sábado, 13 de octubre de 2018

El exilio y el reino (2a parte), de Albert Camus





El exilio y el reino
de Albert Camus

(Segunda de dos partes)

Jesús Guerra

En la entrada anterior comento los tres primeros de los seis relatos que componen el libro El exilio y el reino, de Albert Camus, libro publicado en 1957, poco antes de que se anunciara que este autor había ganado el Premio Nobel de ese año. Aunque este libro es menos conocido que sus novelas cortas El extranjero y La caída, y su novela más extensa, La peste, es de todas maneras un volumen importantísimo de su obra. El exilio y el reino fue, además, el último libro literario que publicó en vida, pues Camus murió el 4 de enero de 1960 en un accidente en una carretera francesa, aunque sí publicó después de este libro algunos ensayos y una selección de sus artículos periodísticos.

Aunque los personajes y los ambientes en que se desarrollan estos seis relatos son todos muy diferentes, los temas centrales son los mismos, y están relacionados con los contenidos simbólicos de los sustantivos de su título global: «el exilio» y también «el reino». Paso, pues, a comentarles los siguientes tres relatos de este libro.

El cuarto relato se llama «El huésped». Un maestro rural argelino, llamado Daru, se encuentra solo en la escuela en donde da clases —y al lado de la cual vive—, pues una inesperada nevada ha impedido durante varios días que sus pocos alumnos se presenten al curso. Daru está acostumbrado a estar solo cuando no están los estudiantes. Al cuarto día, ve desde una de las ventanas que dos hombres se dirigen hacia la escuela. Uno va a caballo y el otro a pie, batallando con la nieve acumulada en el monte, aunque ya ha dejado de nevar. Cuando por fin llegan, ve que el hombre a caballo es Balducci, un viejo gendarme de un lugar llamado El Ameur. El otro hombre va amarrado de las manos, y éstas atadas a una cuerda larga que llega a las manos del gendarme. El prisionero es claramente un árabe.

Daru invita a los dos hombres a pasar a la escuela a calentarse, y Balducci le da la noticia al maestro: ese hombre al que lleva amarrado es un prisionero que esperan en el pueblo llamado Tinguit, pero como hay poco personal en la gendarmería de donde viene, se le ha pedido a Balducci que conduzca al prisionero a la escuela rural y que regrese de inmediato, y le ordena que él, Daru, lleve al prisionero a la prisión en donde lo esperan.

Daru pregunta qué es lo que hizo el prisionero. Balducci le responde que asesinó a un hombre en una pelea. Mientras tanto, el prisionero se ha comportado bien ahí, tranquilo, bebiendo el té que les preparó Daru, sentado, en silencio. Pero Daru no quiere cumplir con esa tarea, porque él mismo es árabe y no quiere, por decirlo así, hacerles el trabajo sucio a los franceses de Argel. Y así se lo manifiesta a Balducci. Éste le responde que él sabrá lo que hace, que él, el gendarme, ya cumplió con su parte. Daru le pide que desamarre al prisionero y el gendarme lo hace. El gendarme, luego, le deja una pistola al maestro, pues éste no tiene ni un arma. Y se va.




Daru está muy incómodo. Prepara la cena y ambos hombres cenan y hablan poco. Daru le prepara un catre al prisionero y un rato después se acuestan. Daru batalla para dormir pues no sabe qué intenciones pueda tener el prisionero. Si se escapa, él estaría encantado. Pero no escapa. A la mañana siguiente, Daru aún no sabe si cumplir con la tarea que le encomendaron o dejar escapar al prisionero... Hasta aquí dejo el argumento de este cuento, muy clásico y espléndidamente narrado. Sólo quería llegar hasta el dilema que se le plantea al personaje central, para que puedan entender los lazos temáticos entre los cuentos de este interesantísimo libro.

El quinto relato es «Jonás o El artista en el trabajo», y es uno de los dos relatos más largos del libro. La primera frase del cuento dice: «Gilbert Jonás, artista pintor, creía en su estrella». Y, en efecto, Gilbert tenía muy buena suerte o así lo veía él, pues era un hombre dado a encontrar lo bueno en casi cualquier situación. Gilbert conseguía muchas cosas casi sin proponérselo. Se interesó en la pintura y se puso a pintar todo el tiempo, y si no se hubiera accidentado y tenido que permanecer con los brazos inmóviles por un tiempo, no se hubiera interesado en el amor. Pero hasta eso le llegó, y conoció a Louise Poulin, una buena mujer que lo adoraba, y pronto se casaron.

Un vendedor de arte reconoció el talento de Gilbert y le propuso, como una manera de explotarlo, pero también de darle seguridad, que le pagaría una mensualidad para que se dedicara a pintar sin preocupaciones, a cambio del derecho de ser él el único vendedor de sus cuadros. Gilbert aceptó. Pensó que luego su estrella se encargaría de ayudarlo a mejorar en lo económico. Le alcanzaba para vivir más o menos bien y para rentar un pequeño departamento, el cual pronto se hizo más pequeño, a medida que fueron naciendo sus tres hijos.

Aunque Gilbert no ganaba más, se fue haciendo conocido y luego famoso. Y como parece lógico en estos casos, su casa comenzó a ser visitada por amigos, clientes, críticos de arte, otros pintores y hasta discípulos. Gilbert a todo le veía el lado bueno. Se sentía querido y admirado, y sentía que aprendía algo nuevo en cada conversación que sostenía con sus numerosos visitantes, además no quería portarse mal con nadie. Claro que, en esas circunstancias, cada vez pintaba menos. De hecho, tuvo que hacer algunos arreglos en su casa y acostumbrarse a pintar por pedacitos, rodeado de gente y sosteniendo varias conversaciones...

No sólo cada vez pintaba menos, sino que un día su mecenas le dijo que estaba preocupado porque sus cuadros no se estaban vendiendo tan bien como antes. Y algunas críticas periodísticas y hasta de algunos de sus visitantes decían que Gilbert estaba en decadencia. Entonces Gilbert tuvo que tomar algunas medidas que, en parte lo ayudaron, y en parte —por lo menos al principio— parecieron hundirlo más en la opinión de quienes componen eso que se conoce como el mundillo del arte. Ya no cuento nada más de este relato, pero hemos llegado de nuevo al dilema principal del personaje central.


Edición francesa de bolsillo


El sexto y último cuento de El exilio y el reino, el más extenso del libro, se llama «La piedra que crece» (aunque en otras ediciones, el cuento se llama, en nuestro idioma, «La piedra que empuja»). El personaje central se apellida D'Arrast y es un ingeniero francés que ha llegado a Brasil contratado por la Sociedad Francesa de Río de Janeiro, para realizar varias obras en este país de Sudamérica, y la primera es un dique en el río de un pueblo minúsculo llamado Iguapa, con la intención de evitar las inundaciones periódicas de las zonas más pobres del pueblo.

Así que el ingeniero llega a Iguapa, conducido por un chofer brasileño que habla francés, llamado Sócrates. Lo reciben el alcalde del pueblo y el juez, dos de los notables del pueblo, y lo tratan muy bien. Luego lo llevan a ver las zonas pobres, las que se inundan, y el ingeniero se da cuenta de que son, en efecto, zonas muy pobres, pues las casas son chozas con piso de tierra. Pero la gente es amistosa y lo reciben con mucho respeto.

Por esas fechas se celebran varias ceremonias religiosas importantes en el pueblo. En la plaza principal el ingeniero D'Arrast conoce a un brasileño que habla algo de francés y es muy simpático. Éste le cuenta que es cocinero, y que en una ocasión el barco en el que trabajaba naufragó frente a la costa del pueblo en el que están, y él le prometió a Jesús que en la procesión de su fiesta llevaría cargando una piedra de 50 kilos en la cabeza si lo salvaba. Y como se salvó, está dispuesto a cumplir su promesa en la procesión que se llevará a cabo el día siguiente. Y para esa noche, el cocinero lo invita a la choza de su hermano a cenar una sopa deliciosa que él prepara. E inmediatamente después, lo invita a presenciar un ritual muy africano en honor de San Jorge. El ingeniero asiste tanto a la cena como al ritual, que lo deja muy impresionado. De hecho, el ingeniero siente una mezcla de fascinación y de repulsión por Brasil.

Al día siguiente, el alcalde invita al ingeniero a presenciar la procesión desde uno de los balcones de la Alcaldía. Y en la procesión sucede algo muy importante... Ya no sigo con el argumento, pero sí les puedo decir, por ejemplo, que la estupenda descripción de la ceremonia africana me recordó mucho la ceremonia santera que narra el cubano Guillermo Cabrera Infante en uno de sus cuentos más famosos. Claro que este cuento de Camus es anterior. También les puedo decir que, al igual que los otros cuentos de este libro, «La piedra que crece» cumple con la temática que unifica a las seis narraciones, aunque éste, el cuento final, es el más «optimista» de todos.


Edición francesa de bolsillo


Ya comenté un poco (en la primera parte de esta reseña) la temática de los seis relatos del libro, enunciada desde el título mismo, pero enunciada de manera simbólica. Los personajes centrales están en una crisis, pero no una cualquiera, una que pone en duda el sentido mismo de la propia existencia. Y en la mayor parte de los casos, esa crisis se manifiesta al enfrentar un dilema. La respuesta, o más bien, la selección del camino a tomar puede no resolver las cosas porque entonces queda la culpa. La culpa de no haber tomado el otro camino. Tanto el dilema como la culpa forman parte de ese exilio simbólico, esa sensación de fracaso, de frustración. En algunos casos el dilema es tan terrible que los dos caminos para salir del mismo son, simultáneamente, el correcto y el equivocado. En otros casos el camino correcto es claro, pero cuesta mucho trabajo elegirlo porque implica, también, enfrentar otros problemas, otras crisis, otros esfuerzos. El reino simbólico sería la decisión correcta, la decisión que le da sentido a la vida... No en todos los relatos se llega a un verdadero reino, y si se llega, no en todos es duradero. Porque el sentido de la propia existencia es una búsqueda y tal vez un encuentro diario. Estos seis relatos son, entonces, sólo seis casos, sólo seis ejemplos, sólo seis contextos, de los millones que hay...

Recomiendo muchísimo la lectura de este espléndido libro de Camus, para que ustedes realicen su propia interpretación. Cada uno de estos relatos nos dirá, quizá, cosas diferentes a cada uno de sus lectores.

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El exilio y el reino. Albert Camus. La edición más fácil de conseguir es la de Alianza Editorial, la cual tiene 176 págs.

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Te puede interesar:


* La peste de Albert Camus

* El extranjero de Albert Camus

* Meursault, caso revisado de Kamel Daoud



miércoles, 10 de octubre de 2018

El exilio y el reino (1a parte), de Albert Camus





El exilio y el reino
de Albert Camus

(Primera de dos partes)

Jesús Guerra

Hace poco comenté aquí la novela Meursault, caso revisado, del argelino Kamel Daoud, una novela reciente, publicada en francés en 2013 y en español en 2015, que es una suerte de respuesta o de confrontación a la novela El extranjero, de Albert Camus, pero desde el punto de vista árabe. Un libro interesantísimo que les vuelvo a recomendar, sin duda alguna. (De hecho, les vuelvo a recomendar también la lectura o la relectura de la novela de Camus.)

La novela de Kamel Daoud muestra, por si alguien lo dudaba, la relevancia que aún tiene la literatura de Camus, Premio Nobel de Literatura de 1957, a casi seis décadas de su muerte. Por eso, hoy quiero recomendarles otro libro de Albert Camus, uno importante como todas sus obras —pero menos famoso, digámoslo así, que El extranjero—, que contiene seis relatos más o menos largos (entre 20 y 40 páginas) llamado El exilio y el reino. Los títulos de los relatos que componen el volumen son: «La mujer adúltera», «El renegado o un espíritu confuso», «Los mudos», «El huésped», «Jonás o el artista en el trabajo» y «La piedra que empuja» (este último, en algunas ediciones es llamado «La piedra que crece»).

Aunque a lo largo del tiempo se han publicado diversas ediciones de este libro en español (incluida la edición de las «Obras completas» de Camus en ediciones Aguilar), y algunas de ellas aún se consiguen en librerías de viejo o en algunos sitios de Internet, es muy probable que la que conseguirán con mayor facilidad es la de Alianza Editorial, que tiene las publicaciones más recientes de la obra de Camus en nuestro idioma. El texto de contraportada de esta edición de Alianza dice así:

«Libro publicado en el mismo año en que le fue concedido a su autor el Premio Nobel de Literatura (1957), El exilio y el reino reúne seis relatos de Albert Camus regidos por un mismo propósito ético y estético. La fraternidad humana, la pregunta sobre el sentido de la existencia y la añoranza de un universo moral que sirva de protección frente al nihilismo y la infelicidad constituyen el trasfondo de los diferentes argumentos. Los personajes de los relatos viven diversos tipos de exilio, desde el extrañamiento físico y social ("El renegado o un espíritu confuso", "El huésped", "La piedra que crece") hasta ese exilio personal o interior que evidencia mejor lo absurdo de la condición humana ("La mujer adúltera", "Los mudos", "Jonás o el artista trabajando").»

El título del libro tiene connotaciones bíblicas. El exilio en estos relatos significaría, entonces, el problema de los personajes centrales de cada una de las narraciones —pues todos están en algún tipo de crisis fuerte o de sensación o comprobación real de algún tipo de fracaso— para encontrarle un sentido a su vida. El reino, por lo tanto, sería la salida positiva de dicha crisis, el encuentro del sentido. No en todos los relatos se llega a un verdadero reino, y si se llega, no en todos es duradero. Porque el sentido de la propia existencia es una búsqueda y tal vez un encuentro diario. Estos seis relatos son, entonces, sólo seis casos, sólo seis ejemplos, sólo seis contextos, de los millones de crisis y contextos posibles, y de los millones de posibles respuestas.




En el caso del primer relato «La mujer adúltera», el personaje central es Janine, una ama de casa de Argelia. Su marido, Marcel, es un vendedor de telas en alguna ciudad importante del país. Durante la guerra (es decir, la Segunda Guerra Mundial), el comercio quedó en ruinas en el país, y para este momento, en que comienza a normalizarse, Marcel ha decidido eliminar de sus negocios a los intermediarios, a los viajantes comerciales e ir él directamente a ofrecer sus productos a los comerciantes de los pueblos del sur del país. E invita a su mujer, Janine, a que lo acompañe. Janine no quería ir pero le resultó más fácil aceptar que negarse. Ella imaginaba que las molestias mayores de ese traslado en autobús serían el calor y el ruido. Pero con sorpresa se da cuenta que las molestias reales son el frío, el silencio de los demás viajeros, y la arena. Las tormentas de arena hacen viajar al autobús como si transitara por bancos de niebla.

Por fin llegan al primer pueblo de la ruta trazada por su marido. Están en un oasis. El cuarto que les asignan en el hotel tiene las paredes desnudas, una cama y un clóset. No hay ni siquiera en donde sentarse. Y está helado. Es la característica del desierto: frío de noche, calor de día. Janine sabe que su matrimonio está en problemas. Sabe que su marido no la ama, aunque la necesita. Y ella, en realidad, tampoco lo ama, aunque está acostumbrada a él.

Esa tarde salen a ver a los comerciantes del lugar. De tienda en tienda. En algunos lugares Marcel hace algunas ventas, en otros no. Están cansados. Janine se pregunta qué hace ella ahí. En alguna parte alguien les sugiere subir a la terraza del fuerte, en el límite de la población, para que puedan admirar el panorama. En la noche, Janine le pide a su marido que la acompañe a ese punto. Marcel acepta de mala gana. Suben y Janine tiene una visión del cielo estrellado, del desierto que los rodea y del lejano horizonte que la deslumbra y tiene una especie de revelación...

Ya no les cuento más, para que ustedes descubran el resto de esta historia, y con ello realicen su propia interpretación. Es un texto ambiguo e intenso, sumamente disfrutable.

El segundo relato, «El renegado o un espíritu confuso», es la histria de un misionero francés, narrada o pensada por él mismo en un monólogo alucinado, en el que pasa de lo que le sucede en el presente a cómo llegó a estas circunstancias presentes. Este sacerdote, muy ortodoxo, tiene una personalidad extraña, y está obsesionado con el propio sufrimiento como una demostración de fe y amor por Dios, y cuando escucha hablar de un pueblo del sur de Argelia llamado Thagaza, el cual tiene la fama de estar habitado por una tribu verdaderamente bárbara y salvaje, y de que los pocos que han llegado a ese lugar no han regresado para contar lo que vieron, se entusiasma con la idea de llegar a ese lugar como misionero. Tiene la fantasía narcisista de ser el primero que logre dominar a esos salvajes, mostrarles lo equivocados que están, y aunque sabe que en un principio lo harán sufrir cree que con su solo ejemplo llegará a convertirlos al cristianismo.


Edición francesa


Cuando él lo comenta, sus maestros del seminario le responden que aún no está preparado para semejante reto, y que de hecho no hay misiones en ese lugar. Que se tome las cosas con calma y vaya primero al seminario de Argel, y que el tiempo dirá si podrá realizar lo que se propone. Pero este misionero no está dispuesto a esperar más de lo esencial. Desprecia a otros misioneros por no hacer lo suficiente; así que, ya en el seminario de Argel, roba el dinero del seminario y se escapa. Viaja por el desierto con dirección a Thagaza, el pueblo de de sus sueños, sin tener una idea clara de lo que encontrará ahí.

Por supuesto, al llegar, lo toman prisionero los salvajes habitantes de ese pueblo, y mediante tortura, son ellos ahora quienes pretenden convertirlo a él para que adore a su dios. Lo esclavizan y lo torturan, y la visión de la bondad y de la maldad que tenía este misionero cambia radicalmente...

Ya no puedo contarles más de este relato estupendo, sólo puedo invitarlos a leerlo. Es un texto fuerte pero sobrio, que fácilmente podría ser adaptado como un cuento de terror. Es de esas narraciones que dan muchos elementos para la reflexión y que se quedan con nosotros mucho después de haberlos acabado de leer.

El tercer relato se llama «Los mudos». El personaje central es Yvar. La narración comienza con él de camino a su trabajo, un taller en donde se fabrican toneles, barriles, barricas para el vino. Yvar es tonelero. Tiene una pierna inutilizada. Va en una bicicleta que tiene algunos arreglos para que él la pueda utilizar. Está triste e inquieto. Es el primer día de trabajo después de la huelga fallida. Al llegar ve ahí a sus otros compañeros. El taller es pequeño, apenas emplea a 15 obreros. Les abre Ballester, el empleado más viejo del taller y el único que se opuso a la huelga. Todos están cabizbajos y silenciosos. Entran, se cambian de ropa y se ponen a trabajar, casi sin hablar.

En los alimentos que llevan para comer a mediodía se nota lo empobrecidos que están todos por el tiempo que pasaron sin trabajar por la huelga. Yvar comparte su sándwich con Said que sólo llevó unos higos. En un momento dado entra el patrón, el joven señor Lasalle. Los saluda como de costumbre pero ninguno de los obreros le responde. Siguen molestos, y, sin embargo, están incómodos porque el patrón les cae bien, se porta bien con ellos, y lo conocen desde hace mucho pues es el hijo de su antiguo patrón. Siempre se han tratado con cortesía. Pero el enojo, e incluso la torpeza posterior al enojo y a la tristeza por no haber conseguido lo que pedían, les impide hablar con el patrón... De ahí el título de esta narración.


Edición en inglés


El patrón sale del taller sintiéndose igualmente incómodo, torpe... manda llamar a dos de los empleados, uno de ellos Yvar, y les dice que no ha podido ceder a las demandas porque los negocios no están bien para el taller, y que cuando mejoren, él mismo les dará lo que sabe que merecen antes de que lo pidan. Pero sus empleados insisten en no hablar, o más bien, siguen sin poder hablar con él. Pero él no puede saberlo.

Y así sigue el trabajo de ese día, hasta que sucede algo que... no puedo contarles... El relato es sumamente interesante porque nos muestra, por lo menos a los lectores, aunque los personajes seguramente lo intuyen, que hay cosas que están por encima de los puntos de vista opuestos, que tienen que ver con nuestra condición de semejantes, aunque a veces las cosas no puedan aclararse. La verdad, es un texto muy recomendable, y que como todo lo que escribió Camus, nos obliga a pensar y a sentir.

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El exilio y el reino. Albert Camus. La edición más fácil de conseguir es la de Alianza Editorial, la cual tiene 176 págs.

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Te puede interesar:

* Meursault, caso revisado de Kamel Daoud

* El extranjero de Albert Camus



sábado, 22 de septiembre de 2018

Primeras líneas de La desaparición de Stephanie Mailer en cinco idiomas



Primeras líneas...

La desaparición de Stephanie Mailer
de Joël Dicker

en cinco idiomas


À propos des évènements du 30 juillet 1994

Seuls les gens familiers avec la région des Hamptons, dans lÉtat de New York, ont eu vent de ce qui se passa le 30 juillet 1994 à Orphea, petite ville balnéaire huppé du bord de l'océan.

[La disparition de Stephanie Mailer. Versión original en francés de Joël Dicker. Éditions de Fallois. Paris. 2018.]



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In merito ai fatti del 30 luglio 1994

Solo chi ha familiarità con la regione degli Hamptons, nello stato di New York, è venuto a sapere cosa successe il 30 luglio 1994 a Orphea, cittadina balneare in riva all'oceano.

[La scomparsa di Stephanie Mailer. Traducción al italiano de Vincenzo Vega. La nave di Teseo. Milano. 2018.]



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Sobre os acontecimentos de 30 de Julho de 1994

Apenas as pessoas que conhecem bem a região de Hamptons, no estado de Nova Iorque, tiveram conhecimento do que se passou a 30 de Julho de 1994, em Orphea, uma pequena cidade balnear para gente endinheirada.

[O desaparicimento de Stephanie Mailer. Traducción al portugués de José Mário Silva. Alfaguara. 2018.]


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Sobre els fets del 30 de juliol del 1994

Els habituals dels Hamptons, a l'estat de Nova York, són els únics que estan al cas del que va passar el 30 de juliol del 1994 a Orphea, una petita i elegant ciutat costanera.

[La desaparició de Stephanie Mailer. Traducción al catalán de Imma Falcó. Editions La Campana. Barcelona. 2018.]



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Acerca de los acontecimientos del 30 de julio de 1994

Solo las personas familiarizadas con la región de los Hamptons, en el estado de Nueva York, se enteraron de lo sucedido el 30 de julio de 1994 en Orphea, una ciudad de veraneo pequeña y encopetada a orillas del océano.

[La desaparición de Stephanie Mailer. Traducción al español de María Teresa Gallego Urrutia y Amaya García Gallego. Alfaguara. España, junio 2018; México, julio 2018.]




domingo, 16 de septiembre de 2018

La desaparición de Stephanie Mailer, de Joël Dicker





La desaparición de Stephanie Mailer
de Joël Dicker

Jesús Guerra

En una de las más recientes entradas de este blog comenté la novela El libro de los Baltimore, del escritor suizo Joël Dicker, el autor que sorprendió a todo el mundo en 2012 y en 2013 con su novela La verdad sobre el caso Harry Quebert.

El primer libro de éxito de Joël Dicker (Harry Quebert) es, sobre todo, un thriller, una novela policiaca, y está narrada por el escritor estadounidense Marcus Goldman (esa especie de alter-ego norteamericano del autor). El libro de los Baltimore no es propiamente un thriller, aunque tiene mucho de suspenso también, sino un drama familiar, y está narrado también por Marcus Goldman.

El libro que les comento hoy, el tercer gran éxito de Joël Dicker, es —otra vez, como la primera de estas tres obras— una novela policiaca, pero no está narrada por Marcus Goldman, personaje que ni siquiera aparece aquí, sino que está narrado por varios personajes, cada uno dando su punto de vista, y también algunos de los pasajes están contados por un narrador omnisciente.

La estructura de la obra es muy parecida a la de sus dos novelas anteriores: dos historias interrelacionadas, que suceden en dos momentos diferentes, con 20 años de distancia, y la narración va saltando de una a otra, del presente al pasado y de regreso. Los dos momentos importantes son: el verano y el otoño de 1994, y el verano y el otoño de 2014.


Edición francesa


En 1994, en una pequeña ciudad del estado de Nueva York, llamada Orphea, la última noche de julio cuatro personas fueron asesinadas, mientras los habitantes de la ciudad estaban en la calle principal o en el teatro, porque ese día se había inaugurado el primer festival de teatro de esa población. Un par de jóvenes investigadores de la policía estatal —Jesse Rosenberg y Derek Scott— lograron, finalmente, determinar quién era el culpable.

Veinte años después, en una pequeña reunión que la policía estatal realiza para despedir a Jesse Rosenberg, quien se retira de manera anticipada por motivos personales, una joven periodista llamada Stephanie Mailer se acerca a Rosenberg y le comenta que por una investigación que ella está llevando a cabo, puede decirle con seguridad que él y su antiguo compañero se equivocaron en su investigación del crimen de dos décadas atrás, aunque aún no puede decirle quién fue el verdadero culpable.

Rosenberg se queda muy intrigado con el comentario de la periodista, aunque está seguro de que su investigación fue acertada. Sin embargo, unos días después, se entera de que Stephanie Mailer, la periodista, ha sido reportada por sus padres como desaparecida. Esto obliga a Rosenberg a ponerse en contacto con su antiguo compañero, Derek Scott, para investigar, por una parte, la desaparición de la periodista, y por otra, para reinvestigar el caso de 20 años atrás. Y, al mismo tiempo, somos testigos, en los flashbacks, de la investigación que ese mismo par de policías realizó en 1994. Así que en realidad leemos tres investigaciones de dos casos diferentes pero relacionados.


Edición italiana


Al profundizar en las investigaciones van encontrando, necesariamente, una gran cantidad de personajes, tantos que para comodidad del lector al final de la obra se encuentra una lista con los principales personajes. Y es que algunos de los personajes secundarios no están ahí sólo para hacer bulto, sino que cada uno tiene su propia historia, sus secretos y sus motivos para mantener esos secretos. Hay también algunos elementos románticos y algunos otros, la verdad, sorprendentes y que, a algunos de los lectores, cuyas opiniones he leído en Internet, no terminan de gustarles.

Por ejemplo, algunos de los personajes secundarios y sus historias están tratados como comedia esperpéntica, es decir, como caricaturas. Eso hace que la novela nos parezca extraña en algunos de sus pasajes. Es extraña, sí, la mezcla de tonos, la mezcla de thriller policiaco, dramas familiares, humor, caricaturización de algunos personajes y situaciones absurdas (pero ojo, en ningún momento pierde sentido el argumento general y tampoco, por lo menos para mí, en ningún momento decae el interés que produce su lectura).

Y como siempre en las obras de este autor, hay alguno o algunos personajes relacionados de alguna manera con la literatura y el mundo editorial. Aquí encontramos a una joven de enorme talento que escribe teatro, a un director de una revista literaria de Nueva York, a un expolicía que escribe y dirige teatro, y a un famoso crítico teatral y literario neoyorkino. Y este último personaje funciona, también, para que la novela haga una crítica a los críticos literarios de nariz alzada.


Edición en catalán


Esta mezcla de elementos puede quitarle «seriedad», o puede dar la impresión de que le quita seriedad a la novela. Y algunos lectores han dicho que quizás el autor no se toma en serio su propio libro, o a los lectores... Yo pienso que el autor simplemente decidió experimentar un poco, para salirse de los patrones establecidos. Y creo que vale la pena. Algunos de los momentos esperpénticos de la novela yo los disfruté muchísimo. Y si ponen atención, se darán cuenta que este tipo de mezclas de géneros y de tonos se dan mucho, por ejemplo, en algunas de las grandes series de televisión. Pienso, por ejemplo, en Los Soprano, en Tres metros bajo tierra y en Dexter, entre otras muchas.

La parte final del libro se siente un tanto apresurada, y aunque está muy bien tramada, el hecho de que luego de tanta investigación sepamos la explicación final en una confesión resulta algo desconcertante. Esta crítica, por cierto, es la misma que se le hizo a Hitchcock por el final de su famosa película Psicosis. Pero esto es lo de menos, porque el argumento general está muy bien armado, y su lectura sí es adictiva, por lo menos para algunos de los lectores, yo incluido.

No creo, como dice la publicidad del libro, que Joël Dicker se haya superado a sí mismo con esta obra. Me parece que La verdad sobre el caso Harry Quebert es mejor, y a su manera El libro de los Baltimore es quizá más sólido, pero aun así no me parece que La desaparición de Stephanie Mailer sea una novela decepcionante, ni mucho menos. Quizá no esté, a final de cuentas, al mismo nivel de sus dos novelas anteriores, pero sigue siendo una obra que nos obliga a leerla a marchas forzadas, que es muy disfrutable, y que mantiene nuestro interés de la primera a la última página, y ojo, que estamos hablando de una obra de 650.


Edición en portugués


A final de cuentas ustedes tendrán la última palabra, pero mi recomendación es que corran a comprarla y la lean de inmediato. Existen dos ediciones, la impresa y la digital.

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La desaparición de Stephanie Mailer. Joël Dicker. Traducción de María Teresa Gallego Urrutia y Amaya García Gallego. Alfaguara. 650 págs.

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