domingo, 19 de agosto de 2012

Annam, de Christophe Bataille





Annam
de Christophe Bataille

Jesús Guerra

Llegó a la Francia de 1787 el emperador de Vietnam. El rey en Francia era Luis XVI; el emperador de Vietnam se llamaba Canh y tenía sólo siete años de edad. Su padre, Nguyen Anh, era el príncipe regente de su país, pero debido a una revuelta huyó a un país vecino, y mandó a su hijo y una serie de servidores a buscar la ayuda militar de Francia para restablecer el orden y, obviamente, para recuperar el poder. Pero Francia no era ya lo que había sido, había problemas económicos y el pueblo no estaba contento. Así que el pequeño emperador se convirtió en una especie de curiosidad para la Corte. El padre del emperador de Vietnam había prometido, a cambio de la ayuda militar, que dejaría que los misioneros franceses llevaran el catolicismo a su país. Eso le gustó a los religiosos, así que el obispo Pierre Pigneau de Bréhaine realizó una colecta entre la aristocracia y comenzó a preparar un viaje con misioneros, monjas y monjes franceses, para cobrar su parte del trato.

Edición estadounidense
Sólo que no hubo trato. Luis XVI no mandó un ejército para ayudar a Nguyen Anh. Y peor aún, el pequeño Canh murió de neumonía en Versalles, en donde fue enterrado como católico. Aun así, Pierre Pigneau de Bréhaine despidió, el 19 de abril de 1788, sus dos únicas naves, con algunos misioneros y algunos hombres de armas para que fueran a Vietnam a salvar almas. 

Luego de meses de viaje y de estancias cortas en lugares exóticos, llegó la expedición francesa a Vietnam. Eran sólo un puñado de misioneros y un puñado de soldados. ¿Qué iban a hacer a Vietnam? Los misioneros se quedaron a vivir y a intentar predicar el evangelio en el primer pueblo al que llegaron. Los soldados se despidieron. Cuando, muchos meses después, los misioneros se enteraron de lo que sucedía en su país, de la caída del Rey, de la revuelta popular, se dieron cuenta de que Francia los había olvidado.

Los misioneros tenían sus dudas acerca de si realmente estaban convirtiendo a los vietnamitas al catolicismo, pero estaban convencidos de estar ellos mismos perdiendo su fe y su razón de ser.

Edición francesa
Annam es una breve novela publicada en Francia en 1993. Su autor, Christophe Bataille (nacido en Versalles en 1971), tenía en ese momento 22 años de edad, y ganó con esta obra un premio a primera novela y el premio Deux Magots. Esta novela se publicó en español, por Alfaguara («gracias al apoyo de la Embajada de Francia en México») , en 1998 (cuando el autor había ya publicado dos novelas más en su país: Ajenjo, en 1994, y El maestro relojero, en 1997), con una estupenda traducción a cargo de Alberto Ruy Sánchez.

Otra edición francesa
No es, por supuesto, una obra reciente, y hasta donde yo sé no se ha vuelto a reimprimir, así que no la encontrarán en la primera librería a la que vayan; es más bien una búsqueda para librerías de viejo, pero vale la pena que la tengan en cuenta para su propia «expedición», sobre todo si les gustan los relatos breves en los que el lenguaje tiene la misma importancia que la narración; si les gustan las obras bien traducidas (el estilo de Alberto Ruy Sánchez se ajusta muy bien al estilo del autor); si les gustan las obras en las que se relatan proyectos absurdos, que cambian de manera rotunda la vida de los protagonistas y nos obligan a dudar, una vez más, acerca de la salud mental de la especie humana.

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Annam. Christophe Bataille. Traducción de Alberto Ruy Sánchez. Alfaguara. México, 1998. 76 págs.



viernes, 17 de agosto de 2012

El último hombre bueno, de A.J. Kazinski





El último hombre bueno
de A.J. Kazinski

Maru Galindo

Treinta y seis hombres son necesarios para mantener el equilibrio entre el bien y el mal; cada uno de ellos abarca diez grados geográficos y, de esa manera, cubren el globo terrestre con su bondad, protegiéndonos. Esta es la idea central de la novela de corte detectivesco El último hombre bueno de A. J. Kazinski, seudónimo bajo el cual se ocultan el director de cine danés Anders Rønnow Klarlund y el escritor Jacob Weinreich. Ambos conforman un tándem cuyo resultado es un thriller bien estructurado de más de 500 páginas que atrapa el interés del lector desde las primeras líneas.

Edición holandesa
«La gente muere todo el tiempo, muy a menudo en los hospitales. Por eso el proyecto era ingenioso, simple, casi banal. Comprobarían todas las experiencias cercanas a la muerte cuyo relato los médicos solían escuchar. ¿Dónde? En los servicios de urgencias, por supuesto. Era habitual que las personas lo contasen. La gente declarada clínicamente muerta, las personas cuya respiración se había detenido o su corazón había dejado de latir, flotaban hacia arriba. Colgadas allí, contra el techo, se veían a sí mismas».

Edición en inglés
Los hombres buenos se están muriendo, alguien los está asesinando y Neils Bentzon, un detective danés que sabe reconocer perfectamente el bien del mal inicia la investigación en la que se involucran otro personaje complejo, Hanna Lund, quien le ayudará a resolver una serie de misterios que envuelven a cada una de las muertes de esos hombres buenos, designados por Dios mediante esquemas o patrones que va descifrando ayudada por lo conocimientos que tiene como astrofísica.

Edición francesa
La idea de la designación de los treinta yseis hombres proviene del Talmud, colección de escritos religiosos judíos que consta de 21 partes con mil páginas cada una. Creado después de la destrucción del segundo templo de Jerusalén en el año 70 y escrito como una discusión entre rabinos durante los años 100 y 500 de nuestra era, con especiales reglas nemotécnicas. En él se consigna una narración de lo que Dios dijo a Moisés: que siempre existirían treinta y seis hombres justos en la tierra, que no saben que son elegidos, que protegerían a la humanidad y que sin ellos ésta perecerá.

«En el folclore judío se les llama los santos ocultos. Lamedvovniks en Yiddish. Si todos mueren la humanidad perecerá y según la Cabala si todos mueren Dios moriría».

Edición italiana
Aunado a la idea central de la investigación de los crímenes, los personajes se cuestionan el lugar que ocupa la ciencia en la vida de los hombres, los pocos y pobres conocimientos que tenemos sobre el universo, nuestro concepto del bien y del mal, especialmente nuestra incapacidad de reconocer la bondad en este mundo global. La acción de la novela inicia en China con una muerte extraña de un individuo que tiene la espalda marcada con un tatuaje especial, de ahí pasa a La India en donde un diplomático italiano investiga una extraña marca de otro hombre fallecido; pasamos a Venecia en donde encontramos a Tommaso di Barbara, empleado de la policía italiana, y de ahí a Copenhague. En un triste martes 15 de diciembre encontramos a Niels Bentzon, policía que trabaja como mediador en un caso de secuestro y al cual se le encarga que averigüe una extraña solicitud: un policía italiano asegura que en Copenhague va a morir un hombre bueno en extrañas circunstancias.

Edición rumana
La trama se desarrolla en tres partes: El Libro de los Muertos, El Libro de los Justos y El Libro de Abraham. Una es la que corresponde a Tommaso di Barbara, apartado de la policía por el caso de los hombres justos a quien sólo le queda esperar la muerte de su madre. La otra es la historia de Niels. En ella se desarrolla la acción y toda la tensión que se crea para intentar parar un asesinato sin saber quién puede ser la víctima o qué aspecto puede tener el asesino. Es una tensión muy bien llevada en todo momento, con las dosis adecuadas de angustia ante unos hechos que son imparables, y la tercera es una conclusión de las dos anteriores.
Edición polaca

La novela está bien documentada con respecto a las conversaciones científicas entre Hanna y Niels aunque toma alguna que otra licencia científica para dar más sentido a la trama. Por todos estos elementos es una obra considerada por algunos críticos, la mejor de su clase, por encima de la Trilogía Millenium, cuyo autor es otro autor escandinavo, el sueco Stieg Larsson.

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El último hombre bueno. A. J. Kazinski. Ediciones B. Colección La Trama. Barcelona, 2011. 520 págs.

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El autor:
Anders Rønnow Klarlund escribió y dirigió las películas Den attende (1996), Besat (1999), Strings (2004) y Hvordan slipper vi af med de andre (2007). Por su parte, Jacob Weinreich se graduó en la Danish School of Film como guionista y debutó con su primera novela en 2001. Ha escrito varios libros infantiles y juveniles, entre los que destacan Krubet y las series Monsterjagernee y Kaptajn Blodskag. El último hombre bueno es su primera novela conjunta.

Otra edición en inglés

lunes, 13 de agosto de 2012

La casa infernal, de Richard Matheson





La casa infernal
de Richard Matheson

Jesús Guerra

A fines del año 1970, Rolf Rudolph Deutsch, un millonario a punto de morir, contrata a tres expertos en fenómenos parapsicológicos, les ofrece cien mil dólares a cada uno y les pide que le den pruebas contundentes, ya sean positivas o negativas, acerca de la existencia de la vida después de la muerte. Para ello ofrece darles todo lo que necesiten y enviarlos a la famosa Casa Belasco, conocida también como la Casa Infernal, de la que se dice es «el Everest de los fenómenos paranormales», la cual —para evitarse cualquier problema— adquirió recientemente. Sólo les pone un límite y es temporal: los resultados deben de estar listos en una semana.

La Casa Belasco, construida en 1919 por un millonario excéntrico y de pésima reputación, Emeric Belasco, tiene una fama aterradora. Según se dice, Belasco invitaba grandes grupos de personas a su casa a pasar largas temporadas y ahí los invitaba a dar rienda suelta a sus más bajos instintos, aunque él mismo nunca participaba en las actividades que se desarrollaban en su alejada mansión. Según se supone, Belasco «estudiaba», por decirlo así aunque no se conocen sus propósitos, la capacidad del ser humano para el mal.

A fines de la década de 1920 la policía entró a la casa, a petición de parientes de algunos de los invitados, y encontraron sólo cadáveres. Todo parecía indicar que en dicha mansión, los habitantes temporales de la misma luego de permitirse todo tipo de excesos por mucho tiempo, terminaron asesinándose unos a otros, practicando el canibalismo y dementes. Pero nunca se encontró el cadáver del elegante hombre altísimo, de barba, guapo pero de rasgos crueles, de Emeric Belasco.

Cuando se percataron que la casa parecía «encantada», es decir, habitada por fantasmas, se desarrollaron dos estudios de la misma: uno en 1931 y el otro en 1940. Ambos terminaron de manera trágica: con la muerte de la mayor parte de los investigadores o la locura de los sobrevivientes. Sólo un sobreviviente del estudio de 1940 sobrevivió y no enloqueció, un joven médium de 15 años, el mejor de los Estados Unidos en ese memento, un joven de interesante nombre: Benjamin Franklin Fischer.

Y es Fischer, precisamente, uno de los contratados para la investigación exprés de 1970. Fisher, quien después de su experiencia de 30 años atrás quedó tan aterrado que dejó de ejercer como médium y pasó a vivir en una suerte de anonimato. Los otros contratados son la conocida médium Florence Tanner y el doctor Lionel Barret.

Mientras que Fischer era un médium «físico» (de los que admiten una especie de posesión por parte de los espíritus), Tanner es una médium mental, sólo admite la presencia de los espíritus contactados de manera mental, como una idea o visión. Por su parte, el doctor Barret es un estudioso de los fenómenos parapsicológicos desde la perspectiva de la ciencia, y aunque cree en una parte de los fenómenos paranormales, los describe como provocados por energías residuales de los muertos, energías carentes de objetivo y de inteligencia, o sea, para decirlo de manera clara, Barret no cree en los fantasmas, aunque admite que la energía de las personas que murieron pueda quedarse impregnada en un inmueble por variadas razones. Como el doctor Barret es el especialista de mayor edad (está cercano a los 60 años) y sufre las secuelas de la polio, asiste a la investigación acompañado de su esposa, veintitantos años más joven, Edith.

Éste es el equipo que llega a la Casa Infernal para habitarla y estudiarla durante una semana, y mientras que Barret y Tanner llegan con la esperanza de demostrar cada uno su propia teoría, Fischer llega con la única esperanza de sobrevivir para poder cobrar su dinero.

El tema de las casas embrujadas es uno de los más conocidos y usados tanto en la literatura de horror como en el cine, y si bien hay una enorme cantidad de libros y filmes de pésima categoría, hay algunas obras de calidad. La casa infernal (Hell House) de Richard Matheson es una de las novelas más interesantes del tema, y por eso se ha convertido en un verdadero clásico. No es una obra perfecta, claro está, y es posible que el final esté demasiado explicado... o quizá está demasiado explicado para los lectores de 2012, pero no para los de 1971, que fue cuando se publicó en inglés por primera vez, pero tiene (es decir, sigue teniendo en 2012) una característica que ya quisieran muchos escritores que tuvieran sus obras: es una novela que no nos deja soltarla hasta llegar al final. Y eso es ya un mérito.

Richard Matheson (nacido en 1926 en Estados Unidos) ha escrito muchos cuentos, algunas novelas y muchos guiones para cine y televisión: colaboró con series clásicas como The Twilight Zone, y él mismo adaptó algunos de sus relatos y de sus novelas al cine, y estas películas se han vuelto a filmar varias veces, como por ejemplo Soy leyenda (I Am Legend) cuya versión más reciente es de 2007, con Will Smith en el papel protagónico. La casa infernal se filmó en 1973, con el título The Legend of Hell House bajo la dirección del inglés John Hough, con Roddy McDowall, Pamela Franklin, Clive Revill y Gayle Hunnicutt en los papeles principales. Pueden consultar la filmografía completa de Matheson aquí

Stephen King ha escrito que Richard Matheson es uno de los escritores que más han influido en su obra. Luego de leer La casa infernal puede uno notar su influencia, por ejemplo, en la novela El resplandor (The Shinning), e incluso en la adaptación fílmica de Kubrick.

Quizá La casa infernal no sea una novela que consiga en la primera librería en donde la busque, sin embargo hay dos ediciones en español, una de La Factoría de Ideas y otra de Minotauro (además de una edición más antigua de Ediciones Vidorama). Mi recomendación es que la busque y la lea, porque La casa infernal es una narración que se lee con placer. Leerla es como entrar a un parque de diversiones: ya sabemos lo que vamos a encontrar y lo encontramos y lo disfrutamos enormemente, y además es mejor de lo que esperábamos, y más aún, tiene algunas sorpresas para nosotros. Es divertida y tiene, por supuesto, algunos pasajes aterradores.

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La casa infernal. Richard Matheson. La Factoría de Ideas. España. 352 págs.

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La casa infernal. Richard Matheson. Minotauro. Barcelona. 320 págs.

martes, 7 de agosto de 2012

Contra el viento del norte, de Daniel Glattauer





Contra el viento del norte
de Daniel Glattauer

Jesús Guerra

Edición de bolsillo
Contra el viento del norte, del austriaco Daniel Glattauer (nacido en 1960), novela publicada en alemán en 2006 y en español en 2010, es una larga conversación, por e-mail, entre dos personas que no se conocen: Emmi Rothner y Leo Leike. Es también una historia de amor a golpes de teclado. Es el regreso de la novela epistolar, actualizada, digitalizada, enviada y recibida en bits de información a través de Internet, es la fantasía del amor idealizado en pantallas de computadora, es el temor a la realidad, es la seducción a través de la palabra escrita, el coqueteo en pequeños mensajes, la argumentación de temas en cartas extensas, el surgimiento de la emoción a partir de la inteligencia y el humor de dos personas inteligentes y preparadas de principios del siglo XXI.

Edición en alemán
Todo comienza con un error. Emmi trata de cancelar su suscripción a una revista. La dirección electrónica de la misma es casi idéntica a la de Leo Leike. La diferencia es una letra. Emmi se equivoca y le manda el mail a Leo. Poco después vuelve a llegar el mensaje y Leo responde aclarando el error. Emmi se disculpa, pero la dirección de Leo ha quedado guardada en la agenda de clientes de Emmi. En Navidad, Leo recibe un correo de felicitación por la Navidad y el año nuevo, un correo general, enviado en bloque a los clientes de Emmi, y Leo vuelve a responder, con humor. Ella responde en el mismo tono… y la comunicación queda establecida. Por más de un año se escriben, acercándose poco a poco pero sin romper la barrera de la pantalla de sus laptops. Los dos saben que se han enamorado, los dos saben que se han enamorado de una fantasía. Poco a poco se hacen confidencias. Leo acaba de salir de una relación complicada; Emmi está casada… «felizmente casada», dice ella. ¿Son amigos? ¿Son más que amigos? ¿Son amantes virtuales? ¿Emmi es, de alguna manera «real», infiel a su marido?

Otra edición en alemán
Leo y Emmi mueren de ganas de conocerse y, al mismo tiempo, mueren de miedo de conocerse. Beben «juntos» (cada uno frente a su computadora, cada uno en su casa), planean situaciones absurdas, citas en las que se encontrarán pero no se verán, se escriben uno al otro el primer mensaje de la mañana y el último de la noche, y por lo general varios mensajes más durante el día… y el tiempo pasa. Por supuesto, no se envían fotos. No sabe ninguno de los dos cómo es físicamente el otro… la fantasía es importante para ellos, ¿y la realidad?

Edición en catalán
El diálogo mantenido en este intercambio de correos electrónicos es inteligente, humorístico la mayor parte del tiempo, algo triste en otros momentos, emotivo, emocionante, siempre ágil e interesante. La historia que teje esta conversación, y las historias que están detrás, las de los personajes, se vuelve importante para los lectores de la novela a medida que la lectura avanza: nosotros los lectores estamos, en realidad, en la misma posición que los personajes de la novela, nos imaginamos a los personajes a partir de sus palabras, Emmi y Leo son también creación, en parte, de nuestra propia fantasía, nosotros los completamos, nos imaginamos su físico a partir de los pocos datos que ellos mismos proporcionan, los creamos a nuestro gusto. Eso mismo hacen Leo y Emmi con respecto al otro.

Edición en francés
Esta novela se volvió un éxito de ventas en Europa, en los países de lengua alemana desde el 2006, luego en el resto. En España se publicó en 2010. Fue tal el éxito de esta obra (se ha traducido a 37 idiomas), que ha venido a revolucionar la novela romántica a la europea, que el autor se vio en la necesidad de escribir la continuación (llamada en español Cada siete olas), bajo la presión de los mails de sus fans, y, supongo, de su editorial. Pero no sólo eso, la novela pronto se adaptó a radionovela y luego al teatro, y la obra ha tenido bastante éxito en los países en donde se ha montado. Por lo menos la versión teatral ha sido coadaptada por el mismo autor de la novela.

Edición en inglés
A mí me parece, y éste es un comentario marginal, que la versión teatral, si bien puede resultar muy divertida, destruye un poco esta igualdad de circunstancias entre los personajes y los lectores-espectadores. Al leer la novela estamos igual, nunca «vemos» a los personajes, sólo los imaginamos. Al ver la obra teatral, los espectadores ven a los personajes, y los escuchan, y se pierde una parte importante de ese misterio relacionado con uno de los temas principales de la novela, es decir, del diálogo entre Emmi y Leo: la fantasía con respecto al otro.

Edición en italiano
Al leer Contra el viento del norte podemos recordar la comedia romántica fílmica Sleepless in Seattle (Nora Ephron, 1993; con Tom Hanks y Meg Ryan), que aquí se llama Tienes un e-mail. Sin embargo, en la cinta el e-mail es la manera en que los enamorados se comunican, pero en Contra el viento del norte es también la manera en que se nos cuenta la historia. Desde este punto de vista, una obra mucho más cercana es la novela Vox (1992), de Nicholson Baker, la cual está formada por una sola y larga conversación telefónica entre dos desconocidos (la cual, dicho sea de paso, sería más apta para una adaptación teatral, pues ahí sí, lo que los personajes hacen, cada uno en su recámara, es hablar. ¿Hubo algún montaje teatral de Vox? No tengo la menor idea).


En todo caso, Contra el viento del norte es una lectura muy recomendable. Es una obra ligera pero no por ello hueca, que se lee con rapidez, con emoción, y en términos generales nos deja de muy buen humor. Además, por supuesto, la obra plantea algunas cuestiones importantes sobre el amor en el siglo XXI.

De Daniel Glattauer se han publicado en español, además de Contra el viento del norte: Cada siete olas (2010), La huella de un beso (2011) y Siempre tuyo (2012).

La continuación


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Contra el viento del norte. Daniel Glattauer. Traducción de Macarena González. Alfaguara. México. 1ª edición, mayo de 2010; 1ª reimpresión, septiembre de 2010. 260 págs.

domingo, 29 de julio de 2012

La amante inglesa, de Marguerite Duras





La amante inglesa
de Marguerite Duras

Jesús Guerra

La policía francesa encuentra partes de cuerpos humanos en diversos trenes en varios puntos del país. Todas las partes resultan pertenecer al mismo cuerpo, una mujer, gruesa. Encuentran todas las partes con excepción de la cabeza. La policía se da cuenta de que el único lugar por el cual pasaron los trenes de todos esos puntos es el crucero de un pueblo llamado Viorne. Así que suponen que ahí debió de cometerse el crimen. Una noche, una pareja de policías, un hombre y una mujer, se encuentran en el café Le Balto, como si estuvieran de paso. Se encuentran también tres de los clientes habituales, dos hombres y una mujer, que conversan con el gerente y camarero del café. Cuando los clientes habituales y el gerente del café se ponen a platicar acerca del crimen que ha conmovido al país, el policía se acerca a la barra e interviene en la conversación, la cual poco a poco conduce a la mujer, esposa de uno de los hombres presentes, a confesar que la asesina es ella. La víctima: Marie-Thérèse Bousquet, su prima.

Días después, un personaje sin nombre, que tiene la intención de escribir un libro sobre el crimen, realiza tres entrevistas grabadas: una con el gerente del café Le Balto, Robert Lamy; otra con el marido de la asesina, Pierre Lannes, y la tercera con la propia asesina confesa, Claire Lannes.

Lo que nosotros leemos son estas tres entrevistas, más una grabación de la conversación, hecha en secreto por el policía, en la que Claire confesó su crimen. Técnicamente el libro es muy interesante, se trata de diálogos y aclaraciones de lo que los personajes que hablan llevan a cabo mientras hablan o escuchan. La grabación realizada por el policía de la conversación en el café la leemos dentro de la grabación de la primera entrevista, con el gerente del café. El hombre que hace las entrevistas le hace escuchar a Robert la conversación en la cual él mismo participó, y le pide que intervenga para aclarar cualquier cosa que crea necesario, o bien el hombre hace preguntas específicas. Si la escucháramos oiríamos una grabación dentro de otra. Esto es la transcripción de una grabación dentro de la transcripción de otra grabación.

Así, de una conversación entre cinco personas y de tres entrevistas, los lectores de esta novela de Marguerite Duras vamos enterándonos de una situación en un contexto, y de los acontecimientos que se convirtieron en un crimen de resonancia nacional. Sin embargo, al parecer nadie, ni la asesina misma, tienen la explicación precisa de los motivos para el asesinato. Los lectores vamos descubriendo un retrato minucioso de la situación, del contexto, de los hechos, y también de los personajes. Vamos construyendo lo externo a partir de la interioridad exteriorizada de los entrevistados, y a esa interioridad convertida en palabras accedemos a partir de preguntas relacionadas con lo externo. La distancia entre la imposible objetividad y la subjetividad incomunicable es el espacio en el que se mueve esta obra. Al inicio de la primera entrevista, el entrevistado le pregunta al entrevistador: «¿Pero tiene usted en cuenta la diferencia entre lo que sé y lo que diré?» Y el entrevistador responde: «Ésa es la parte del libro que corre a cargo del lector. Existe siempre».

La amante inglesa es una novela que con cierta facilidad puede ser transformada en una obra para radio, para teatro, para cine; está basada en un hecho criminal de los años 40 en Francia, un hecho que fascinó a Marguerite Duras y le dio material para la experimentación literaria. A partir de estos hechos, la autora escribió primero una obra de teatro, Los viaductos de Seine et Oise (1959), luego esta novela (publicada en Francia en 1967), y por último la adaptación de esta novela al teatro.

La amante inglesa, cuyo título proviene de una confusión lingüística en francés (lengua rica en juegos de palabras), de temática policiaca, o más específicamente criminal, pero de un estilo muy alejado del thriller común ya que no está interesada en atrapar al criminal (al criminal lo conocemos los lectores desde las primeras páginas) sino en «atrapar» los motivos para un acto criminal como el descrito, a pesar de la complejidad del tema, de lo confuso de las acciones humanas, está escrita con una prosa de una gran claridad. Para mi gusto se trata de una obra muy balanceada, que equilibra muy bien tema, técnica, estructura y escritura. Sumamente recomendable. Además es sencillo encontrarla en librerías pues forma parte de la Biblioteca Marguerite Duras de Tusquets Editores, casa editorial que tiene también en esta colección: El amante (1984; las fechas son de su aparición en francés), Emily L. (1987), Los ojos azules pelo negro (1986); El amante de la China del Norte (1991); El amor (1971; ya reseñada en este blog); Escribir; Un dique contra el Pacífico (1950); El hombre sentado en el pasillo (1980) / El mal de la muerte (1982); y ésta que comentamos ahora, La amante inglesa (1967). Hay ediciones de otros libros suyos, de los muchos que publicó, en otras editoriales (aquí pueden consultar su bibliografía, en francés, así como su filmografía), como la ya comentada La tarde de M. Andesmas (cuya nueva edición tiene el título cambiado a La siesta de M. Andesmas) en Demipage y El marinero de Gibraltar en la Editorial Cabaret Voltaire, pero son más difíciles de conseguir en México. Sin embargo una gran parte de su obra no ha sido traducida a nuestra lengua, lo cual es lamentable ya que se trata de una autora de enorme importancia para la literatura y el cine del siglo XX.


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La amante inglesa. Marguerite Duras. Traducción de Javier Albiñana. Tusquets Editores. Biblioteca Marguerite Duras, colección Fábula. Edición española, febrero de 2011; edición mexicana, abril de 2011. 166 págs.

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Liga para datos biográficos, bibliografía y filmografía: 

sábado, 14 de julio de 2012

Una tarde de M. Andesmas, de Marguerite Duras





Una tarde de M. Andesmas
de Marguerite Duras

Jesús Guerra

Esta novela de Marguerite Duras, publicada en Francia en 1962 con el título L’après-midi de M. Andesmas, y que en ediciones recientes lleva la palabra ‘señor’ completa, L’après-midi de Monsieur Andesmas, se llama en español, en la edición castellana de Seix-Barral, de 1963, Una tarde de M. Andesmas. Yo casi siempre estoy en desacuerdo con los títulos castellanos de libros y películas cuyos originales están en otros idiomas. A mí me parece que este libro debió llamarse «La tarde del señor Andesmas».

Esta edición de Seix-Barral de 1963, con traducción de Caridad Martínez, que yo adquirí hace algunos años en un establecimiento de libros usados, es la que leí (por supuesto Seix-Barral hizo varias reimpresiones posteriores). Si alguien se interesa por leer esta novela de Duras (y ojalá les interese) tendrán que buscar la nueva edición española de la editorial Demipage, de 2011, con nueva traducción, en este caso de la poeta Amelia Gamoneda, que desafortunadamente le cambia el título. Esta nueva edición se llama La siesta de M. Andesmas. ¡Qué lata con ese «M. Andesmas»! ¿No entienden que están traduciendo? El traductor y la editorial norteamericanos sí lo entendieron y la novela en inglés se llama The afternoon of Mr. Andesmas.

La novela es breve, extraña (y más para los lectores de nuestra época: hay que tener en cuenta que la novela fue escrita dentro de las corrientes narrativas francesas de hace medio siglo) pero muy bella. Hay quienes dicen que es la novela más «poética» de Duras. Es una de esas obras en las que aparentemente no pasa casi nada, y ese ‘aparentemente’ es porque, en efecto, en el exterior casi no sucede nada, pero sí en el interior de los personajes. Eso por una parte, por otra, independientemente de lo que pase o no, lo más importante es el lenguaje, no la narración sino el texto. No se trata tanto de retratar la realidad sino de literaturizar la realidad. Es una novela que pretende, como muchas de esa época, contarnos lo que realmente sucede cuando casi no sucede nada. Algo así como captar «la verdad» de un momento (que fue, digamos, lo que intentó también Salvador Elizondo, de otra manera, con su ‘crónica de un instante’ [Farabeuf]), aunque paradójicamente la búsqueda de esta verdad se realiza con la propuesta de interpretaciones de lo ocurrido. ¿El señor Andesmas se quedó dormido y parte de lo que se supone que sucedió esa tarde, en realidad sólo la soñó? No lo sabemos a ciencia cierta, por eso no me gusta el nuevo título, La siesta de M. Andesmas, porque subraya una de las interpretaciones, y si no la subrayó ni la autora ni la editorial original, ¿por qué la subrayan la traductora y la editorial española?

¿Qué es lo poco que sí sucede? El señor Andesmas, de casi 70 años de edad y bastante dinero, que tiene apenas un año de vivir en un pueblo francés del Mediterráneo junto con su muy joven hija, Valérie, acaba de comprar una casa que se encuentra en la parte alta del pueblo —con vista al bosque, a la plaza del pueblo y al mar—, precisamente para su hija, porque a ella le gustó, quedó de ver a un contratista llamado Michel Arc, para construir en el terreno frente a la casa una terraza, una especie de mirador. Quedaron de verse al quince para las cuatro de la tarde, y el señor Andesmas está ahí a la hora fijada, con todos sus años y todos sus kilos. Su hija lo llevó y lo dejó ahí, quizá para ir a buscar al constructor.

El señor Andesmas está sentado en un sillón de mimbre, que hace ruido cada vez que él se mueve, y está en el terreno que se supone será la terraza. La luz del sol es fuerte a esa hora, Andesmas tiene calor y espera.

De la plaza del pueblo sube música. Una canción de moda que se repite toda la tarde. La gente del pueblo baila en las calles, en la plaza.

Mientras espera, Andesmas ve un perro rojizo. Luego a una «niña» (así dice el texto, pero en realidad es una adolescente) que le dice que es hija del constructor y que él está bailando en el pueblo, que llegará más tarde. Andesmas espera, y piensa, y habla en voz alta, y platica con la muchacha, y recuerda, y piensa en su hija, y en algún momento se duerme, no sabemos, ni él, exactamente cuánto tiempo duerme, y sigue observando el paisaje, el pueblo, el mar. La muchacha se va y luego llega la esposa del constructor y dice que su marido llegará a la cita. Y Andesmas y la mujer esperan.

El tiempo de la espera es importante en la literatura francesa, es el tiempo inmóvil e inmovilizador que permite recordar, pensar, platicar si se está acompañado, hablar de lo que pasó y de lo que podría pasar… Quizá exageran quienes escriben que esta novela de Marguerite Duras es una obra maestra… Finalmente es cuestión de gustos. Pero de que es una obra interesante, inteligente, fascinante a su manera y bella, no hay duda. Y también a su manera es una obra que se ha convertido en una novela de culto. Tiene fans muy interesantes. Uno de ellos es el novelista español Enrique Vila-Matas, quien escribió un texto buenísimo sobre esta novela en el diario El País, el cual, entre otras cosas, nos da algunas claves importantes para la comprensión de esta obra.

Póster de la película

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Una tarde de M. Andesmas. Marguerite Duras. Traducción de Caridad Martínez. Editorial Seix Barral. Barcelona. 1963. 118 págs.

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La siesta de M. Andesmas. Marguerite Duras. Traducción y prólogo de Amelia Gamoneda. Demipage. Madrid. 2011. 119 págs.

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Liga



martes, 19 de junio de 2012

La cara del miedo, de Nikolaj Frobenius





La cara del miedo
de Nikolaj Frobenius

Jesús Guerra

Por una casualidad se estrenó en cines la película El cuervo (The Raven) —aunque en México, por supuesto, tenía que tener un subtítulo chafa: Guía para un asesino—, en los días en que yo leía la novela La cara del miedo, del noruego Nikolaj Frobenius. Y es una casualidad porque mientras que el filme es de este año, la novela, publicada en Noruega en 2008, se publicó en España y México desde junio de 2010 y yo no estaba ni enterado: me la encontré en una librería apenas el mes pasado y la compré porque trata de Edgar Allan Poe. A medio libro, vi la película, y me encontré con que a pesar de que ambas obras comparten una subtrama muy parecida en realidad no tienen nada que ver una con otra.

El cuervo
Esta película, dirigida por James McTeigue (el mismo de V de Vendetta, de 2005) y escrita por Ben Livingston y Hannah Shakespeare (¿qué tal el apellido de la guionista? Nadie podrá negar que El cuervo es una película escrita por Shakespeare), sigue la moda impuesta por Guy Ritchie en 2009 con su primer Sherlock Holmes, cinta que si bien es sumamente disfrutable, tampoco podemos afirmar que se trate realmente del Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle. Pues en El cuervo sucede lo mismo pero con un personaje histórico: Edgar Allan Poe.

Los días finales de Poe son un misterio. Hasta donde sé, Poe fue encontrado el 3 de octubre de 1849 en estado de delirio. Lo llevaron a un hospital y Poe no fue capaz de decir por qué se encontraba en tal estado ni por qué traía puestas ropas que no eran suyas. Repetía un apellido, Reynolds, pero nadie supo (ni nadie ha podido explicar hasta ahora) a quién se refería. De los cinco días previos al 3 de octubre nadie supo dar una explicación, son un misterio, y finalmente a las 5 de la mañana del 7 de octubre murió.

En esos cinco días previos al 3 de octubre transcurren los hechos de la película El cuervo, y si bien tienen un cierto interés, en términos de thriller de Hollywood, la verdad es que la película no termina de convencer, es pura exterioridad, vestuario, escenografía, fotografía bonita, y un armado argumental que mezcla los thrillers de televisión con las historias contemporáneas de asesinos en serie, es decir, no tiene nada que ver con el espíritu de la época de Edgar Allan Poe ni con su obra. La parte interesante, o más bien, la idea interesante pero desperdiciada, es que un asesino mata a sus víctimas siguiendo los asesinatos descritos por Edgar Poe en sus relatos.

Tontamente el escritor (interpretado por John Cusack) se convierte en el primer sospechoso, y cuando queda demostrada su inocencia, el detective encargado del caso, Fields (interpretado por Luke Evans), le pide a Poe que lo ayude a atrapar al asesino. Así, esos cinco días en que nadie sabe qué sucedió con Poe, esta película nos los muestra con un Poe convertido en detective: hay incluso una escena en la que Poe va a caballo en la niebla disparando una pistola. Por supuesto es una escena para adolescentes de inicios del siglo XXI que nada tiene que ver con la sensibilidad de mediados del siglo XIX. Mucho menos con la sensibilidad de la obra de Poe.   

 

La cara del miedo
La novela del noruego Nikolaj Frobenius tiene también esta idea pero como una subtrama, la parte central de la obra es la relación, novelada pero basada en la realidad histórica, entre Edgar Allan Poe, el poeta, el crítico literario, el escritor de narraciones macabras, y el crítico Rufus Griswold, un escritor que admiraba a Poe y sentía celos de su talento y al mismo tiempo lo odiaba y detestaba sus actitudes y sus posiciones morales. Básicamente Griswold era el Salieri de Allan Poe.

Evidentemente hay una investigación histórico-literaria seria detrás de esta obra, y Nikolaj Frobenius (nacido en Oslo en 1965) se esforzó y logró mostrarnos un retrato de la época, del mundillo literario del este norteamericano a mediados del siglo XIX, de las relaciones entre los escritores, los editores de periódicos y revistas y los autores y críticos que trabajaban para ellos, de los salones literarios, las lecturas de poesía, y de la pobreza extrema de un escritor, como Poe, que intentaba vivir de escribir.

La novela está narrada desde tres puntos de vista: Edgar Allan Poe, Rufus Griswold y el asesino, cada uno con sus características bien marcadas, su personalidad, se lenguaje y su locura.

Todo este asunto del asesino que copia los asesinatos narrados por Edgar Poe en sus narraciones es interesantísimo, aunque quizá, también aquí, algo desperdiciado; pero lo verdaderamente interesante, además de la biografía en sí de Edgar Allan Poe, llena de tragedias y traiciones, es la relación entre él y Griswold, extraña, confusa, paranoica. Para colmo, Griswold quedó como el albacea literario de Poe a la muerte de éste, pero Griswold se dedicó a desprestigiar al escritor muerto, intentando acabar con él y con su legado. Es evidente que falló, pues la obra de Edgar Allan Poe fue a lo largo del siglo XX, y sigue siéndolo ahora, como lo demuestran estas dos obras, una de las más influyentes.




La traducción, de Diego García Quiroga, en general se deja leer bien, aunque tiene algunos problemas, pero no debe de ser sencillo traducir una obra del noruego. Las lenguas nórdicas y germánicas por lo regular pasan mal al español (y puedo suponer que el español pasa mal a esas lenguas) porque son producto de una sensibilidad completamente diferente a la nuestra. Las traducciones de esas lenguas normalmente nos suenan acartonadas, duras, frías, y las obras en sí nos parecen cuadradas y anticlimáticas (no puedo imaginar cómo se leerá, por ejemplo, Cien años de soledad, en alemán o en noruego).

La cara del miedo es una novela interesante y disfrutable, y sin duda los admiradores de Edgar Allan Poe la disfrutarán aún más.

Vale la pena apuntar que el autor, Nikolaj Frobenius, además de novelista es guionista de cine, y él es uno de los guionistas de la versión original (noruega) de la película Insomnia, de 1997, la cual fue rehecha en Estados Unidos, con el mismo título, en 2002, con la dirección de Christopher Nolan y las actuaciones de Al Pacino y Robin Williams.

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La cara del miedo. Nikolaj Frobenius. Traducción de Diego García Quiroga. Rocaeditorial. México, junio de 2010. 272 págs.