jueves, 11 de octubre de 2012

Entrevista a Rafael Torres Sánchez




Ecos de la FILS 2012

 
Entrevista a Rafael Torres Sánchez

 
Marlén Curiel-Ferman

 
Rafael Torres Sánchez es licenciado y maestro en economía, doctor en historia, escritor y poeta. Entre sus obras se encuentran: Fragmentario (poesía), Teclear (poesía), Cuatro fechas y un son para niños (poesía), Juego de espejos (poesía), El arquero y la liebre (poesía), Arribita del río (poesía), Ejercicios en el cementerio (poesía), Bastón de ciego (poesía), Del Antiguo Régimen a la Revolución: la estructura económica de Jalisco (ensayo histórico), De Mérida hasta Ensenada (crónica), Óscar Liera / El niño perdido (biografía), Revolución y vida cotidiana: Guadalajara, 1914-1934 (ensayo histórico), La bottega de la Revolución (ensayo histórico y literario), Historia regional de la infamia: el asesinato de Ramón Corona (ensayo histórico), El negativo de la Revolución: vida cotidiana (ensayo y fotografía), y Cero grados (la cotidianidad ensayada) (ensayo histórico). Rafael Torres Sánchez estuvo en la FILS 2012, donde presentó su obra Balzac para historiadores (Conaculta, colección El Centauro, 2011). Ahí, Marlén Curiel-Ferman le hizo esta breve pero muy interesante entrevista.


MC-F: ¿Usted considera que Balzac sea el fundador de la microhistoria?
Rafael Torres Sánchez: Me sorprende mucho tu pregunta. Hace uno años estuve en un homenaje a don Luis González. Él es el padre de la microhistoria mexicana. La miscrohistoria es una línea de reflexión polisémica, y tiene muchas variantes; hay la microhistoria italiana, por ejemplo, la francesa, la mexicana de Luis González y hay otras combinaciones. No hay una teoría definida de la miscrohistoria. Cuando yo participé en el homenaje a don Luis González, cité a Balzac, y cité una obra muy específica que toca asuntos de la miscrohistoria que se llama El médico rural. Cuando terminé y fui a saludar al maestro, él me felicitó por el trabajo y me dijo que le interesaba mucho, que se había fijado que yo era de las pocas personas que habían hecho un parentesco entre Balzac y su trabajo. Me invitó a su casa, fui a visitarlo y platicamos ampliamente, sobre Balzac, sobre la microhistoria... era un hombre sabio... Total, es esto, yo no creo que Balzac sea el fundador de la microhistoria, de hecho la microhistoria no tiene un fundador específico; así como en México don Luis González amarró muchas versiones anteriores que había, en Italia está Carlo Ginzburg que tiene otra idea de las cosas, ¿no? En Francia está Emmanuel Le Roy Ladurie, que también trabaja en microhistoria. Se entienden muchas cosas y diversas. Por ejemplo, don Luis entiende, a mi juicio, un sentido de la microhistoria un poco limitado, porque él la entiende como en chiquito, como espacios reducidos, y la microhistoria italiana no entiende espacios reducidos... puede ser un espacio muy grande; lo que entienden es estudiar no la historia de un pueblo sino en un pueblo, ¿para que?, para comprobar o no, en ciencia se dice «falsar», las inferencias de una historia global o macrohistoria. Por ejemplo, hablando de México, el reparto de la tierra. Cárdenas repartió la tierra en los años 30, 36-40, la reforma agraria cardenista, ésa es la hipótesis de la historia nacional, pero hay estudios que se van a localidades más pequeñas y estudian el reparto agrario y encuentran que no lo hubo, sino que al contrario, hubo concentración de la tierra. Es paradójico, y ésa es una historia diferente a la de Luis González, es como más italiana, ¿no?

Indudablemente Balzac tiene una gran aportación al estudio de las pequeñas localidades y es notable de lo que hablamos, porque Balzac es reconocido como novelista. Y sin embargo Balzac es un adelantado de las Ciencias Sociales. Digamos que antes de que las universidades abran las puertas, él, que está en la noche trabajando, ya adelanta temas y problemas que la historia va a estudiar a las 10 u 11 de la mañana, por decirlo así. Como la historia de la vida cotidiana, la historia de las mentalidades, la historia de las costumbres, los sentimientos, las pasiones, y sus personajes son prácticamente personajes sacados de miscrohistorias contemporáneas, por decir un anacronismo. En realidad es la historia contemporánea la que ha abrevado en él. Casi no hay autor de historia, bueno, que se precie, que no cite a Balzac, y no es gratuito, es que Balzac es un escritor que es historiador al mismo tiempo; él nunca se dice novelista, es un dato curioso. Él dice «el estudio que vamos a llevar a cabo». Cuando está trabajando, por ejemplo, Papá Goriot, o Las ilusiones perdidas, o Los campesinos, siempre empieza «el estudio que vamos a llevar a cabo», y la palabra es clave; cuando uno lo está estudiando y avanzas, te preguntas «¿por qué dice estudio? ¿Qué no es novela» Y empiezas a ver que la hermenéutica y el procedimiento es de un académico, pero además es un escritor muy bueno.




 
MC-F: Cómo se puede leer a Balzac en el siglo XXI? ¿Qué aporta Balzac a la lectura de la cotidianidad?
RTS: Las costumbres, los sentimientos, las pasiones, la prensa. El dinero. Una obra básica para quien sea escritor y que tenga inquietudes por el periodismo es Las ilusiones perdidas. Es una trilogía de novelas que le dedica él a Víctor Hugo, y el tema central es la iniciación del escritor, del poeta joven, y la prensa. Y la prensa aparece como es, como uno sabe que es, ésa es una constante, hasta la fecha, sea televisión o Internet, lo que se hace complejo es la herramienta, pero la esencia de las relaciones de prensa son balsaquianas completamente.

MC-F: ¿Nos podría hablar de los personajes de Balzac?
RTS: Sobre todo hay personajes omnipresentes. Balzac es un maestro y los personajes brincan de una obra a otra, ¿no? Ése es un principio que viene desde muy atrás. Desde Las mil y una noches. Sobre todo el montaje de las historias dentro de las historias, pero en Balzac se llega al máximo. Hay un dato interesante, habitualmente se dice que es novelista, yo ya decía hace un momento que él se asume como estudioso pero además hay otra cosa, La comedia humana, como su nombre lo indica, es una enorme representación. La técnica narrativa de Balzac está más cercana del arte dramático, en las tablas, que de la escritura lineal. Eso es algo muy interesante, y yo cuando comencé a escribir la obra, vi que la crítica no reparaba en eso; lo tienen enfrente y siempre es «el novelista», cuando Balzac agrupa su obra enorme en escenas, eso ya es notable, hay que creerle al autor. Ésa es la lectura que yo hice y que me sirvió para crear la estructura del libro. A Balzac lo veo como un apuntador que está debajo o detrás del escenario y sugiere y dice cosas, porque la dinámica es de representación. Es una representación social multitudinaria. Hay personajes que están en el tomo cuatro y terminan de hacer cosas que ya apenas empiezan en el quince, o al revés. Esa estructura complejísima es como la de un circo que trabaja al mismo tiempo en varias pistas. Él tenía un método de escritura simultánea, es decir, escribía varias obras a la vez, y eso le permitía, a mi juicio, controlar a los personajes, la entrada, la salida, etcétera.

 

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