viernes, 23 de enero de 2026

El pueblo blanco y La novela del polvo blanco, de Arthur Machen

 



El pueblo blanco
La novela del polvo blanco
de Arthur Machen
 
Jesús Guerra
 
Ya he escrito algo sobre el autor británico Arthur Machen (1863-1847), su obra y su influencia en la literatura de terror posterior, sobre todo en H. P. Lovecraft, así que les recomiendo la lectura de mis reseñas de su novela El terror y su cuento largo El gran dios Pan (las ligas están al final del presente comentario).
 
Hay que decir, a manera de nota inicial, que en el “altamente sensible” ambiente del primer cuarto del siglo XXI, excesivamente propenso a la censura, en todas partes pero sobre todo en los Estados Unidos —uno de los efectos secundarios negativos de las redes sociales—, estos dos títulos habrían sido (casi) imposibles de usar si estos relatos fuesen nuevos: “El pueblo blanco”, en inglés “The White People”, que obviamente también puede traducirse como “La gente blanca”, sería altamente problemático por cuestiones raciales y políticas, y “La novela del polvo blanco”, en inglés “The Novel of the White Powder”, nos recuerda de inmediato dos problemas relacionados, uno de salud pública y otro de crimen organizado, a nivel mundial. Pero estos dos relatos, por supuesto, no tiene nada que ver con lo que en nuestro tiempo pensamos de manera automática al leer sus títulos, son narraciones de terror sobrenatural, escritos a fines del siglo XIX.





 
El pueblo blanco
Este cuento largo está dividido en tres partes. La primera no tiene nombre, la segunda se llama “El libro verde” y la tercera es el “Epílogo”. La primera es el diálogo entre dos hombres que se acaban de conocer. Cotgrave es conducido por un amigo a la casa de Ambrose, porque el primero quiere conocer al segundo. Ambrose le expone a su interlocutor sus muy particulares y sumamente interesantes ideas acerca del bien y el mal, la santidad y el pecado o la santidad y la brujería. Ambrose le habla de un caso que de alguna manera extraña ejemplifica sus ideas, pero en lugar de hablarle del asunto, le dice que le prestará un cuaderno que contiene las notas de una jovencita, a la que conoció personalmente, acerca de sus experiencias. Le pide que tan pronto termine de leerlo, se lo regrese pues es una posesión especialmente importante para él.
 
La segunda parte, “El libro verde”, es el contenido de ese cuaderno manuscrito, escrito en primera persona por una adolescente cuyo nombre no conocemos. Si la primera parte del cuento nos da un contexto para comprender el libro verde, el contenido mismo del cuaderno es la sección central del relato. Su lectura es toda una experiencia. La jovencita cuenta, con ciertos rodeos y sin la intención de contarlo todo, pues el cuaderno, dice, está lleno de secretos, algunas de las enseñanzas que le transmitió, en absoluta secrecía, una niñera durante varios años. Le habló de cierto tipo de personas, de ciertos idiomas extraños, de poderes ocultos, de conocimientos antiguos, y le enseñó algunos rituales, de los que, por supuesto, la chica no debía hablar con sus padres ni, de hecho, con nadie más. La chica, además, habla de bosques secretos a los que se accede por senderos ocultos, de algunos parajes extraños y de lo que ahí presenció. El manuscrito de la chica también relata sus recuerdos de algunos cuentos que le contaba su niñera. Se trata de un cuaderno personal, no destinado a la lectura de otras personas, así que no es extraño que se trate de un texto algo caótico, el cual pretende decir sin decir, conservar la experiencia sin revelar los datos precisos. Es, obviamente, un texto en clave, alucinatorio y muy atmosférico.
 
En el epílogo, que es el diálogo entre Cotgrave y Ambrose que se produce cuando el primero va a la casa del estudioso para devolverle el cuaderno de la joven, Cotgrave confiesa no haber entendido del todo algunos fragmentos del cuaderno, ni tampoco la relación entre el contenido del cuaderno y la conversación anterior entre Ambrose y él. Y eso es más o menos lo que nos sucede a los lectores del cuento, el cual es exitoso precisamente porque nos muestra que en el texto de la chica hay un significado que se nos escapa, a pesar de que entendemos la mayor parte de lo dicho y lo sugerido. No hay que olvidar que Arthur Machen, aunque era cristiano, tenía conocimientos esotéricos y formó parte de la Orden Hermética de la Aurora Dorada (Hermetic Order of the Golden Dawn). Se trata de un cuento fascinante que nos obliga a releerlo, el cual no sólo ha influido de manera general en la literatura de terror de los siglos XX y XXI, sino que hay novelas, cuentos y películas inspirados en él. Muy recomendable.
 
Leí este cuento en la famosa y creo que ya clásica Antología de cuentos de terror, seleccionada y traducida por Rafael Llopis, publicada originalmente por Taurus Ediciones, de Madrid, en 1963, y que ha venido reimprimiéndose en libros de bolsillo por Alianza Editorial, tanto en España como en México, primero en una edición en tres tomos (está en el tercero), y recientemente en dos tomos (está en el segundo), pero por supuesto se encuentra en otras ediciones y antologías.


 



La novela del polvo blanco
Otro de los cuentos ambiguos y misteriosos de Machen. Este cuento lo leí en la antología Felices pesadillas de la editorial Valdemar, de la colección El Club Diógenes, aunque ahí mismo se apunta que procede del libro El gran dios Pan y otros relatos de terror sobrenatural, de Arthur Machen, de la misma editorial. La traducción es de Juan Antonio Molina Foix.
 
La narradora es la señorita Helen Leicester, quien vive con su hermano en la casona que fuera de su padre, el fallecido Wyn Leicester. Su hermano es Francis, un joven que estudia Derecho, encerrado en su recámara durante muchas horas por día. Helen le pide que se tome las cosas con calma o enfermará, pero Francis dice que se siente bien, hasta que ya no se siente tan bien y tiene que consultar al Dr. Haberden, el cual le receta un medicamento, y le dice a Helen que Francis sólo está fatigado.

 



Recordemos que la historia transcurre a fines del siglo XIX, las recetas de los médicos eran preparadas por los farmacéuticos en sus farmacias. Francis manda preparar su medicina con el farmacéutico Sayce, que ya es un hombre mayor. Le entregan un frasco con un polvo blanco; Francis debe disolver una cucharada del polvo en un vaso de agua y tomarlo una vez al día. Y así empieza su tratamiento. A los pocos días, Francis se encuentra mucho mejor, tanto que le dice a Helen que en unas semanas más deberían de tomar unas vacaciones juntos en París, pero que antes intentará conocer todo lo que no ha conocido de Londres. Así, por primera vez, deja de lado sus estudios y empieza a salir. Helen primero está muy contenta por su hermano, pero pronto empieza a preocuparse; se da cuenta de que cada vez Francis llega más tarde a la casa. Luego de unas semanas así, en las que Francis ya ni menciona el viaje a París, el joven dice, sorpresivamente, que ha decidido retomar sus estudios, y se encierra en su recámara. Primero, por lo menos bajaba a comer con su hermana, pero después pide que le lleven la comida a su recámara y se la dejen en la puerta, pues no quiere que lo molesten.
 
Y aquí empieza la parte aterradora del relato, de la que ya no les puedo hablar, pero que nos muestra, a pesar de la elegancia de la prosa de Machen, por qué fascinó a los escritores norteamericanos pulp de los años 30, que lo seguían e incluso imitaban en las revistas que originaron el género de weird tales, o cuentos de lo extraño. Un relato interesantísimo y misterioso que deja espacio para diversas interpretaciones. Es uno de los cuentos imprescindibles de Arthur Machen.
 
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El pueblo blanco. Arthur Machen. Antología de cuentos de terror, seleccionada y traducida por Rafael Llopis, Alianza Editorial.
La novela del polvo blanco. Arthur Machen. Felices pesadillas y El gran dios Pan y otros relatos de terror sobrenatural. Traducción de Juan Antonio Molina Foix. Editorial Valdemar, colecciones Gótica y El Club Diógenes.
 
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jueves, 15 de enero de 2026

Primeras líneas de La muerte en sus manos en cinco idiomas

 

Primeras líneas...

 

La muerte en sus manos

de Ottessa Moshfegh

 

en cinco idiomas

 




Her name was Magda. Nobody will ever know who killed her. It wasn't me. Here is her dead body.

 

But there was no body. No bloodstain. No tangle of hair caught on the coarse fallen branches, no red wool scarf damp with morning dew festooned across the bushes. There was just the note on the ground, rustling at my feet in the soft May wind.

 

[Death in her hands. Versión original en inglés de Ottessa Moshfegh. Penguin Press, New York, 2020.]

 

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Es deia Magda. Ningú no sabrà mai qui l'ha morta. No he estat jo. Aquí hi ha el seu cadàver.

 

Però no hi havia cap cos. Cap taca de sang. Cap bolic de cabells enganxat a les aspres branques caigudes, cap bufanda de llana vermella humida de rosada adornant els arbustos. Només hi havia la nota a terra, que s'agitava devant els meus peus en el vent suau de maig.

 

[La mort a les seves mans. Traducción al catalán de Alba Dedeu. Angle Editorial, Barcelona, 2021.]

 

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Elle s'appelait Madga. Personne ne saura jamais qui l'a tuée. Ce n'est pas moi. Voici son cadavre.

 

Mais il n'y avait pas de cadavre. Pas de tache de sang. Pas de cheveux emmêlés accrochés aux grosses branches mortes, pas d'écharpe en laine rouge mouillée par la rosée du matin dans les buissons. Il n'y avait que le message par terre, tremblant à mes pieds sous le petit vent de mai.

 

[La mort entre ses mains. Traducción al francés de Clément Baude. Fayard, Paris, 2022.]

 

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Si chiamava Magda. Nessuno saprà mai chi è stato. Non l'ho uccisa io. Qui giace il suo cadavere.

 

Ma non c'era nessun cadavere. Nessuna macchia di sangue. Nessuna ciocca di capelli impligliata tra i ruvidi rami caduti a terra, nessuna sciarpa rossa umida di rigiada mattutina a drappeggiare i cespugli. C'era solo quel messaggio a terra, che frusciava ai miei piedi smosso dal lieve vento di maggio.

 

[La morte in mano. Traducción al italiano de Gioia Guerzoni. Giangiacomo Feltrinelli Editore, Milano, 2020.]

 

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Se llamaba Magda. Nadie sabrá nunca quién la mató. No fui yo. Este es su cadáver.

 

Pero no había cadáver. Ni mancha de sangre. Ni maraña de pelos enganchada a las ásperas ramas caídas, ni bufanda de lana roja húmeda de rocío festoneando los arbustos. Solo había una nota en el suelo, crujiendo con el suave viento de mayo a mis pies.

 

[La muerte en sus manos. Traducción al español de Inmaculada C. Pérez Parra. Alfaguara, 2021.]

 

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viernes, 9 de enero de 2026

La muerte en sus manos, de Ottessa Moshfegh

 



La muerte en sus manos
de Ottessa Moshfegh
 
Jesús Guerra
 
Como ya apunté en mi reseña de la segunda novela de Ottessa Moshfegh, Mi nombre era Eileen (la liga está al final de este comentario), esta autora ha publicado las siguientes novelas:
 
* McGlue (en inglés en 2014; en español, Alfaguara, 2024. Novela corta)
* Mi nombre era Eileen (Eileen, 2015; Alfaguara, 2017)
* Mi año de descanso y relajación (My Year of Rest and Relaxation, 2018; Alfaguara, 2019)
* La muerte en sus manos (Death in Her Hands, 2020; Alfaguara, 2021)
* Lapvona (2022; Alfaguara, 2023)
 
Y el libro de cuentos:
 
* Nostalgia de otro mundo (Homesick for Another World, 2017; Alfaguara, 2022)

 
Edición en inglés



Como no he leído la tercera novela de Moshfegh (aún), este comentario es acerca de la cuarta novela de esta escritora norteamericana (nacida en Boston, Massachusetts, en 1981, de madre croata y padre judío-iraní). La narradora (muy poco confiable, como descubrimos en el transcurso de la obra) y personaje central de La muerte en sus manos es Vesta Gul, una viuda de 72 años que vive desde hace poco en una especie de cabaña que anteriormente fue un campamento de verano para chicas scout, al lado del bosque, cerca de un pueblo llamado Levant, al que va una vez a la semana a comprar provisiones. La novela empieza de manera espectacular: Vesta camina, junto con Charlie, su perro, por una sección del bosque que es de su propiedad, y encuentra una nota manuscrita, sobre el polvo, detenida con unas piedras, que dice: “Se llamaba Magda. Nadie sabrá nunca quién la mató. No fui yo. Este es su cadáver”.

 
Edición en catalán



La nota ya es desconcertante, por supuesto, pero lo es más el hecho de que no hay ningún cuerpo cerca de la nota, ni señales de violencia. ¿Quién era Magda? ¿Dónde está el cuerpo de Magda? ¿Quién la mató? ¿Por qué? ¿Quién escribió la nota? Estas preguntas que nos hacemos los lectores se las hace también Vesta. Pero no llama a la policía, que tal vez se hubiera burlado de ella, pues no hay nada real que reportar...

 
Edición en francés



Vesta, que tiene una vida bastante tranquila, entre lecturas, siestas, paseos con su perro, el cuidado de sus hortalizas y sus idas de compras al pueblo, se obsesiona con la nota. Al grado de que va a la biblioteca del pueblo a consultar Internet para averiguar cómo se realiza una investigación policiaca, pero como no sabe gran cosa de consultas en la red, termina en una página con consejos sobre cómo escribir una novela policiaca, que a ella le parece que es más o menos lo mismo.

 
Edición en italiano



Así, la investigación de Vesta, y por lo tanto esta historia que es una especie de monólogo, va tornándose en una locura que mezcla fantasía y realidad, y al contarnos lo que Vesta supone que es la vida de Magda, la supuesta muerta, Vesta nos va contando fragmentos de su propia vida, sobre todo de las cuatro décadas que pasó junto a su marido, Walter, a quien ella suponía que amaba, pues era parte de la historia de su vida que ella misma se había contado a sí misma, esa historia que la gente arma para los demás, pero que no necesariamente es del todo real. Ahora, al imaginar la vida de Magda, Vesta se ve obligada a confrontar sus propios recuerdos.

 
Edición en holandés



La novela es desconcertante pero fascinante, al menos para una parte de sus lectores. La crítica, aunque en su mayor parte ha sido positiva, es ambigua y tiene sus reservas. Para algunos críticos esta novela parece un ejercicio de escritura, o sea un experimento, una especie de juego de la autora, para otros parece más un ejercicio de estilo, y para otros es una novela acerca de la escritura de una novela, o, de manera más general, una reflexión sobre la creatividad, y para otros más es una sátira de la novela policiaca. La verdad está, creo, en un punto intermedio, salvo que para mí esta obra no es una sátira de la novela de detectives, sino un elemento utilizado para otros fines, para narrar el desmoronamiento psicológico de un personaje. La novela policiaca, tanto la clásica como la noir, comienzan con un misterio y el lector asiste al proceso para llegar por lo menos a algunas respuestas; en La muerte en sus manos, la historia comienza con un misterio, y el proceso conduce a más misterios y a más preguntas, tanto del personaje narrador como del lector. A algunos lectores simplemente los desconcertará, a otros quizá los decepcionará, pero a otros les va a fascinar. Además, me parece que el talento y el oficio de la autora son evidentes.
 
La muerte en sus manos es, creo, una novela perfecta para clubes de lectura, pues seguramente las diversas interpretaciones y opiniones de los diferentes lectores conducirán a conversaciones interesantísimas. A mí me gustó; hagan la prueba. Moshfegh es una escritora formidable.
 
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La muerte en sus manos. Ottessa Moshfegh. Traducción de Inmaculada C. Pérez Parra. Alfaguara (1a. ed. en inglés, 2020; 1a. ed. en español, 2021). 232 págs. Se puede conseguir en edición digital.
 
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lunes, 29 de diciembre de 2025

Primeras líneas de Antiguas brujerías en dos idiomas

 

Primeras líneas...
 
Antiguas brujerías
de Algernon Blackwood
 
en dos idiomas


 



There are, it would appear, certain wholly unremarkable persons, with none of the characteristics that invite adventure, who yet once or twice in the course of their smooth lives undergo an experience so strange that the world catches its breath — and looks the other way!
 
[Ancient Sorceries. Original en inglés de Algernon Blackwood. 1908]
 
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Hay, al parecer, ciertas personas totalmente vulgares, sin ninguna característica que las haga propicias a correr aventuras, quienes, sin embargo, sufren una o dos veces en sus vidas apacibles una experiencia tan extraña que obligaría al mundo entero a contener la respiración. ¡Y a pensar en el más allá!
 
[Antiguas brujerías. Traducción al español de Rafael Llopis. Taurus Ediciones, Madrid, 1963.]
 
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lunes, 22 de diciembre de 2025

Primeras líneas de Los sauces en dos idiomas

 

Primeras líneas...
 
Los sauces
de Algernon Blackwood
 
en dos idiomas


 



After leaving Viena, and long before you come to Budapest, the Danube enters a region of singular loneliness and desolation, where its waters spread away on all sides regardless of a main channel, and the country becomes a swamp for miles upon miles, covered by a vast sea of low willow-bushes.
 
[The Willows. Original en inglés de Algernon Blackwood. 1907.]
 
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Después de atravesar Viena y mucho antes de llegar a Budapest, el Danubio penetra en una región singularmente desierta y desolada, donde sus aguas se esparcen y ensanchan, faltas de un único cause principal, transformándose la planicie en un pantano de millas y millas de extensión, cubierto por un vasto mar de sauces enanos.
 
[Los sauces. Traducción al español de Rafael Llopis. Taurus Ediciones, Madrid, 1963.]
 
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lunes, 15 de diciembre de 2025

Antiguas brujerías / Los sauces, de Algernon Blackwood

 



Antiguas brujerías
Los sauces
de Algernon Blackwood
 
Jesús Guerra
 
Algernon Blackwood (1869-1951) fue un escritor inglés de novelas, cuentos y obras de teatro en un género intermedio entre lo fantástico, el misterio y el terror, y a pesar de que empezó su carrera literaria escribiendo cuentos de fantasmas sus temas fueron cambiando ya que más que provocarle terror al lector pretendía provocarle asombro.
 
Rafael Llopis, quien seleccionó y tradujo los relatos de la famosa Antología de cuentos de terror de Taurus / Alianza Editorial, en donde se encuentran los dos relatos que comento aquí, además de en otros títulos más recientes, escribió en su presentación de este autor: “[Arthur] Machen y Blackwood son los dos grandes autores de terror menos conocidos por los lectores de habla española”. Esto lo señaló en la antología que publicó Taurus Ediciones a principios de los años 60, y que ha seguido reimprimiéndose en El libro de bolsillo de Alianza Editorial constantemente, y me parece que seis décadas después, a pesar de las ediciones más recientes de algunas obras de ambos autores en nuestro idioma, sigue siendo cierto. Machen y Blackwood, aunque menos desconocidos que antes en español, siguen siendo, de alguna manera, autores para conocedores del género.

 



Blackwood, además de Inglaterra, su país natal, vivió en Alemania, los Estados Unidos y Canadá, y desempeñó los oficios más dispares: barman, gerente de hotel, periodista y granjero, entre otras cosas, pero en su tiempo libre fue, sobre todo, un amante de la naturaleza (caminaba en los bosques, escalaba montañas, navegaba en los ríos de Europa), y esto le dio conocimientos que luego plasmó, con elementos sobrenaturales agregados, en muchos de sus relatos, entre ellos, Los sauces.
 
Escribió novelas, cuentos, obras de teatro, narraciones infantiles, además de artículos y ensayos. Era uno de los escritores a los que más admiraba H.P. Lovecraft, y para otros autores posteriores, Los sauces es uno de los mejores relatos de terror o de lo extraño publicados en lengua inglesa. La novela corta Antiguas brujerías pertenece también al grupo de narraciones más importantes y conocidas de su obra.
 
Antiguas brujerías
Antiguas brujerías (publicado en 1908) es un relato largo que también puede ser visto como novela corta, y aunque es una historia autónoma, forma parte de una serie de narraciones en las que interviene un personaje recurrente: el doctor John Silence, una especie de psicólogo, médico de almas e investigador paranormal. El narrador, cuyo nombre no se menciona, es un personaje cuya relación con Silence no me queda clara (porque no he leído aún los otros cuentos de la serie), es una suerte de amigo, colega y/o asistente del doctor. El personaje central es un inglés de apellido francés, Arthur Vezin, de 45 años, un tipo tímido y cuadrado, anodino, destinado teóricamente a que nunca le suceda nada extraordinario, al que, sin embargo, le sucede algo extraño, y por eso va a ver a Silence, para intentar darle sentido a su experiencia.

 



Cuenta Vezin que fue en sus vacaciones a Francia a realizar excursiones campestres y de regreso a Inglaterra, viajando aún por el norte de Francia en un tren repleto de turistas ingleses, bajó en la estación de un pueblo a estirar las piernas y de pronto, él que nunca realiza nada de manera impulsiva, decidió quedarse a pasar la noche en ese pueblo, con el único propósito de esperar para tomar otro tren al día siguiente, con la esperanza de que fuera menos lleno y por lo tanto más cómodo. Como ya estaba en el andén cuando tomó la decisión, le pidió al silencioso francés que hasta momentos antes fue su compañero de viaje, que le pasara su maleta por la ventana del tren. Así lo hizo el francés y le dijo una larga frase en su idioma, que Vezin entiende, pero no domina, que terminaba de manera enigmática (que no apuntaré aquí).
 
Vezin caminó por el campo hasta el pueblo, se instaló en una hostería y luego salió a pasear por el pueblo. Y aquí empezó a ver, a sentir y a intuir que algo extraño sucedía ahí, a pesar de que todo parecía ser del todo normal. Una de las cosas más curiosas de su aventura es que, aunque Vezin había planeado permanecer sólo una noche en esa localidad, pasaban los días y él sentía que no podía irse de ahí.
 
Al final, aunque el Dr. Silence da su interpretación de los extraños acontecimientos, queda abierta la puerta para otras interpretaciones, lo que convierte a este relato en un ejemplo espectacular de la literatura fantástica y también de lo que en inglés llaman weird tales, o sea relatos extraños o de lo extraño. Además, es una excelente muestra del estilo de Blackwood, gran creador de atmósferas, con momentos de una sorprendente intensidad.




 
Los sauces
Los sauces es probablemente el relato largo (o novela corta, publicado en 1907) más famoso de Algernon Blackwood. Para muchos escritores y críticos es una de las mejores narraciones de terror de la lengua inglesa, y aunque sí es inquietante y sí es propiamente terror (de hecho, es de los predecesores del horror cósmico de Lovecraft), es más bien un relato inquietante y amenazante con elementos de ciencia-ficción (por supuesto, el horror cósmico tiene también elementos de ciencia-ficción), y es, por lo tanto, ubicado en ese género ambiguo de lo extraño. Produce angustia y asombro, y transcurre en medio de la naturaleza, en una situación fuera de lo común. Como ya señalé, Blackwood era un amante de la naturaleza y conocía muy bien los sitios en donde ubicaba sus historias.
 
En Los sauces hay dos personajes cuyos nombres no se mencionan, el narrador y su amigo sueco. Ambos viajan en canoa por el río Danubio, y el narrador dice que después de pasar Viena y mucho antes de llegar a Budapest, el río llega a una zona particularmente desolada, en donde las aguas pierden su cauce y se extienden a lo ancho creando un enorme pantano en donde aparecen islotes efímeros cubiertos de arena y sauces enanos. Una noche, luego de un día pesado de una navegación muy complicada por las características del río, y por un viento particularmente fuerte, desembarcan en una de esas pequeñas islas con la intención de pasar ahí la noche, quizá dos, para descansar. Arman su tienda de campaña en una especie de valle que les permite protegerse del viento. Los dos amigos tienen mucha experiencia en excursiones por la naturaleza y han realizado muchos viajes juntos, sin embargo, en esta ocasión, ya fuera por las condiciones atmosféricas o por la amenazante cercanía de los sauces, los amigos empiezan a ponerse nerviosos. Escuchan ruidos extraños, ven o creen ver figuras indefinidas entre los árboles, y empiezan a sentirse amenazados por la naturaleza o por algo más que puede estar ahí, cerca de ellos, rodeándolos.

 



Primero platican con la intención de desviar su atención de las circunstancias en las que se encuentran, pero después simplemente no pueden esconder más el miedo que sienten, un miedo vago pero intenso. Hablan de cosas que han escuchado acerca de esa región, y van agregando leyendas y mitologías, y especulaciones acerca de lo que puede estar ahí, entre los sauces. Y ya no puedo contar nada más para no echarles a perder la experiencia del descubrimiento de este relato fascinante. Tanto lo extraño de los acontecimientos como la intensidad de la atmósfera ominosa de esta narración la convierten, en efecto, en una maravilla.
 
Si nunca han leído a Algernon Blackwood, estos dos relatos son una espléndida puerta de entrada a su obra.
 
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Antiguas brujerías y Los sauces. Algernon Blackwood. Traducción de Rafael Llopis. Se encuentran en la ya clásica Antología de cuentos de terror (en el tomo 3 en la antigua edición en tres tomos, y en el 2 en la más reciente en dos volúmenes) de Alianza Editorial, sección Literatura, colección El Libro de Bolsillo. Se pueden encontrar también en ediciones de Valdemar y de Editores Mexicanos Unidos, entre otras.
 
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