Cuando fuimos huérfanos
de Kazuo Ishiguro
Jesús Guerra
En una entrada de hace pocas semanas comenté (aquí)
un poco sobre la obra del autor que ganó el Premio Nobel de Literatura
correspondiente a 2017: el inglés, nacido en Japón, de padres japoneses, Kazuo
Ishiguro. Probablemente muchos de ustedes ya han leído algunas obras de este
autor, pues es muy conocido a nivel internacional desde su tercera novela, Los
restos del día, publicada en 1989 en inglés, y en español en 1992, la cual
fue aún más conocida a partir de que se estrenó su adaptación cinematográfica
en 1993 (dirigida por James Ivory, con las actuaciones de Anthony Hopkins y
Emma Thompson, cinta que estuvo nominada en los premios de la Academia para
varios Óscares, incluido el de mejor película del año).
La primera obra que yo leí de este autor, sin embargo, fue
la que se publicó en inglés en el año 2001, y poco después en español, en la
editorial Anagrama, su quinta novela llamada Cuando fuimos huérfanos. La
leí y me gustó. Ése era mi recuerdo, que me había gustado, y que me había
parecido extraña y deslumbrante, pero ahora, tantos años después, sólo
recordaba algunas escenas y una parte mínima de la trama. Así que la releí. Y
definitivamente se las recomiendo. Me sigue gustando, me sigue pareciendo
deslumbrante, y me sigue pareciendo extraña.
La novela está narrada por el personaje central, un inglés
llamado Christopher Banks, y está dividida en siete partes, y cada una de ellas
tiene como título un lugar y una fecha: «Primera parte: Londres, 24 de julio de
1930», «Segunda parte: Londres, 15 de mayo de 1931», «Tercera parte: Londres,
12 de abril de 1937», «Cuarta parte: Cathay Hotel, Shanghái, 20 de septiembre
de 1937», «Quinta parte: Cathay Hotel, Shanghái, 29 de septiembre de 1937»,
«Sexta parte: Cathay Hotel, Shanghái, 20 de octubre de 1937» y «Séptima parte:
Londres, 14 de noviembre de 1958».
Es decir, la novela es contada por el narrador, en parte y
a saltos, a lo largo de 28 años, desde 1930 hasta 1958, pero la historia que
nos cuenta, la suya propia y la de sus padres, comienza en realidad años atrás,
en Shanghái, en donde vivía Christopher Banks cuando era niño, con sus padres,
y donde su padre trabajaba para una compañía inglesa.
Al inicio están sus recuerdos infantiles: los juegos que
jugaba con su mejor amigo, Akira, un niño japonés que era su vecino en el
barrio internacional de Shanghái, y la realidad adulta vista desde su
perspectiva de niño. Cuando Christopher tenía 10 años, una mañana, su padre
salió a trabajar y no regresó. Se supuso que fue víctima de un secuestro y
aunque los mejores detectives de la ciudad trabajaron en el caso, nunca lo
resolvieron. Pasaron las semanas, y una mañana desapareció también la madre de
Christopher. ¿Qué es lo que sucedió y por qué? Una noche, personas cercanas a
los padres de Christopher decidieron enviarlo a Inglaterra, encomendándoselo al
capitán de un barco inglés, pues allá vivía una tía del niño, la cual se haría
cargo de él. Christopher, confundido y triste, se embarcó con la esperanza de
que de un momento a otro encontraran a sus padres y él pudiera regresar a Shanghái
y reanudar su vida tal como era hasta unas semanas atrás...
Pasan los años y en Inglaterra el joven Christopher sale
de la universidad con la intención de convertirse en detective. Este deseo se
manifestaba ya en sus juegos en Shanghái con su amigo Akira, pero está claro
que luego de lo sucedido con sus padres, ese deseo se acentuó, con la
intención, aunque fuese una fantasía, de algún día resolver él mismo el
misterio de la desaparición de sus padres. Christopher se convierte en
detective y pronto adquiere notoriedad social. Con el tiempo, sin embargo, su
necesidad de saber qué sucedió realmente lo lleva de regreso a Shanghái, en
1937, al inicio de la segunda guerra chino-japonesa.
Si Shanghái era una ciudad muy compleja debido, entre
otras cosas, a las muchas nacionalidades de su población, más compleja se
volvió en 1937 con el inicio de las hostilidades y de la invasión japonesa, y,
simultáneamente, con las luchas entre nacionalistas chinos y comunistas chinos.
Y ahí se complican también las cosas para el detective Christopher Banks, que
está a la búsqueda de sus padres o por lo menos de la resolución del misterio
de su desaparición, y todo se complica también para el lector cuando
comprendemos cabalmente que Christopher Banks es lo que se llama en literatura
un «narrador no confiable». Pero, nos preguntamos, ¿nunca es confiable, a lo
largo de toda la narración, o sólo en algunos momentos críticos?
Como ya apunté, a mí esta novela me parece
interesantísima, y me llevé una sorpresa cuando al buscar información sobre la
misma, me enteré que la crítica inglesa y estadounidense no considera esta obra
como una de las mejores de Kazuo Ishiguro (de hecho, el mismo autor ha
declarado que no es de sus mejores novelas, lo que, evidentemente, no implica
que sea una mala novela). El crítico inglés Philip Hensher, del periódico The
Guardian, por ejemplo, alabó la arquitectura de la novela, pero atacó el
lenguaje, la voz con la que está escrita la obra. Sin embargo, las objeciones
que le hace al lenguaje de la novela son muy específicas del inglés y esos
problemas que el crítico señala no se encuentran, por lo menos no tal como las
señala, en la traducción a nuestro idioma, pues esas características
problemáticas no existen, por lo menos no así, en español, y además porque las
traducciones normalmente neutralizan la voz de los narradores.
Edición francesa de bolsillo |
Otros críticos comentaron las inconsistencias con las
novelas de detectives, y es cierto, esta obra de Ishiguro sólo es policiaca a
ratos y en determinadas perspectivas, aunque también, me parece, es parte de su
encanto. Y si, a final de cuentas, llegaran ustedes a la conclusión de que Cuando
fuimos huérfanos es, de alguna manera, una novela fallida, vale la pena que
comparen, en ese caso, lo que es una novela fallida de un Premio Nobel de
Literatura en relación con una novela fallida de un autor menor.
No puedo, claro está, comentar puntos específicos de la
novela sin echarles a perder su lectura, porque tendría que contárselas
completa, lo que arruinaría el placer del descubrimiento del argumento de esta
obra. Repito, eso sí, que a mí, en términos generales, me gusta mucho este
libro, así que se los recomiendo. Hagan la prueba, confío en que no se van a
arrepentir.
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Cuando fuimos huérfanos. Kazuo Ishiguro. Traducción de Jesús
Zulaika. Editorial Anagrama (se encuentra en dos de sus colecciones: Panorama
de Narrativas y Compactos). 408 págs.
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