sábado, 29 de junio de 2019

Recomendaciones de la Librería del Fondo Carlos Monsiváis



Recomendaciones
de la Librería del Fondo Carlos Monsiváis




Obra literaria
Renato Leduc

Renato Leduc, enfrentado al academicismo de inicios del siglo XX, hizo de la desconfianza intelectual y del desprecio al falso refinamiento sus sellos distintivos. Sin embargo, Edith Negrín deja claro que no se trató de un poeta descuidado o simplemente humorístico pues su rebeldía literaria se expresaba en una lucha contra la cursilería, no contra la precisión.

Fondo de Cultura Económica
Colección Letras Mexicanas
Compilación e introducción de Edith Negrín
Prólogo de Carlos Monsiváis
752 págs.

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Obra completa
Julio Torri

Torri hace una reflexión íntima y personal, para encontrar respuestas: busca, analizándose a sí mismo, encontrar una explicación a sentimientos comunes. Mediante sus diversos estilos transmite las diferentes aristas del alma humana, reflexionando sobre temas como la figura femenina, el amor a la vida, el fracaso, el antihéroe, etc., sin dejar de lado un ligero toque de ironía y burla.

Fondo de Cultura Económica
Colección Letras Mexicanas
Edición de Serge I. Zaïtzeff
713 págs.

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El Rayo Macoy
Rafael Ramírez Heredia

A mediados de la década de los ochenta, Filiberto Macario Reyes se ha convertido en uno de los campeones de boxeo más prometedores, llegando a ser internacionalmente conocido como El Rayo Macoy. De orígenes modestos, pero con una tenacidad inigualable, El Rayo toma su lugar en la historia como uno de los personajes más reconocido de la obra de Rafael Ramírez Heredia, quien en este relato busca plasmar no sólo la vida de un hombre que siendo humilde logra trascender este ámbito para convertirse en un personaje de renombre, si no busca, en gran medida, pintar los excesos de una sociedad signada por la violencia y la desigualdad.

Rafael Ramírez Heredia nació en Tampico, Tams., en 1942, y murió en el DF en 2006. Escritor. Contador público titulado en 1964. Fue profesor de literatura en el IPN, jefe de redacción de las revistas El Cuento, Semana Política, Economía Política y Activa; miembro del consejo de redacción de La Brújula en el Bolsillo y La Talacha y colaborador de numerosos periódicos y revistas. Premio Internacional de Cuento Juan Rulfo, 1984; Premio del Club de Periodistas Primera Plana 1978; Premio Diana de Oro 1980; Nacional de Cuento Policiaco de Ovaciones y Aeroméxico 1983; Juan Ruiz de Alarcón 1990; Rafael Bernal 1993; del IPN 1997 y Dashiell Hammett 1990 y 2005. Medallas Rafael Ramírez Castañeda 1997 y Juan de Dios Bátiz 1999, por 25 años al servicio del magisterio nacional y del IPN, respectivamente. Perteneció al Sistema Nacional de Creadores de Arte y fue miembro de la Asociación Internacional de Escritores Policiacos, la Sogem y la Asociación de Escritores de México.

Fondo de Cultura Económica
Colección Vientos del Pueblo
Ilustraciones de José Hernández
32 págs.

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De noche vienes
Elena Poniatowska Amor

«De noche vienes» relata con frescura y humor el interrogatorio que un agente del Ministerio Público realiza a Esmeralda Loyden, mujer polígama. Ante las preguntas del indignado agente, encontramos una mujer encantadora con candorosas respuestas que desarman al funcionario y al resto de los trabajadores de la oficina ministerial. Este cuento es una pequeña probada del estilo de esta reconocida autora y que invita al lector a conocer el resto de su obra.

La autora nació en París en 1932. Llegó a México muy niña y poco antes de cumplir 20 años empezó a publicar entrevistas y crónicas en el diario Excélsior. Los 15 años siguientes se consagró al periodismo: después de Excélsior en Novedades, y más tarde en el suplemento México en la Cultura de la revista Siempre dirigido por Fernando Benítez. Desde el comienzo, Elena Poniatowska impuso a sus colaboraciones un estilo fresco, incisivo y literario. Hoy es una autora cuya obra ha sido traducida a una veintena de idiomas, entre ellos el ruso, el chino, el japonés, el checo, el holandés y el danés y es materia de estudios de programas de posgrado de numerosas universidades de distintos países. Fue la primera mujer en recibir el Premio Nacional de Periodismo (en 1979); ha sido galardonada con el Premio Mazatlán de Literatura, por Hasta no verte, Jesús mío y por Tinísima; el Premio Alfaguara de Novela, por La piel del cielo, obra reconocida a su vez por el gobierno de China como la mejor novela de habla hispana en 2002; la legión de Honor del Gobierno de Francia, y el doctorado Honoris Causa de parte de distintas universidades de los Estados Unidos, Francia y México. En diciembre de 2002 obtuvo el Premio Nacional de las Artes y Ciencias, máximo reconocimiento que otorga México a sus creadores.

Fondo de Cultura Económica
Colección Vientos del Pueblo
Ilustraciones de César Silva Páramo
40 págs.

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lunes, 24 de junio de 2019

La sangre de los libros, de Santiago Posteguillo





La sangre de los libros
de Santiago Posteguillo

Jesús Guerra

Hace ya un buen tiempo comenté aquí un libro del escritor español Santiago Posteguillo titulado La noche en que Frankenstein leyó el Quijote, título que, por cierto, me parece estupendo. Ese libro está formado por diversos artículos relacionados con libros o autores importantes, en los que nos narra anécdotas ciertas, historias falsas que se han contado como ciertas, o detalles poco conocidos de lo que podríamos denominar la historia secreta de los libros. Es un libro muy ameno, fácil de leer, ligero e interesante, y la verdad se los vuelvo a recomendar. En esta ocasión quiero comentarles otro libro del mismo autor, con las mismas características del que les acabo de mencionar, llamado La sangre de los libros. Está compuesto por un pequeño prólogo, y 30 artículos breves, de entre cinco y ocho páginas cada uno, acerca de libros y de autores, pero no son ensayos acerca de las obras, sino historias acerca de cómo se escribieron, o de las circunstancias, a veces extrañas, a veces simpáticas, que rodean ciertas obras conocidas. Algunas incluso tienen ese aire sabroso de chisme literario.

El autor del libro, Santiago Posteguillo, es un escritor español nacido en Valencia en el año de 1967. Es profesor universitario de Lengua y Literatura Inglesas; estudió Escritura Creativa en Estados Unidos y Análisis del Discurso y Traducción en el Reino Unido. Es muy conocido por ser el autor de dos trilogías de novelas históricas que se desarrollan en la antigua Roma: la trilogía sobre Escipión El Africano, y la trilogía sobre Trajano, las cuales han tenido mucho éxito de crítica y público en España y en América Latina.

En el prólogo de la obra, Posteguillo apunta: «La sangre de los libros propone un viaje alternativo y diferente por la historia de la escritura. Detrás de grandes clásicos de la literatura universal, sea la Eneida, La vida es sueño, Jane Eyre o Drácula, por mencionar sólo algunos títulos que el lector va a visitar en este viaje en el tiempo, hay misterios y enigmas y, con frecuencia, sangre: la sangre de los escritores esparcida de forma silenciosa por entre las líneas de sus libros».

En el primer texto, titulado «El gran rescate. Cuando Europa del Sur rescató a Europa del Norte», nos narra primero un hecho ocurrido en Roma en el año 62 antes de cristo. Linio Archia, el antiguo maestro griego de retórica de Cicerón iba a ser juzgado pues algunos de sus enemigos querían desterrarlo de la ciudad aprovechando una nueva ley que permitía denunciar «altas erróneas en la ciudadanía romana». El maestro de Cicerón era, por supuesto, ciudadano romano, pero, según decían sus acusadores, no había en los archivos documentos que demostraran que el trámite se había llevado a cabo. El defensor era el propio Cicerón. Tomó la palabra y destrozó a sus oponentes. El tribunal falló a favor de la defensa. Sin embargo, el discurso de Cicerón, nos dice el autor, «como tantas otras obras maestras clásicas, se desvaneció en el olvido del tiempo tras la caída de Roma».

La segunda parte de esta historia se desarrolla más de un milenio después, en el monasterio de Lieja, en 1333. Llegaron al monasterio, a buscar al abad, un joven de 28 años llamado (ni más ni menos que) Francesco Petrarca y su asistente. Ya era tarde. Les dijeron que el abad los recibiría a la mañana siguiente. Les dieron de cenar y luego, mientras les preparaban la celda en donde pasarían la noche, Petrarca se puso a curiosear en la cocina y encontró un montón de rollos manuscritos en un rincón. Le peguntó al monje que los atendía qué era aquello y el hombre respondió que era leña. Que no se preocuparan, que no eran nada importante. Petrarca se puso a revisarlos, varios no eran, en efecto, nada importante, pero de repente se sorprendió: tenía en sus manos un discurso de Cicerón. Precisamente, el discurso que salvó al maestro de Cicerón de ser desterrado. El autor apunta: «El italiano inició uno de los mayores rescates de la historia del mundo: salvar del fuego, de los basureros y de la aniquilación decenas de textos clásicos que se desdeñaban por paganos. A Petrarca lo siguieron Coluccio Salutati, Niccoló Niccoli y Poggio Bracciolini. Entre ellos recuperaron a Cicerón, Virgilio, Lucrecio, Quintiliano, Tito Livio y tantos otros: discursos, poemas, oratoria; historia y literatura salvadas del fuego».




En un formato similar, el autor narra y comenta muchas otras historias de la literatura. En el texto llamado «De una mosca y un mosquito a una obra maestra de la literatura universal» nos cuenta dos historias relacionadas con la figura de uno de los grandes poetas de la antigüedad: Virgilio. «Las tres condenas a muerte» trata de Séneca y su problemática relación con el poder de Roma. En «La biblioteca de Drácula» —artículo de título engañoso, justificable en parte porque el nombre es muy bueno— nos cuenta de las importantes correcciones finales al libro por parte de Bram Stoker, a partir de una nota de pie de página. Este artículo en particular me parece discutible, pues otros libros que he leído sobre este tema dicen que Stoker tenía un conocimiento mucho mayor del personaje histórico en el que se basó para crear a su vampiro de lo que sugiere el autor. Aun así, por supuesto, este relato que nos brinda Santiago Posteguillo me parece de mucho interés para cualquier lector, y más para los admiradores de la obra de Bram Stoker.

En el artículo llamado «Los versos perdidos», el autor nos cuenta del tiempo en que estuvieron perdidos —en realidad ocultos— los últimos 13 cantos de la Divina Comedia, de Dante. «El proyecto secreto y una tumba perdida» nos cuenta la triste historia de Johaness Gutenberg. Para colmo, ni siquiera sabemos ahora en dónde está la tumba de este hombre que murió pobre y desconocido, luego de haberle dado a la humanidad el invento más importante del segundo milenio. En «Una noche de pendencia» se nos narra un episodio en la vida no muy reposada de Pedro Calderón de la Barca, y algo similar nos cuenta en «El arresto», que trata de la impresionante vida de Félix Lope de Vega y Carpio, quien no sólo escribió muchísimo, sino que tuvo una experiencia vital rica en amores, hijos y problemas. ¿A qué hora escribía Lope de Vega, teniendo una vida como la que tenía?

«Un calambur» es uno de los textos más divertidos del libro. Nos narra una de esas anécdotas que no se puede saber si son ciertas o no, pero que por su osadía es más probable que sea falsa, aunque no por ello menos disfrutable, y su estrella es don Francisco de Quevedo. En «Los poetas del Heavy Metal» Posteguillo cuenta las circunstancias —o probables circunstancias— en que nacieron dos poemas importantes del romanticismo europeo, uno del romanticismo inglés, y otro del español. El primero es «La balada de viejo marinero», de Samuel Coleridge, y el segundo, la «Canción del pirata», de José de Espronceda. Y luego nos narra un momento de un concierto del grupo de rock inglés Iron Maiden interpretando «La balada del viejo marinero», y después la «escena» en que el grupo de rock español Tierra Santa grabó su «Canción del pirata». Luego apunta: «Está claro que las bandas de heavy metal, que buscan con frecuencia temas misteriosos o épicos, cuando no ambos a la vez, han sabido ver que la poesía romántica de todas las tradiciones literarias les ofrece exactamente eso que anhelan, y, con audacia, se han lanzado a poner música a esa gran literatura sin atender a limitaciones ni a complejos. El resultado es sorprendente.»

En el artículo titulado «Del poder de Ramsés II al ingenio de Woody Allen» el autor hace una reflexión sobre el paso del tiempo y su efecto en el ser humano, sin importar lo importante y poderoso que alguien pueda ser en un momento dado. Esto se encuentra relacionado con el faraón Ramsés II, con un poema de Percy Shelley, y con un diálogo de una película de Woody Allen. Y señala: «Historia, cine y literatura caminan de la mano mucho más de lo que a veces imaginamos».

Posteguillo nos cuenta también historias sobre Víctor Hugo, sobre las extrañas circunstancias de la muerte de Edgar Allan Poe, sobre Charlotte Brontë y su secreto, sobre los duelos de Pushkin, sobre las extrañas coincidencias relacionadas con la muerte de Gustavo Adolfo Bécquer, sobre las coincidencias entre realidad y ficción en la vida de Robert Louis Stevenson, sobre la agorafobia de Emily Dickinson, y sobre las terribles circunstancias en las que D.H. Lawrence escribió su libro Hijos y amantes, y la conmoción que causó, entre muchas otras historias de la literatura.

Ojalá que les interese este libro, que me parece sumamente ameno, tanto que se deja leer con facilidad y rapidez. Además, esta obra trata de uno de los temas preferidos de los amantes de los libros, la literatura y la lectura.

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La sangre de los libros. Santiago Posteguillo. Planeta (2014). 222 págs. 

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Te puede interesar:

La noche en que Frankenstein leyó el Quijote




lunes, 3 de junio de 2019

El descenso del monte Morgan, de Arthur Miller






El descenso del monte Morgan
de Arthur Miller

Jesús Guerra

No siempre podemos ver las obras de teatro que quisiéramos, pero podemos leerlas; por eso, hoy les recomiendo una obra estupenda, El descenso del monte Morgan, su autor es Arthur Miller, uno de los grandes dramaturgos estadounidenses del siglo XX (y de cualquier época). Un autor cuya obra hay que leer, sin lugar a duda, la cual, en su momento, tuvo una influencia enorme en el mundo.

Arthur Miller nació en Nueva York, en octubre de 1915, y murió en el estado de Connecticut, en febrero de 2005, a los 89 años. Estuvo casado tres veces, su segunda esposa fue nada menos que Marilyn Monroe (de 1956 a 1961). Algunas de sus obras de teatro están consideradas clásicos contemporáneos. Fue también ensayista, novelista y guionista de cine.

A continuación transcribo los títulos de algunas de sus obras más importantes: Un hombre de suerte (1940, The Man Who Had All the Luck), Todos eran mis hijos (1947, All My Sons), Muerte de un viajante (1949, Death of a Salesman), Las brujas de Salem (1953, The Crucible), Panorama desde el puente (1955, A View from the Bridge), Recuerdo de dos lunes (1955, A Memory of Two Mondays), Después de la caída (1964, After the Fall), Incidente en Vichy (1964, Incident at Vichy), El precio (1968, The Price) y La creación del mundo (1972, The Creation of the World and Other Business), entre otras. En 2002 publicó Resurrection Blues, y en 2004, es decir, un año antes de su muerte, publicó Finishing the Picture. Estas dos últimas no sé si tengan ya traducción al español.

Fue presidente del PEN Club Internacional de 1965 a 1969. Fue ganador, entre otros, de Premios Tony (que son como los Óscares del teatro norteamericano), el Pulitzer, el Premio del Círculo de Críticos de Teatro de Nueva York, y en 2002, tres años antes de morir, ganó el Premio Príncipe de Asturias de las Letras.




Como guionista de cine, por ejemplo, estuvo nominado al Oscar por mejor guion adaptado, por The Crucible, basado en su propia obra, que, en español, tanto la obra como la película, se llaman Las brujas de Salem (estoy hablando de la versión de 1996, dirigida por Nicholas Hytner, con Daniel Day-Lewis y Winona Ryder, pues esta obra ha tenido varias adaptaciones al cine y a la televisión, en diversas partes del mundo).

Y casi como una curiosidad, una muy importante, escribió el guion de la película The Misfits, de 1961 —que en México se llama Los inadaptados—, dirigida por John Huston, en la que los papeles principales los interpretaron Clark Gable, Montgomery Clift y Marilyn Monroe, la cual, por azares del destino, fue la última película tanto de Clark Gable como de Marilyn Monroe.

Pero pasemos a El descenso del monte Morgan: Lyman Felt comienza a despertar de su sueño de anestesia. Está confundido. La enfermera le informa que tuvo un accidente en la carretera que baja del monte Morgan, que estaba congelada, y que tuvieron que operarlo. Que se encuentran en el hospital de Clearhaven. Está enyesado de varias partes. Lyman no se puede mover. La enfermera le avisa que en la sala de espera están su esposa y su hija. Él se molesta. ¿Por qué no lo consultaron antes de hablarles? Le pide a la enfermera que les diga que se regresen a Nueva York, que no puede verlas.

La enfermera sale y les dice que aún no pueden ver al herido. Les ofrece llamar a un hotel para conseguirles una habitación. La esposa, llamada Theo, y la hija, Bessie, están muy preocupadas. En eso llega otra mujer a la sala de espera. Se llama Leah. Leah dice que está ahí porque su marido tuvo un accidente. Las tres se compadecen unas de otras. Tratan de animarse, platican. Al poco rato las tres mujeres van atando cabos. En realidad, hablan del mismo hombre. Tanto Theo como Leah son esposas del herido. Las dos se indignan. Theo se desmaya.




A través de recuerdos, como flashbacks de una película, manejados de manera muy ingeniosa en las indicaciones para el escenario, los lectores-espectadores de esta obra nos vamos enterando de fragmentos anteriores de esta historia. A Theo, por supuesto, Lyman nunca le dijo nada. Simplemente pasaba mucho tiempo fuera de casa, en las oficinas de seguros que manejaba en otra ciudad. A Leah, en cambio, Lyman le hizo creer que se había divorciado de Theo. Ya llevan nueve años en esta situación.

En una mezcla de sueños, pensamientos, recuerdos, y, por supuesto, conversaciones, esta obra realiza un análisis del engaño matrimonial, análisis que también incluye al amor, a la hipocresía moral de la sociedad, a los deseos personales enfrentados con la imagen pública, con la responsabilidad personal hacia los demás, a los prejuicios, a las obligaciones sociales, a la lealtad con uno mismo y con los demás, y, por supuesto, este análisis tiene otro elemento fundamental: la culpa.

La obra comienza casi como una comedia y termina siendo un drama intimista. Pero hay que tener en cuenta una nota inicial en la que se nos dice que la obra sigue los pensamientos del Lyman Felt a lo largo de las escenas, tanto en tiempo real como en los recuerdos y el sueño. De tal manera que al terminar la obra, no podemos estar seguros si Lyman ha imaginado todo esto (es decir, lo sucedido después del accidente), o si la obra mezcla los pensamientos de Lyman con los acontecimientos reales. Esto podemos descifrarlo haciendo un análisis de la obra, pero esto tiene que hacerlo cada espectador, o, en este caso, cada lector.




La obra es sumamente interesante, está muy bien planteada y estructurada, es muy ágil y, al mismo tiempo, muy compleja. Como siempre en la obra de Miller, se trata, por supuesto, de una crítica social, una obra que no sólo nos invita, sino que nos incita a reflexionar acerca de la sociedad en la que vivimos y nuestro papel en ella.

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El descenso del monte Morgan. Arthur Miller. Traducción de Carlos Milla Soler. Tusquets Editores, colección Fábula, Biblioteca Arthur Miller. (España, 1a ed.: enero 2006; México, 1a ed.: marzo 2013.) 130 págs.


lunes, 27 de mayo de 2019

Recomendaciones de la Librería del Fondo Carlos Monsiváis


Recomendaciones
de la Librería del Fondo Carlos Monsiváis




30 maneras de quitarse el sombrero
Elvira Lindo
Prólogo de Elena Poniatowska

La mejor prosa de Elvira Lindo en veintinueve ensayos que analizan la obra y el tiempo en que vivieron creadoras que han desarrollado su obra al margen del canon masculino, y un magnífico autorretrato en el que repasa su propia trayectoria vital y literaria.

En los años veinte, Maruja Mallo, Margarita Manso y Concha Méndez desafiaron las normas de la época al quitarse el sombrero en plena Puerta del Sol, haciendo de ese gesto un acto de desobediencia. Escritoras, pintoras, fotógrafas y creadoras de diversas disciplinas han seguido su ejemplo al expresar sus opiniones y trasladar su particular visión del mundo al debate cultural de su tiempo. A lo largo de la historia, muchas mujeres se han visto obligadas a quitarse el sombrero de la imposición social que las ha mantenido alejadas de una comunidad intelectual mayoritariamente masculina.

Prologado por Elena Poniatowska, una de las grandes escritoras en lengua castellana, Elvira Lindo presenta veintinueve ensayos literarios que analizan la obra y el tiempo en que vivieron creadoras que han desarrollado su obra al margen del canon más convencional, y un magnífico autorretrato en el que repasa su trayectoria vital y literaria.

Siempre atenta tanto al ámbito social como al doméstico en el marco de la creación, Elvira Lindo despliega con una prosa magnífica toda su empatía, erudición y espíritu ecléctico e inquisitivo en este magnífico mosaico narrativo.

Elvira Lindo (Cádiz, España, 22 de enero de 1962) comenzó estudios de pe­riodismo, pero los abandonó al comenzar a trabajar en la radio con sólo diecinueve años. Hizo labores de guionista, locutora, comentarista y presentó varios programas de RNE, tareas que repitió en la SER y en la televisión. Es en estos guiones donde surgió el personaje de Manolito Gafotas, que desde la publi­cación del primer libro de la serie, en 1994, goza de un éxito enorme. Su obra incluye las novelas El otro barrio (1998), Algo más inesperado que la muerte (2003), adaptada a los escena­rios, Lo que me queda por vivir (2010), Lugares que no quiero compartir con nadie (2011), la obra de teatro La ley de la selva (1996), y sus crónicas de El País en Tinto de verano (2001), Otro verano contigo (2002) y Don de gentes (2011). En 1998 fue galardonada con el Premio Nacional de Literatura Infan­til y Juvenil, y en 2005 recibió el Premio Biblioteca Breve por la novela Una palabra tuya, llevada al cine con gran éxito por Ángeles González-Sinde.

Seix Barral
Colección Biblioteca Breve
288 págs.

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Barrio perdido
Patrick Modiano

Un domingo de julio, Ambrose Guise, escritor de novelas policíacas, regresa a París tras veinte años de ausencia para encontrarse con su editor japonés. Pronto surgen el París de su memoria, los misterios de su pasado y su verdadera identidad: Jean Dekker. Barrio perdido nos adentra en una ciudad crepuscular, llena de lugares y personajes extraños: el apartamento de Carmen Blin frente a la Place de l’Alma, los archivos que dejó Daniel de Rocroy, las codificadas conversaciones con Ghita Wattier… Barrio perdido es el Dekker que desapareció después de un crimen sin resolver.

Patrick Modiano (Premio Nobel 2014) está considerado uno de los mejores escritores franceses actuales. Ganador, entre otros, del Premio de la Académie française (1972), del Premio Goncourt (1978) y del Premio Nacional de las Letras Francesas (1996) por el conjunto de su obra. Su escritura se caracteriza por un estilo directo, por una prosa ajustada e impregnada de un aire melancólico en la que la ciudad de París juega un papel determinante. Sus primeras novelas giran en torno a la ocupación nazi y el colaboracionismo El lugar de la estrella (1968), La ronda de noche (1969) y Los bulevares periféricos (1972). Seguirían Calle de las Tiendas Oscuras (1978), Barrio perdido (1984), Un circo pasa (1994), Dora Bruder (1997), Accidente nocturno (2003), En el café de la juventud perdida (2007), entre otros.

La traducción es de Adoración Elvira Rodríguez, quien es Catedrática (EU) de Filología Francesa de la Universidad de Granada. Ha impartido clases de traducción literaria, como profesora invitada, en varias universidades extranjeras (Pekín, Moscú, Kiev, Bruselas, Saarbrüken, La Habana, Estrasburgo). Para Cabaret Voltaire ha traducido ¿Estáis locos? de René Crevel (Premio Stendhal de traducción 2008) y la obra narrativa de Agustín Gómez Arcos.

Cabaret Voltaire
224 págs.

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miércoles, 8 de mayo de 2019

Viajeros de la noche, de George R.R. Martin




Viajeros de la noche
de George R.R. Martin

Jesús Guerra

Con toda seguridad la mayoría de ustedes sabe quién es el escritor estadounidense George R.R. Martin. Quien no lo sepa es porque no lee novelas de fantasía ni ve la serie Juego de tronos, de HBO, la cual está basada en su serie Canción de hielo y fuego, compuesta por siete novelas, de las que hasta el momento sólo se han publicado cinco. (No obstante, los elementos argumentales de esas dos novelas aún inéditas, sí se encuentran ya incorporados a las dos temporadas finales de la serie Juego de tronos).

Sin embargo, hoy no voy a comentarles esa serie monumental de este escritor. Lo que les quiero comentar es una novela corta suya llamada, en inglés, Nightflyers, a partir de que también ha sido recientemente adaptada a una serie de televisión que en Estados Unidos pasó por el canal SyFy, y fuera de ese país pasa por Netflix. Quizás ustedes ya la vieron, y si no lo han hecho, vale la pena que lo hagan. No es la mejor serie de televisión, pero es bastante decente, y, eso sí, es muy interesante, y nos mantiene en suspenso de principio a fin, a lo largo de sus 10 episodios.

Vale la pena mencionar que ya se había hecho una versión cinematográfica, estrenada en 1987, dirigida por T.B. Blake (que es un seudónimo de Robert Collector), con un guion de Robert Jaffe, pero esta película tiene fama de ser un bodrio espantoso.

La adaptación de la novela a la serie de televisión, aunque conserva los elementos principales de la historia original, es a fin de cuentas muy diferente. Esto tiene sentido, pues han pasado casi 40 años desde la publicación original y han cambiado mucho las cosas, por lo cual nuestra visión misma del futuro es diferente también. Y el final también ha sido cambiado, con vistas, muy probablemente, a conseguir la producción de una segunda temporada de la serie. Por eso, leer la obra literaria es interesante. Para conocer cuál fue la idea original y cómo está desarrollada.

Esta novela tiene su propia historia. Pertenece a un conjunto de relatos que George R.R. Martin escribió entre fines de los años 70 y principios de los 80, para demostrarle a un crítico literario que estaba equivocado al afirmar que los géneros de terror y de ciencia-ficción se contraponen, de tal manera que no es posible juntarlos o mezclarlos en una obra.

Esta obra primero fue una novela corta de 23 mil palabras, que apareció en la revista Analog en 1980. Un año después, la editorial estadounidense Dell le pidió al autor ampliar la novela hasta las 30 mil palabras, con lo cual éste les dio mayor profundidad a las historias de varios de los personajes, y esta versión fue publicada en 1981. Esta misma versión es la que George R.R. Martin publicó en una recopilación de novelas cortas y relatos largos propios cuatro años después, en 1985, bajo el título global de esta novela: Nightflyers.

En español, hasta donde yo sé, se publicó una primera edición de esa colección original de George R.R. Martin en el año 2003. Luego, la editorial Plaza Janés, publicó una antología de relatos de ciencia-ficción de este autor, en dos tomos, el primer tomo con el título Una canción para Lya (ciencia ficción I) y el segundo con el de Viajeros de la noche (ciencia ficción II). Esta edición yo no la conozco, así que no sé si es la recopilación original del autor (es decir, la edición de 1985), o si es una antología posterior y quizá más amplia, pues, como les comento, está en dos tomos.




Después, en 2013, la editorial Gigamesh publicó, en varios tomos, la Autobiografía literaria de George R.R. Martin (que supongo en realidad es una antología) y el segundo tomo lleva como subtítulo Híbridos y engendros en donde aparece esta novela, con el título Nómadas nocturnos, con traducción de Cristina Macía. Y (al parecer) esta misma traducción de la novela corta ha sido publicada, recientemente (en enero de 2019), por la misma editorial Gigamesh en un libro en pasta dura y con ilustraciones de David Palumbo —digamos, una edición de lujo—, con el título en inglés, en edición para España, y por Penguin Random House para América Latina. Esta última no sé si también en pasta dura, pero sí en edición ilustrada, de la que existe versión en libro electrónico.

Como podemos darnos cuenta, en nuestro idioma existen por lo menos dos traducciones diferentes y, por lo tanto, también dos títulos distintos: Viajeros de la noche y Nómadas nocturnos, que, aunque se oyen bien, ninguna de los dos tiene el significado exacto del título original, el cual, traducido literalmente, es: «Voladores de la noche» o «Voladores nocturnos», o quizá, más siniestro, «Los que vuelan de noche».

Después de todo esto, permítanme decirles, muy rápidamente, de qué trata esta obra según la serie de televisión: un grupo de científicos se embarca en una nave espacial para ir hasta los confines de nuestro sistema solar, para tratar de encontrar una nave extraterrestre. Por las observaciones que ha realizado uno de estos científicos, esta nave maneja un tipo de energía (teke, es decir, telekinética) que podría servirnos a los seres humanos para salvar a nuestro planeta. La idea, básicamente, es ir hasta ellos, encontrarlos en el espacio, comunicarse con ellos, y, tal cual, pedirles de favor que nos enseñen a manejar esa energía para salvar a la Tierra. El viaje es peligrosísimo pues los humanos nunca han viajado tan lejos, y mucho menos han contactado jamás a unos extraterrestres. Pero eso no es todo, por supuesto, y el viaje mismo está lleno de problemas y de sorpresas aterradoras y fatales.

En la novela, que se desarrolla muchísimo tiempo después, en un futuro muy lejano, los seres humanos ya ni siquiera viven en la Tierra y, por supuesto, han establecido contacto con muchas civilizaciones cósmicas, pero los «volcryn», que es como llaman a los alienígenas a los que quieren encontrar y contactar, son especiales, y en la mitología de muchas civilizaciones de diferentes mundos se les conoce desde tiempos inmemoriales... La serie nunca explica de dónde salió ese nombre de volcryn, la novela, en cambio, no sólo nos lo cuenta, sino que lo hace muy poéticamente, pues por lo menos la primera parte de esta obra está escrita con un estilo que nos recuerda de inmediato la belleza del estilo de Ray Bradbury.

Evidentemente, el autor demostró en esta novela, y en otras más, como luego lo harían muchas otras novelas y películas, que la ciencia-ficción y el terror no son géneros incompatibles.

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Viajeros de la noche. Ciencia Ficción II. George R.R. Martin. Plaza & Janés. 348 págs.

Nightflyers [Viajeros de la noche]. Penguin Random House. 200 págs.




martes, 30 de abril de 2019

El año de Gracia, de Cristina Fernández Cubas





El año de Gracia
de Cristina Fernández Cubas

Jesús Guerra

En el pasado mes de enero recomendé aquí un libro de cuentos llamado La habitación de Nona, de la escritora española Cristina Fernández Cubas, una narradora nacida en Barcelona en 1945, y que está considerada como una de las mejores cuentistas de España. El asunto es que ese libro me gustó tanto, que de inmediato me puse a buscar otros libros de su autora. En nuestro país no son tan fáciles de encontrar sus obras (por lo menos algunas de ellas), pero tampoco son imposibles de conseguir, ni mucho menos. Las librerías en Internet están llenas de posibilidades. Así que pronto tuve en mis manos la primera de sus novelas, publicada originalmente en 1985, la cual ha tenido posteriores reimpresiones, llamada El año de Gracia.

Se trata de una novela bastante breve, de 162 páginas, muy bien escrita, como los cuentos que de ella he leído, y también al igual que esos relatos, algo extraña, muy intrigante e inquietante, y con un desarrollo y un final que nos dejan pensando en esta historia durante varios días después de haberla terminado de leer. El libro está narrado en primera persona por un joven cuyo nombre no aparece sino muchas páginas después del inicio, aunque no importa si yo se los menciono aquí de una vez: se llama Daniel, y estuvo varios años en un seminario, en contra de los deseos de sus padres y de su hermana mayor. Ahora (en 1980) tiene 24 años y a esa edad sale voluntariamente del seminario. Para entonces sus padres ya han muerto, así que va a Barcelona ver a su hermana, llamada Gracia, para comunicarle su decisión, y de alguna manera pedirle su ayuda para sobrevivir unos meses en lo que decide qué quiere hacer con su vida.

Las primeras líneas de la novela dicen así: «Aunque los mejores años de mi vida transcurrieron de espaldas al mundo, dedicado al estudio de la teología y al aprendizaje de las lenguas muertas, a nadie, más que a mí mismo, puedo culpar de las innombrables desventuras que me acechan». Un inicio muy apropiado para una novela de aventuras en un momento en el, se supone, nuestro mundo ya no tiene lugares apropiados para las aventuras.




Luego de años de rezos, silencios, soledad y muchas traducciones del latín y del griego antiguo, Daniel cayó en la cuenta de que el mundo seguía su marcha, que su juventud pasaba y él no había vivido. Gracia, una mujer recién divorciada, amiga de las fiestas y el alcohol, estuvo encantada al escuchar la decisión de su hermano, y luego de hacer algunos arreglos financieros le dijo a Daniel que le regalaría un año para que hiciera lo que deseara. Y a esa suerte de año sabático que su hermana le donaba, Daniel dijo que lo llamaría «el año de Gracia».

Daniel se va entonces a París, a donde mes a mes su hermana le enviará un cheque. Luego de instalarse, Daniel pasa unos días de soledad, hasta que comienza, poco a poco, a hacer amistades, y hasta comienza una relación con una fotógrafa de prensa llamada Yasmine, y la acompaña en sus viajes, pero de alguna manera lo que está haciendo es vivir la vida de Yasmine y decide detenerse pues, piensa Daniel, lo que requiere es tener sus propias experiencias, vivir sus propias aventuras.

Un día, en la ciudad francesa de Saint-Malo, conoce al capitán de una vieja embarcación llamada —muy adecuadamente— Providence, se deja fascinar por las historias de mar, y recordando los libros de aventuras que leyó en su infancia, decide embarcarse con el marinero, a quien todos llaman Tío Jean, rumbo a Glasgow. En la embarcación va también un marino egipcio, llamado Naguib, quien desprecia y humilla a Daniel cada vez que puede. Pronto, Daniel se da cuenta de que no todo es lo que parece a bordo de la nave de Tío Jean, o quizá Daniel malinterpreta algunas cosas que escucha sin ser visto, o no termina de entender algunos mensajes y señales. Su destino parece incierto... Una noche de tormenta, el viaje termina abruptamente.




Daniel despierta, empapado, al pie de un rocoso acantilado cerca de los restos de la embarcación. Si Daniel estaba deseoso de aventuras, el destino (la providencia) parecía complacerlo. Daniel carga algunas cosas del naufragio, sufre para escalar el acantilado, encuentra una cueva. Y poco después Daniel comienza a escribir —pues entre las cosas rescatadas del naufragio hay un cuaderno, un tintero y algunas plumillas—, un diario de supervivencia, que es, por supuesto, el libro que leemos.

Esta estupenda y rápida novela —no sólo por su relativa brevedad, sino realmente por la velocidad de su narración, que cobra sentido al tratarse del diario de un náufrago— es un sorprendente relato al estilo de las novelas clásicas de aventuras, como Robinson Crusoe, de Daniel Defoe, la que deliberadamente nos recuerda, pero también tan inquietante e intensa como novelas más cercanas en el tiempo, como La invención de Morel, de Bioy Casares.

Aparte de las interpretaciones y reflexiones políticas y ecológicas que esta novela sugiere, y de otras más que cada lector encontrará, me parecen de particular interés las reflexiones acerca de nuestras aventuras infantiles y juveniles, y de nuestros sueños y fantasías que tendemos a crear en nuestra infancia y juventud acerca de lo que haremos y seremos cuando seamos adultos, y finalmente, cerrando el círculo, de la nostalgia adulta por esos sueños y fantasías infantiles... Es decir, es una obra que, entre otras cosas, nos invita a preguntarnos si a lo largo de nuestra vida realmente apreciamos el presente, o si, como casi todos, encontramos la felicidad en el futuro o en el pasado. Y ya que estamos en eso, nos permite reflexionar también acerca de qué es o qué significa la felicidad. El final de esta obra me parece muy provocador. Y, a fin de cuentas, como muchas otras obras literarias, también nos recuerda esta obra que debemos de tener cuidado con lo que deseamos... porque puede volverse realidad.

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El año de Gracia. Cristina Fernández Cubas. Tusquets Editores, colecciones Andanzas y Fábula. 162 págs.

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