jueves, 22 de octubre de 2009

La introducción del Ferrocarril a Saltillo


La introducción del ferrocarril:
un acontecimiento generador de cambios en Saltillo

Fernando Gracia García



Agradezco a la doctora Sandra Luz Rodríguez Subealdea la invitación a comentar su interesante libro, editado por la Secretaría de Educación Pública de Coahuila a través de la Dirección General de Bibliotecas, Publicaciones y Librerías. El libro La introducción del Ferrocarril a Saltillo, 1883-1910 se presenta al público sin perder ninguna de sus cualidades científicas, pues los editores, Patricia Galindo Lozano y Jesús Guerra, han logrado conferir a una investigación de carácter académico el estilo y la forma convenientes para la publicación. El texto original, una tesis de maestría presentada en la Escuela Normal Superior del Estado, fue el resultado de una acuciosa investigación en el Fondo Presidencia Municipal del Archivo Municipal de Saltillo, en periódicos de la época como El coahuilense, en obras consagradas y en estudios recientes de la historiografía regional, además de libros especializados en el tema del ferrocarril.

En el análisis histórico se han conjugado dos enfoques y metodologías distintos. Algunos conceptos proceden de la Escuela francesa de los Annales, otras ideas derivan de la microhistoria mexicana. Del francés Le Roy Ladurie se ha retomado la noción de acontecimiento generador como punto de partida de la explicación histórica.
[i] La sugerente propuesta del libro es que el acontecimiento ferrocarrilero acaecido en Saltillo entre los años 1883 y 1910 aceleró el crecimiento económico e incidió en aspectos de la vida cotidiana como las diversiones y las costumbres de los saltillenses. El cambio acaecido en Saltillo fue percibido por los mismos contemporáneos. Tomás Berlanga, redactor del Órgano Oficial del Gobierno del Estado de Coahuila señalaba el lunes 28 de mayo de 1883: “Los ferrocarriles se pueden considerar como expresión de adelanto de los pueblos porque levantan el comercio donde está decaído, aumentan la población donde faltan brazos, crean la industria y las artes en los lugares que no existen, dan trabajo a jornaleros y llenan de comodidades la vida del ciudadano”.[ii]

El presente estudio del ferrocarril se inscribe asimismo en la línea de la microhistoria mexicana. Los trabajos microhistóricos refieren los aspectos más representativos de una comunidad: la familia, los grupos sociales, el folklore, entre otros. Afirma Luis González y González que el microhistoriador utiliza el método científico en su viaje al pasado, pero en su regreso al presente se sirve de recursos artísticos como la composición y el estilo.
[iii] Sandra Rodríguez ha recogido en el libro La introducción del Ferrocarril a Saltilol, 1883-1910 lo típico de la comunidad, aquello que comenzó a cambiar con el acontecimiento ferrocarrilero. Entre otros aspectos característicos ha destacado la vida tranquila y rutinaria de los saltillenses. Los domingos por la mañana asistían a misa en la catedral, por la tarde iban de paseo a la Alameda. Sólo los bailes o alguna corrida de toros rompían de vez en cuando la monótona vida de la ciudad.

Pero el planteamiento principal del libro es que dicho acontecimiento afectó la estructura económica de la ciudad. La autora asume el compromiso de explicar esas transformaciones económicas en el contexto del incipiente capitalismo sobrevenido durante el gobierno de Porfirio Díaz.

Hasta la penúltima década del siglo XIX, Saltillo era la capital de uno de los estados pobres del país: los caminos de tierra no facilitaban el movimiento de las mercancías y el aislamiento de la ciudad impedía su crecimiento y desarrollo. Con el sistema ferroviario el Estado porfirista se propuso modernizar y llevar la prosperidad a los lugares más apartados de México. El ministro José Ives Limantour atendió el importante asunto de establecer las rutas y supervisó la construcción de las líneas del tren. La realidad es que no se cumplió el plan previsto por la dificultad de trasmontar las serranías y por el incumplimiento de las subvenciones acordadas con los contratistas extranjeros; sin embargo, el crecimiento de la red ferroviaria fue extraordinario: entre los años 1880 y 1910 se pasó de 1074 km de vías a 19,280 km.

Desde el año 1883 la línea del Ferrocarril Nacional unió la ciudad de México con Laredo y desde entonces el tren inició su paso por Saltillo. El día de la inauguración del tramo el alcalde Severo Fernández organizó una gran fiesta en la ciudad.

Por el año de 1888 el Ferrocarril Internacional Mexicano unió Piedras Negras, entonces ciudad Porfirio Díaz, con Torreón. La línea atravesaba el estado por el centro y permitía disminuir la distancia de los pueblos fronterizos. Torreón, un asentamiento de 200 habitantes, se convirtió en una de las ciudades más importantes del Norte. El avance del Internacional Mexicano fue impresionante, pronto se tendió un ramal a la zona Carbonífera y junto con el tren llegaron inversiones a la minería y a la industria siderúrgica. En mayo de 1895 se autorizó el ramal del Internacional para enlazar con la capital del estado.

Tres años después se creó el Ferrocarril Coahuila-Zacatecas para transportar mineral a la fundición Mazapil Cooper Company que tenía la sede en Saltillo. El gobierno federal otorgó la concesión de la nueva línea ferroviaria a Guillermo Purcell, el mismo dueño de la fundición. Por su parte, las autoridades municipales y estatales facilitaron el tendido de las vías.


¿Hubo cambios económicos significativos con la introducción del ferrocarril? En este libro se subraya que anteriormente la economía de Saltillo estaba prácticamente paralizada y no existían condiciones para la inversión. Ciertamente ya había una rudimentaria industria textil en el municipio así como una incipiente producción de chile colorado, harina, fideo, piloncillo y mezcal, pero resultaba muy difícil exportar los productos fuera de Saltillo. Prácticamente el estatus de la ciudad era el de una economía agrícola de autoconsumo. Con la llegada del tren, a fines del siglo XIX, se fortaleció el comercio local, la ciudad se modernizó y comenzó el desarrollo económico. Desde entonces Saltillo quedó articulado al mercado nacional e internacional, específicamente a los Estados Unidos. Las antiguas haciendas se reorientaron a la producción de cultivos de mercado como el ixtle y el guayule. Hubo que crear en consecuencia un sistema financiero. El primer banco de emisión fue el Banco de Coahuila, con sucursales en Durango y Nuevo León. A través del estado de Coahuila se tendieron líneas del ferrocarril para unir la capital con las principales ciudades fronterizas, quedando enlazados los centros de producción con los de consumo. Esto significó mayor número de operaciones mercantiles, más circulante y también más afluencia de visitantes, algunos decidieron quedarse a vivir en Saltillo.

Al mismo tiempo se experimentó un crecimiento notable de la población y un cambio cualitativo en su composición, con abogados, maestros, médicos e ingenieros. El gran desarrollo demográfico de Saltillo, decimoquinto lugar en el país y cuarto lugar en el Norte, incidió en la estructura urbana y la modernización de la ciudad: alumbrado eléctrico, drenaje, agua entubada, un rastro nuevo, tranvías urbanos y, muy pronto, el teléfono y el telégrafo. De acuerdo al censo de 1910 Saltillo alcanzó la cifra de 35,400 habitantes.

La pregunta toral es si la introducción del ferrocarril a Saltillo trajo cambios sociales significativos y manifestaciones culturales nuevas. La autora convence al lector de que el ferrocarril sí impactó en la esfera cultural y artística. El tren se hizo presente en el cine, en los billetes de banco, las estampillas de correo, la fotografía y la música popular. Nuevas publicaciones marcaron los signos de los tiempos, como las obras del historiador positivista Esteban López Portillo. Hubo periódicos liberales como El Coahuilense, primer periódico del estado libre de Coahuila, que fue aprovechado por el gobierno para divulgar la bondad del clima y promover el turismo y los negocios en Saltillo.

La estación del tren se convirtió en un nuevo centro social, añadido a la Catedral, la Plaza de Armas y la Alameda. El recinto ferroviario adquirió un encanto especial: conectaba con lo ajeno y era un lugar de incertidumbre, pues podía llegar cualquiera, el más ilustre o un simple desconocido. La estación de tren contribuyó a la integración cultural de los mexicanos al poner en contacto personas de diferente origen geográfico y posibilitar la unificación de costumbres, tradiciones y valores. El gobierno mexicano entendió el significado social del ferrocarril y utilizó el avance en el tendido de vías y la construcción de estaciones de tren como slogan del régimen porfirista. El tren se convirtió en sinónimo de progreso y en signo de estabilidad política.

Al finalizar el siglo XIX, el ferrocarril había modificado realmente las conductas y las aspiraciones de los saltillenses. La cultura citadina se llenó de elementos ferroviarios a veces traducidos en dichos y corridos populares; también la canción urbana, el cine, la pintura y la fotografía se inspiraron en el tema del ferrocarril. Resulta sintomático que las parejas de recién casados decidieran tomarse la foto de su boda con el fondo de una locomotora, y no de la Catedral, de la Plaza de Armas o de la Alameda como se había hecho hasta entones.

¿Hubo progresos educativos en la ciudad? Antes de la llegada del ferrocarril a Saltillo ya existían el colegio San Juan Nepomuceno y el Ateneo Fuente. El censo de 1900 recuenta un número bastante elevado de escuelas primarias en la ciudad: cinco para niños, cuatro para niñas y una escuela modelo, además de 27 escuelas rurales en el distrito. La Escuela Normal de Saltillo se creó en el año 1889, anexa al Ateneo Fuente; desde entonces un fenómeno cultural de la época fue el crecimiento de estudiantes de magisterio.

Concluyo señalando que el gremio de los historiadores y el público en general requieren de historias como la que propone en su libro la doctora Sandra Luz Rodríguez Subealdea. Los análisis locales o microhistóricos, por la cercanía y la concreción espacio-temporal de los fenómenos estudiados, están llamados a modificar clichés ya superados de la gran historia, la que se denomina Historia Nacional. En este caso la elección de un acontecimiento generador y significativo como el fenómeno ferrocarrilero ha servido de punto de partida del análisis y ha permitido llegar a un nivel más profundo en la explicación histórica.

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La Introducción del ferrocarril a Saltillo. 1883-1910. Sandra Luz Rodríguez Subealdea. Coordinación General de Bibliotecas, Publicaciones y Librerías; Secretaría de Educación Pública de Coahuila. 2005. 210 págs.


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Notas:
[i] Emmanuel Le Roy Ladurie expone sus conceptos de teoría de la historia en el libro Reflexión general sobre el oficio de historiar publicado por el Fondo de Cultura Económica, México, 1989.
[ii] Tomás Berlanga, Órgano Oficial del Gobierno del Estado de Coahuila de Zaragoza, Tomo II, Núm. 92. Saltillo, lunes 28 de mayo de 1883.[iii] Luis González y González, Invitación a la microhistoria, Fondo de Cultura Económica, México, 1986, p. 42.



[Lecturas 7. Primavera-verano de 2007]

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