hasta las leyes más básicas de la puntuación castellana con el fin de conseguir el efecto deseado por la autora. Así, esta autora reclama un espacio en el que hacer oír su voz a través de sus personajes judíos y exiliados.


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Las confidentes. Angelina Muñiz-Huberman. Tusquets Editores, México, 1997.
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[1] Angelina Muñiz-Huberman, “Death, Exile, Inheritance”, en King David’s Harp: Autobiographical Essays by Jewish Latin American Writers, Ed. Stephen A. Sadow, Albuquerque: University of New Mexico Press, 1999 (pp. 43-56).


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La autora

Angelina Muñiz-Huberman nació en Hyères, Francia, en 1936, lugar al que se trasladaron sus padres, españoles, al estallar la Guerra Civil. Luego viajaron a Cuba y finalmente a México. Es doctora en Letras por la UNAM, y en Lenguas Romances por la Universidad de Pennsylvania. También ha realizado estudios de filología y literatura en El Colegio de México. Es novelista, cuentista, ensayista, traductora y poeta. Se considera que ella introdujo la novela neohistórica y la mística sefardí en la literatura mexicana. Ha obtenido los siguientes premios literarios: Xavier Villaurrutia, Magda Donato, Fernando Jeno, José Fuentes Mares y Sor Juana Inés de la Cruz.



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Ver también:


"Historias del exilio español en Las confidentes de Angelina Muñiz-Huberman", de la propia Alicia Rico: http://www.ucm.es/info/especulo/numero30/confiden.html





[Lecturas 4. Junio-septiembre de 2004]

miércoles, 25 de noviembre de 2009

El caso del secretario italiano

















El caso del secretario italiano

Jesús Guerra




A los lectores del escritor norteamericano Caleb Carr, les tengo una noticia buena y otra no tan buena. La buena es que ya se publicó en español su nueva novela: El caso del secretario italiano (que en inglés se llama sólo The Italian Secretary). La no tan buena es que no forma parte de su serie sobre El alienista. Ahora bien, le tengo una buena noticia a los sherlockianos: la novela forma parte del ciclo post-Conan Doyle de las investigaciones del detective de Baker Street.


Escribir cuentos y novelas de Sherlock Holmes es una suerte de deporte para los escritores de narraciones de misterio de lengua inglesa, hay una buena cantidad de relatos del detective de la pipa y su asistente, el doctor John Watson, escritos por diversos narradores después de la muerte del creador de estos personajes tan conocidos y queridos en todo el mundo. Ahora bien, para que estos relatos tengan una especie de "valor oficial" deben de estar reconocidos por los representantes de los herederos de Sir Arthur Conan Doyle. Para lo cual, supongo, hay que pedirles su autorización para utilizar a los personajes o algo por el estilo.



Breve historia de esta novela



El representante de los herederos de Conan Doyle en los Estados Unidos es Jon Lellenberg, y él, junto con Martin Greenberg y Daniel Stashower planearon una antología de cuentos de Sherlock Holmes, escritos por autores contemporáneos, con una característica en particular: que de alguna manera hubiera un elemento sobrenatural en cada una de estas nuevas historias. Esto, por supuesto, va contra los supuestos de los cuentos y las novelas escritos por Conan Doyle, con la sola excepción de la novela El sabueso de los Baskerville, la cual aunque no tiene una explicación paranormal sí contiene elementos y atmósfera que la acercan a la novela de terror. En eso consistiría, pues, la novedad de esta colección de casos. Los antologadores le pidieron a respetables narradores de obras de misterio que escribieran un cuento para este libro (que finalmente se publicó con el título Ghosts of Baker Street, editado por Carroll & Graf, de Nueva York, en 2006).

Entre los autores invitados se encontraba Caleb Carr, autor de las espléndidas novelas de misterio El alienista y El ángel de la oscuridad, la primera ubicada en la Nueva York de 1894 y la segunda en la misma ciudad tres años después, más o menos en los mismos años en que suceden, al otro lado del Atlántico, algunas de las historias del detective inglés. Caleb Carr aceptó el reto y como historiador de profesión que es, basó su relato en un asesinato de la historia de Inglaterra, el del italiano David Rizzio, secretario, por llamarle de alguna manera, de la reina María de Escocia. Pero el argumento se le alargó a Caleb Carr, no pudo dejar de escribir y terminó con el manuscrito no de un cuento sino de una novela, de ahí que su obra se publicó de manera independiente a la antología, aunque evidentemente está ligado a ella (en Estados Unidos la publicó la misma editorial que la antología de cuentos).

El libro incluye un muy interesante postfacio escrito por Jon Lellenberg en el que, entre otras cosas, hace un análisis de las similitudes y las diferencias entre Sherlock Holmes y el doctor Kreizler y su equipo, personajes de El alienista y El ángel de la oscuridad.


La novela


Sherlock Holmes recibe un telegrama en clave de su hermano mayor, Mycroft, quien tiene un puesto muy importante en el gobierno y es una persona muy cercana a la reina Victoria. Al decodificar el mensaje, encuentran que Mycroft les pide ayuda, a Sherlock y al doctor Watson, para resolver el misterio de dos recientes asesinatos ocurridos en el viejo palacio real de Holyroodhouse, de Edinburgo. El detective y su amigo, asistente y narrador de sus aventuras, Watson, toman el tren hacia Escocia, encuentran a Mycroft y éste les explica los motivos por los cuales dichos asesinatos —el de un arquitecto y su asistente a quienes se les había encomendado renovar el ala más antigua del palacio—, le preocupan y por qué cree que pueden estar relacionados con un asunto político de nivel internacional que podría amenazar la seguridad de la reina y de Gran Bretaña.

No obstante, a Sherlock Holmes estos crímenes le traen a la memoria el asesinato de David Rizzio, secretario privado, profesor de música y confidente de María, reina de Escocia, trescientos años atrás, en el siglo XVI, precisamente en la torre que tenían encomendada remodelar el arquitecto y el constructor, quienes fueron muertos exactamente de la misma manera que Rizzio —detalle que se le ocultó a la prensa—: poignardé à l'écossaise (apuñalado a la escocesa).

El caso es interesante y misterioso, el punto de partida histórico es extraño y sangriento, el ambiente es deliciosamente gótico y la resolución resulta satisfactoria, al igual que la novela en general. A mí, como a una buena parte de los lectores que han disfrutado con las obras de Conan Doyle, me gustan las aventuras de Sherlock Holmes, aunque evidentemente no soy un sherlockiano, es decir, un conocedor de estas obras. Para los sherlockianos, pero también para quienes sin serlo disfrutamos las aventuras del detective más famoso de la literatura, el "campo de estudio" crece día con día, a pesar de que las obras que forman "el canon" son siempre las mismas, y es, por supuesto, gozoso. Luego de leer esta novela de Caleb Carr se antoja volver a los orígenes y releer las novelas de Conan Doyle, como Estudio en escarlata, El signo de los cuatro, El sabueso de los Baskerville, y los cuentos, entre ellos Un escándalo en Bohemia, La liga de los pelirrojos, El carbunclo azul y El problema final.

La verdad, sin embargo, es que, aunque es sumamente disfrutable, esta novela no es ni la mejor de Sherlock Holmes ni la mejor de Caleb Carr, pero no deja de fascinarme la capacidad de Celeb Carr, y de muchos otros escritores, para imitar a otro escritor, de otro siglo, de otro país, y con un estilo narrativo tan conocido. Escribir una novela de Sherlock Holmes implica imitar el estilo de redacción y de organización de la historia del doctor Watson —pues siempre es él el narrador—; implica también conocer a la perfección la psicología de los personajes y su estilo personal de hablar, y en este caso, lo más complicado, estructurar el misterio de tal manera que funcione según el estilo de investigación del detective. No es una tarea fácil y Caleb Carr sale muy bien librado de este reto.

Sin embargo, los fans de Caleb Carr seguimos a la espera de otra novela de su serie de El alienista, aunque ha pasado ya una década desde la segunda novela de la serie: El ángel de la oscuridad.


Las obras anteriores de Caleb Carr


Caleb Carr (nacido en Nueva York en 1955) es historiador de profesión, y está especializado en Historia Militar. Además de numerosos artículos y ensayos sobre esta materia, aparecidos en revistas y libros, Carr ha publicado una novela de juventud (que al parecer es malísima y él mismo desecha) llamada Casing the Promised Land (1980); una especie de biografía novelada de Frederick Townsend Ward, un mercenario norteamericano que luchó en China, llamada El soldado del diablo (1991); las espléndidas novelas de misterio de la Nueva York del siglo XIX El alienista (1994) y El ángel de la oscuridad (1997); una novela futurista, Killing Time (2000), misma que primero publicó por entregas en la revista Time, la cual recibió muy malas críticas y hasta donde sé no ha sido —ni será, creo— publicada en español, y un ensayo acerca del terrorismo, Las lecciones del terror (2003). La obras publicadas en nuestra lengua han sido editadas por Ediciones B.

Las novelas que lo han hecho famoso. El alienista...


Quienes no hayan leído aún El alienista ni El ángel de la oscuridad, no saben de lo que se han perdido. La primera transcurre en 1896. El jefe de la policía de Nueva York era Theodore Roosevelt (el mismo que años después sería presidente de los Estados Unidos) y había en la ciudad un asesino en serie cuyas víctimas eran jóvenes prostitutos. La corrupción policiaca era enorme y la moral pública, que evidentemente dominaba a los medios de comunicación, impedía que se reconocieran ciertos problemas, es decir, no se podía escribir en la prensa de la existencia de la prostitución infantil, por lo tanto ese segmento de la población simplemente no existía y en consecuencia el asesino en serie que victimaba a personas oficialmente inexistentes no podía existir tampoco. Sin embargo, Roosevelt era un hombre honesto y tenía la determinación de atrapar al criminal, así que juntó un equipo de personas, poco ortodoxo, para que realizaran el trabajo de investigación en secreto.

El equipo lo formaron: el doctor Lazlo Kreizler (un "alienista", que era como se le llamaba en esa época a quienes ahora denominamos psiquiatras, debido a que atendían a los "alienados"); su asistente personal, Cyrus Montrose (un negro enorme al que Kreizler había ayudado a salir de problemas legales, que ahora fungía como mayordomo en casa y como guardaespaldas en la calle); su chofer (de carro de caballos, por supuesto), Stevie Taggert (un adolescente al que Kreizler había rescatado de una vida de criminalidad callejera); Sarah Howard (una joven, feminista adelantada a su época, que había intentado trabajar en la policía pero a quien el machismo de la institución le había complicado la existencia); los hermanos Isaacson, Lucius y Marcus (quienes trabajan para la policía pero eran vistos como los patitos feos ya que eran muy serios, estudiosos y analíticos y estaban interesados en las metodologías de investigación más modernas, aunque algunas de las pruebas que conseguían apenas comenzaban a tener valor legal, como las huellas dactilares), y el señor John Schuyler Moore, un periodista. Y es Moore, precisamente, el hombre de letras del grupo, el narrador de la historia, el Watson de ese ente investigador que forman entre todos.

La obra es fenomenal porque mezcla dos tipos de novela policiaca, la de fines del siglo XIX (encabezada por Conan Doyle con su personaje Sherlock Holmes), y el thriller policiaco contemporáneo de asesinos en serie (que podría estar representado por Thomas Harris y su serie de novelas sobre Hannibal Lecter: Dragón Rojo, El silencio de los inocentes y Hannibal).


...El ángel de la oscuridad


Tres años después, Caleb Carr publicó la segunda novela de la serie: El ángel de la oscuridad, en la que reúne al mismo grupo de investigadores. La acción transcurre en la misma ciudad en el año de 1897. En esta caso la investigación no fue una orden del jefe de la policía sino que le fue encomendada a Sara Howard, quien para esas fechas había montado una oficina propia como detective. Sara estaba aburrida de los casos menores que le llegaban cuando de pronto se encontró con uno que era tan complejo que no tuvo más remedio que pedirle a sus compañeros de la aventura anterior que la ayudaran, cosa que, por lo demás, hicieron con gusto: la hija de un diplomático español había sido secuestrada, y la situación política entre España y los Estados Unidos era tan complicada en esos momentos, que la madre de la niña desaparecida tuvo que solicitar los servicios de Sara en secreto.

Para este argumento, Caleb Carr recurrió a otro tema incómodo: las mujeres asesinas de niños, un tema que el autor afirma que perturba a la sociedad ya que las mujeres, en general, y las madres, en particular, son percibidas como amorosas por naturaleza.

Una de las características de esta novela, un tanto desconcertantes al comenzar a leerla, es que esta historia no es narrada por el periodista, John Moore, como lo fue El alienista, sino por Stevie Taggert, el chofer del doctor Kreizler. Esto implica una prosa diferente, un lenguaje menos amplio y mucho más popular, pero ojo, popular en Nueva York en la última década del siglo XIX.

La elección de un narrador diferente se explica porque el proyecto original de Carr incluía una serie de novelas con el mismo grupo de investigadores, y cada una sería narrada por un miembro diferente. Y escribo en pasado acerca del proyecto del autor porque han transcurrido 10 años desde la aparición, en inglés, de la segunda novela de la serie, y Caleb Carr no ha dado muestras de publicar una tercera novela con el doctor Kreizler y compañía como personajes centrales. Sus lectores, sin embargo, no perdemos la esperanza.

Ahora bien, la elección de Stevie Taggert como narrador de El ángel de la oscuridad ha tenido una consecuencia lamentable en la traducción a nuestro idioma: es imposible traducir con fidelidad un lenguaje tan específico como el de Stevie (irlandés de origen, con un pasado criminal en los bajos fondos de una ciudad y un tiempo específicos). No se puede hacer una traducción literal, tampoco se puede inventar un estilo, y tampoco se puede tomar un habla equivalente en nuestra lengua simplemente porque no existe; como consecuencia se tradujo el libro a un español neutro. Si bien la decisión es acertada —y a eso habría que agregar otras decisiones por lo menos discutibles del traductor— la novela en nuestro idioma carece de estilo y, por lo tanto, pierde una buena parte de los elementos que la hacen tan disfrutable en inglés. Otro de esos elementos es el diálogo. La voz de cada uno de los personajes es claramente identificable, en inglés, lo cual también se pierde en español, por el mismo motivo. Y los diálogos están relacionados con la estupenda interacción de los personajes.

Quienes se interesen en leer estas dos novelas de Caleb Carr, deberían comenzar, como es lógico, con la primera. Y quienes se interesen tanto en la literatura de Caleb Carr como en las obras de Sherlock Holmes deberían de apurarse en conseguir y devorar El caso del secretario italiano. No los va a decepcionar.

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El caso del secretario italiano (The Italian Secretary). Caleb Carr. Postfacio de Jon Lellenberg. Traducción: Eduardo Iriarte. (Edición original: 2005, Carroll & Graf, New York) Primera edición en español: abril, 2006. Primera reimpresión: abril, 2006. Barcelona. Ediciones B. Colección "La Trama". 300 págs.

El alienista (The Alienist). Caleb Carr. Traducción: Antoni Puigròs. (Edición original: 1994. Ballantine Books.) Primera edición en español: marzo, 1995. Barcelona. Ediciones B. 528 págs.

El ángel de la oscuridad (The Angel of Darkness). Caleb Carr. Traducción: María Eugenia Ciocchini. (Edición original: 1997, Ballantine Books.) Primera edición en español: 2001. Barcelona. Ediciones B. Edición de bolsillo en Punto de Lectura, marzo, 2001. 984 págs.





[Lecturas 7. Primavera-verano de 2007]

El turno del escriba



El turno del escriba

María Eugenia Galindo






Esta obra es un interesante y fascinante ejercicio de narración compartida cuyo resultado es la recreación de la Génova del siglo XIII: “Y en el año de Nuestro Señor de 1298, estando él, Marco Polo en prisión en Génova, messer Rustichello, ciudadano de pisa, que estaba con él en la misma prisión pensando en los beneficios de hacer públicas las grandes maravillas que Marco Polo había visto, escribió este libro verídico y sin engaño, y lo dividió en tres partes”.


La historia de Rustichello se va entretejiendo con los relatos que Marco Polo le cuenta —es su compañero de celda—, a él, un escriba que seguía ejerciendo su oficio en la cárcel ("A la hora de enumerar sus merecimientos, Rustichello comenzaba por su posición de bibliotecario, lector y calígrafo excepcional en la corte del rey Manfredo en Palermo, y seguía por la de traductor, adaptador, novelista, y hasta consejero real si lo apuraban"), y lo que éste describe desde su visión en la cárcel, desde Génova (considerada en ese momento como la Ciudad-Estado mas fuerte del mediterráneo), desde sus conocimientos y, por supuesto, los conocimientos de su época, y también desde sus propias interpretaciones y fantasías (es decir, como todo escritor), ya que "El pisano tiene la imaginación fácil y algún entrenamiento en urdir ficciones". Tiene también, vale la pena apuntarlo, una preferencia por la sonoridad francesa de su propio nombre: "[...] messer Rustichello, o Rusticien, como le gusta decir a él, ya que prefiere que su nombre vaya montado en los cornetes de la nariz y no en la punta de la lengua [...]".


Las autoras, Graciela Montes y Ema Wolf, ambas argentinas, han escrito una obra que trama finamente una historia que puede semejarse a un juego de espejos, Rustichello inicia su escrito ayudado por las narraciones que Marco le cuenta, en primer lugar para mitigar su estancia aburrida en prisión, pero sobre todo para sostener la esperanza de que al escribir ese maravilloso libro, alguien pueda pagar su rescate y liberarlo de esa horrenda cárcel. Con Marco Polo contando sus historias se alude a las que Sherezada contaba al rey en Las mil y una noches, con la diferencia de que en este relato Rustichello debe mantener en su memoria todo lo que el viajero le cuenta para luego transcribirlo en el pergamino. "El pico mas angustioso se produce al despertar porque la noche anterior se ha dormido seguro de que será imposible olvidar lo que Polo le ha relatado [...] pero al día siguiente al salir del sueño todo aparece roto [...]"


El turno del escriba no es una novela histórica, pero hace uso de la historia, y reta a la oralidad convirtiendo al escriba en escritor. Esta obra se ganó el Premio Alfaguara de novela 2005.

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El turno del escriba. Graciela Montes y Ema Wolf. Alfaguara, México, 2005. 262 págs.

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Las Autoras:

Graciela Montes (Buenos Aires, 1947) es escritora, editora y traductora. Ha publicado libros niños y jóvenes que circulan por todos los países de habla hispana, además han sido traducidos a diversos idiomas y han obtenido importantes premios. Montes es autora, también, de las novelas El umbral (1998) y Elísabet (1999) y de los ensayos La frontera indómita (1999) y El corral de la infancia (2001).

Ema Wolf (Buenos Aires, 1948) es escritora y periodista. Sus libros para niños (Perafán de Palos, La sonada aventura de Ben Malasangüe, Pollos de campo, Historias a Fernández, Libro de los prodigios, Los imposibles, entre otros) han sido traducidos a varias lenguas y han sido merecedores de diversos premios que los hacen figurar en las listas internacionales de libros recomendados.


[Lecturas 6. Enero-abril de 2006]

martes, 24 de noviembre de 2009

Primeras líneas... Don Quijote




Primeras líneas...


El ingenioso hidalgo
don Quijote de la Mancha
en dos idiomas



Primera parte

Capítulo primero

Que trata de la condición y ejercicio del famoso hidalgo
don Quijote de la Mancha



En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda. El resto della concluían sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas, con sus pantuflos de lo mesmo, y los días de entresemana se honraba con su vellorí de lo más fino. Tenía en su casa una ama que pasaba de los cuarenta, y una sobrina que no llegaba a los veinte, y un mozo de campo y plaza, que así ensillaba el rocín como tomaba la podadera. Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años; era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza. Quieren decir que tenía el sobrenombre de Quijada, o Quesada, que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben; aunque, por conjeturas verosímiles, se deja entender que se llamaba Quejana. Pero esto importa poco a nuestro cuento; basta que en la narración dél no se salga un punto de la verdad.

[Español. Versión original de don Miguel de Cervantes Saavedra]

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Don quixote


Chapter I

Which treats of the character and pursuits of the famous gentleman

don quixote of la mancha

In a village of La Mancha, the name of which I have no desire to call to mind, there lived not long since one of those gentlemen that keep a lance in the lance-rack, an old buckler, a lean hack, and a greyhound for coursing. An olla of rather more beef than mutton, a salad on most nights, scraps on Saturdays, lentils on Fridays, and a pigeon or so extra on Sundays, made away with three-quarters of his income. The rest of it went in a doublet of fine cloth and velvet breeches and shoes to match for holidays, while on week-days he made a brave figure in his best homespun. He had in his house a housekeeper past forty, a niece under twenty, and a lad for the field and market-place, who used to saddle the hack as well as handle the bill-hook. The age of this gentleman of ours was bordering on fifty; he was of a hardy habit, spare, gaunt-featured, a very early riser and a great sportsman. They will have it his surname was Quixada or Quesada (for here there is some difference of opinion among the authors who write on the subject), although from reasonable conjectures it seems plain that he was called Quexana. This, however, is of but little importance to our tale; it will be enough not to stray a hair's breadth from the truth in the telling of it.

[Inglés. Traducción de John Ormsby]



[Lecturas 5. Octubre de 2004-marzo de 2005]